El 1898 fue un año de
crisis y cambios, pero en Portugalete la cultura brillaba con luz propia. Un
recorte de periódico de la época que nos facilita Karla Llanos nos
revela el programa de un concierto en la Sociedad La Unión que tenía su sede en
el Hotel, que resume el alma de la Villa: ¿Qué tiene en común el himno “Gernikako
arbola”, símbolo de las libertades vascas, con una pieza del gran compositor
alemán Wagner? La respuesta es el entusiasmo de una audiencia que, a finales
del siglo XIX, hizo de la música culta y patriótica el centro de su vida
social.
La Unión era una de las entidades más importantes en el tejido social y
cultural dentro del concepto de sociedades de recreo, casino o ateneo típicas
de la época. Eran lugares de reunión y esparcimiento para la burguesía y clases
medias, donde se organizaban bailes, tertulias, juegos, conciertos, actos
culturales y hasta regatas. Y es muy probable que estuviera relacionada con
otras iniciativas culturales de la época, como el ORFEON UNION CULTURAL, fundado
en 1896.
La estudiantina (o tuna) era un grupo musical muy popular entonces
compuesto principalmente por instrumentos de cuerda pulsada (bandurrias,
laúdes, guitarras) y percusión (panderetas).
El programa del concierto se inicia con el "inmortal himno de
Iparraguirre Gernikako arbola", un símbolo del fuerismo y de las
libertades vascas, que demuestra un fuerte sentimiento identitario y local en
el público y en la propia sociedad.
El programa mezcló géneros, demostrando una audiencia cultivada: Opera (piezas
de La Africana (de Meyerbeer) y el sexteto de Tanhäuser (de
Wagner), música vasca (El cuarteto de Arriaga) y el toque regional, la "Gallegada", con el potpourri final de Gijón
á Bilbao.
El entusiasmo del público, caballeros, señoras y señoritas, vitoreando á la
estudiantina nos pinta un cuadro de la sociedad portugaluja de la época, muy
participativa y entusiasta con sus eventos culturales.












