José Luis Garaizabal, asiduo visitante del Archivo Histórico
Municipal, es un verdadero pozo de sorpresas sobre el pasado de nuestra Villa.
Es habitual que te diga: «¿Sabías que...?», descubriéndote alguna de las
muchas incógnitas de nuestra historia local en las que trabaja: la fecha exacta
de inauguración del parque del Dr. Areilza, la ubicación de la célebre fuente
de La Canilla o de la calle Coscojales, el camino de sirga sobre el acantilado
hacia Santurtzi, la torre de Castet en el alto de la Pastora, el desaparecido
mareógrafo o el arroyo del Ojillo, entre otros temas.
En esta ocasión nos detenemos en la célebre fotografía del parque del Dr.
Areilza que ilustra esta entrada. Muchos portugalujos se habrán preguntado a
menudo el motivo de esa pintoresca escalera en el acantilado, con su coqueto
tejadillo y su puerta cerrada. Hojeando viejos proyectos municipales vinculados
a la construcción del parque —inaugurado el 30 de septiembre de 1917—, José
Luis ha dado con la respuesta:
La cesión de los terrenos (1917): Para levantar el parque municipal, D.ª Caridad
Martínez de Lejarza y Rivas, siguiendo el deseo de su padre —propietario de la
finca Lexarza, actual sede de la UNED—, cedió al municipio los terrenos del
escarpe.
Las condiciones de la cesión: Se estableció que el camino que bordeaba la
finca quedase inutilizado mediante plantación de arbustos, respetando el
derecho de paso y los registros de la tubería particular de saneamiento que
bajaba hasta el actual estanque.
El acceso privado por el acantilado: A cambio, la familia exigió
mantener el derecho de entrada y salida por la escalera particular de la finca,
la cual comunicaba mediante un túnel interior con la playa y, posteriormente,
con el parque.
El secreto del túnel y la escalera de caracol: Dicho túnel
era un pasadizo que descendía desde la finca Lexarza mediante una escalera de
caracol tallada en la roca y salía a mitad del acantilado en el pintoresco
balconcillo que aún se conserva. Aunque el acceso desde la finca quedó
inutilizado tras las obras de remodelación del Parque Ellacuría, la escalera
continúa intacta tras la puerta.
Zona de juegos y prueba de valor: Testimonios de portugalujos que jugaban de niños
en la zona recuerdan cómo atisbaban la escalera de caracol a través del
ventanuco de la puerta y cómo, cuando esta quedaba abierta, aventurarse a subir
por ella hasta la zona de los Jesuitas constituía una auténtica prueba de
valor.


En los años en que los jesuitas ocuparon la finca, estos utilizaban también estas escaleras para bajar al muelle.
ResponderEliminarEl artículo es muy interesante. Pero, hasta donde yo sé, y a no ser que alguien me demuestre lo contrario, el camino que bordeaba el acantilado nunca se usó como camino de sirga.
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