La crónica de la Transición está repleta de acontecimientos políticos, pero también de anécdotas populares que reflejan el carácter de nuestra Villa. Un claro ejemplo de ello ocurrió en febrero de 1986, cuando una figura clave de la historia política española del siglo XX protagonizó un singular encuentro con el humor y el ingenio de las gentes de Portugalete.
Para comprender el momento de esta visita, es
necesario recordar la evolución de su protagonista Santiago Carrillo. Tras
décadas de liderazgo en la clandestinidad y el exilio al frente del PCE, su
regreso y la legalización del partido en 1977 fueron cruciales para el devenir
de la democracia.
Sin embargo, a mediados de la década de 1980, tras
las tensiones internas y el descenso electoral de la formación, Carrillo fue
relevado de la secretaría general y, finalmente, excluido del PCE en 1985. En
el momento de su visita a la Villa, en febrero de 1986, se encontraba inmerso
en la creación de una nueva plataforma y su actividad consistía en recorrer
diversas agrupaciones locales para recabar apoyos entre simpatizantes
históricos, en un clima político tan intenso como fragmentado.
En este contexto militantes locales le invitaron
a visitar Portugalete, coincidiendo con las fiestas de carnaval. Durante su
estancia, de la que nos queda la foto en el Hotel, mantuvo diversos contactos,
como el encuentro con el recordado boxeador Luis Aisa -"comunista por
convicción"-.
El momento más singular de la jornada se gestó en
la calle. Entonces, eran habituales las exhibiciones callejeras de familias que
recorrían los pueblos con una cabra adiestrada que subía a una escalera
plegable al son de la trompeta. Inspirándose en ello, los amigos de la BANDEJA
EZ DAKIT se disfrazaron para la ocasión y se pasearon por la Villa
acompañados de su propia "artista principal": una cabra adquirida a
escote para el festejo.
Al enterarse de que Carrillo se encontraban
almorzando en el restaurante Pachín, la comitiva decidió subir al comedor con
el animal incluido. Aunque Fermín les interceptó el paso obligándoles a
retirarse a la calle Coscojales, el revuelo llegó a oídos del político que
decidió bajar a la calle a saludar a la troupe, ante la sorpresa y el
inicial temor de los miembros que le rodeaban en todo momento.
Abajo, el ambiente festivo se desbordó: "El
Rubio" se encaramó a la escalera y ejecutó un número de magia humorístico
que desató las carcajadas de los presentes y del propio dirigente, que se
mostró muy jatorra durante todo el encuentro. La jornada festiva para la
cuadrilla concluyó el sábado siguiente de una forma muy tradicional:
reuniéndose en el bar Baserria para degustar a la cabra guisada y rematando la
jornada con unos pinchos morunos en el establecimiento de Arantzi.
Tras aquellos intentos por reorganizar el espacio
comunista, Carrillo fue alejándose progresivamente de la primera línea política
y convertido en un prolífico escritor de memorias, conferenciante y tertuliano
habitual en importantes medios de comunicación, dedicó el resto de su vida a
divulgar sus vivencias sobre la Guerra Civil y la Transición, hasta su
fallecimiento en 2012.
Su inesperado baño de masas entre disfraces y
bromas en Coscojales queda como un magnífico testimonio de cómo la historia con
mayúsculas se cruzaba con la vida cotidiana y el espíritu festivo jarrillero.
Los detalles de esta crónica se deben al
testimonio de Joxean Montoya a José Luis Garaizabal, junto con la foto
cedida por Txerra Cobos.























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