domingo, 18 de octubre de 2015

LA HISTORIA DE LOS NIÑOS DE LA GUERRA. EL PORTUGALUJO EUGENIO SOTO PALACIOS (1926-1974): 1 .-EVACUACION A RUSIA



En otra entrada de este blog, Tasio Munarriz trató el tema de los “niños de la guerra” evacuados a Rusia. Hoy traemos la historia de uno de aquellos portugalujos, que completaremos los próximos días, con la información que nos ha facilitado su hijo José Antonio Soto.

    Eugenio Soto López nacido en Gallarta, que bajó a la Villa, en 1917, con 17 años, donde se casó con la carranzana Gumersinda Palacios, vivía en 1937, en la calle de San Roque, con seis hijos de 12, 11, 9, 8, 6 y 5 años y sus suegros.
    Las circunstancias de la guerra y su desarrollo, ante la inminente caída de la Villa en poder de los sublevados, hizo que el matrimonio tomara la decisión de enviar al segundo de sus hijos con el contingente de niños que el Gobierno Vasco evacuaba al extranjero para protegerles de la guerra.
    Nuestro protagonista, Eugenio Soto Palacios, tenía 11 años cuando el 12 de junio de 1937 es embarcado en el buque Habana con bandera de la Cruz Roja rumbo a Francia. Tras un incidente con el crucero Cervera que se soslayó por la actuación del buque escolta del Habana perteneciente a la Royal Navy, y acurrucados en cubierta unos contra otros, llegaron a Burdeos.
    Desde aquí partieron con destino a Leningrado en el buque Sontay, de bandera francesa con tripulación de Indochina. Pertenecía a una compañía dedicada al transporte y venta de fieras cazadas en las selvas tropicales con destino a circos y zoológicos. La travesía fue un calvario por las malas condiciones de la bodega donde viajaban, infestada de parásitos de los animales y plagada de ratas. Durante el viaje y en medio de una fuerte tormenta cerca de Alemania, se enteraron de que Bilbao había sido ocupada.
    A su llegada a Leningrado el día 22, arropados por una gran manifestación de afecto, les instalaron en una escuela donde tras bañarles, despiojarles, y vestirles con ropa nueva, pudiendo comer en condiciones, aunque a algunos no les llegó a gustar en aquel momento el caviar. La sociedad soviética realizó múltiples solicitudes de adopción pero se mantuvo el deseo de que no se dispersaran, manteniéndoles en grupos con el fin de no perder el sentido de identidad.
    De Leningrado fueron a Berdiansk, a orillas del Mar Negro, donde pasaron el verano, para después ser trasladados a Moscú, instalándoles en una mansión de la élite de la época zarista, que fue llamada “la casa de niños nº 12”.
Con el comienzo escolar se les practicó exámenes para ver su nivel y a Eugenio se le estableció en el Curso 2º, que suponía tres años de retraso escolar respecto a los alumnos soviéticos.
    Las noticias que recibían de la Guerra Civil en España y también de los movimientos de anexión que se estaban produciendo en Europa eran poco esperanzadoras. En el verano de 1938 les llevaron a una granja agrícola del estado en Ajlebinino-Kaluga y con la noticia de la caída de la República española se desvanecieron las esperanzas de volver a casa.

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