La recuperación de la memoria histórica de
Portugalete no es un proceso cerrado. A menudo, la suma de investigaciones
previas, el hallazgo de nuevos planos y la atenta observación del callejero
actual nos permiten rescatar del olvido pasajes enteros de nuestra fisonomía
urbana. En esta ocasión, presentamos un exhaustivo trabajo de unificación y
ampliación documental de Aitor González Gato, centrado en la desaparecida,
pero aún latente Estrada de la Pajona.
Toma como punto de partida las aportaciones que José
Luis Garaizabal Flaño publicó en este mismo blog en mayo de 2020, donde
delimitaba este atajo natural que conectaba la zona media del Ojillo con la
zona alta de Abaro. A partir de ahí, la investigación profundiza en sus
orígenes toponímicos, su evolución cartográfica y, de manera inédita, localiza
los vestigios materiales y urbanísticos que aún condicionan el interior de
nuestras manzanas de viviendas.
Frente a la teoría de que "La Pajona"
hacía referencia a un pajar o almacén de hierba seca, la investigación sugiere
un origen más agrícola y preciso. Siguiendo paralelismos toponímicos de la
comarca analizados por expertos como Carlos Glaria, el término alude a los pajones
o tallos de la borona (mijo y, posteriormente, maíz). La existencia de una
antigua plantación de estos cereales entre El Ojillo y la Estrada de Zomillo
parece refrendarse en la documentación del mayorazgo de los Montaño-Salazar ya
en el siglo XVI, situando este paraje dentro del histórico barrio de Abaro.
El trabajo realiza un recorrido cronológico
fundamental a través de los archivos municipales:
1878: Manuel de
Otaduy ofrece la primera representación gráfica del camino en su plano de la
Villa, mostrándolo entre campas y huertas cuando General Castaños aún carecía
de edificaciones.
1890: El proyecto
(no ejecutado) del Ensanche de la Pajona, documentado por Gorka Pérez de
la Peña, el cual abarcaba el triángulo actual entre las calles Gregorio
Uzquiano, Libertador Bolíbar y la Avenida Abaro.
1913-1916: La
construcción del Convento de las Siervas de María. Un valioso croquis de 1914
desenterrado del archivo muestra cómo la Madre Superiora solicitó, sin éxito,
rectificar la curva de la estrada por motivos de salud pública y ornato, lo que
demuestra que el trazado original cruzaba el actual patio conventual.
La gran aportación de esta investigación se
centra en el rastreo de los últimos indicios de la estrada tras la
densificación urbana de los años 40 y 50. Mientras que el primer tramo quedó
fosilizado en el patio interior de las Siervas de María —donde la disposición
diagonal de un pabellón alargado y un estrecho pasillo atestiguan el paso
original del camino—, el destino de su tramo final permanecía difuso.
Gracias al análisis de planos de 1946 y 1950,
complementado con ortofotos actuales y una inspección in situ, Aitor
demuestra cómo la Estrada de la Pajona condicionó de forma irreversible la
arquitectura de la calle General Castaños. Las singulares plantas en forma
trapezoidal y puntiaguda de los números 37 y 39 (edificio de la veterana
tienda El Detalle) solo encuentran explicación lógica en la necesidad de
adaptarse a un camino que en 1929 seguía plenamente activo.
Testimonios vecinales recogidos en el estudio
confirman que la salida de este callejón hacia General Castaños permaneció
abierta y libre de coches, sirviendo de espacio de juego para los niños de la
zona hasta bien entrada la década de los años 50, clausurándose definitivamente
hacia finales de los años 60. Una auténtica huella en "negativo
fotográfico" que ha sobrevivido de forma casi invisible en los patios
interiores de nuestra Villa.
Agradecemos a Aitor por su riguroso empeño en
mantener viva la microhistoria local, así como a José Luis Garaizabal, Manu
Orbe, U.B.C., y a los vecinos y comerciantes que han facilitado los testimonios
y accesos necesarios para culminar este trabajo.
El trabajo completo se puede consultar en la Biblioteca digital Portugaluja (pinchar)

Totalmente de acuerdo con la segunda acepción de "panoja", así se decía en Abanto-Zierbena al menos en los 50 y 60. En verde se usaba, picado a hoz, para alimentar a vacas, burros..., en seco para "cama" de esos mismos animales principalmente. La palabra maíz no se usaba; se llamaba borona tanto a la planta como al grano. Maíz lo aprendí al estudiar los alimentos traídos de America.
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