miércoles, 31 de enero de 2018

JOSE Mª AREILZA Y MARTINEZ RODAS (1909-1998) IN MEMORIAM




 Este mes de febrero, el día 22, se cumplen veinte años del fallecimiento de uno de los artífices de la Transición española como fue el portugalujo José María de Areilza.

Con este motivo José Félix Merladet nos ofrece su semblanza basada en la relación que le unió con él.

Empieza resaltando la educación recibida en el palacio de El Salto, donde tuvo de institutriz a la luego famosa novelista irlandesa Kate O’Brien, así como su participación en la guerra civil entrando con las tropas franquistas en Bilbao y su nombramiento de alcalde con tan solo 28 años de edad. El discurso que pronunció plagado de retórica triunfalista y mofas a los vencidos nunca fue olvidado y del que seguramente se arrepintió en sus últimos años aunque nunca se retractó.

Su carrera de diplomático la desarrolló como embajador en Argentina (1947), Estados Unidos (1954) o Francia (1960), donde dimitió rompiendo con el régimen franquista y pasando a ser el secretario del Consejo Privado de Juan de Borbón.

La ruptura con el Régimen de Franco, fue para algunos demasiado pronto, para muchos demasiado tarde. Irujo lo planteó con elegante ironía no exenta de magnanimidad cuando, como nos refiere Iñaki Anasagasti, le dijo en Paris que “era muy bueno evolucionar, reconocer errores y trabajar por la democracia pero que a los exiliados de fuera y de dentro de España, lecciones, las justas y, los conversos, ¡a la cola!”.

Su brillante actividad literaria, extensísima tratando temas políticos, históricos o paisajísticos, con un gran conocimiento del siglo XIX, le valieron en 1987 su ingreso en la Real Academia de la Lengua. También era miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

En opinión de nuestro amigo, Areilza se fue granjeando bastantes criptoenemigos en las diversas etapas de su periplo: muchos nacionalistas no le perdonaron su discurso tan vejatorio para los vencidos tras la toma de Bilbao, sus propios compañeros de guerra no le excusaron nunca que eludiera el frente de batalla, los franquistas no digirieron su “deserción” en los 60, los tradicionalistas le proclamaban un agente del foráneo Rockefeller, el todopoderoso Ejército de entonces no le hubiera tolerado ni mucho menos lo mismo que aguantó al incógnito Suarez, los opositores con los que había que consensuar desconfiaban de su hosca grandeur y, sobre todo, muchos de sus pares y sus superiores, a veces también gente de orgullo y talento, nunca sufrieron la altiva prepotencia con la que se sentían tratados por él.



El trabajo completo lo hemos incluido en la BibliotecaDigital Portugaluja, al igual que el discurso de Joaquín Calvo Sotelo sobre Areilza con motivo del ingreso de éste en la Real Academia y hemos aprovechado para seguir completando el DiccionarioBiográfico Portugalujo con su figura.


Uno de los tomos de la Colección El Mareómetro, que tenemos pendiente de digitalizar, es Recuerdos de Portugalete, donde recogen todos sus artículos sobre su vida y recuerdos de nuestra Villa.


Para ilustrar esta entrada elegimos arriba la foto de una de sus últimas visitas a la Villa en 1983, como conferenciante, tras la comida en La Fragata, con miembros del Ayuntamiento como Doroteo Pinedo, Begoña Benot y Paco Ruiz y gente de la cultura como Javier Bengoechea, Gregorio San Juan o Vidal de Nicolás. Bajo estas líneas dos muestras de su actividad deportiva de juventud, remo en yolas con el Sporting Club y montañismo de la mano de su padre Enrique Areilza.




martes, 30 de enero de 2018

FOTOGRAFIAS ANTIGUAS: LA PLAYA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX






Tras las fotos de ayer traemos hoy esta foto desconocida que figuraba en el paquete de fotografías familiares que Juanjo Arteagabeitia, puso a nuestra disposición hace unos años al trasladarse a Madrid.

No tenía ninguna referencia sobre las chicas que aparecen en la playa con sus sombrillas cerradas, ni de la fecha de la misma.

Nosotros solo apuntaremos que a pesar de su baja calidad, se aprecia el palacio de Oriol ya construido así como el muro del relleno que nos unía con el puerto pesquero, y que las ropas de ellas y los sombreros de las niñas nos retrotraen a aquello primeros años del siglo XX.

lunes, 29 de enero de 2018

FOTOGRAFIAS ANTIGUAS: LA COSTA HASTA SANTURTZI




Si días pasados recogimos la foto más antigua de la Villa en 1864 con los arenales de Sestao, hoy traemos esta otra de la que desconocemos su fecha con los arenales hacia Santurtzi.
Con ambas fotos inauguramos en febrero del 2002 el primer libro de fotografías de Portugalete que representaron a partir de entonces una popularización de las viejas imágenes portugalujas y fueron el comienzo de un gran desarrollo posterior.
Si en la foto anterior, cuando publicamos el libro Portugalete en la fotografía (1864-1930), desconocíamos su autor, en esta tampoco lo sabemos hoy y ni siquiera la fecha.
Disponemos no obstante de personas mas preparadas en el tema a quien consultar como es en este caso José Luis Garaizabal, quien nos apunta algunos detalles a tener en cuenta:
En primer lugar nos señala que la foto está sacada desde la Torre del Piloto, junto al actual mareómetro y como no se ve el rompeolas, que comenzaría en 1888, es anterior a esta fecha.
A la izquierda de la foto se ve la roca llamada La Peñota y a continuación la batería de Campo Grande con sus muros, hasta donde llegaba nuestra playa del Salto y que los santurtziarrak la llamaban playa de Gampo Grande. Entre ella y el núcleo urbano en torno a su iglesia, ayuntamiento, “casa grande” y puerto pesquero, se puede ver el elegante palacete de San Ginés con su torre simulando un faro.
Para ayudar en esta observación añadimos bajo estas líneas otra foto similar tomada desde el mismo lugar y con casetas de baño junto a la orilla del agua.
Lo primero que nos salta a la vista es el rompeolas en construcción (con distintas alturas en el muelle) cuya obra finalizaría en 1902, y por lo tanto no aparece el palacio de Oriol (h.1905), destacando el aumento de casas en Santurtzi y sobresaliendo, antes del palacio de San Ginés, el de Arana Bildosola (así figura en un libro de fotos de Santurtzi).

No hemos querido recurrir a nuestro amigo santurtziarra y colaborador Jon Koldo Fdz. García de Iturrospe, pero si tiene algún detalle que aportar se lo agradeceríamos.










domingo, 28 de enero de 2018

FIESTA DE LA VIRGEN DE LA GUIA: NOTICIAS SOBRE EL CANTO BAJO LA IMAGEN Y LA BAJADILLA (5)




Siguiendo con el tema del comienzo de estos actos en el día de la Guía, traemos hoy las dos fotos del año 1982 aportadas por Eneko Arce y que José Luis Garaizabal ha puesto nombres.

En la que está debajo de la hornacina, destaca el estado lastimoso del mercado con sus goteras, cristales rotos y múltiples pintadas, pero siempre con la presencia de los miembros de la Cofradía. Llaman la atención los dos altavoces fijados a la verja y que aun no estaba realizado el mural de los soportales del mercado y se ve el estado primitivo con la segunda puerta junto a la Selecta.

José Luis, a quien Eneko le ofrece su apoyo incondicional, sigue investigando el año en que se empezó a unir más gente a la bajadilla de las tres de la tarde.


sábado, 27 de enero de 2018

EL RELATO DEL FIN DE SEMANA: CUANDO TODAVIA ERAMOS JOVENCITOS




NOTA:

Lo que sigue, son sólo unas memorias,
 parte de mis memorias.
Conmigo había otros jóvenes que
seguramente comparten todo o parte del texto.
Es una señal de mi estima por vosotros.  



Sí, me refiero a nuestros 13, 14, 15 y 16 años, años en que los adultos no nos hacían caso porque ya no éramos niños, pero tampoco nos admitían en su círculo, porque éramos inmaduros: “las conversaciones entre mayores son para mayores”, decían.

Años en que la rebeldía ante esa distancia, nos empuja a buscar el refugio en la banda de amigos, una entidad sin nombre, que perdurará, para siempre, como La Cuadrilla.

Como grupo, La Cuadrilla va tomando posición y anidando en algunos lugares cercanos ó con un cierto imán, ya sea por el entorno ó por el ambiente de camaradería que se crea ó que se pueda establecer. Ya fuera el muelle, el parque, el campo de la iglesia, la propia calle,… en nuestro caso, finales de los sesenta, es la sala de juegos de Isabel y Guiller en el Ojillo, frente al inicio de la calle Araba (entonces 18 de Julio).

Ya antes, hubo una sala de juegos de la calle Guipuzcoa (entonces Calvo Sotelo), pero sólo tenía futbolines y duró poco tiempo abierta. Mi recuerdo va para el encargado, ¿Millán? -no recuerdo su nombre-, que pasaba el tiempo muerto comiendo algarrobas a mordiscos, no pipas ó regaliz. Y traigo de mi memoria que intentábamos engañarle con el truco de la peseta, que ¡había entrado, claro!, pero no se abría la compuerta de las bolas.

Algunas veces picó. O eso nos pareció. Ya digo que duró poco. A saber si fue a causa de las pesetas ausentes. No fueron tantas.

Pero, en el local de Isabel y Guiller, entrando a la derecha, había una sinfonola, una wurlitzer, en la que sonaban GET BACK -Beatles-, TOMORROW -Bee-Gees-, los The mama´s & the papa´s y hasta QUÉ SERÁ de José Feliciano y las máquinas de bola, los “petacos”, colocadas en batería en el mismo lado.

En el centro, los futbolines marcando el pasillo hacia lo profundo, hacia la zona de billares y ping-pong, donde se citaban los más añosos, donde se fumaba a escondidas. A la izquierda de la puerta, el mostrador, en que repartían las bolas, la tiza, los tacos, las palas y pelotas,… y algún refresco y donde cobraban por el uso, al final de las partidas.

Jugábamos a billar de tres bolas, blanca, amarilla y roja, el billar francés, donde el objetivo era hacer carambola con la bola propia. Llegaron a ser repetidas tacadas de seis carambolas, más los expertos, y, a veces jugábamos al pierde/paga. La escasa liquidez monetaria, a veces, nos hacía jugar por parejas - dos por bola -, pero alguno de nosotros podía permitirse usar un taco en exclusiva. Eso sí, lo pagaba él.

“La sala” estaba situada en tierra del solar que fue de la clínica Sabin, en un edificio nuevo. En ese escenario, pasábamos mucho del tiempo libre que dejan los estudios, ahí se aprendía lo que no explicaban en casa. Y se asimilaba, no por la advertencia paterna sino por la experiencia de la escasez monetaria en el bolsillo, que la paga semanal no era de goma y que no se estiraba, había que administrar, repartir, la carencia. Vamos, que vivimos los “recortes” con casi cincuenta años de anticipación.

Mi primera semanada fue de dos pesetas, lo que llegaba para el TBO y alguna golosina. Más tarde, la edad, la inflación, la situación general,… facilitaron que ese dinero fuera aumentando en cantidad y con catorce/quince años ya llegaba para ir a La Florida, o a Las Llanas, al partido; y después, para ir al cine o al Txitxarrillo y para poco más en los días escolares de la semana siguiente.

Lo de ir a San Mamés, no estaba a nuestro (mi) alcance, porque para eso, éramos pequeños. ¡Ah!, pero para ir al Instituto de Bilbao desde los once años, a cumplimentar el papeleo académico, esa misma edad no había sido problema. Eran puntos de vista opuestos y poco entendibles viniendo de la misma persona.

El baile del Txitxarrillo fue nuestra iniciación al contacto cercano con chicas de nuestra edad. Eso sí, siempre vigilando que no se acercara el de la banderita para cobrarnos. No tengo muchos recuerdos de esos bailes. Yo bailaba poco. No sé si porque todavía no me afeitaba o porque no tenía atractivo.

El paso por los 16/17 años, marca la separación casi total con la tribu familiar, la búsqueda de nuevos amigos con un hobby, un entretenimiento compartido, bien fuera el fútbol, los sellos, el frontón, la montaña,… y se amplía el circulo de afectos con personas de otros barrios distintos. Esos años son los de la asistencia dominical a los guateques, algunos organizados por sociedades, otros, privados. Algunos con luz, otros con el fulgor de la resistencia de la calefacción que, eso sí, estaba vuelta hacia la pared para que no nos molestara el calor.

Dando tiempo al tiempo, va creciendo el radio de relación, hasta llegar a muchos kilómetros de casa. Un radio que, visto en personas de nuestro entorno, no era mayor de dos kilómetros, se nos multiplica por mil, y más, en la siguiente  generación.

De eso, no hablábamos en las tertulias que hacíamos en el asiento de la izquierda de la puerta de la Sala, donde asentábamos nuestros culos para charlas a la fresca y, en esas chácharas, hablábamos de futbol, de la liga que organizaba Javier Ayus -que publicaba LA PRENSA, una hoja ciclostilada con los resultados de los partidos entre equipos de los diferentes barrios-, de las novias que nos esperaban, de las trastadas que habíamos hecho y los castigos que nos habían acarreado, del precio de los cigarros sueltos en el puestillo de TAL, de lo buenos que eran el ANTILLANA, el CARABELAS, el rubio CHESTER o el mentolado PIPER,… vamos, de lo que entendíamos, temas culturales dentro de nuestro alcance.

En Portugalete, en Abaro, también estaba la Sala de Juegos de Desi. Algún rato ya pasamos en ella, si. Eran los 16 y 17 años y nuestro tamaño era aceptable para acceder a ella. Además, por la cercanía del Cine Java, nos venía muy bien para pasar los ratos previos a la película que queríamos ver ese domingo.

El Java era algo más caro y pedía mayor sacrificio al bolsillo, por lo que las partidas de billar en ese lugar no pudimos prodigarlas tanto. Era un salón de billares más que una sala de petacos. De ahí, recuerdo que, en la sinfonola, sonaban incesantemente los Fórmula V -CUENTAME-. No sé si por afición de la clientela ó del encargado.

Hubieron pasado muchos días y, llegados los 18, ya vendíamos la imagen de mayor, por lo que dejamos de frecuentar esos sitios. Lo cual no quiere decir que cesáramos para siempre en jugar la partida de billar; simplemente, cambió el enfoque: llegó un momento en que mi alejamiento hizo que la Sala de Juegos se convirtiera en lugar de encuentro para una partida de nostalgia a mi vuelta.

Bien, para finalizar debo decir que relacionarnos en esos recintos no hizo de nosotros un grupo de pandilleros. Ese era el miedo de nuestros padres. No lo fuimos.



MARTIN


jueves, 25 de enero de 2018

FIESTA DE LA VIRGEN DE LA GUIA: NOTICIAS SOBRRE EL CANTO BAJO LA IMAGEN Y LA BAJADILL A (4)




José Luis Garaizabal tras las tres entradas sobre este tema, en las que dejó claro que esta “tradición” la instauró la Cofradía de Mareantes tras empezar la primera vez en 1878 con la bajadilla y el canto bajo la hornacina, siguió investigando el tema en 1979 y 1981, para completarlo y hoy nos ofrece dos fotos ante el bar de Mari la Churrera que se convirtió en obligada antes de iniciar la bajadilla.

La foto superior de 1980 se la pasó su cuñada Memé Montejo y pudo fecharla por el cartel del cine Ideal “Hong Kong Connection” y la hemeroteca de la Gaceta del Norte. Fue un día lluvioso y lo animaban los cuatro txistularis de la Banda Municipal, Txomin Gil y Zaballa.

La foto inferior de 1982 se la pasó Txerra Cobos y en ella destaca Manolín Canales con su casco. Al igual que la anterior, la película "Gente divertida" le sirvió para fijar el año, y al poner Eneko Arce otras dos en Facebook con ese año le confirmó sus pesquisas.

Mañana recogeremos las dos citadas de Eneko Arce que, según señala, forman parte del archivo fotográfico de la Cofradía dado que la mitad de los seguidores de este blog no lo hacen a través de facebook.




miércoles, 24 de enero de 2018

JEAN LAURENT, EL AUTOR DE LA PRIMERA VISTA FOTOGRAFICA DE PORTUGALETE EN 1864


Ante una pregunta sobre la foto más antigua de la Villa, dedicamos hoy esta entrada al tema, que hemos repetido muchas veces, y llegamos a publicar una lámina coloreada de ella, recordando a su autor Jean Laurent uno de los más importantes fotógrafos que trabajaron en España en el siglo XIX, del que se puede encontrar amplia información en internet.

Jean Laurent nació en la Borgoña francesa en 1816, se estableció en Madrid en 1843 y comenzó a interesarse por la fotografía una década después.

Consiguió el título de «Fotógrafo de Su Majestad la Reina» y desde 1861 tenía una colección de fotografías a la venta, entre las que figuraban obras del Museo del Prado.

Se recorrió toda la península usando el ferrocarril en sus desplazamientos y traía un pequeño carruaje o “carro laboratorio” (que recogemos sobre su foto) donde preparaba y revelaba sus placas de vidrio al colodión. Los negativos de colodión eran totalmente artesanales y daban una gran nitidez. En el IPCE de Madrid se conservan cerca de 12.000 negativos originales de vidrio colodión húmedo, de J. Laurent y J. Laurent y Cia, que fue la firma que siguió con su nombre.
J. Laurent falleció en 1886.





martes, 23 de enero de 2018

LA HERMANDAD DE SAN JOSÉ (1828-1982)





Hace unos días, nuestro buen amigo Loiola Martínez Bilbao nos ha entregado un ejemplar del REGLAMENTO DE LA HERMANDAD DE SAN JOSÉ DE PORTUGALETE, impreso en la Librería Sendagorta en 1947, con el fin de que lo estudiemos, hagamos público en este blog, quedando disponible a todos los seguidores de El Mareómetro en la Biblioteca Digital Portugaluja y finalmente que incremente los fondos del ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL. ¡Eskerrikasko!

El Reglamento dice que: “ha sido discutido y aprobado el 19 de Marzo de 1931 y modificado en la Junta general extraordinaria el 17 de Febrero de 1946”. Está firmado por el Mayordomo: Víctor Aroma y el Secretario: Santos Navarro.
Hace tiempo, ya hablamos en este blog de la cofradía de zapateros de San Crispín y San Crispiniano que existió en la villa desde 1797 y al igual que aquella, existió unaHermandad bajo la advocación de San José desde el 5 de Mayo de 1828, con el fin de agrupar inicialmente a los miembros de los gremios de carpintería y albañilería que así lo deseasen, “llevando la paz al necesitado, practicando el amor y caridad en los Hermanos, proporcionando mutua unión, y socorro mutuo desde el momento en que alguna enfermedad les impida dedicarse a su trabajo cotidiano ordinario, así como también en caso de fallecimiento de un hermano o de su esposa, llevarles algún consuelo ayudando y contribuyendo a este fin, según las necesidades y disponibilidades de la Hermandad”.
Según nos contó César Saavedra en su libro “Origen, vida y costumbres de la Noble Villa de Portugalete” (1967), llegó a contar con 400 hermanos una vez que se abriesen las puertas a otros oficios. Hay que tener en cuenta que hasta 1908 no comenzaron las primeras coberturas de seguridad social, que el franquismo reformó tras la guerra civil creando las Mutualidades Laborales de carácter sectorial y el INP que se encargaba de la Asistencia Sanitaria y de la recaudación de los Seguros Sociales. A pesar de todo, y según César Saavedra, “la disolución, se calcula se llevó a efecto en el año 1982 con el último secretario fallecido Sr. Aurrekoetxea”.
En el Reglamento vemos, que se podía ingresar si “se tenían más de 18 y menos de 40 años, tener buena salud y constitución tan robusta como exija el arte o profesión a que esté dedicado”. “Los hermanos dimisionarios que salieren estando al corriente del pago de las cuotas, podrán ser readmitidos si no han cumplido los 50 años y siempre que anteriormente hubieren pertenecido a la Hermandad durante 10 años consecutivos”.
Cada persona que ingresaba debía abonar en concepto de entrada 50 ptas., más 10 ptas. anuales que se abonaban el día de San José (19 de Marzo). Cada hermano que cayere enfermo después de dos meses de matriculado, disponía de una pensión de 1,50 pesetas diarias hasta un máximo de 60 días. César en 1967 ya hablaba de 3 ptas. diarias y 90 para casos de fallecimiento. Quedaban excluidas de prestación las enfermedades “por accidentes de trabajo”, “por excesos de bebidas y comidas”, “por heridas recibidas en riñas en que haya sido provocador o culpable” y“por dolencia que prueben su mala conducta”.
En caso de fallecimientos, el Sr. Mayordomo notificaba a los hermanos mediante un funcionario llamado “el avisador”, del día, hora y lugar, dando una tarjeta que debía ser devuelta a la puerta del cementerio, ya que la asistencia era obligatoria bajo multa de 3 pesetas. Igualmente y por turnos, deberían asistir a la iglesia a levantar las 24 hachas reglamentarias y a conducir el cadáver.
Esta hermandad, portaba y acompañaba siempre con sus hachas al paso del Santo Entierro durante las Procesiones de Semana Santa, así como al viático hasta la casa del hermano enfermo.
La Hermandad celebraba su asamblea anual el día de su patrón en los locales de las antiguas escuelas del Campo de la Iglesia, “tras haber implorado al Glorioso Patriarca San José durante la misa rezada de las 9 de la mañana en el altar del santo que existe en la Parroquia, tomando después un pequeño ágape consistente en queso de bola, pan y vino blanco”. En otras ocasiones se celebraron en las Escuelas de Zubeldia según me manifiesta mi mujer, que asistió varios años acompañando a su padre.
Por las fotos de los fondos de la Fundación El Abra, podemos apreciar como en alguna época también se debió celebrar algún banquete, ya que los hermanos aparecen posando, acalorados o trajeados y con mucho fuste, pero fumándose un buen puro.



JOSE LUIS GARAIZABAL




lunes, 22 de enero de 2018

FUNCIONARIOS PORTUGALUJOS: SEGUNDO DE PALACIO (1876-1937) INTERVENTOR MUNICIPAL


En los libros de la colección El Mareómetro, correspondientes al siglo XX, se ha citado a menudo al secretario municipal, ya fuera Eusebio Santamarina o Mariano Ciriquiain, sin detenernos nunca en una figura tan importante como la del interventor, cuya función es defender el buen uso del dinero que pagan los ciudadanos, sirviendo de garantía a los gobernantes, controlando todo lo que se ingresa y lo que se gasta, por lo que tiene que firmar antes que el alcalde cualquier gasto que se realice, por algo domina la normativa correspondiente.
Por eso hoy queremos recuperar su figura en la persona de Segundo de Palacio Ortiz que ejerció el cargo durante 34 años, desde 1903 a 1937.

Había nacido en Sopuerta y tras quedarse huérfano, hacia 1880 su madre Ulpiana Ortiz Tejera se trasladó a vivir a Portugalete. Ella que tenía 29 años vino acompañada de su padre, ya mayor, y un hermano soltero de profesión jornalero.

Empadronados en la calle Coscojales empezó a estudiar sus primeras letras en las Escuelas del Campo, destacando enseguida por sus cualidades que le hicieron continuar sus estudios, solicitando con 17 años una plaza gratuita al ayuntamiento en el Colegio Santo Tomás para "practicas de operaciones de comercio" y conseguir finalmente el título de Perito Mercantil.

Con 23 años se casó con Francisca Gómez, una joven procedente de Laredo que había llegado a la Villa poco después que él y al año siguiente, 1900, nacería su hija Oilda, que sería la primera de una larga prole de cinco chicas y cinco chicos.

Quizás guiado por el secretario municipal Eusebio Santamarina también nacido en Sopuerta y doce años mayor que él, que había empezado en el ayuntamiento de auxiliar de secretaría y luego contador de fondos, en 1903 obtiene la plaza de interventor y depositario de los fondos municipales, que era uno de los cargos mejor remunerados.

Empezó residiendo en Atarazanas, donde en 1910 acogería durante unos meses al Dr. Zaldúa que tras acabar sus estudios había conseguido la plaza de médico municipal y con el que le unió una gran amistad. Después ambos coincidirían como vecinos al trasladarse a vivir a General Castaños como inquilinos.

Aunque su actividad profesional no suele ser fácil pues su actuación correcta puede dar lugar a situaciones de malestar y enfrentamientos cuando sus informes no coinciden con lo que esperan los administradores públicos, su vida trascurrió con normalidad hasta la llegada de la República en 1931.

Vivía entones en el 4º piso del nº 10 de General Castaños con su mujer y sus diez vástagos, ayudado por una sobrina de su mujer de 16 años, que había venido de Laredo a ayudarles y una sirvienta. Con sus 55 años, (la edad media de vida entonces no pasaba de los 50) era ya mayor, y también la salud de su mujer empezaba a ser preocupante, lo que obligó a su hija mayor Oilda a sacrificar sus proyectos matrimoniales y dedicarse a la numerosa familia en la que la hermana pequeña tenía todavía 11 años.

Los cinco años de la República hasta el estallido de la guerra en 1936 no tuvieron que ser fáciles, cambiando de alcalde en cuatro ocasiones, y fuertes convulsiones sociales y políticas que le hicieron afrontar grandes presiones que debilitaron seriamente su salud.

Así en 1934 en medio de importantes conflictos municipales con dimisión de concejales y el estallido de la revolución de octubre, fallece su mujer lo que supuso un duro golpe. La llegada de la guerra con una situación excepcional en la gestión de los fondos municipales le resultó terrible, con fuertes depresiones, pues además de sus tres hijos movilizados, uno de ellos Miguel muere con 26 años en el frente guipuzcoano y el otro Heliodoro es herido grave en el frente del monte Bizkargi y no volvería a verle.

Ante la caída de Bilbao el 19 de junio de 1937 el alcalde Cándido Busteros ordena evacuar el ayuntamiento hacia Cantabria. El, junto con Mariano Ciriquiain y Luis Burgos, trasladan los principales documentos municipales, libros de actas, último padrón, cartillas y libros de cuentas, así como máquinas de escribir y material de oficinas, y ofrece su casa familiar en Laredo donde instalarse en una primera instancia, siendo para él y sus cuatro hijas que le acompañan un lugar más acogedor, y en cuyo puerto tres lanchas llevaban nombres de sus hijas, Oilda, Gudelia y Zenaida.

Aquí su familia recuerda la anécdota de la llegada del perro que habían dejado en Portugalete, y que exhausto y con las patas sangrantes, consiguió seguir a sus amos hasta allí.

Ante la caída inminente de la Villa, Mariano Ciriquiain vuelve a hacerse cargo de secretario en el nuevo ayuntamiento mientras, siguiendo la retirada del ejército hacia Santander, Segundo de Palacio y Luis Burgos, con el alcalde, se instalan en la capital funcionando hasta el 26 de agosto en que ésta cayó definitivamente. Mientras unos son detenidos, y otros huyen a Francia en barco, Segundo muy debilitado ya físicamente, pues la carencia general de alimentos afectaba sobremanera a su gran corpulencia, vuelve con sus hijas nuevamente a casa, confiando en que como nunca había tenido adscripción política, a pesar de sus ideas monárquicas, y había cumplido siempre lealmente su cometido, no tendría problemas.

El trauma fue tremendo, encuentra su casa ocupada por otra familia a la que consiguen echar, aunque sin poder evitar que les faltaran diversos ajuares, y al presentarse en las dependencias municipales instaladas en la Casa Chapa, le notifican la pérdida de su puesto y todos sus derechos económicos pues figuraba entre los funcionarios depurados por el nuevo régimen. Unos días después fallece dejando a sus hijas en una delicada situación pues no se les quiere reconocer la pensión de orfandad ni devolver la importante cantidad que como interventor había tenido que depositar como aval de su gestión con los fondos municipales.



Como formó una extensa saga portugaluja, acabamos aquí por hoy y tendremos que seguir con esta familia, al igual que ya hemos hecho con otras muchas, como la de los García-Borreguero, con la que emparentó una hija, los Llanos, “los navarrillos”, “los Vitores “Matacabras”, los Soldevilla, los Basurko, los Bayo,…



Tenemos que recordar que toda esta información que conseguimos está sacada básicamente del Archivo Histórico Municipal, donde contamos con la colaboración de su director Roberto Hernández Gallejones, así como en este caso particular de Amaya Alava.


domingo, 21 de enero de 2018

FOTOGRAFIAS ANTIGUAS: CUANDO EN ABARO HABÍA HUERTAS CON GALLINERO



José Luis Garaizabal rescata de sus viejas fotografías familiares esta que traemos hoy.
La foto está sacada en una huerta y gallinero situado en la zona donde se construyó la primera manzana de Hnos. de la Instrucción Cristiana (nº 5 y 7). No sabe si esa huerta tendría algo que ver con una tía de su ama, pues luego vivió en uno de esos dos portales.
En la foto está su ama, Serena Flaño, (segunda por la izquierda, fila de arriba) y su tía Cari Flaño (primera por la izquierda, fila inferior) que seguramente estarían de visita familiar. Todas son chicas, salvo un chaval y están dentro de un gallinero que se aprecia a la izquierda así como la tela metálica que impedía el vuelo y  fuga de las gallinas. Las plantas aun jóvenes y las cajas de los semilleros en primer plano, con las tapias de separación de fincas tan características del paisaje portugalujo.
Al fondo, el palacio de Dueñas y su torreón, con la fachada que daba a la hoy calle de la Instrucción Cristiana (izquierda de la foto inferior) y que bajo estas líneas recogemos cuando en ese lugar se había construido las casas la citada calle que aparecen a la izquierda y empezaba a ser utilizado como Colegio de Santa María.


sábado, 20 de enero de 2018

EL RELATO DEL FIN DE SEMANA: LOS DE LA PLUMA




En 1961, éramos muchos los niños de siete años que enfrentábamos por primera vez la batalla con la pluma de mojar en tinta, sin sofisticaciones, se mojaba el plumín y ¡hala! a escribir. Fuimos “los de la pluma”.

Eso ocurría en el aula de Don Vicente, en la Escuela Maestro Zubeldia, único centro estatal en aquel Portugalete casi de posguerra. Setiembre de 1961. Piso alto de la escuela, cuarta puerta a la izquierda tras las escaleras, pupitre de madera con asiento abatible, cajón donde poner la maleta con la enciclopedia de 2º grado de Álvarez, de tapas duras, que era nuestro único texto escolar con sus varios capítulos que correspondían a las materias que fijaba el plan de estudios según la ley del 17 de julio de 1945: Historia Sagrada, Evangelios, Historia de España, Lengua Española, Aritmética, Geometría, Geografía, Ciencias naturales, Formación Familiar y Social, Higiene y Formación Política.

El pupitre tenía un curioso agujero redondo que, al inicio de la primera jornada, no supimos para qué servía, sólo llegaban rumores y comentarios de compañeros que nos decían que era para alojar el tintero.

Recreo en el que nada se comenta y al retorno a clase, encontramos un vasito cuyo culo sobresalía bajo el tablero del pupitre.

Por la parte de arriba, estaba colocado casi a ras del tablero, pero… hete aquí que contiene un líquido azul oscuro, la tinta, nuestra primera tinta, y que, además, hay un palito cónico de color negro brillante

Tras el recreo matinal, nos vamos sentando, tal como estábamos organizados, de tres en tres, tres niños en dos pupitres con tintero (Ya había escasez de plazas escolares).

Pequeña glosa del maestro que consiste en exponer que la pluma con escribiríamos de momento, no tenía plumín. Nos fue enseñando uno.

Explicó que había que mojarlo en el tintero. Y que teníamos que tener cuidado al escribir, sin apretar, porque se doblaba con mucha facilidad. Nos dijo también que sólo rellenaríamos el tintero si se nos terminaba el líquido. Normalmente lo encontraríamos con suficiente capacidad para la tarea prevista en la jornada.

Nos expuso que debíamos adquirir nuestros propios plumines apara usar en la pluma que tenemos en la mesa y algunas piezas de papel secante.

Al día siguiente nos pusimos al corriente de su uso, aprendiendo a escribir, a rotular, a dibujar,… y conocimos nuestro primer “chino”. El curso siguiente supone un cambio en la calidad de la tarea con la pluma: empezamos a usas tintas de colores para dibujar y rotular los títulos y encabezamientos del tema del día en la clase. Ahora, el chino tiene valor, una colleja facilitada por Don Juan Álvarez.

Luego del cambio de centros, perdí la obligación de usar la pluma, y años después, recuperé esa facultad por mi propio gusto, pero la tecnología de las plumas había mejorado considerablemente: plumas baratas, recargas en cartucho de usar/tirar, plumines más flexibles, plumas con plumín abatible,…

Ignoro cuántos de nosotros hemos usado esa habilidad aprendida con sólo siete años y desarrollada durante el período escolar. No he encontrado muchos usuarios en mi vida profesional.



NOTA: Recuerdo los nombres, pero no manteniendo relación, no he citado los nombres de los compañeros de mesa. Desconozco su situación personal actual.

Martín


jueves, 18 de enero de 2018

LUIS FERNANDEZ (1897-1986). DIRECTOR DE LA BANDA DE MUSICA MUNICIPAL




La ficha de portugalujos que mensualmente recoge el periódico enportugalete.com, nos presenta en esta ocasión al recordado director de la Banda Municipal de Música, Luis Fernández Gómez.

Recurrimos al último libro de la Colección el mareómetro, Portugalete años treinta, para recordar con la foto inferior, esos años. En la misma vemos el momento del desfile por el Arenal bilbaíno con motivo de las celebraciones de la proclamación de la República. En ese año, en que se modificó el Reglamento de la Banda, se pasaron momentos de incertidumbre por la propuesta que pretendía por motivos económicos su supresión sustituyéndola “por altavoces de radio”.

Con la guerra se disolvió porque algunos músicos se exiliaron, murieron o se integraron en bandas de los batallones. El mismo “Don Luis”, fue capitán de la Banda del Batallón Disciplinario de las milicias comunistas de Euzkadi, por lo que en 1937 fue inhabilitado por seis años.


miércoles, 17 de enero de 2018

LAS ROSQUILLAS DE LAS CLARISAS DE PORTUGALETE




 Esta entrada que ya compartimos con nuestros seguidores en facebook, la traemos hoy aquí por formar parte de la historia culnaria portugaluja, y la ofreció el blog Magia en mi cocina, donde se nos dice:

Esta receta de rosquillas era elaborada por las monjas Clarisas de Portugalete para obsequiar a sus familiares y amigos. Yo, recogí la receta de una recopilación de gastronomía de los monasterios de Euskadi. Quedan unas rosquillas muy ricas y crujientes.

Ingredientes:

· 3 huevos
· 10 cucharadas de azúcar
· 9 cucharadas de aceite
· 6 cucharadas de anís
· harina (la necesaria, casi un kilo)
· 1 sobre de levadura química tipo royal
· canela en polvo
· ralladura de limón o naranja

Elaboración: Para su elaboración se mezcla el azúcar con bastante canela y la ralladura de limón o naranja.

Se añaden los huevos y se baten a conciencia, (mejor con batidora eléctrica de varillas) hasta que parezca una crema. 

Se agrega el aceite y se sigue batiendo, a continuación se añade el anís y se bate bien. Poco a poco, se va añadiendo la harina con la levadura, mezclando todo muy bien hasta que la masa esté espesa.

Se vierte sobre una superficie enharinada, y se va amasando, añadiendo más harina, hasta conseguir una masa bastante seca, pero suave y no demasiado dura. (yo , en este punto , prefiero dejar la masa un poco blandonga y formar las rosquillas untándome la palma de la mano con aceite para que no se pegue al dar forma a la rosquilla).

Se forman las rosquillas y se fríen en abundante aceite caliente. 

Recomendaciones:

El aceite no debe estar excesivamente caliente, ya que si no se queman por fuera y quedan crudas por dentro.

Si se desea, una vez fritas se puede espolvorear azúcar glass por encima.














martes, 16 de enero de 2018

LOS PORTUGALUJOS DE LAGUN ONAK: JOSE MARÍA ANGULO, VICENTE ARIZMENDI Y VALENTIN ARANA




 Vamos a finalizar el trabajo de Jon Iñaki Carnicero Urra, que se puede consultar integro en la Biblioteca Digital Portugaluja, recogiendo algunas noticias de sus componentes, empezando por José Mª Angulo que es el único que continua en activo dirigiendo el Herriko Abestiak, un coro que quiere ser guardián del extenso cancionero jarrillero.
Josemari, perteneció al ochote Danok Bat desde el año 1958, al que se incorporó como tenor segundo con sólo 16 años, dando continuidad a la larga tradición cantora de la familia Egaña, en el que sus tíos José y Jesús Egaña Garayo iniciaron la saga poco después de fundarse el otxote en 1932, él y su primo José Moisés Egaña la continuaron y en la actualidad su hijo Asier sigue participando en la laureada formación.
En aquellos años de gran, pero sana, rivalidad entre ochotes, en que se celebraban numerosos certámenes y concursos, la cuerda de tenores segundos estaba formada por Josemari y su tío Jesús Egaña. En varios de ellos resultaron ganadores. Josemari abandonó la formación portugaluja en 2013 después de cincuenta y cinco años dedicados ininterrumpidamente al ochote Danok Bat. 
Vicen y Tinín, por su parte, fueron miembros y directores de la banda de cartón El Resbalón desde finales de la década de 1950 hasta principios de los años 60, cuando el carismático Casto Comonte, Castorín, se hizo cargo de la dirección de este grupo musical. 
Otra importante faceta de nuestros tres protagonistas fue su labor como Banda de Txistularis y profesores de txistu y solfeo en el grupo de danzas del Ela Alai. Este grupo de danzas debutó en Portugalete el 7 de junio de 1964 y la banda de txistularis que los acompañó fue LAGUN ONAK, en este caso integrada por Vicen Arizmendi, txistu 1º; Pepín Garrigós, txistu 2°; Tinín Arana, silbote y Emilio Larrabide, atabal.
A partir de esta fecha y hasta 1976 acompañaron a los dantzaris del grupo en sus actuaciones y desplazamientos y en los festivales y concursos, así como en todos los actos populares en Portugalete, especialmente en la diana del 15 de agosto y en la bajada popular del 16 de agosto. No fueron los únicos txistularis que tuvo el grupo Elai Alai en ese periodo de tiempo, pero sí podemos decir que con su dedicación y entrega contribuyeron a la consolidación y crecimiento del mismo, especialmente Josemari Angulo que fue quien mayor dedicación pudo prestar a este menester, haciendo de txistulari, profesor de txistu y dulzainero.
Vicen y Tinín antes y Josemarí un poco después abandonaron su labor como músicos y profesores de txistu en el grupo Elaí Alai, acabando también, simultáneamente en aquellos años inmediatamente posteriores a la muerte del dictador Francisco Franco, lo que podemos considerar como segunda época dorada del txistu en Portugalete. 
En años posteriores no dejaron de ensayar y de tocar en ocasiones puntuales ceñidas al ámbito familiar porque supieron cuidar y mantener la amistad que se profesaban y que ampliaron a sus esposas, hijos e hijas. La muerte prematura de Vicen Arizmendi puso en 1998 punto final a esta fructífera trayectoria. Sea para ellos nuestro más profundo homenaje y agradecimiento.






lunes, 15 de enero de 2018

LA BANDA DE TXISTULARIS LAGUN ONAK



Siguiendo con el trabajo de Jon Iñaki Carnicero Urra, secretario de Portugaleteko Txistu Zaleak, en que nos recordaba al txistulari Vicente Landaluze y a su academia de txistu, continuamos hoy recogiendo el primer fruto de la misma como fue la banda Lagun Onak, formada por sus alumnos Josemari Angulo, Vicente Arizmendi y Valentín Arana.

Amigos de escuela y de correrías adolescentes, congeniaban también extraordinariamente bien con el txistu entre sus dedos. En 1957 acuden al multitudinario alarde que la Asociación de Txistularis del País Vasco celebró durante la Semana Grande de Bilbao, considerado un hito del resurgir del txistularismo en la capital vizcaína. Continúan acudiendo a alardes, concursos y todo tipo de actos en los que el txistu, en una época de claro retorno, aparece cada vez con más frecuencia en actos oficiales y fiestas populares. Se crea, casi de forma natural, la banda LAGUN ONAK y va adquiriendo una merecida fama.

La formación estable de esta banda era Vicen, txistu 1º; Josemari, txistu 2° y Tinín, silbote. No tenían atabalero fijo pero, dada la calidad que atesoraban y la fama que fueron adquiriendo, no tenían problemas para contar con percusionistas de reconocida valía como, por ejemplo, José Ignacio Lafuente y Jesús Villar, Txutxi, que tocaban en importantes bandas de la provincia. Los ensayos los realizaban en los locales de la Hojalatería Trasviña, situada en la calle General Castaños y propiedad de la familia de Vicen Arizmendi, donde también ensayaba la Banda de Cartón El Resbalón.

LAGUN ONAK fue, desde el año 1957 hasta 1967, una de las bandas de txistularis más prestigiosas de Bizkaia. Sus componentes eran muy queridos y reconocidos por la crítica musical y por la afición popular, compañeros y compañeras txistularis y grupos de danzas. Eran asimismo muy solicitados para participar en alardes (según nuestros datos, se celebraron por primera vez incluidos en el programa oficial de fiestas en 1965 y 1966), festivales, pasacalles, actos oficiales, fiestas patronales, concursos de jotas o de danzas, etc. Fueron tiempos duros, por otra parte, por la situación política de dictadura y en multitud de ocasiones la autoridad policial les obligaba a salir a tocar alejados del centro de los pueblos a los que acudían. Gracias a la labor que txistularis como ellos fueron realizando en la época, la situación se fue normalizando y la presencia del txistu aumentando en multitud de actos.

El largo servicio militar obligatorio de la época, (Josemari estuvo en el Ferrol entre 1964 y 1966), coincidió con los mejores años del trío y obligó en este periodo de tiempo a buscar sustitutos cuando alguno de los tres miembros natos de Lagun onak no podía acudir a alguno de sus compromisos, como fueron Vicente Landaluze, el hermano de éste Joaquín Landaluze, Pepín Garrigós y Txetxu Molinos, pero esto no supuso en ningún caso una merma en su calidad musical ni en su prestigio y reconocimiento. Las obligaciones laborales, por el contrario, si fueron mermando la capacidad de dar respuesta, manteniendo la calidad musical, a los requerimientos que les llegaban, puesto que si Josemari no tuvo excesivos problemas porque trabajaba en una empresa cercana, Vicen y Tinín debían realizar largos desplazamientos por motivos laborales con lo que los ensayos se vieron muy dificultados.

En el historial de LAGUN ONAK podemos anotar que se presentaron a muchos concursos de txistularis, muy en boga en la época, tanto individualmente como en formación de banda, obteniendo premios y un general reconocimiento. Así podemos citar el tercer premio de Banda en Azpeitia (1966), primer premio de José María Angulo en Sodupe (1967), y primer premio a Vicente Arizmendi, por citar algunos ejemplos.

En definitiva, eran unos txistularis de gran calidad musical y, quizá aún más importante, constituyeron un grupo humano muy querido, al que se adivinaba grandes valores humanos y que atesoraba una relación personal entre sus componentes que ha perdurado hasta la actualidad.




domingo, 14 de enero de 2018

RECORDANDO AL TXISTULARI VICENTE LANDALUZE






Jon Iñaki Carnicero Urra, presidente de Portugaleteko Txistu Zaleak, nos envió para mayor divulgación entre los portugalujos, sus trabajos publicados en el último número de la revista Txistulari, de la que ya recogimos el dedicado a Eduardo Arnaiz, con una gran acogida. Antes de continuar con el segundo de ellos dedicado a la banda Lagun Onak, entresacamos hoy del mismo el recuerdo que se hace de la figura de Vicente Landaluze “Txistu” que llegó a tener una considerable importancia en la vida musical de nuestra villa.

Nacido en Orduña en 1912, era el menor de seis hermanos y hermanas. Su padre Braulio Ortiz de Landaluce (Orduña, 1871), el hermano mayor Manuel (Orduña, 1895) txistulari municipal en Bilbao desde 1916 hasta la guerra civil, a continuación Joaquín (Orduña, 1898) también txistulari municipal en Bilbao desde 1927 hasta la guerra civil y constructor de txistus de renombre, Jaime (Orduña, 1900) atabalero, Alfonso (Orduña, 1904) txistulari municipal en Ugao desde 1919 y Pilar (Orduña, 1907).

Fue hacia 1950 cuando Vicente abrió el Bar Txistu en la calle General Castaños de Portugalete y sería dos años después cuando le comentó a uno de los txikiteros que frecuentaba su bar, Gerardo Angulo Hernández, si le importaría que su hijo, Josemari, comenzara e1 aprendizaje del txistu con él. Josemari, despierto chaval de 9 años, accede encantado y rápidamente demuestra una extraordinaria capacidad para absorber las magistrales enseñanzas de Vicente.

En 1953, el 15 de agosto, en la festividad de la patrona de la Villa, ofrecieron, maestro y alumno, en el citado Bar Txistu un primer concierto. Vicente, con la ayuda de Josemari, va ampliando el número de alumnos, incorporándose a las clases, entre otros, Vicen Arizmendi en 1954, y Tinín Arana en 1955. Toma cuerpo de esta manera una academia de txistu no oficial pero de extraordinaria importancia para el resurgir de nuestro instrumento en Portugalete después de los años oscuros de la guerra y la posguerra.
El maestro Landaluze programaba conciertos con su alumnado en varias ocasiones durante el año, pero sin duda los más renombrados fueron los que, como continuación del citado primero, se celebraban el día 15 de agosto en su local de hostelería. Se preparaban minuciosamente y se anunciaban incluso con carteles que elaboraba a mano Polen Zarraga, amigo personal de José Mari. Son especialmente reseñables los de los años 1955, 1956 y 1957, que tuvieron gran eco y asistencia de público, y constituyeron una auténtica manifestación de nacionalismo cultural. 
Un jaialdi renombrado en esos años cincuenta fue el que ofrecieron en el Cine Mar el Ochote Danok Bat y la Banda de Txistularis de la familia Landaluze, formada por los hermanos Joaquín, txistu 1º; Vicente, txistu 2°; Manolo, silbote y Jaime, atabal.
Nuestro protagonista, ya mayor, abandonó la Villa sin que tengamos noticias de donde y cuando falleció.