viernes, 11 de noviembre de 2011

PORTUGALETE Y SU PLAYA EN 1862, VISTA POR FRANCISCO DE PAULA Y MADRAZO


Daniel Docampo reinicia sus colaboraciones tras el paréntesis veraniego y nos informa de las impresiones del escritor y catedrático español Francisco de Paula Madrazo (1817-1868) sobre su visita a Portugalete en 1862 (La Época 26-8-1862):

“Numerosos son los forasteros que visitan Bilbao todos los veranos, si bien es verdad que la estancia en la villa es de pocos días, porque casi todos se dirigen a Portugalete, a los baños de mar, o a cualquiera de los muchos y notables establecimientos de aguas minerales que cuentan Vizcaya y Guipúzcoa. (……)
La playa de Portugalete sin ser tan magnífica como la del Sardinero, es muy buena para todos los baños. Las olas no azotan allí con la impetuosidad que en la playa de Santander, pero hay las suficientes sobre todo en las horas de alta mar, para que su baño merezca el nombre de baño de ola. Las damas que están allí en mayoría, salen de sus casetas cubiertas de trajes negros y cuando vuelven de ellas después del baño lucen una airosa capita de hule y un sombrerito negro de lo mismo a la marinera, que sienta a algunas a las mil maravillas.
Portugalete es un pueblecito marítimo sumamente alegre y risueño en toda la extensión de su muelle. Tiene casas cómodas y hasta elegantes para los bañistas, fondas muy notables entre las que descuella la titulada de Verano, algunos jardines y grandes huertas, en las que rara vez falta un bien colocado choritoqui (mirador) desde el cual disfruta el curioso de los más variados y deliciosos panoramas; la sociedad que allí se reúne es siempre distinguida y las relaciones francas y cordiales que entre los expedicionarios se establecen convierten aquella hermosa playa en un sitio de puros e inocentes placeres.
El primer día que visité Portugalete preocupaba a todas las personas allí reunidas un hecho filantrópico que raya en el heroísmo y que oportunamente consignaron en sus columnas los periódicos de Madrid. Me refiero al noble y generoso arrojo con que el digno alcalde de Bilbao Sr. Larrinaga, apenas salido del baño y vestido ya, salvó de una muerte segura a dos niñas próximas a ahogarse, lanzándose al mar con imperturbable denuedo. Esta nobilísima acción le valió el aplauso de cuantos lo presenciaron y de los que la supieron después”.

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