jueves, 8 de diciembre de 2016

LA TRADICIÓN MUSICAL DE LA VILLA



La semana pasada en el Festival Internacional de Ochotes, Joseba Gotzon nos recordaba que el nuevo año se cumplían 85 años del Primer Concurso de Ochotes, que se celebró organizado por el Ayuntamiento de Portugalete, cuando este tipo de conjuntos no tenía todavía un nombre oficialmente reconocido y así se hablaba de doble cuarteto vocal, octeto o zortzi, siendo el Ayuntamiento de Portugalete quien oficializó su nombre al patrocinar dicha exhibición en 1932 abierta a grupos de cualquier lugar.
Este fin de semana volvemos a tener ambiente musical al celebrar el 25 aniversario del Orfeón Jarrillero del Elai Alai, con un concierto acompañado de otras agrupaciones entre las que está otra portugaluja como es Herriko Abestiak y además los Barbis en su año conmemorativo siguen actuando incansablemente.
Esto sirve para constatar la gran tradición musical que tiene nuestra Villa y concretamente recordando aquellos años, en que la población portugaluja rondaba los 10.000 habitantes existían dos agrupaciones como eran la Schola Cantorum que dirigía el agustino Padre Cortazar y que todavía en agosto de 1932 en el Concurso de Orfeones celebrado en el Teatro Buenos Aires de Bilbao obtuvo un premio especial, a pesar de que le faltaran muchos de sus 127 voces, y con el ochote Zubi andikoak, salido de la Schola triunfa en un concurso en Durango con el tercer premio de Honor y el segundo de Libre Elección y la Sociedad Coral de Portugalete cuyo presidente era en estos años Andrés Miguel Larrea.
Aquel primer Concurso de Ochotes creó una gran animación y se celebró en el kiosko de la plaza inscribiéndose grupos de Cantabria, como la Coral de Castro, Durango, Bilbao, Ortuella, y el Danok Bat de Portugalete dirigido por Pedro Alonso.
La canción obligatoria era la catalana “Volem”, y el jurado lo formaban el alcalde Sánchez Vallejo, Larrieta, director del Coro de Santurce, y los directores de las bandas de música de Portugalete y Getxo, Luis Fernández y Manuel Gainza.
Se impuso la Sociedad Coral de Castro, seguida por Tavira de Durango y el Danok Bat de Portugalete. Esta formación la componían, Gerardo García, Txetxu Barreda, Pedro Alonso, Julio G. ALegria, Florentino Heredia Mosqui, Doroteo Alvaro, Vicente Carrasco y Manuel Usategui.
Este ochote se había formado exclusivamente para este concurso y muchos de sus componentes formaban parte de la Sociedad Coral, que al disolverse al igual que la Schola al finales de año, deciden formar la Agrupación Coral Danok Bat, con José Astondoa de director.
A este concurso siguieron otros como los que organizó el periódico Excelsius en Bilbao en 1934 y 1935. En este año la Agrupación Coral Danok Bat formó dos ochotes para participar en la primera categoría: Danok-bat y Adiskidiak, pero como eran unas 30 personas y sobraban componentes Astondoa admitió que formaron otro, Abesbatza, para presentarse en la segunda categoría.

Estos últimos ganarían  en esa categoría seguidos del Danok Bat y en la primera categoría obtendría el primer premio Adiskidiak. La euforia portugaluja en el Teatro Buenos Aires fue total. Al año siguiente se volvieron a repetir los triunfos, reconociendo así el gran nivel musical que existía en la Villa.




miércoles, 7 de diciembre de 2016

RECORDANDO NUESTRA INFANCIA: LAS TADAS AL TRANVÍA (7)



Cerramos hoy esta serie de recuerdos de la niñez de la posguerra portugaluja, con el tema de los tranvías, que hemos recuperado entre los escritos de Marcos Merino Martínez, que con su experiencia de Capitán de la Marina Mercante, nos dejó el libro “ALTOS HORNOS DE VIZCAYA, S.A. HISTORIA DE SU FLOTA.

Para finalizar mis recuerdos no puedo olvidar las "Tadas a los tranvias", entre Sestao y Santurce. Éramos unos expertos en apearnos del tope del tranvía a cualquier velocidad. A parte de hacer burla al cobrador, amarrar la puerta con un alambre, sacar el trole que golpeaba fuertemente el tendido eléctrico etc. Alguna vez "la oración se hacía pasiva" y caíamos en las manos de algún cobrador… para qué contar. La venganza no se hacía esperar.
Todos los tranvías llevaban un depósito de arena para evitar el resbalamiento entre dos metales, las ruedas y el rail y también se utilizaba para tirarnos arena a nuestras cabezas. Seleccionamos el lugar de Azeta, donde el tranvía iba a gran velocidad. Hacíamos lo posible para enrabietar a nuestro objetivo para que nos tirara arena donde previamente habíamos colocado “algo blando” y “pies para que os quiero” después de tirarnos en marcha.


Mis recursos de infancia no podrían dejar de lado mis estudios en los P.P. Agustinos entre el que se encontraba el durangués padre Cortázar. Después a una academia en Sestao para preparar el ingreso a la Escuela de Aprendices de Altos Hornos de Vizcaya, hasta mi jubilación, pero esto es ya otra historia.


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Completamos esta parte final de los recuerdos de Marcos Merino, con unos documentos sacados del Archivo Histórico Municipal de Portugalete, en los que la Compañía del Tranvía denunciaba el problema que suponían la actuación de los niños y los no tan niños.


martes, 6 de diciembre de 2016

RECORDANDO NUESTRA INFANCIA: LOS BAÑOS EN LA RIA (6)


Continuamos con los recuerdos de su infancia de Marcos Merino:

Una de las grandes odiseas de nuestra infancia era el aprender a nadar en la rampa del Muelle Viejo y con el traje de baño con el que nos trajo nuestra madre al mundo. Con dos vejigas amarradas con una cuerda como flotador, que se conseguían ayudando a los matarifes en el matadero sujetando las patas de la res al desollarla, con este flotador teníamos para todo el verano.
Después del baño nos lavábamos con el agua de la Canilla para quitar el salitre, evitando así problemas con nuestras madres, ya que teníamos terminantemente prohibido el baño dado el estado famélico de nuestros cuerpos. Aun y con todas nuestras precauciones siempre se ha dicho que las madres son sabias y las nuestras lo eran muchísimo al final encontraban algún lugar donde no nos habíamos lavado bien y quedaba algún rastro de salitre, muchas de las veces era detrás de las orejas. Que nos descubrieran nuestras madres no era el único peligro. Para salpicar a los compañeros cuando el agua estaba fría a veces tirábamos piedras y algo de escombro. Una de las veces al tirar, sin darse cuenta me golpeó en la cabeza un ladrillazo y lo que tocaba en estos casos, salir corriendo al Cuarto de Socorro.

Otro lugar frecuentado era el Muelle de Hierro, y siendo  frecuente disponer de 6 a 8 quisquilleros artesanales hechos con un aro de hierro, saco y cuerdas, anzuelos, pitas. Estas eran nuestras herramientas para pescar en las bajamares. Después de adquirir la carnada al paso por la plaza, colocábamos los quisquilleros o reteles entre las rocas donde lográbamos pescar carramarros y quisquillas. Como las rocas estaban negras de mejillones, también llevábamos una ración a nuestra casa. También pescábamos panchitos y chicharritos con anzuelos de mosca.
 Aquí en los baños ya usábamos taparrabos. 


EL TXISTULARI LUIS LOPEZ DE VERGARA Y LAS ALBORADAS EN LA VILLA



Recordando a los txistularis portugalujos, nos encontramos con que tras pedir el retiro por motivos de edad Benito Ocariz en 1930, es Luis López de Vergara, quien figuraba ya en 1931 en la nómina del Ayuntamiento como empleado municipal desempeñando el cargo de txistulari 1º, acompañado de Benjamín Hernández como atabalero.
La foto superior no muestra a Vergara en la portada de la revista Txistulari y acompañando a Benito Ocariz, vestidos de gala.
Un escrito de Vergara nos sirve para tener noticias de las “alboradas” en la Villa, de la que nos habló hace tiempo el difunto Celes Vergara.
Lo hemos encontrado en el Archivo Histórico Municipal y se trata de una denuncia que hizo ante el alcalde, en 1933, por la que nos enteramos de que la existencia de “alboradas” matutinas en las fiestas patronales eran a cargo exclusivo de los txistularis municipales.
En su exposición decía que en la Villa al igual que “era costumbre en todo el país, en los días de fiestas titulares de cada pueblo, el txistulari municipal era el encargado de hacer las alboradas al vecindario”.
En este recorrido musical por las calles del pueblo a primera hora de la mañana, prestaban una especial dedicación a determinadas casas de gente importante portugaluja, tanto por su posición social, política o económica. Estas familias que valoraban mucho el aspecto de distinción que representaba tenían habitualmente con ellos un detalle que se acompañaba con dinero.
El que las alboradas solo las diesen los txistularis municipales, según Vergara, se debía a “ser esta costumbre una práctica establecida como complemento al escaso sueldo que los tamborileros reciben por sus servicios de todos los municipios; y tanto es así que son muchos los Ayuntamientos que tienen reglamentada esta práctica de las alboradas en los contratos de servicios y reglamentado también la percepción proporcional cuando son en la banda municipal dos o más los tamborileros municipales que dan las alboradas”.
El sueldo Vergara era de 750 ptas al año, por 360 de su atabalero, cuando el organista Pedro Lizarraga cobraba 1.600 ptas o un guardia municipal, 2.840 ptas.
La citada denuncia se debía a que el día de San Roque, Vergara había sorprendido a otro txistulari de la banda de Música, Ignacio Aguirregabiria, dando también alboradas, con lo cual él consideraba “atropellados sus derechos morales, ya que no existen escritos” y para evitar que esto fuera un “caso inicial de futuros abusos”. El alcalde decretó que no se permitiera tocar alboradas a nadie que no fuera el “tamborilero municipal”.

Estas “alboradas” que en la práctica son sinónimos de “dianas”, no tenían nada que ver con la tradicional diana de los programas festivos donde encontramos a “la Banda de Música con alegres dianas” (en 1931), “diana por los tamborileros” (1932), o “pasacalles por la banda de tamborileros con cabezudos” (en 1934 y 1935), y que indudablemente tenían reminiscencias militares de cuando éstos estaban acuartelados en la Villa.


***
Tras pasar esta noticia a Portugaleteko Txistu Zaleak, Jon Iñaki nos indica: Los txistularis nunca hemos tocado marchas militares al amanecer para que la tropa abandone la cama. Hemos tocado y tocamos marchas al amanecer como pasacalles para dar un carácter festivo al despertar de los convecinos.
Por su parte José Ignacio Ansorena nos dice: Hablas de la diferencia entre dianas y alboradas. Es cierto que en español, diccionario de la RAE, en algunas de sus acepciones son términos sinónimos. Y en la música en general también. Pero entre txistularis la palabra alborada tenía una acepción concreta, algo distinta.
Se trataba de la serenata que en un día señalado para determinadas personas notables de la localidad (su onomástica en general, pero también la boda de una hija, el agasajo a un invitado excepcional...) ofrecían los tamborileros en el portal o bajo el balcón de la casa. Y en estos casos, el nexo con el horario matutino desaparecía. Es decir, lo habitual es que se realizarán en las sobremesas. Los txistularis se acercaban a la casa, interpretaban sus piezas y eran agasajados con café, copa y puro, o con dulces, además de una suculenta propina.
Hasta tal punto era esto así, que los ayuntamientos en los contratos de los tamborileros municipales tenían reglamentado este aspecto. Hasta el tanto por ciento que del dinero recaudado se llevaba cada miembro del grupo (primero el que más, el atabalero el que menos), para evitar discusiones que llegaron a ser frecuentes. En San Sebastián esta costumbre se ha mantenido hasta el año 1965 aproximadamente. Los nuevos txistularis seguimos llevando a cabo tan solo para familiares y amigos, o por alguna petición especial, pero nunca a cambio de dinero. Sin embargo, hasta esas fechas aproximadamente era práctica habitual y sus ingresos constituían una parte importante del sueldo del txistulari. Algo así como las propinas de los camareros actuales. Y desde luego en Portugalete, como en todas partes los txistularis las interpretaban.

Todavía hoy en día muchas personas me recuerdan que en su infancia los txistularis iban a su casa a dar la alborada por el santo de su madre o su padre. Los días de San Ignacio, Santo Tomás, San José  y otros santos de mucha aceptación, Isidro Ansorena y su banda solían usar un taxi para ir de uno a otro lugar, pues no daban abasto, lo que también da idea del volumen económico que se barajaba. Sobre esta actividad hay anécdotas muy graciosas. En la revista Txistulari  número 149, en la página 48 tenéis una de ellas.




lunes, 5 de diciembre de 2016

LA POSGUERRA EN PORTUGALETE, NUEVO LIBRO DE TASIO MUNARRIZ



Como ya se ha anunciado, hoy recogemos la noticia de la aparición de un nuevo libro de Tasio Munarriz, uno de nuestros habituales colaboradores de este blog y que recoge las investigaciones que ya comenzó en el libro anterior dedicado a la Republica y Guerra en Portugalete.
Como en el anterior lo ha editado totalmente a su costa, sin conseguir ningún tipo de ayudas que tan frecuentemente encontramos en las publicaciones que se hacen sobre nuestra memoria histórica, y cuando el anterior todavía no se ha agotado pues quedan algunos escasos ejemplares.

La presentación del libro será
el próximo día 15, jueves,
a las 7:30
en el Centro Cultural Santa Clara.

El ejemplar con el mismo formato que el anterior y con 270 páginas, lleva una portada diseñada por Juanjo Novella y es como decimos continuación del anterior incluyendo incluso correcciones y complementos al mismo.
Su índice comprende:
1.- FET-JONS: Falangistas y carlistas. Incautación del Batzoki. Cooperativa Española de empleados y obreros católicos. Campo de deportes San Roque.
2.- POLÍTICA MUNICIPAL. Baile de corporaciones. Cambio de nombre de las calles. Depuraciones. Medallas de la Villa y lápidas por los “Caídos por Dios y por España”.
3.- NACIONAL CATOLICISMO.
4.- JUSTICIAS DIFERENTES. Amnistías caseras. Juicios militares.
5.- RECONSTRUCCIÓN DE LA VILLA.
6.- VIDA COTIDIANA. Demografía. Cambio de símbolos. Cuestaciones y suscripciones. Censura. Vida escolar. Fiestas. Canje de dinero. Racionamiento. Trabajo y economía. Salvoconductos y fugas. Sanidad. La Banda Municipal de Música.
7.- LA HUELGA POLÍTICA DE 1947.
APÉNDICES (Con cientos de nombres): Elecciones de concejales franquistas. Depuración laboral, de comerciantes, de maestros, de funcionarios municipales, portugalujos ejecutados, presos, juzgados por responsabilidades políticas, familias evacuadas, evacuados que no volvieron, sanción por no colgar la bandera nacional, logotipo.
En esta ocasión la tirada es reducida, por lo que se agotará rápidamente, y su precio el día de la presentación será el de su coste que ha resultado de 25 €.
Damos fe del interés del libro para conocer nuestra historia reciente y la rigurosidad del autor, cuya solvencia como investigador quedó ya reflejado en su libro anterior.




sábado, 3 de diciembre de 2016

EL RELATO DEL FIN DE SEMANA: LA TROMPA



Ayer, en un comercio local, vi un bailarín de esos. Pequeña, para lo que yo usaba hace cincuenta años, pero ha puesto un ON en mi disco duro craneal.
Era nueva, ó sea: tenía la coronilla roja, cosa que, decían los chicos mayores, desequilibra el giro según nuestro modo de bailarlas. Hay otras formas, mas lo aprendido de joven, perdura.
Pues, bien, hoy he vuelto y la he comprado. Meterla en mi bolsillo, ha sido una gran sacrificio. La madera nueva pedía "guerra", o sea actividad, y no he discutido con ella.
Me he venido a casa, le he cortado la coronilla, he puesto una moneda de dos reales -todavía tengo-, en el final del cordel y he salido al muelle.
Es día de escuela, eran más de las once, casi mediodía, lo que significa que no había niños a quienes enseñar y ante quienes presumir. Pero ha sido maravilloso compartir el arte y el recuerdo.
Día soleado y, en menos de dos minutos, el baile de la trompa era contemplado por una decena de abueletes entre paseantes y pescadores recién desembarcados tras el final de la jornada faenando.
Y las caras, ah!,... los semblantes y mohines expresaban recuerdo, envidia,… y la sonrisa, a boca cerrada, era de auténtica felicidad.
Eran otros niños conmigo, a pesar del pantalón mahón, de las arrugas, de las canas y de la barba sin afeitar. 
No sé si os habéis fijado en que, desde hace mucho tiempo, no se ven niños en las calles bailándolas. Y no he encontrado otro quehacer que compartir el artilugio con ellos. Años, si, hasta para regalar, pero el arte del baile de la trompa, no lo hemos olvidado, no. Como nadar o andar en bici.
Tras diversas tiradas, en un pequeño paréntesis que he aprovechado y he ofrecido la trompa al, aparentemente, mayor de todos. Y ha aceptado. He oído palmas, casi aplausos, y frases de ánimo. Le conocían.
Se ha hecho el silencio mientras el señor ha enrollado la cuerda. Ha tomado un segundo para calcular el tiro y ha lanzado la trompa hacia arriba. Al caer, la ha recogido con agilidad en la palma de la
mano extendida, donde ha seguido girando unos segundos, sin tocar el suelo. Los ¡bien! y las palmas sonando, han dejado de ser suaves para ser clamorosos.
Tras eso, nos hemos fundido en un corro relatando nuestras propias experiencias con la madera giratoria.
Y les he hablado de jugar las perras gordas sacadas del corro a golpe del cuerpo de la trompa o del eje, siempre que gire, o un juego similar consistente en chocar la trompa propia contra otra trompa, propiedad de alguno de los jugadores del grupo, el que la tiraba peor en la tanda de inicio, que se ponía en el centro del círculo. Eso era válido mientras la trompa del tirador girara después del choque. Son juegos que ellos también habían practicado.
Hemos recordado los lugares. En mi caso, el corto tramo llano poco más arriba de la Clínica de Savín, donde, en los primeros sesenta, ya era posible jugar sin que la trompa se enfilara cuesta abajo por El Ojillo, cuyo asfaltado, desde el Cristo hasta la ermita blanca de San Roque, era reciente.
No he olvidado hablarles de los "Trompalaris de Urioste", que llegaron a salir en el Estudio Abierto de Íñigo, cosa que, algunos, recordaba con agrado.   
La trompa, es un juguete muy antiguo: en Grecia y Roma los niños ya jugaban con ellas. Platón hace alusión y Catón, el censor, ya las describe como juego sin violencia y educativo.
Tener una trompa bien pintada y libre de marcas de golpes era un orgullo. Y, en el Portu que yo recuerdo, eso, era muy valorado.


MARTINTXU

viernes, 2 de diciembre de 2016

RECORDANDO NUESTRA INFANCIA: MORAS, PIRUCHOS Y BORONAS (5)



Marcos Merino, no podía dejar de recordar las andanzas de los chavales por las huertas y jaros de la Villa y sobre todo en las afueras.

En la época de verano abundaban las moras y piruchos, pero los mejores estaban lejos de nuestras estaturas, como el refrán de "zorra y las uvas”. Esta dificultad la solucionamos con un artilugio formado con la puntera de una caña de pescar, un cepo de pájaros cerrado con tela o red amarrado a la caña en un extremo y con cordel para abrir el cepo. De esta manera se apresaban los mejores racimos de moras y piruchos. También “caía" alguna fruta cercana de los cerramientos de las fincas, como el caso del melocotón.
En las proximidades del Rio Ballonti había una huerta cerrada con alambre de espino y con la maleza se hacía una barrera tupida. En el centro del cerco habida un melocotonal joven con un melocotón de exposición, lo contemplábamos un día y otro y como iba madurando. Con el cepo y la caña con las que cogíamos las moras y los piruchus se lo apañamos repartiendo a mordiscos el manjar. Estando todavía allí con nuestro reparto llego el aldeano y empezó a jurar y a rascarse la cabeza, de cómo demonios le habían podido robar el melocotón sin dejar huella alguna sobre la tierra trillada.
También debo recordar cómo empezábamos a fumar con la panoja de la espiga del maíz, después de "apañar" el papel del fumar al padre. También solíamos hacer un calentin en la campa de San Roque donde se asaba alguna patata y espigas de maíz que se "apañaban" de las huertas.
Cuando se disponía de algo de carburo, con una lata de conserva se hacía un orificio en el fondo clavando la boca de la lata en la tierra. Se hacía hermética con arcilla ablandada, el carburo producía gas y aplicando un papel encendido amarrado a un palo se originaba la explosión lanzando al aire lata y arcilla.