martes, 20 de enero de 2026

DE LAS CARROZAS A REMO A LOS MODERNOS CATAMARANES DE NUESTRA RIA (3)

 


Finalizamos hoy esta tercera entrada basada en el trabajo de José Luis Garaizabal RÍA DE BILBAO, DE AQUELLAS CARROZAS A REMO A LOS MODERNOS CATAMARANES que se puede consultar en su integridad en la BDP, recordando otros datos que nos aporta y que queremos recordar:

Las carrozas cubiertas no aparecieron hasta 1830 y antes de esa fecha, los viajes se realizaban en "lanchas sin cubierta", traineras o botes a remo y vela. En 1844, a los dos primeros lanchones (llamados Veloz y Relámpago) se les unieron otras dos carrozas: La Vizcaina y El Volador y hacia 1860, se establecieron nuevos "ómnibus" acuáticos de 12 asientos, con un coste de cuatro reales de vellón en el interior y tres en la banqueta.

Al igual que recogíamos días pasados el conflicto surgido el atoaje y los lemanes, en este caso también se dio un enfrentamiento entre la gente de la Cofradía de Mareantes y los carroceros. No deja de ser un aspecto muy humano y conflictivo de la historia de Portugalete como es la resistencia de los trabajadores tradicionales al progreso.

El Enfrentamiento con la Cofradía se produjo en 1846 y el Mayordomo de esta, Manuel de Fuegos, se oponía a que los carroceros (como Ignacio Laca) se integraran en el gremio, alegando que sus lanchas eran "inservibles" para el servicio de los buques y que los carroceros no querían contribuir a las cargas de la cofradía.

 Hemos ilustrado la entrada con una foto del Chimbito, pues además de las carrozas, la llegada del vapor, del remo al gasolino, los servicios playeros o las modernas y turísticas embarcaciones actuales dedica uno de sus apartados a este recordado barco.

 


 

lunes, 19 de enero de 2026

LA CALLE BIZKAIA, ANTES BANDERA DE VIZCAYA


Hoy fusionamos dos fotografías de Ramón Bernardo de los años 60 y la comparamos con una actual, para recordar el nacimiento de la calle Bizkaia que desde Abaro desciende hasta el Parque del Doctor Areilza.

Fue hacia 1955 cuando se construyó en los terrenos del Palacio de Chavarri, que ya entonces estaba sentenciado a desaparecer, la clínica ginecológica del Dr. Alfageme tan conocida durante décadas, que se había trasladado desde el Muelle Nuevo, y actualmente sede de la policía municipal.

Eran años de un vigoroso crecimiento económico, demográfico y urbano y tras haber afrontado la edificabilidad de la zona de Carlos VII, el Ojillo, o General Castaños, quedaban sin edificar estos solares de Abaro.

Se daba prioridad a la construcción de viviendas frente al equipamientos de infraestructuras, o zonas verdes, otorgando licencias de edificación que se olvidaban de las ordenanzas, o que carecían de un plan parcial que organizase su crecimiento, pero que ayudaba a sanear la hacienda municipal por los importantes beneficios económicos que la concesión de dichas licencias reportaba de manera inmediata. Por su parte los promotores buscaban la máxima rentabilidad elevando el número de plantas como se constata ahora en esta zona.

En este caso hubo que dar continuidad a la subida desde el parque del Dr. Areilza para su salida mas cómoda a Abaro, obviando la curva de subida por El Cuervo.

En la foto, de los últimos años de la década de los años 60, la calle todavía sin completar, se denominaba, desde diciembre de 1960 en que el ayuntamiento presidido por Julián Bayo la había rotulado, Bandera de Vizcaya, en recuerdo de la milicia falangista que luchó en el bando sublevado durante la guerra civil. El término “bandera” en la terminología militar de la Legión y la Falange, equivalía a un batallón.

La historia de la 1ª Bandera de Vizcaya formada tras la caída de Bilbao está ligada a Portugalete, ya que varios de sus miembros más destacados, como José Manuel Bayo Bellés o Sabino Aróstegui Alberdi eran portugalujos. Al ser una unidad de milicias falangistas, se nutrió de los "camisas viejas" (afiliados antes de la guerra) que habían estado perseguidos o escondidos en la margen izquierda. El primero de ellos, José Manuel, llegaría luego a ser concejal en Bilbao y ocupar cargos en la Organización Sindical mientras que Sabino recibió la Medalla de la Vieja Guardia en 1942.

Con la llegada de la democracia en 1979 a esta calle se le cambio el nombre por el actual de Bizkaia.

 




domingo, 18 de enero de 2026

COMERCIOS ANTIGUOS PORTUGALUJOS: FOTO GUYMA

Si la historia de los fotógrafos de Portugalete en el siglo XX se inicia en 1913 con Aureliano González en el nº 4 de la calle San Roque, que luego lo continuarían, Policarpo Díez y Francisco Páramo, fue éste en 1929 cuando se trasladó al nº 11 de General Castaños, donde en 1956, lo cogió GUYMA tras un período del estudio Argos de José Arana.
El conocido establecimiento de Guyma, cuyo nombre acrómino se refiere a los nombres de los fundadores Guillermo y Matías, Guillermo Fernández y Matías Pérez, consiguió su licencia de apertura en 1951 en la lonja del nº 1 de la Calle Santa María que da a la Plaza. En la solicitud se comunicaba que su dedicación sería a la venta de material fotográfico y material de radio, por lo que el rótulo que solicitaban poder instalar ponía Material fotográfico GUYMA Material de Radio
Mientras Guillermo, atendía las ventas en el establecimiento, Matías realizaba la labor de fotógrafo. En 1956 tras traspasar el fotógrafo ARGOS su local en el bajo y sótano de General Castaños 11, abren allí un segundo local donde tendrían su estudio fotográfico y de revelado.
Matías Pérez Larraona, (1918-2006) que había nacido en Bilbao,  se convirtió en el fotógrafo más popular de Portugalete, acudiendo a “bodas, bautizos, comuniones, etc.” como anunciaba su publicidad, sin faltar su presencia en todo tipo de actos, tanto oficiales como festivos, por lo que una gran parte de las fotografías de esos años llevan su firma. Y como fotógrafo de referencia en la Villa colaboró con publicaciones graficas como fue “El Caso” según vemos en el carnet que conserva su hija.
También habría que reseñar que en los años 60 llegaron a patrocinar un equipo de baloncesto el MILINDRIS-GUYMA que disputó un recordado partido en el muelle frente a la estación contra un equipo de marinos de la tripulación de un navío inglés fondeado allí.
Recurriendo a faccebook donde familiares o amigos nos han recordado en algún momento su historia, completamos esta entrada con la foto de Guillermo y Matías en el local de la Plaza, también estanco, y  a Matías con su amigo Manolo, el popular y querido Sacristán de la Basílica durante tantos años.

Publicado el 2 de feberro 2016







sábado, 17 de enero de 2026

COMERCIOS ANTIGUOS PORTUGALUJOS: ÓPTICA ELIAS DESDE 1948







Hoy traemos a estas entradas, reivindicando la tradición comercial local, a un establecimiento que tras mas de siete décadas continúa entre nosotros ya con su tercera generación y cuyo fundador Ángel Elías Romero, fue el primer óptico que se estableció en la Villa y un referente importante en su historia.
La familia Elías, alaveses, procedentes de Artziniega, ha estado muy enraizada en Portugalete. En 1943 su hermano Esteban, que vivía en Bilbao y con tienda de calzados en Baracaldo abrió en la calle del Medio nº 12, entonces el centro zapatero de Bizkaia, “Calzados Elías”. Una de sus hermanas, Regina, se casó con Matías Pérez Larraona, el popular fotógrafo de Guyma y otra Casilda, que vivía en Berango, colaboró con él para el establecimiento de la óptica que instaló en Portugalete en 1948.
Dado que sus antecedentes políticos, no habían sido durante la guerra a favor de lo que se denominaba “glorioso movimiento nacional”, tuvo que hacerse a nombre de Casilda la apertura del negocio y el arriendo del bajo del nº 26 de la calle del Medio. En este local tenía Juan Cecilio Alday su mercería “La Aguja de Oro” cerca de la recordada tienda de calzado “La bota de Oro”, y en el acuerdo se establecía que continuaría hasta liquidar los géneros para empezar bajo la razón social “Óptica, joyería, relojería y artículos de fotografía Elías”.
Angel Elías, (1910-1989), casado con la bilbaína Begoña Pérez Larraona, había llegado el año anterior a Portugalete y tras adecuar el local para su actividad de diplomado en óptica, colocó un rótulo que recordaba además su actividad fotográfica: INFORNAL FILM-GERVAET FILM.
Dos décadas después, y tras mandar al hijo mayor a estudiar a la Universidad de Óptica de Madrid, en 1970, cuando ya tenía la continuidad familiar en el negocio asegurada, traslada su local al nº 20 de la misma calle, utilizado hasta entonces por la juguetería Santi. Allí empezaría colocando como rótulo luminoso un Reloj Elías, y en sus anuncios ofrecía ya el servicio de dos ópticos diplomados.
Por cierto que el citado reloj MOVADO fue un referente en la calle del Medio para todos los que bajaban rápidos al tren para ir al trabajo.
El siguiente paso según vemos en un anuncio del Programa de Fiestas de 1976, fue además de ofrecer el servicio de tres ópticos, anunciar la apertura de otra tienda en Repélega “junto al ambulatorio” y donde ya figura que ha tomado el relevo su hijo Iñaki Elías, en la actualidad Presidente Regional del Colegio de Ópticos.
En 1980 éste lleva a cabo un proyecto de reforma y modernización del local “destinado a óptica con sus especialidades de optometría y contactología, con el primer piso unido por una escalera de caracol, a taller y despacho”.
Unos años después, en 1987, un derrumbe en la estructura del viejo edificio de la calle del Medio, hace que tenga que abandonar el Casco Viejo y tras abrir provisionalmente en el Ojillo, en la esquina con la calle Correos, en 1989 inaugura un nuevo local de General Castaños.
Publicado el 31 de enero 2016






viernes, 16 de enero de 2026

¿QUIÉN FABRICA LOS RECUERDOS? (I): POSTALES DE UN PORTU GRIS

 



Hoy volvemos a recibir a Martintxu, quien tras un largo silencio frente al teclado, decide rescatar las vivencias guardadas en su inseparable 'libretita negra'. En este relato, que publicaremos en tres entregas, el autor nos invita primero a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria para luego sumergirnos en los aromas, sonidos y colores del Portugalete de los años 60. Bienvenidos a este viaje por el despertar de una vida entre el cielo rojo de los hornos y el salitre de la playa. 

Ha pasado mucho tiempo sin ponerme a escribir relatos sobre mis recuerdos. Sé que han sido más de tres años y puedo decir que ha habido mucho titubeo ante el teclado. Lo que no ha parado es mi libretita negra del bolsillo trasero izquierdo del pantalon, donde acostumbré a anotar lo que no debía olvidar.
    Y ya puesto, ahora que rehago mi narración, me surge una pregunta: Quién ó qué fabrica los recuerdos ? La pregunta es dura, sí.
    Por qué “Quién?”, es que puede haber alguien dedicado a esa función? No se antoja fácil la respuesta. Más bien, no. 
    O "qué" fabrica los recuerdos? Nos enseñan padres, profes, libros ó ..., que vienen del cerebro.
    O sea, nos contestan como si la pregunta fuera: dónde se fabrican los recuerdos?, lo que aún puede hacerla más dura, porque “dónde?”, pudiera referirse al hueco o cajón donde estén esos recuerdos o referenciar al lugar o la situación vivida en que pueden quedar guardados como tales recuerdos, que es de donde resurgen.
    Creo que los recuerdos vienen desde la nada, para ir ocupando sectores del disco duro cerebral, donde indagamos y vamos extrayendo los que debamos ó deseemos usar; y los que no encontramos ó no son útiles, van quedando ahí y se irán con nosotros a la eternidad. 
    Vengo así, sin saber bien las causas, a buscar y extraer unos recuerdos de mi Portugalete, de mi villa; de El Ojillo -mi calle-, de mi gente, de mis colores, de mis aromas, de mis sonidos,... del despertar de mi vida.
   Brotan ante mi, imágenes de un Portu gris, pardo, sucio, con edificios viejos, muchos abandonados y calles aun no asfaltadas. El Ojillo, mi calle, creo recordar que lo fue en 1960, pero la del General. Castaños, por donde pasó el tranvía, ya lo estaba.
   Los sonidos que más asoman son los que se apreciaban en la noche, ladridos de los perros libres y los de las fábricas más cercanas, junto con la imagen del cielo rojo -cuando extraían la colada en los hornos altos-, los “cuernos” de aviso del comienzo de los turnos,...   
Todavía tengo la imagen de la playa, donde solia ir con la abuela Martina a recoger leña seca, que quedaba sobre la arena tras la pleamar, y era útil, como ahorro, para la cocina de carbón.
   Recuerdo el Txakoli La Parra, pasado La Florida; Tambien el de Larrea, yendo por la carretera de Cabieces, a la derecha, cuando Portu deja de ser Portu.
   Era yo un remache cuando se soltaban las vaquillas en El Ojillo, por San Roque, y apenas me quedan flashes de lo que ocurria. Sí que recuerdo que ese día usábamos pañuelo rojo y los contínuos bailes y biribilketas hasta la hora de La Bajada.
   Desde lejos, 560 km., sigo viendo el tablado en los juegos de la Virgen de la Guía ante la hornacina de la Virgen, las narices negras - hasta la frente- por el betún untado en el culo de la sartén para soportar el duro que había ahi adherido y que se retiraba a refrotones de la napia. Veo también, la tarta de merengue untada en la cara blanca de los participamte en La Sopa Boba.
   Para Santiago y para la Virgen de agosto, se nos ofrecían las cucañas instaladas en los remolcadores fondeados frente a la Fabrica de Tubos, ...

jueves, 15 de enero de 2026

ÁRBOLES DE LA VILLA: UN PATRIMONIO VIVO

 




Es un placer empezar hoy en este blog diversas entradas dedicadas al patrimonio natural de nuestra Villa de la mano de una de las personas que mejor conoce y más ha trabajado por los "vecinos silenciosos" de Portugalete: Joseba Martínez Huerta.

Todo un referente en el ámbito de la educación ambiental, es el autor del libro fundamental Árboles en Portugalete: Naturaleza y Cultura. En esta obra, no solo catalogó los ejemplares más significativos de nuestras calles y parques, sino que nos enseñó a leer en ellos nuestra propia historia y mitología.

Pero su compromiso no se queda en el papel. Joseba es el "alma mater" de la asociación Portubizi, una entidad que nació con el firme propósito de transformar Portugalete en una ciudad más amable, verde y caminable. A través de Portubizi, Joseba y un activo grupo de colaboradores trabajan incansablemente en la renaturalización de nuestros espacios urbanos, organizando paseos botánicos y señalizando nuestro arbolado para que todos los jarrilleros aprendamos a valorar el tesoro que nos rodea.

En esta primera colaboración, Joseba nos invita a reflexionar sobre el valor incalculable de este legado vivo que, a menudo, damos por sentado:


 Todo el mundo es consciente de que los árboles juegan un importante papel en las ciudades: embellecen el entorno, purifican el aire, sirven como barreras contra el ruido, producen oxígeno, nos ayudan a ahorrar energía, refrescándonos con su sombra en verano y reduciendo el viento en invierno, y otros beneficios que sería largo enumerar aquí. Tienen un gran valor ambiental, afectivo y simbólico, además de económico.

Los árboles son un patrimonio de la ciudad y un elemento característico de su paisaje. De hecho, los árboles urbanos sanos son los elementos que más incrementan su valor con el paso del tiempo. Su valor crece exponencialmente con la edad ya que se convierten en recursos de imposible reposición. Forman parte de un patrimonio, un legado, que se transmite de generación en generación. Si cualquier árbol merece ser respetado, hay árboles singulares que merecen una protección especial.

Hace unos años, en los medios de comunicación pudimos leer la noticia de que las autoridades londinenses querían dar a conocer la importancia de las especies cultivadas que adornan la ciudad, y sensibilizar a la ciudadanía sobre su importancia. Para ello realizaron una evaluación que traducía en dinero el valor botánico, estético y social de los árboles más singulares de Londres. El sistema de valoración tenía en cuenta, entre otras cosas. el tamaño, el estado de salud del ejemplar, su importancia histórica y el número de personas que viven cerca de él para disfrutarlo. En la primavera de 2008, el “plátano de Berkeley Square” fue tasado en 938.000 euros. Se trata de un plátano de sombra (Platanus hybrida), que tiene unos 200 años y crece en el jardín central de Berkeley Square, que recogemos en la foto superior.

En Portugalete tenemos unos cuantos plátanos, algunos centenarios, de los que hablaremos en próximos artículos.



miércoles, 14 de enero de 2026

VICTOR URRESTARAZU Y LA CAMPANA DEL AVLONA

 


 Karla Llanos nos envía un ejemplar de La Gaceta del Norte del 30 de octubre de 1955, en el que encontramos un artículo de Perico Smith titulado "El tañido de la campana del asilo vuela hacia el mar", que por su interés reproducimos: 

Viendo el desfile de pasajeros de una a otra orilla de la ría, acodados sobre las barandillas del muelle de Portugalete, estuvimos esperando la llegada del viejo lobo de mar don Víctor Urrestarazu, que tiene su residencia en Sestao. Nos habían dicho que tomaba el servicio en las motoras de pasaje a las dos de la tarde, y para no distraerle, teniendo en cuenta que su compañero de relevo llevaba el timón de la trainera ocho horas largas y estaría suspirando por despachar el último viaje de la jornada, nos adelantamos, para ser breves en el diálogo.
La soledad del muelle se veía turbada de vez en cuando con la presencia de los pasajeros, y el tiempo transcurría rápido, cuando en la lejanía, en dirección a Sestao, vimos a la figura atlética y bonachona de Urrestarazu, a quien no conocíamos. Le delataba su atuendo marinero y su andar sin prisa. Sin preámbulos le abordé con un:
—Buenos días, señor Urrestarazu.
—Muy buenos, sí, señor. Los malos vendrán después.
—Quería hablarle sobre la campana del «Avlona».
—Ah, sí, la campana que tiene historia larga que contar.
—¿Cómo llegó a su poder?
Fue mi padre José quien la recogió a bordo de un buque inglés sumergido en aguas de la barra de Portugalete. La historia fue triste entonces. Ahora es sentimental. Tenía yo 16 años cuando ocurrió el siniestro, el día 7 de marzo de 1901. El mercante inglés «Avlona» se perdió en la parte exterior del rompeolas y se ahogaron 32 marineros de diversas nacionalidades y la esposa del capitán del barco.
—Fue una gran catástrofe— Así la estimaron, según las referencias, todos los países europeos. Los cadáveres fueron apareciendo por las cercanías de la playa de Arrigunaga. Cuando se terminó la tarea de recogerlos, se les dio sepultura en el cementerio de la campa de Averly, en Bilbao, a la que llamábamos Campa de los Ingleses. Los marinos de la época que aún vivimos, recordamos con emoción aquellos días trágicos, con la pérdida del barco y la siembra de cadáveres en la playa.
—¿Qué trabajos realizaba entonces su padre?
—Como los siniestros marítimos se sucedían, porque más tarde se produjo otro hundimiento de características parecidas, mi padre, que residía en Aulestia, decidió venir a Portugalete con otro amigo llamado Juaristi, y ambos, abrazaron la profesión de buzos, colaborando yo más tarde con ellos. La gran riqueza que acumulaba Vizcaya con el descubrimiento de yacimientos de mineral de hierro hizo que Juaristi se convirtiera en contratista minero, y mi padre, a su vez, se dedicara a la extracción de los materiales de buques perdidos, guardando en su casa, como si fuera una reliquia, la campana del «Avlona», recuerdo emocionado de aquel suceso que llenó de consternación a los pueblos de Vizcaya.
—¿Cómo fue a parar la campana al Hospital Asilo de San Juan Bautista de Portugalete?
—Terminada la construcción del edificio, faltaba una campana. El capellán, que conocía el paradero de la del «Avlona», le pidió a mi padre que la donara al Hospital, y a partir de entonces presta servicios muy estimables a la vecindad del Asilo con los toques de oración, de comida y de descanso.Hace unos minutos oí su tañido, señor Urrestarazu. Es ruidoso y alegre y se escapa al mar, como si buscara en la azulada franja a la nave perdida.
—Con razón he oído más de una vez decir que los marinos de entonces recuerdan con dolor lo que la campanita del Asilo quiere decir.
—¿Sabe usted que la campanita ha encontrado un gran amigo que la canta?
—Algo me han dicho.
—La torreta comunica con una habitación ocupada por un asilado ciego, que es músico. Se llama Braulio Zabarte. Muchos días los vecinos suelen escuchar las notas que brotan del piano a través de las ventanas. Son como tristes lamentos del anciano ciego. Y juntos, la campana y el ciego, cantan las alegrías y las tristezas de cada momento, con una emoción que solo los viejos marinos saben hondamente calibrar.