martes, 8 de septiembre de 2026

LA ERMITA DEL CRISTO (II): EL PROYECTO DE PAGAZAURTUNDUA DE 1909 Y EL FINAL DEL TEMPLO

 


Tras analizar el anterior proyecto inconcluso de 1892, nos centramos hoy en el último intento de reconstrucción que se planteó para la histórica ermita antes de su definitiva desaparición, pensando en reconstruirla ya fuera de su tradicional entrada al casco histórico.

El Proyecto de Emiliano Pagazaurtundua (1909).

Pocos años antes de la demolición, el arquitecto Emiliano Pagazaurtundua redactó el nuevo proyecto. En él modifica ligeramente la planta original de la ermita y, curiosamente, se refiere al templo como "Capilla de San Roque". Esta denominación subraya la importancia que había cobrado la imagen del Santo Patrono en el recinto, especialmente tras quedar sin ermita propia.

Acompañamos esta entrada con los planos del nuevo proyecto y una valiosa fotografía de José de Lecue con la efigie de San Roque tal como se veneraba en aquel espacio.

Los motivos de la demolición.

Aunque no existe un acta que recoja la causa determinante, diversos factores precipitaron el final de la ermita en su ubicación original. Al avanzado deterioro estructural se sumaron razones de salubridad y urbanismo: la plazuela era el centro de comunicaciones de la Villa y parada habitual de las diligencias. La acumulación de excrementos de las caballerías frente al acceso al templo y la necesidad de despejar el tráfico en un punto tan neurálgico fueron argumentos de peso.

El traslado a la campa del lavadero.

El 16 de agosto de 1910, festividad de San Roque, se inauguraba ya la nueva ermita en la campa del lavadero. Junto con la imagen del Cristo se trasladó también la de San Roque y debido a que en esa campa se celebraba la romería en su honor, la ermita fue más conocida por “la de San Roque” que por “la del Cristo” a pesar de estar en ella de prestado. Este nuevo templo se dedicó ya de forma íntegra y oficial al Santo Patrono, cerrando así un capítulo de siglos en la antigua Plazuela del Cristo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

LA ERMITA DEL SANTO CRISTO DEL PORTAL: PROYECTO INCONCLUSO DE RECONSTRUCCION DEL SIGLO XIX

 


La recuperación y restauración de los enlaces de nuestra Biblioteca Digital nos permite retomar investigaciones fundamentales para la historia de Portugalete. Entre ellas destaca el estudio de Roberto Hernández Gallejones sobre la reja de la desaparecida Ermita del Cristo, un recordatorio de un patrimonio que marcó el urbanismo de la Villa hasta principios del siglo XX.

El expediente de 1892.

En el Archivo Histórico Municipal se conserva un expediente fechado en 1892 que detalla un proyecto de restauración para la ermita. La propuesta, firmada por el maestro de obras Francisco de Berriozabal, respondía al precario estado de conservación del edificio en aquel momento. No obstante, dicha reforma nunca se materializó, posiblemente debido a que la estructura ya presentaba un deterioro irreversible.

Reconstrucción visual e iconográfica.

A falta de un registro fotográfico directo de la fachada de la ermita —una de las piezas más buscadas por los historiadores locales—, hemos recurrido a la tecnología informática para recrear, a partir de los planos originales de Berriozabal, la volumetría y el alzado de lo que pudo ser el templo.

Los apuntes de Berriozabal revelan detalles iconográficos de gran interés. En el altar, junto a la imagen del Santo Cristo (hoy custodiado en la Basílica), se proyectaba la ubicación de San Roque —que había perdido su propia ermita— y Santa Águeda. Con la posterior demolición del templo en 1913, el Santo Patrono recuperó su protagonismo central en el nuevo altar, tradición que perdura hasta la actualidad.

Dudas sobre el retablo y los frescos.

El análisis de la fotografía de José de Lekue de principios del siglo XX plantea interrogantes sobre la ornamentación interior. En la imagen del Cristo se aprecian columnas que ya no eran las salomónicas originales que aparecen en los planos, aunque persisten frescos que representan a la ciudad de Jerusalén bajo un sol y una luna eclipsados, una iconografía clásica para la época. José Luis Garaizabal sugiere que, aunque existen vestigios de motivos florales antiguos, la estructura final del altar no llegó a coincidir con los planos del proyecto de 1892.

Esta documentación técnica y visual nos permite hoy reconstruir, al menos en la memoria digital, un fragmento esencial del paisaje desaparecido de Portugalete.

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

EL PALACIO DE LOS PERROS, DE MARTINEZ RIVAS



Como nos han realizado una consulta sobre el conocido popularmente como "Palacio de los perros", mansión situada dentro de la finca Lexarza que perteneció a la familia Martínez, procedemos darle respuesta:

El origen del nombre: El apelativo de "Palacio de los perros" se debía a que la entrada de la finca contaba con dos pilastras rematadas en lo alto por sendas figuras de perros, las cuales en la actualidad se encuentran reubicadas en la parte delantera de la entrada principal del palacio.

Construcción e inscripción (1853): Tal como indica una inscripción que todavía se conserva sobre uno de los pilares de la propiedad, la mansión fue erigida en 1853 por el matrimonio formado por Santiago Martínez de Lejarza y Antonia de las Rivas.

De Martínez de Lejarza a Martínez Rivas: El apellido de la familia derivó en Martínez Rivas debido al gran relieve público y empresarial de José María Martínez de las Rivas —primer marqués de Mudela y hermano de la citada Antonia—, quien residió en la finca y fue uno de los industriales más destacados de su época.

Paso a los Jesuitas y la UNED (1947-1951): En 1947 la orden de los Jesuitas adquirió la finca Lexarza. Posteriormente, en 1951, se construyó el gran edificio que durante décadas funcionó como casa de ejercicios espirituales y que hoy alberga la sede del centro asociado de la UNED.

Historia documental: Dado el indudable interés histórico de este conjunto —cuya antigua capilla fue diseñada por el ilustre arquitecto portugalujo Cecilio Goytia—, hemos digitalizado el completo estudio realizado en 2004 por nuestro amigo santurtziarra Tomás Fernández Hernando, que se puede consultar íntegramente en la sección de artículos históricos de la Biblioteca Digital Portugaluja.


Publicado el 18 de diciembre 2013






sábado, 5 de septiembre de 2026

EL ACCESO A LA PLAYA DESDE LA FINCA DE MARTINEZ RIVAS


José Luis Garaizabal, asiduo visitante del Archivo Histórico Municipal, es un verdadero pozo de sorpresas sobre el pasado de nuestra Villa. Es habitual que te diga: «¿Sabías que...?», descubriéndote alguna de las muchas incógnitas de nuestra historia local en las que trabaja: la fecha exacta de inauguración del parque del Dr. Areilza, la ubicación de la célebre fuente de La Canilla o de la calle Coscojales, el camino de sirga sobre el acantilado hacia Santurtzi, la torre de Castet en el alto de la Pastora, el desaparecido mareógrafo o el arroyo del Ojillo, entre otros temas.

En esta ocasión nos detenemos en la célebre fotografía del parque del Dr. Areilza que ilustra esta entrada. Muchos portugalujos se habrán preguntado a menudo el motivo de esa pintoresca escalera en el acantilado, con su coqueto tejadillo y su puerta cerrada. Hojeando viejos proyectos municipales vinculados a la construcción del parque —inaugurado el 30 de septiembre de 1917—, José Luis ha dado con la respuesta:

La cesión de los terrenos (1917): Para levantar el parque municipal, D.ª Caridad Martínez de Lejarza y Rivas, siguiendo el deseo de su padre —propietario de la finca Lexarza, actual sede de la UNED—, cedió al municipio los terrenos del escarpe.

Las condiciones de la cesión: Se estableció que el camino que bordeaba la finca quedase inutilizado mediante plantación de arbustos, respetando el derecho de paso y los registros de la tubería particular de saneamiento que bajaba hasta el actual estanque.

El acceso privado por el acantilado: A cambio, la familia exigió mantener el derecho de entrada y salida por la escalera particular de la finca, la cual comunicaba mediante un túnel interior con la playa y, posteriormente, con el parque.

El secreto del túnel y la escalera de caracol: Dicho túnel era un pasadizo que descendía desde la finca Lexarza mediante una escalera de caracol tallada en la roca y salía a mitad del acantilado en el pintoresco balconcillo que aún se conserva. Aunque el acceso desde la finca quedó inutilizado tras las obras de remodelación del Parque Ellacuría, la escalera continúa intacta tras la puerta.

Zona de juegos y prueba de valor: Testimonios de portugalujos que jugaban de niños en la zona recuerdan cómo atisbaban la escalera de caracol a través del ventanuco de la puerta y cómo, cuando esta quedaba abierta, aventurarse a subir por ella hasta la zona de los Jesuitas constituía una auténtica prueba de valor.


Publicado el 30 enero 2013

viernes, 4 de septiembre de 2026

PAÑUELOS DE FIESTAS: DEL ROJO AL AMARILLO

  


Tras la entrada de ayer, uno de nuestros seguidores nos recordaba haber usado en las fiestas el pañuelo de color rojo.

En este blog se ha recordado ya ampliamente el tema de la mano de Txomin Hermosilla, quien colecciona un gran número de ellos, por lo que vamos a dejar señalado escuetamente el asunto.

El antiguo pañuelo de cuadros blancos y azules que ha llegado hasta nuestros días está ligado a la industrialización y a las firmas textiles (algodoneras) francesas que aterrizaron en nuestra tierra a finales del siglo XIX. Las fotografías portugalujas de cuadrillas en fiestas de principios de siglo nos las muestran luciendo blusa y pañuelo de cuadros.

Fue en los años de la posguerra cuando, al igual que en Pamplona, se empezó a popularizar y usar el pañuelo rojo. Los primeros pañuelos amarillos datan de la Diana de 1967. Los lució el grupo Elai Alai, y fue el día de San Roque de ese mismo año cuando aparecieron en el cuello de los miembros de algunas sociedades locales.

Durante más de dos décadas coexistieron en las fiestas el color rojo y el amarillo. Muchos de ellos se vendían en puestos ambulantes junto con sombreros y otros objetos, llegándose a confeccionar en ambos colores con los mismos textos y dibujos.

En 1991 la Comisión de fiestas decidió posicionarse y recuperar el rojo, pero la idea no fue bien recibida por la gente y al año siguiente se volvió ya definitivamente al amarillo.

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

LAS BAJADAS DE SAN ROQUE DE HACE SEIS DÉCADAS

  


Adelantábamos ayer que para el próximo ejemplar de Cuadernos Portugalujos —el segundo volumen dedicado a recoger la vida de Portugalete durante la dictadura franquista a través de fotografías en las décadas de 1960 y 1970—, al centrarnos en su vida festiva y en concreto en la Bajada de San Roque, encontramos un momento clave en su historia: la irrupción de las sociedades culturales y los grupos de danzas en los años sesenta.

Ya en los años previos, el Ayuntamiento venía dictando «normas especiales que habrán de obedecer los romeros». Concretamente, en algunos programas se indicaba de forma explícita que: «Durante la BAJADA no se permitirán estacionamientos por parte de los romeros que acudan a la misma y la distancia de una a otra fila no podrá ser mayor de seis metros».

Fue en 1964 cuando la sociedad Elai Alai se volcó en recuperar el sentido tradicional de la bajada, ya que en aquel momento, el desarrollo del acto no convencía a casi nadie, pues se había convertido en un recorrido desordenado marcado por las carreras y los empujones. Para reestructurarlo, el Elai Alai decided invitar a participar a otros grupos locales.

Al año siguiente, en 1965, coincidiendo con el nacimiento del Lora Barri y su grupo de danzas, y ante la posible suspensión de la bajada se impulsó la creación de una Comisión de Festejos (Jai Batzordea). Esta iniciativa fue probablemente pionera en Bizkaia al involucrar al propio Ayuntamiento y editar carteles especiales bajo el célebre lema adoptado por los blusas en 1946: «diviértete cuanto puedas sin molestar a nadie».

En aquella edición participaron trece cuadrillas: tres de blusas locales (Elai Alai, Jatunak y Lora Barri) y otras tres procedentes de Sestao, Urioste y Barakaldo, además de la animada Banda de Cartón del Resbalón. El primer premio del certamen se otorgó conjuntamente a las cuadrillas de Elai Alai y Euzko Lorak de Sestao.

Esta fórmula —que no estuvo exenta de críticas por un supuesto colaboracionismo— cuajó rápidamente y se convirtió en el modelo organizativo adoptado durante los años sucesivos en la mayoría de los municipios colindantes. La fiesta cobró un nuevo resurgir, adquiriendo gran resonancia y trasladándose su esquema de bajada a pueblos vecinos como Sestao, Erandio o Santurtzi.

En el programa oficial de fiestas de 1966 se incluyó por primera vez, tras la tradicional misa en la ermita, el «Aurresku de honor y actuación de grupos de baile ELAI ALAI». Ese mismo año, el grupo Lora Barri obtuvo el primer premio de grupos por delante del Elai Alai, que logró el segundo puesto. Ambos mantendrían a partir de entonces una enconada pero sana rivalidad festiva, siendo el Elai Alai quien se haría con el primer galardón durante los tres años siguientes.

Para ilustrar este capítulo de nuestra historia festiva, hemos seleccionado las fotografías que encabezan este artículo (Jatunak en 1965 y Elai Alai en 1970).

Solicitamos nuevamente la ayuda de nuestras lectoras y lectores para fechar con precisión la imagen del grupo Ikusgarri en su bajada por la calle El Ojillo, así como la del grupo Lora Barri posando junto a su pancarta presidida por la Abeja Maya.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

50 ANIVERSARIO DE LAS PRIMERAS IKURRIÑAS EN LA BAJADA DE SAN ROQUE

 

Preparando el número 38 de Cuadernos Portugalujos, el segundo dedicado a recoger la vida de Portugalete durante la dictadura franquista a través de fotografías, en este caso en las décadas de 1960 y 1970, al centrarme en su vida festiva y en concreto en la Bajada de San Roque me encuentro con dos momentos claves en su historia, la irrupción de las sociedades culturales y de danzas en los años sesenta, que transformaron la estructura del acto festivo y la influencia del clima social y político registrado en torno a 1975 y 1976, caracterizado por el deterioro del régimen y la reorganización de partidos y sindicatos.

Sobre estos últimos años hay que recordar que tras la muerte del alcalde José Manuel Esparza, en junio de 1975, y el impacto de los últimos fusilamientos del franquismo, surgió un debate entre las sociedades locales sobre la conveniencia de suspender o mantener las actividades festivas como forma de protesta. En este contexto, las Fiestas de Verano de 1976, como las denominaban oficialmente, se desarrollaron bajo una acusada tensión social entre cuadrillas y asociaciones.

Durante la Bajada de San Roque afloraron de manera espontánea numerosas ikurriñas, un símbolo que aún se encontraba prohibido por las autoridades y cuya legalización oficial no llegaría hasta meses después, en enero de 1977. Las fotografías que dispongo sobre este hecho son escasas y las reduzco a la captada desde mi casa del Ojillo y la ilustración elaborada por José Luis Garaizabal, en la que se representa la formación realizada por los miembros de las sociedades con sus respectivos pañuelos de colores, para el libro del 50º aniversario del Elai Alai.

Por ello para la elaboración del próximo número de Cuadernos Portugalujos agradecería la colaboración de quien disponga de alguna fotografía representativa de aquella bajada de 1976 para incorporarla al citado Cuaderno.