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viernes, 26 de diciembre de 2025

RECOGIDO DE LA PRENSA: UNO DE LOS GRANDES APELLIDOS DE LA VILLA

  


Con el subtítulo, Víctor Chávarri mantiene vivo su nombre en la calle donde nació y fue uno de los grandes revolucionarios, Jon Mujika, nos recuerda en DEIA del 7.12.25 la figura de este portugalujo: 

Fue el suyo uno de los grandes apellidos de la Villa, si no el más grande entre los siglos XIX y XX. No en vano les hablo de Víctor Chávarri, hombre que nació en 1854 en la calle popularmente conocida como calle del Medio (en la actualidad lleva su propio nombre, calle Víctor Chávarri) y en una familia que ya anunciaba. No por nada, su padre fue Tiburcio Chávarri del Alisal, casado con Natalia Salazar Mac Mahón, procedente de una de las más blasonadas familias de Potugalete. Víctor parecía destinado a ajustar cuentas con su pasado familiar –su padre vino a menos, tras la propiedad de minas de su abuelo...–, debido a su tesón inquebrantable. Pronto se descubrió su necesidad de logro que siempre le caracterizó y que se vio reforzada durante su estancia en Lieja. De aquella experiencia en Lieja, en cuya universidad se graduó como ingeniero de artes y manufacturas (1878), prolongada en Alemania, le quedaron contactos industriales y ganas impetuosas de progresar, de triunfar en Bizkaia, a donde regresó en 1878 comenzando a trabajar para los Ybarra. Sin embargo, pronto se independizó.

De Bélgica trajo nuevas ideas para la organización industrial y cierta asunción de riesgo, cualidades que supo aprovecharlas ante la primera oportunidad de negocio que tuvo: la creación de la Sociedad de Metalurgia y Construcciones Vizcaya, en 1882, germen junto con Altos Hornos de Bilbao de la futura Altos Hornos de Vizcaya. La Vizcaya fue una gran fábrica siderúrgica, una de las dos –la otra era Altos Hornos de Bilbao (de la familia Ybarra)– más importantes del País Vasco.

En los pliegues de la memoria industrial de Bilbao, entre el humo de los altos hornos y la lluvia fina que bruñe las fachadas, aparece la figura de Víctor Chávarri como uno de esos personajes que caminaban con paso firme hacia el porvenir mientras aún llevaban adherida al traje la humedad del caserío.

Nació en Portugalete en 1854, cuando la ría era todavía una adolescencia de barcos de vela y chirridos de grúa, y creció con la obstinación de quien sabe que el destino no se hereda, sino que se construye a golpe de ingenio.

En aquellos días la modernidad se deslizaba por Europa como un vagón de tren recién engrasado y, de alguna manera, Chávarri supo subirse a él antes de que pasara de largo. Estudió ingeniería en Lieja, donde el humo tenía acentos belgas y los jóvenes con gafas redondas discutían sobre el porvenir del acero como si hablaran del alma humana. De allí regresó con un título en el bolsillo y un brillo en la mirada que, en Bilbao, muchos confundieron con soberbia, cuando en realidad era hambre de futuro.

A su regreso, la margen izquierda de la ría se estaba convirtiendo en un laboratorio de hierro y ambición. Chávarri, con apenas treinta años, se convirtió en uno de sus arquitectos invisibles. Fundó empresas mineras, navieras, bancos, astilleros, y lo hizo con la rapidez y la calma de un jugador de ajedrez que mueve las piezas sin pestañear. Altos Hornos, la Orconera, la Compañía Franco-Belga, todos esos nombres industriales bajo su sombra, como si aquel hombre tuviera la capacidad de convertir cada veta de mineral en un latido económico.

Desde su despacho, no solo dirigía empresas: moldeaba el paisaje, organizaba el dinero y tejía la red que sostendría a la burguesía vizcaina durante décadas. Pero en toda biografía industrial hay una veta sentimental. En el caso de Chávarri, esa veta está en el palacio que mandó construir en Las Arenas, una suerte de fantasía neovasca con torrecillas y cristales que parecía decir, sin decirlo: he llegado.

Sin embargo, su vida no fue larga. Falleció en 1900, con apenas 46 años, como si la fiebre del progreso hubiera consumido más rápido de lo debido su propia llama interior.

7 comentarios:

  1. Bueno, bueno, bueno...menuda enjabonada. Por equilibrar un poco el asunto, decir que aquí el paisano, uno de los mayores representantes de la oligarquía vasca, por cierto, a la par que hacía "todo eso" que tan alegremente contáis, propiciaba que mucha gente viviera en la más absoluta de las miserias, con condiciones laborales infrahumanas y viviendas peor que tercermundistas. No todo fue tan bonito y bucólico como parece tras leer vuestro artículo, así que pienso que es de recibo, ya que vosotros está claro que no lo vais a hacer, hablar de la parte no tan bonita. Y podría extenderme bastante más, pero creo que con esto os vais a dar por aludidos. O al menos deberíais. Que no se os olvide en el tintero ese rigor que ha hecho de vuestro blog un referente. Un saludo de un descendiente de mineros bizkainos.

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  2. Hay qe suponerle al Jon Mugica el mamporrero de Garamendi , el d los "el emprendedor crea fortuna para dar trabajo y progreso a la sociedad".
    Este señor se hizo d oro explotando a los trabajadores , comprando elecciones , el cacique x antonomasia d la época, vaya .
    Sigue siendo lamentable el nombre d la calle (qe NADIE nombra así ) y la estatua pelotera d la plaza , en un pueblo d raigambre histórica roja y rei vindicativa .
    Vergüenza ajena el artículo .

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  3. Totalmente de acuerdo con las desigualdades sociales que la oligarquía vasca propició en la clase trabajadora, obligada a vivir en ocasiones en condiciones infrahumanas. Sobre todo los llegados de otras provincias, que además de soportar el duro trabajo en las minas, donde muchos perdieron la vida, tenían que aguantar por parte de los bizkaitarras el denigrante apodo de "maketos", a los que se veía como invasores que venían a robar el pan y el trabajo a los pobrecitos vascos, y que con su presencia podían acabar con la cultura vasca (lo que obviamente no ha ocurrido).
    Dicho esto, el artículo no es de El Mareómetro; se trata de una reproducción de un artículo del Deia, el periódico del PNV, y es a este periódico, o al autor del artículo, a quien deberían dirigirse las críticas. Si es que hay alguien que se atreve, claro.

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  4. Suscribo lo de "vergüenza ajena el artículo".
    Supongo que a los propietarios de los caseríos expropiados les pagarían en proporción a quienes fueran, como hicieron en Trapaga años después para construir la General Eléctrica Española. Según contaba una prima de mi abuelo Dolores Lekanda, viuda; ella tenía su casa con una huerta para vivir y le dieron cuatro perras para comprarse una buhardilla en la calle Santa Maria, teniendo que ponerse a trabajar para otros. A otros propietarios, en cambio, les pagaron más por tener dinero poder para reclamar. Doy por hecho que en epocas anteriores fue peor y no digamos para los arrendados.

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  5. Los explotadores no tienen en cuenta el apellido. Ellos intentan dividir a los explotados.

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  6. El artículo ese lo publica "Deia", en efecto, pero lo reproduce El Mareómetro, a sabiendas de que no aporta nada, excepto tópicos y falsedades muy parecidos a los que ya se escribieron en el franquismo (y antes) sobre Chávarri. Especialmente ridículo resulta lo de que "llevaba adherida al traje la humedad del caserío" alguien que fue enemigo declarado del nacionalismo vasco, y sobre todo de la clase obrera organizada. Ya solo falta que le dediquen un gigante (o mejor, un cabezudo), y así doña Casilda tendría su parejita ideal.

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  7. Tan reiterativa como cansina la repeticion de maketo ( qien usa ese adjetivo? ) y demas ( t dejas coreano) qe se introduce en cualqier conversacion sin venir a cuento mayormente . Chavarri fue un explotador qe le importaba entre una y dos mierdas qe el currela fuera d donde fuera , como parece logico suponer , no ? Todo recuerda a aqel partido qe cuando no sabia qe decir recurria al famoso comodin d .

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