El 26 de diciembre de 2008 anunciamos con esta entrada un artículo que luego publicaríamos en el nº 13 de CUADERNO PORTUGALUJOS con recuerdos de la posguerra: El ingenio y el riesgo en los juegos infantiles.
Evocar la infancia en los años de la guerra y la
posguerra es navegar entre recuerdos de hambre, racionamiento y frío. Sin
embargo, como bien relata nuestro recordado amigo Marcos Merino Martínez,
la necesidad agudizaba el ingenio. A falta de juguetes comerciales, la calle
del Ojillo (su calle) se convertía en un escenario de creatividad pura donde el
"pasarlo bien" era un acto de resistencia.
Juguetes nacidos de la nada.
En aquellos veranos interminables, la escasez de
dinero obligaba a inventar. Los juegos más comunes se construían con lo que se
tenía a mano:
Las chapas y el champlón: utilizando
tapones de botellas o madera.
La goitibera: fabricada artesanalmente con tres
pequeños rodamientos.
Pelotas de papel o lana: cosidas
o amarradas con cordel para jugar en los pórticos de las iglesias.
Habilidades naturales: desde
aprender a nadar en el Muelle Viejo usando vejigas de res como flotadores,
hasta fabricar cerbatanas con cañas y agujas.
La picaresca y las "venganzas" infantiles.
El relato nos traslada también a las travesuras en los
portales durante el invierno. Era común el uso de hilos amarrados a las aldabas
de las puertas para gastar bromas a los vecinos, o el uso de botes de hojalata
estratégicamente colocados para recibir a los inquilinos con sorpresas poco
agradables.
El peligro a la vuelta de la esquina.
Lamentablemente, la posguerra también dejó una huella
trágica. El acceso a materiales peligrosos, como restos de pólvora, proyectiles
abandonados o incluso explosivos reales confundidos con juguetes, transformó en
ocasiones la diversión en tragedia. Marcos recuerda con tristeza accidentes
mortales provocados por armas artesanales o granadas olvidadas que marcaron
para siempre a las familias de la calle.
Estos recuerdos, que hoy parecen lejanos, forman parte
de nuestra memoria colectiva. Son el testimonio de una generación que aprendió
a jugar entre las grietas de una época difícil, donde la frontera entre la
diversión y el peligro era, a menudo, demasiado delgada.

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