lunes, 22 de enero de 2018

FUNCIONARIOS PORTUGALUJOS: SEGUNDO DE PALACIO (1876-1937) INTERVENTOR MUNICIPAL


En los libros de la colección El Mareómetro, correspondientes al siglo XX, se ha citado a menudo al secretario municipal, ya fuera Eusebio Santamarina o Mariano Ciriquiain, sin detenernos nunca en una figura tan importante como la del interventor, cuya función es defender el buen uso del dinero que pagan los ciudadanos, sirviendo de garantía a los gobernantes, controlando todo lo que se ingresa y lo que se gasta, por lo que tiene que firmar antes que el alcalde cualquier gasto que se realice, por algo domina la normativa correspondiente.
Por eso hoy queremos recuperar su figura en la persona de Segundo de Palacio Ortiz que ejerció el cargo durante 34 años, desde 1903 a 1937.

Había nacido en Sopuerta y tras quedarse huérfano, hacia 1880 su madre Ulpiana Ortiz Tejera se trasladó a vivir a Portugalete. Ella que tenía 29 años vino acompañada de su padre, ya mayor, y un hermano soltero de profesión jornalero.

Empadronados en la calle Coscojales empezó a estudiar sus primeras letras en las Escuelas del Campo, destacando enseguida por sus cualidades que le hicieron continuar sus estudios, solicitando con 17 años una plaza gratuita al ayuntamiento en el Colegio Santo Tomás para "practicas de operaciones de comercio" y conseguir finalmente el título de Perito Mercantil.

Con 23 años se casó con Francisca Gómez, una joven procedente de Laredo que había llegado a la Villa poco después que él y al año siguiente, 1900, nacería su hija Oilda, que sería la primera de una larga prole de cinco chicas y cinco chicos.

Quizás guiado por el secretario municipal Eusebio Santamarina también nacido en Sopuerta y doce años mayor que él, que había empezado en el ayuntamiento de auxiliar de secretaría y luego contador de fondos, en 1903 obtiene la plaza de interventor y depositario de los fondos municipales, que era uno de los cargos mejor remunerados.

Empezó residiendo en Atarazanas, donde en 1910 acogería durante unos meses al Dr. Zaldúa que tras acabar sus estudios había conseguido la plaza de médico municipal y con el que le unió una gran amistad. Después ambos coincidirían como vecinos al trasladarse a vivir a General Castaños como inquilinos.

Aunque su actividad profesional no suele ser fácil pues su actuación correcta puede dar lugar a situaciones de malestar y enfrentamientos cuando sus informes no coinciden con lo que esperan los administradores públicos, su vida trascurrió con normalidad hasta la llegada de la República en 1931.

Vivía entones en el 4º piso del nº 10 de General Castaños con su mujer y sus diez vástagos, ayudado por una sobrina de su mujer de 16 años, que había venido de Laredo a ayudarles y una sirvienta. Con sus 55 años, (la edad media de vida entonces no pasaba de los 50) era ya mayor, y también la salud de su mujer empezaba a ser preocupante, lo que obligó a su hija mayor Oilda a sacrificar sus proyectos matrimoniales y dedicarse a la numerosa familia en la que la hermana pequeña tenía todavía 11 años.

Los cinco años de la República hasta el estallido de la guerra en 1936 no tuvieron que ser fáciles, cambiando de alcalde en cuatro ocasiones, y fuertes convulsiones sociales y políticas que le hicieron afrontar grandes presiones que debilitaron seriamente su salud.

Así en 1934 en medio de importantes conflictos municipales con dimisión de concejales y el estallido de la revolución de octubre, fallece su mujer lo que supuso un duro golpe. La llegada de la guerra con una situación excepcional en la gestión de los fondos municipales le resultó terrible, con fuertes depresiones, pues además de sus tres hijos movilizados, uno de ellos Miguel muere con 26 años en el frente guipuzcoano y el otro Heliodoro es herido grave en el frente del monte Bizkargi y no volvería a verle.

Ante la caída de Bilbao el 19 de junio de 1937 el alcalde Cándido Busteros ordena evacuar el ayuntamiento hacia Cantabria. El, junto con Mariano Ciriquiain y Luis Burgos, trasladan los principales documentos municipales, libros de actas, último padrón, cartillas y libros de cuentas, así como máquinas de escribir y material de oficinas, y ofrece su casa familiar en Laredo donde instalarse en una primera instancia, siendo para él y sus cuatro hijas que le acompañan un lugar más acogedor, y en cuyo puerto tres lanchas llevaban nombres de sus hijas, Oilda, Gudelia y Zenaida.

Aquí su familia recuerda la anécdota de la llegada del perro que habían dejado en Portugalete, y que exhausto y con las patas sangrantes, consiguió seguir a sus amos hasta allí.

Ante la caída inminente de la Villa, Mariano Ciriquiain vuelve a hacerse cargo de secretario en el nuevo ayuntamiento mientras, siguiendo la retirada del ejército hacia Santander, Segundo de Palacio y Luis Burgos, con el alcalde, se instalan en la capital funcionando hasta el 26 de agosto en que ésta cayó definitivamente. Mientras unos son detenidos, y otros huyen a Francia en barco, Segundo muy debilitado ya físicamente, pues la carencia general de alimentos afectaba sobremanera a su gran corpulencia, vuelve con sus hijas nuevamente a casa, confiando en que como nunca había tenido adscripción política, a pesar de sus ideas monárquicas, y había cumplido siempre lealmente su cometido, no tendría problemas.

El trauma fue tremendo, encuentra su casa ocupada por otra familia a la que consiguen echar, aunque sin poder evitar que les faltaran diversos ajuares, y al presentarse en las dependencias municipales instaladas en la Casa Chapa, le notifican la pérdida de su puesto y todos sus derechos económicos pues figuraba entre los funcionarios depurados por el nuevo régimen. Unos días después fallece dejando a sus hijas en una delicada situación pues no se les quiere reconocer la pensión de orfandad ni devolver la importante cantidad que como interventor había tenido que depositar como aval de su gestión con los fondos municipales.



Como formó una extensa saga portugaluja, acabamos aquí por hoy y tendremos que seguir con esta familia, al igual que ya hemos hecho con otras muchas, como la de los García-Borreguero, con la que emparentó una hija, los Llanos, “los navarrillos”, “los Vitores “Matacabras”, los Soldevilla, los Basurko, los Bayo,…



Tenemos que recordar que toda esta información que conseguimos está sacada básicamente del Archivo Histórico Municipal, donde contamos con la colaboración de su director Roberto Hernández Gallejones, así como en este caso particular de Amaya Alava.


1 comentario:

  1. Muchas gracias Mareómetro por este recordatorio de la figura del Interventor municipal personalizada en Segundo de Palacio.
    Una de sus hijas fue mi madre Gudelia quien se casó con mi padre Rafael García-Borreguero. Saludos cariñosos para Rubén las Hayas, Roberto Herná´nez Gallejones y para Amaya Alava por este trabajo de recuperación de la memoria de D. Segundo de Palacio, mi abuelo .

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