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jueves, 15 de enero de 2026

ÁRBOLES DE LA VILLA: UN PATRIMONIO VIVO

 




Es un placer empezar hoy en este blog diversas entradas dedicadas al patrimonio natural de nuestra Villa de la mano de una de las personas que mejor conoce y más ha trabajado por los "vecinos silenciosos" de Portugalete: Joseba Martínez Huerta.

Todo un referente en el ámbito de la educación ambiental, es el autor del libro fundamental Árboles en Portugalete: Naturaleza y Cultura. En esta obra, no solo catalogó los ejemplares más significativos de nuestras calles y parques, sino que nos enseñó a leer en ellos nuestra propia historia y mitología.

Pero su compromiso no se queda en el papel. Joseba es el "alma mater" de la asociación Portubizi, una entidad que nació con el firme propósito de transformar Portugalete en una ciudad más amable, verde y caminable. A través de Portubizi, Joseba y un activo grupo de colaboradores trabajan incansablemente en la renaturalización de nuestros espacios urbanos, organizando paseos botánicos y señalizando nuestro arbolado para que todos los jarrilleros aprendamos a valorar el tesoro que nos rodea.

En esta primera colaboración, Joseba nos invita a reflexionar sobre el valor incalculable de este legado vivo que, a menudo, damos por sentado:


 Todo el mundo es consciente de que los árboles juegan un importante papel en las ciudades: embellecen el entorno, purifican el aire, sirven como barreras contra el ruido, producen oxígeno, nos ayudan a ahorrar energía, refrescándonos con su sombra en verano y reduciendo el viento en invierno, y otros beneficios que sería largo enumerar aquí. Tienen un gran valor ambiental, afectivo y simbólico, además de económico.

Los árboles son un patrimonio de la ciudad y un elemento característico de su paisaje. De hecho, los árboles urbanos sanos son los elementos que más incrementan su valor con el paso del tiempo. Su valor crece exponencialmente con la edad ya que se convierten en recursos de imposible reposición. Forman parte de un patrimonio, un legado, que se transmite de generación en generación. Si cualquier árbol merece ser respetado, hay árboles singulares que merecen una protección especial.

Hace unos años, en los medios de comunicación pudimos leer la noticia de que las autoridades londinenses querían dar a conocer la importancia de las especies cultivadas que adornan la ciudad, y sensibilizar a la ciudadanía sobre su importancia. Para ello realizaron una evaluación que traducía en dinero el valor botánico, estético y social de los árboles más singulares de Londres. El sistema de valoración tenía en cuenta, entre otras cosas. el tamaño, el estado de salud del ejemplar, su importancia histórica y el número de personas que viven cerca de él para disfrutarlo. En la primavera de 2008, el “plátano de Berkeley Square” fue tasado en 938.000 euros. Se trata de un plátano de sombra (Platanus hybrida), que tiene unos 200 años y crece en el jardín central de Berkeley Square, que recogemos en la foto superior.

En Portugalete tenemos unos cuantos plátanos, algunos centenarios, de los que hablaremos en próximos artículos.



miércoles, 14 de enero de 2026

VICTOR URRESTARAZU Y LA CAMPANA DEL AVLONA

 


 Karla Llanos nos envía un ejemplar de La Gaceta del Norte del 30 de octubre de 1955, en el que encontramos un artículo de Perico Smith titulado "El tañido de la campana del asilo vuela hacia el mar", que por su interés reproducimos: 

Viendo el desfile de pasajeros de una a otra orilla de la ría, acodados sobre las barandillas del muelle de Portugalete, estuvimos esperando la llegada del viejo lobo de mar don Víctor Urrestarazu, que tiene su residencia en Sestao. Nos habían dicho que tomaba el servicio en las motoras de pasaje a las dos de la tarde, y para no distraerle, teniendo en cuenta que su compañero de relevo llevaba el timón de la trainera ocho horas largas y estaría suspirando por despachar el último viaje de la jornada, nos adelantamos, para ser breves en el diálogo.
La soledad del muelle se veía turbada de vez en cuando con la presencia de los pasajeros, y el tiempo transcurría rápido, cuando en la lejanía, en dirección a Sestao, vimos a la figura atlética y bonachona de Urrestarazu, a quien no conocíamos. Le delataba su atuendo marinero y su andar sin prisa. Sin preámbulos le abordé con un:
—Buenos días, señor Urrestarazu.
—Muy buenos, sí, señor. Los malos vendrán después.
—Quería hablarle sobre la campana del «Avlona».
—Ah, sí, la campana que tiene historia larga que contar.
—¿Cómo llegó a su poder?
Fue mi padre José quien la recogió a bordo de un buque inglés sumergido en aguas de la barra de Portugalete. La historia fue triste entonces. Ahora es sentimental. Tenía yo 16 años cuando ocurrió el siniestro, el día 7 de marzo de 1901. El mercante inglés «Avlona» se perdió en la parte exterior del rompeolas y se ahogaron 32 marineros de diversas nacionalidades y la esposa del capitán del barco.
—Fue una gran catástrofe— Así la estimaron, según las referencias, todos los países europeos. Los cadáveres fueron apareciendo por las cercanías de la playa de Arrigunaga. Cuando se terminó la tarea de recogerlos, se les dio sepultura en el cementerio de la campa de Averly, en Bilbao, a la que llamábamos Campa de los Ingleses. Los marinos de la época que aún vivimos, recordamos con emoción aquellos días trágicos, con la pérdida del barco y la siembra de cadáveres en la playa.
—¿Qué trabajos realizaba entonces su padre?
—Como los siniestros marítimos se sucedían, porque más tarde se produjo otro hundimiento de características parecidas, mi padre, que residía en Aulestia, decidió venir a Portugalete con otro amigo llamado Juaristi, y ambos, abrazaron la profesión de buzos, colaborando yo más tarde con ellos. La gran riqueza que acumulaba Vizcaya con el descubrimiento de yacimientos de mineral de hierro hizo que Juaristi se convirtiera en contratista minero, y mi padre, a su vez, se dedicara a la extracción de los materiales de buques perdidos, guardando en su casa, como si fuera una reliquia, la campana del «Avlona», recuerdo emocionado de aquel suceso que llenó de consternación a los pueblos de Vizcaya.
—¿Cómo fue a parar la campana al Hospital Asilo de San Juan Bautista de Portugalete?
—Terminada la construcción del edificio, faltaba una campana. El capellán, que conocía el paradero de la del «Avlona», le pidió a mi padre que la donara al Hospital, y a partir de entonces presta servicios muy estimables a la vecindad del Asilo con los toques de oración, de comida y de descanso.Hace unos minutos oí su tañido, señor Urrestarazu. Es ruidoso y alegre y se escapa al mar, como si buscara en la azulada franja a la nave perdida.
—Con razón he oído más de una vez decir que los marinos de entonces recuerdan con dolor lo que la campanita del Asilo quiere decir.
—¿Sabe usted que la campanita ha encontrado un gran amigo que la canta?
—Algo me han dicho.
—La torreta comunica con una habitación ocupada por un asilado ciego, que es músico. Se llama Braulio Zabarte. Muchos días los vecinos suelen escuchar las notas que brotan del piano a través de las ventanas. Son como tristes lamentos del anciano ciego. Y juntos, la campana y el ciego, cantan las alegrías y las tristezas de cada momento, con una emoción que solo los viejos marinos saben hondamente calibrar.


martes, 13 de enero de 2026

EL ASESINATO DE JOSÉ LUIS GARAIZABAL EN LA NOCHE DEL CARMEN EN SANTURTZI (1934)

  

En otra entrada dimos noticias de este suceso ocurrido durante la Republica. Hoy lo completamos con el trabajo de Eduardo Renobales, autor del reciente libro EL PISTOLERISMO EN BIZKAIA DURANTE LA REPUBLICA 1931-1936, que con el título de El asesinato de Garaizabal, hemos incluido en la Biblioteca Digital. 

Las fiestas de El Carmen en Santurtzi suelen ser sinónimo de alegría, pero la historia nos recuerda episodios oscuros marcados por la tensión política de los años 30. El 16 de julio de 1934, en un contexto de crisis y huelgas, la festividad terminó en una tragedia que vinculó para siempre a varios jóvenes de Portugalete.

Aquel día se inauguraba en la plaza de Cagonillos la sede de Acción Vasca (ANV). Para apoyar el evento, un numeroso grupo de jóvenes portugalujos se desplazó a Santurtzi. Entre ellos estaba José Luis Garaizabal, un obrero de la Naval de 23 años, quien acudió acompañado de su amigo, el también portugalujo Rodrigo Markina.

Al finalizar los bailables, ya de madrugada, ambos iniciaron el regreso a casa. Al pasar junto al Ayuntamiento, fueron increpados por un grupo de jóvenes socialistas, la mayoría también de Portugalete y conocidos por las víctimas. Lo que comenzó como un cruce de insultos ideológicos —"meapilas", "desertores de la iglesia"— derivó en una pelea multitudinaria en la que Garaizabal fue herido de muerte por la espalda con un punzón afilado.

La intervención policial se saldó con la detención inicial de nueve personas, casi todas de Portugalete. Entre los nombres que figuraron en las crónicas de la época se encontraban vecinos como Salvador García, Roque Gutiérrez, Daniel Hormaechea, Lucio Zumelzu o José Ramón Fernández. Sin embargo, la justicia señaló principalmente a dos como presuntos autores materiales: Arsenio Lozano Bravo y Gabriel Apaolaza Porras. El destino de estos hombres fue desolador:

Arsenio Lozano murió meses después en el Fuerte de San Marcos tras recibir un disparo de un sargento durante una protesta por las condiciones infrahumanas de la prisión.

Gabriel Apaolaza recuperó la libertad en 1936, pero falleció poco después en el frente de Eibar durante la Guerra Civil.

Rodrigo Markina, el amigo que acompañaba a Garaizabal, se vio envuelto en nuevos episodios violentos años más tarde, terminando sus días ejecutado por garrote vil en 1937 tras la caída de Bilbao.

Este suceso dejó una profunda huella en la memoria local, evidenciando cómo la polarización política de la época segó las vidas de una generación de jóvenes..

 

lunes, 12 de enero de 2026

ADIÓS A RAMÓN BARRASA: UN JARRILLERO DE LEY Y CORAZÓN ROJIBLANCO

 

Portugalete ha amanecido hoy con un vacío difícil de llenar. Nos ha dejado Ramón Barrasa, un buen amigo y, sobre todo, un "jarrillero" de pura cepa.

Cuando un amigo se va…

Ya no te vere más en tu paseo diario hacia la Punta, cuando ya en los últimos tiempos, el camino se te hacía más largo y la barandilla del muelle se convertía en su aliada fiel para recuperar el aliento, pero nunca faltabas a esa cita con el salitre. Extrañaremos su presencia en el rincón de la ventana del TXIKI tomando tu txikito, o sentado a la puerta de El Abra, siempre rodeado de la gente que te quería, tu familia y amigos.

Ramón vivió el fútbol desde todos los ángulos. Su pasión empezó de chaval, como lo vemos en esa vieja fotografía, disputando los campeonatos de la tejavana. Esa garra de juventud le llevó a defender con orgullo los colores del Club Portugalete, el Santurtzi y el Amorebieta, donde destacó como un defensa central de los de antes, con "buena correa".

Pero si algo definía a Ramón era su amor incondicional por el Athletic. Socio durante más de 50 años, recorrió medio mundo siguiendo a los leones: desde el Camp Nou hasta aquel viaje inolvidable a Gelsenkirchen para ver al equipo de Bielsa contra el Schalke 04.

Hace apenas dos años, la prensa se hacía eco de su increíble espíritu. Con casi 90 años, Ramón no se perdió la final de La Cartuja. Con su humor tan socarrón decía que el DNI solo servía para enseñárselo a la Guardia Civil, porque su corazón seguía siendo el de aquel niño que jugaba en la tejavana.

Aquel viaje a Sevilla fue su último gran servicio a la causa rojiblanca. Quería ver la Gabarra una vez más por la Ría, y nos dio a todos una lección de optimismo: "Tenemos buena correa, así que a disfrutar".

Ramón, te vas con la Copa en el equipaje y el cariño de todos los que te conocieron. El Muelle de Portugalete se queda hoy un poco más huérfano de amigos y conocidos. Te veo en la foto del campo de San Roque en aquel equipo de los Chulis que llegó a la final, el primero de pie, con Enrique, Chuli y Carolo, mientras agachados vemos a Javi Alda, Carlos Quintana, Santi, Villa y José, y que como tu recordabas eras de los últimos que quedaban.

Goian bego, Ramón. Descansa en paz, amigo.

 

FOTOGRAFÍAS DE LA ESTACION DE PORTUGALETE EN 1980, DE LOS FONDOS DE RAMON BERNARDO

 





Hoy comenzamos a ofrecer fotografías referentes a nuestra Villa de los fondos del fotógrafo sestaotarra Ramón Bernardo, que nos han sido cedidas por su hijo Ramón.

Nacido en 1941 descubrió la fotografía a través de su padre, y sus pasos profesionales los dio por la prensa y la radio. Trabajó para Hierro, colaborando después con Hoja del Lunes, La Gaceta del Norte, y otros periódicos, así como técnico de sonido en Radio Bilbao. Falleció el año pasado.

Sus fotografías nos sirven para constatar los cambios en la fisonomía urbanística de Portugalete en las últimas décadas, y pocos lugares lo atestiguan con tanta fuerza como el entorno de La Canilla.

Las dos fotografías que hemos elegido, ligeramente coloreadas, corresponden a la antigua estación de Portugalete en el año 1980. Llevaba cerrada al tráfico de pasajeros desde 1965, aunque durante una década siguieron entrando a ella para descargar mercancía.

A finales de ese año de 1980, el Estado cedió sus terrenos al Ayuntamiento que dos años después tras urbanizarlos los inauguró dándoles el nombre de Paseo de La Canilla, pues empezaban bajo la Plaza del Solar y acaban en La Canilla, a donde se había trasladado la estación a lo que hasta entonces era un apeadero.

Sus fotografías, a las que añadimos una actual con el edificio destinado a oficinas de Turismo, no solo nos muestran la evolución del edificio, sino el cambio de paradigma de una sociedad que ha sabido conservar su patrimonio arquitectónico adaptándolo a los nuevos tiempos. Desaparecidas las barreras ferroviarias, el edificio respira y se integra totalmente en el paseo de la ría, conectando el casco histórico con el agua de manera fluida.

 Que estas imágenes que vamos a ofrecer y sus cortos textos informativos sirvan de recuerdo a Ramón Bernardo todo un referente en el fotoperiodismo de la margen izquierda.

domingo, 11 de enero de 2026

EL PINTOR FEDERICO MADRAZO Y SU VISITA A PORTUGALETE EN 1848



Ya que en una entrada anterior recogíamos la acuarela realizada por el gran pintor Federico de Madrazo y Kunt (1815-1898) que pasó en Portugalete una temporada, completamos hoy la reseña con las noticias que se conservan de su estancia, y que ha recogido perfectamente Dani Docampo.
    Se encuentran en tres cartas mandadas desde la Villa a su padre, José de Madrazo (1781-1859), comprendidas entre el 8 al 17 de agosto de 1848, y recogidas en el libro Federico de Madrazo, Epistolario.
Su viaje era fundamentalmente para tomar baños de mar y respirar los aires de nuestra costa que tan bien sentaba a la salud de su familia.
    De la Villa resalta su iglesia “sin disputa una de las más lindas que se puedan ver de la arquitectura llamada gótica; en cuanto a cuadros no hay en ella muchos y vi sólo dos tablas flamencas, o por mejor decir un tríptico y una tabla, muy notables sin duda de la escuela de Hemling el tríptico, y de la escuela lombarda la tabla, que representa Regina angelorum.
Como curiosidades señalaremos que las cartas de su padre le llegaban vía Bilbao por la ría y se las entregaba “el carrocero o gondolero” y que una de sus visitas fue a Sestao donde realizó un pequeño boceto (“cuatro rayas”) de la casa torre, que “despegaba entre sus cuatro torreones una bellísima crestería”.
     Hemos encabezado esta entrada con una vista de Sestao en 1874 y la citada casa torre, con Portugalete al fondo, obra de Juan de Barroeta.

Publicado el 10 de enero de 2012


sábado, 10 de enero de 2026

PERSONAJES POPULARES PORTUGALUJOS: GORRION


Cesar Saavedra nos dejó constancia de una serie de personajes populares, en unos años en que la dimensión y las características sociales de nuestra Villa eran más apropiados para ello que en la actualidad.
A las actuales generaciones estos personajes ya no les dicen nada, pero gracias a nuestro “viejo” amigo pasaron a la historia local.
Uno de ellos fue Julián Urrestarazu (Gorrión), un hombre de una humanidad fuera de serie. De un gran humor y simpatía, su agradable conversación y sana alegría fue un ejemplo para todos sus convecinos.
Personaje principal de varias canciones portugalujas de Pedro Heredia, su presencia no faltaba en ningún festejo festivo como es el caso de la foto, antes de participar en la cucaña.
Para centrar su periplo vital, sería interesante conocer la fecha de su nacimiento y otras noticias de su ámbito familiar.
Pedro Heredia en su cancionero portugalujo, nos da algunas pinceladas de su vida y figura, como las jotas que cantaba en la sidrería al regreso de la mili en el Regimiento de Pontoneros de Zaragoza, o recordando cuando embarcó rumbo a Nueva York como tripulante del Blake Arrow, y su regreso popularizando canciones mexicanas del tipo de “si Adelita se fuera con otro”.

En las Joteadas de Gorrión y su cuadrilla, vemos que ésta la componían Goyo Ranero Palacios “el de la narria”, Morua el viejo, y Juan Solaeche Mariño “Pitinto”.

Publicado el 18 de junio 2013

viernes, 9 de enero de 2026

LOS RECUERDOS DE MARTINTXU: AQUELLOS MIEDOS DE LOS AÑOS 60


¿Es el miedo una parte legítima de nuestra historia local?
 Hoy en este blog rompemos el silencio sobre aquellas sensaciones que marcaron el Portugalete de los 60. A través de este relato de Martintxu que teníamos traspapelado, nos invita a recorrer esa geografía de la zozobra con el respeto al uniforme gris y los silencios de la dictadura, el eco de las leyendas urbanas, el temor a la vara en la escuela, los sermones de la iglesia,…

Os invitamos a leer este relato íntimo que no busca señalar culpables, sino rescatar del olvido aquellas vivencias —unas reales y otras soñadas— que también forman parte de nuestra historia común. 

Esta entrada no va de personajes ni de nombres, trata de todos. Y hablaré de, creo, nuestros miedos; eso sí, basándome de mis recuerdos de infancia y hasta de adolescencia. No estoy seguro de que El Mareómetro sea el foro para reflejarlo, pero, si compartimos otras vivencias, ¿porqué no los miedos que vivimos o soñamos? 

Inicio el relato activando el hipocampo y lo primero que me llega a la tecla es escribir sobre el miedo social, la dictadura seguía su curso, que duró unos 20 años más, que daba lugar a que cualquier uniforme gris, verde o azul marino fuera motivo de zozobra y conversación en voz queda.

No es mi primera evocación, pero marca recordar, sobre todo, las actitudes, de las personas mayores cercanas. Aún hoy, plantear conversaciones sobre aquellos años, no es actividad buscada. Parece que todo el mundo lleve culpas escondidas.

Y no es de extrañar, cualquier sermón sacerdotal, producía pesadillas. Eso, en Portu porque en Castrillo de Duero (Valladolid), se salía tremendamente asustado ante los castigos divinos que nos amenazaban.

Ese es un lugar en el que acudir a la misa dominical era absolutamente obligado, no ya por los preceptos religiosos, sino por el propio ambiente social, recato -le decían-, que imponía las mangas largas y, a las mujeres, la falda a media pierna y velo.

En mi Portu del 60, no había lobos, pero si rondaba el “sacamantecas”, y nuestras madres nos impedían ir a jugar o a coger grillos a Campazar o a Los Hoyos, ya ese “animal”, que era situado en torno a la cantera de Cabieces. Supimos después que esa fue una leyenda urbana. Otra.

¡No era leyenda urbana, no, pero las visitas tanto al practicante, ah! Felipe, como al dentista, ah! Don Jaime, eran motivo de fuertes temores infantiles. Por lo menos antes de las citas. Después, el miedo reaparecía, pero era en el relato a los otros niños, que, igual de encogidos por lo que habían escuchado, esperaban la atroz consulta. Era un círculo abierto que continuaba en el tiempo.

La escuela constituye un motivo poco agradable al relato: hasta la llegada de Don Emilio, de quien ya hablé en otra entrada, las varas, los capones y castigos de tarea -auténticos trabajos forzados-, ¿verdad Don Antonio?, producían un temor diario a la asistencia a clases. Nada decíamos en casa, por si acaso,¡buf, podía ser peor!.

Yo, hasta Don Emilio, hice muchas piras, sí. Desde entonces hasta terminar los estudios, nunca.

Concluiré con el miedo al castigo familiar. Los zapatillazos en el culo, después de una trastada, eran causa de temor; dolía, sí, pero había luz, se veía; no así en el cuarto oscuro, un siniestro ropero sin interruptor interior para la lámpara, lo que, a puerta cerrada, era horrendo, sobre todo, después de que algún amigo nos contara la última peli de Drácula en la calle.

jueves, 8 de enero de 2026

PORTUGALETE Y EL NACIMIENTO DE LOS CORREOS MARÍTIMOS A LAS INDIAS (1764)

 

En internet podemos consultar el trabajo de Rocío Moreno Cabanillas titulado EL PRIMER PAQUEBOTE A LAS INDIAS (1764). El Cortés, precursor de un nuevo sistema postal ultramarino.

La autora señala que el año 1764 marcó un hito en la historia de la navegación y las comunicaciones del Imperio español. Aunque la historia oficial suele fijar su mirada en el puerto de A Coruña como sede del servicio, lo cierto es que la operatividad de este ambicioso proyecto tuvo uno de sus puntos neurálgicos en las aguas de nuestra Villa y su barra como puerta de salida hacia la Indias. 

Este fue en el mes de agosto el escenario del inicio de esta aventura transatlántica. Tres de los cinco paquebotes adquiridos por la Corona se hicieron a la mar rumbo a Galicia para preparar el primer viaje a América, siendo estos El Postillón (con 12 hombres), el San Nicolás (alias El Chasqui) rebautizado poco después como Cortés, (con 16 hombres) convirtiéndose en el primer paquebote de la historia en inaugurar el servicio oficial con las Indias el 1 de noviembre de ese mismo año y La Expectación de María (alias El Propio) con 13.
     Se habían elegido hombres con gran experiencia y aunque no se citan sus nombres de pila (a excepción de los capitanes que luego tuvieron conflictos en Galicia), fueron los encargados de la difícil maniobra de cruzar la barra.
     La ejecución técnica del proyecto en nuestra zona recayó en la figura de Pedro Castejón y Salazar, capitán de navío de la Real Armada y responsable de la compra de estos buques y el encargado de certificar la calidad de la construcción naval, asegurando que estos paquebotes eran los mejores y más acreditados veleros de la Ría. Fue él quien supervisó sus capacidades antes de que cruzaran la barra de Portugalete.
     Para orgullo de nuestros astilleros es reseñable que el propio Castejón resaltara la calidad de estas naves, advirtiendo que eran superiores incluso a fragatas de guerra destinadas al corso.
     En definitiva, cuando el paquebote Cortés echó anclas en Puerto Rico o Cuba meses después, llevaba consigo el sello de la navegación que se forjó al cruzar nuestra siempre difícil barra, punto de partida de un sistema que unificó definitivamente las dos orillas del Atlántico.

 

miércoles, 7 de enero de 2026

LOS HOYOS, AYER Y HOY

 




Aitor Gonzalez Gato nos ha ofrecido una instantanea mas de su serie Ayer y Hoy, en este caso referente al barrio de Los Hoyos.
     Partiendo de la foto de Eduardo Benito de 1999 que incluimos en el libro de la Coleccion El Mareometro, Portugalete en la fotografía. El cambio urbanistico del siglo XX, acompañada de la segunda foto que sacamos en ese año de 2006, Aitor ha procurado buscar el sitio aproximado para su comparación, lo cual no suele resultar facil encontrar exactamente.

martes, 6 de enero de 2026

CORRESPONDENCIA PORTUGALUJA CON CENSURA

 Entre las fotos que nos cedió Juanjo Novella, había un sobre de hace 70 años, en plena segunda guerra mundial, que había adquirido por sus connotaciones familiares.
Una verdadera curiosidad para un coleccionista portugalujo.
Como se ve, la carta fue enviada por su tía, Alicia Novella, con domicilio en G. Uzquiano, El Ojillo, dirigida a una familia francesa.
Tras pasar la CENSURA GUBERNATIVA DE COMUNICACIÓN de BILBAO, fue abierta en Francia, ocupada entonces por el ejército nazi alemán, que la volvería a abrir.
La banda de la censura militar alemana pone Geöffnet (abierta) y el sello corresponde al Alto mando de la Wehrmach (Oberkommando der Wehrmach) con la svástica nazi y el águila.

Para completar la entrada hemos recurrido a Txomin Hermosilla que como gran coleccionista tiene gran cantidad de estas cosas y nos cedido unas cuantas cartas con el sello de CENSURA MILITAR PORTUGALETE, con destino a sitios tan diversos como Granada (a Francisco Aróstegui), Argentina, Francia o Alemania. Estas corresponden lógicamente a los años de la Guerra Civil como se distingue en algunas, 1938.
Publicado el 24 de enero 2014




lunes, 5 de enero de 2026

LA GUERRA DE LOS REMOLCADORES Y EL FIN DE UNA ERA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

  
Ahora que comenzamos el nuevo año con un conflicto laboral en la ría y los amarradores en lucha, volvemos sobre el libro de J. Robertson, Sucedió en la ría de Bilbao, en la que nos recuerda otro episodio que protagonizaron los lemanes y gente dedicada al atoaje allá por el siglo XIX.

Corre el año 1855. La fisonomía de la ría está a punto de cambiar para siempre. En los muelles de Portugalete un nuevo elemento irrumpe en el paisaje: el humo negro y el ruidoso chapoteo de las paletas del vapor-remolcador "Bilbao". Al mando de su maquinaria, un escocés que hará historia en la Villa: John Mary Robertson.

Para nuestra gente aquel ingenio mecánico no era progreso, era una amenaza directa a su pan. La tensión en la barra se podía cortar con un cuchillo.

Donde antes se necesitaba la fuerza de brazos expertos y el conocimiento de las corrientes para salvar el peligroso paso, ahora una máquina pretendía hacer el trabajo en una fracción del tiempo. Los trabajadores del mar no tardaron en bautizar al ingenio como la usurpadora del jornal ya que el motor realizaba de forma mecánica el trabajo que antes requería el esfuerzo muscular de muchos hombres en las labores de atoaje y lemanaje.

Las crónicas de la época nos hablan de una hostilidad "furibunda". No eran solo malas miradas en las tabernas del Casco Viejo; eran acciones defensivas organizadas. Los marinos, herederos de siglos de tradición náutica, veían cómo el capital de las grandes familias industriales traía tecnología extranjera que los desplazaba.

Hubo sabotajes velados y una resistencia pasiva que Robertson tuvo que sortear con templanza escocesa. El conflicto representaba la lucha clásica de la Revolución Industrial: el músculo del hombre frente al pistón de vapor.

Además, se añadía una fuerte competencia incluso entre los propios marinos de diferentes localidades. Se narra una anécdota donde los de Portugalete salieron a auxiliar a un buque próximo a la barra, pero al ver que una lancha de Santurtzi se les había adelantado, les recriminaron el "privarles de ganar el lemanaje". La respuesta de los santurzanos fue un gráfico "corte de mangas", ilustrando la tensión constante que se vivía por conseguir cada servicio en la ría.

La ironía quiso que, en febrero de 1855, el flamante remolcador terminara embarrancado en las peñas de la playa de Portugalete tras un enredo con un cabo. Seguramente, más de un marino local esbozó una sonrisa amarga al ver al "gigante de hierro" sucumbir ante la misma ría que ellos dominaban a remo. Sin embargo, aquel accidente solo fue un paréntesis. Robertson no solo reparó la maquinaria, sino que demostró que el vapor era imparable.

Con el tiempo, su figura se integró en el tejido social de Portugalete, casándose con Pía Juana García y fundando una estirpe de industriales. Pero la historia de la Ría no sería la misma sin recordar aquellos días de furia en la barra, cuando los últimos románticos del remo intentaron detener, en vano, el avance de la era del vapor.

domingo, 4 de enero de 2026

LA NAVEGACION EN LA RIA DEL SIGLO XIX SEGÚN GUIARD


Recogiendo la sugerencia que nos hizo uno de los seguidores de este blog, ofrecemos hoy el óleo sobre tabla de Adolfo Guiard, (35 x 23 cm.) del Museo de Bellas Artes de Bilbao, titulado Navegación, que el pintor Adolfo Guiard y Larrauri (1860-1916) realizó como proyecto para una vidriera.
Una hermosa vista de la ría en el siglo XIX con Portugalete difuminado al fondo a la izquierda y enfrente las arenas iluminadas por los últimos rayos del sol de la tarde.


Publicado el 9 de enero 2010

sábado, 3 de enero de 2026

1900-1920 PINTURAS



Al nacer el siglo XX la imagen de la Punta del Muelle de Hierro, vino a completarse con la presencia del edificio flotante del Sporting Club. Agradecemos a A.L.M. que nos indica la existencia de estos cuadros de Adolfo Guiard (1860-1916) del Muelle de Hierro, sin y con, el Sporting.

El primero lo recoge la obra Pintores y escultores vascos de ayer, hoy y mañana, (1973) de la Gran Enciclopedia Vasca, y figura como propiedad de la Vda. de Sota, con el título Antiguo muelle de Portugalete (24x33 ctms). El segundo, que ya lo hemos utilizado en alguna ocasión, de 1906, titulado Paseo del antiguo faro de Portugalete, es un óleo de 110x 130 cms. propiedad del Real Club Marítimo del Abra- Real Sporting Club.

Publicado el 14 de enero de 2010

viernes, 2 de enero de 2026

EL ENIGMA DE LOS DOCE: IDENTIFICANDO A LOS APÓSTOLES DEL RETABLO DE SANTA MARÍA

 

En una nueva incursión en el patrimonio de nuestra Basílica, Javier Lopez Isla nos presenta un trabajo de investigación, LOS APOSTOLES DEL RETABLO, que busca "atar los cabos" sueltos de una de las joyas más preciadas de Portugalete: su magnífico retablo mayor. Tras sus investigaciones sobre la Andra Mari, el autor se sumerge ahora en el estudio iconográfico de las figuras que ocupan las entrecalles de esta magna obra manierista del siglo XVI.

El desafío de los apóstoles mutilados
El retablo, cuya construcción comenzó oficialmente en 1550 de la mano de los "tres Juanes" (Juan de Beaugrant, Juan de Ayala y Juan de Imbert), presenta un problema que ha pasado desapercibido para muchos visitantes: el paso del tiempo y el ataque de los xilófagos han dañado gravemente las figuras. En particular, cinco de los apóstoles han perdido sus brazos o los atributos que permitían identificarlos, dejándolos en el anonimato durante siglos.
La clave está en el estilo: Beaugrant vs. Ayala: A falta de registros escritos que asignen cada talla a un autor específico, Javier recurre al análisis estilístico para resolver el misterio. Su investigación destaca la coexistencia de dos talleres con estilos marcadamente diferentes en el retablo:
Mientras el taller de los Beaugrant (Bilbao), se caracteriza por un estilo innovador y expresivo, con figuras de canon alargado, posturas inestables (contraposto), escorzos pronunciados y ropajes con "drapeados" (pliegues que simulan el movimiento del viento) que dejan traslucir la musculatura, el taller de Juan de Ayala (Vitoria) destaca por un estilo más rígido, figuras más voluminosas y sencillas, y vestiduras de caídas lineales y rectas que no se ciñen tanto al cuerpo.
Hallazgos y nuevas identificaciones: Una de las conclusiones más relevantes del trabajo es la atribución de las doce figuras de los apóstoles al taller de los Beaugrant, independientemente de su ubicación en el retablo. Javier argumenta que el dinamismo y la fogosidad de estas tallas son rasgos distintivos de los hermanos Beaugrant, posiblemente basados en trazas o proyectos dejados por Guiot de Beaugrant antes de su muerte en 1549.
En su recorrido iconográfico, el autor confirma la identidad de los "seguros":
San Andrés: Reconocible por su cruz en aspa.
San Pedro: Identificado por la llave y el libro.
San Juan: Representado joven y con una copa (en referencia al milagro de Éfeso).
San Pablo: Quien sustituye a Judas Iscariote, reconocible por su espada y calvicie.
Santiago el Menor: Con su garrote de batanero.
Santiago el Mayor: Vestido de peregrino con su bordón.
San Bartolomé: Sujetando al demonio encadenado.
Además, el estudio arroja luz sobre los "dudosos", logrando identificar a San Felipe en el tercer piso por los restos de una cruz latina en su mano, un detalle que lo diferencia del resto de sus compañeros.
                                                   
 CONCLUSIÓN

Este trabajo no solo es un ejercicio de historia del arte, sino un acto de "justicia iconográfica" que devuelve el nombre a quienes custodian desde las alturas el altar de nuestra parroquia. Gracias a la dedicación de la Asociación de Amigos de la Basílica, hoy podemos mirar nuestro retablo con ojos nuevos, reconociendo el magnífico legado de los Beaugrant en la Noble Villa de Portugalete.