martes, 21 de julio de 2026

AYER Y HOY, POR JOSE LUIS RAMIREZ: LA DARSENA Y EL MUELLE

  



El año 2004 la Autoridad Portuaria publicó el libro AYER Y HOY, PUERTO DE BILBAO, con fotografías comparativas en blanco y negro, entre las que se conservan en los archivos de dicha institución y las realizadas por José Luis Ramírez, ingeniero, docente y de quien personalmente guardo un inolvidable recuerdo por haber sido quien, entre otras cosas, me facilitó mi primer trabajo laboral.

Si nosotros buscamos, más o menos, el punto correcto en lo que también llamamos fotografía de Ayer y Hoy, José Luis fotógrafo “amateur” desde joven, buscaba no solo el mismo punto de vista y encuadre exacto, sino también misma época del año, condiciones meteorológicas y horas parecidas, análogo nivel de marea, pudiendo esperar el momento adecuado de luz subido en una grúa al amanecer o tras una pared de una fábrica.

EL AYER (1934)
En aquellos años la dársena era refugio de numerosos barcos de gran porte que la crisis mantenía fondeados largo tiempo, y donde destaca sobremanera el espigón de la Benedicta, que entonces, con sus 610 metros, llegaba hasta el frente de la Villa."

EL HOY (2004)
La misma perspectiva capturada por la cámara de José Luis Ramírez 70 años después, mostrándonos la evolución de nuestro entorno marítimo y urbano.

Desaparecida la explotación minera los muelles se convirtieron en paseo peatonal con continuidad hasta el espigón en el centro de la ría reducido en longitud a 360 m.

lunes, 20 de julio de 2026

REGISTROS DEL LIBRO DE DIFUNTOS DE PORTUGALETE 1826/1855

 


Seguimos con los libros de registros de difuntos, ahora siguiendo a Aurelio Gutiérrez que en su blog LA VIDA PASA nos recuerda que hace dos siglos se empezó a rellenar un LIBRO DE DIFUNTOS que abarcando las tres décadas siguientes llega hasta 1855. En una entrada del blog recopila los registros de aquellos vecinos, con sus nombres y apellidos, que fallecieron lejos de su villa natal y a los que debido a la distancia, la Parroquia de Santa María les organizó vigilias y funerales de cuerpo ausente por sus almas. 

Este listado refleja la estrecha y peligrosa relación de la Villa con el comercio marítimo internacional durante la primera mitad del siglo XIX, una época en la que la navegación atlántica hacia las costas africanas conllevaba enormes riesgos debido a los naufragios y, muy especialmente, las enfermedades tropicales endémicas (como la malaria o la fiebre amarilla) para las que no existía cura eficaz.

Durante esta época, nuestra gente solía enrolarse en rutas mercantiles que conectaban puertos peninsulares con Cuba y el resto del Caribe o el Golfo de Guinea.

El fallecimiento de estos marinos portugalujos quedó asentado rigurosamente en los registros parroquiales de la época, a menudo mediante partidas de defunción que llegaban meses o años después del deceso a través de testimonios de los capitanes o de los consulados.

El primer grupo que no salta a la vista son los nueve fallecidos en La Habana, todos jóvenes marinos veinteañeros, con apellidos de tradición marinera como Sierra o Urioste y que la mayoría falleció en hospitales de La Habana debido a las epidemias tropicales de fiebre amarilla ("vómito negro"). Otros cinco portugalujos fallecieron en diversas partes del continente americano pudiendo destacar a José Zuazo (1843), alférez de fragata, subdelegado de Marina del puerto de Sisal el puerto comercial más importante del estado de Yucatán en Mexico. Y finalmente nos cita a otros 8 portugalujos fallecidos en la costa africana.

La relación incluye también otras ocho las víctimas de naufragios o accidentes en la barra, la ría, en la costa cantábrica o a cadáveres anónimos arrastrados por el mar o a diversos comerciantes que hallaron la muerte en diversos puntos de la península.

Finalmente encontramos a un grupo de militares que perdieron la vida, especialmente a raíz de la Primera Guerra Carlista. Entre los que tienen cierta relevancia histórica encontramos a José de Negrete y Cepeda, Conde de Campo Alange, un aristócrata sumamente culto, amigo íntimo de Mariano José de Larra, que fundó en Madrid la emblemática revista literaria El Artista (1835-36) donde colaboraron grandes figuras de la época y que sirvió para introducir las corrientes estéticas del romanticismo europeo en España y a Antonio Llorens, comandante del Regimiento de Gerona, enviado por mar desde la península para reforzar las defensas liberales ante el avance de Zumalacárregui y que en 1834, al intentar cruzar la barra su embarcación naufragó. Pereció en el accidente junto a parte de su tropa, siendo enterrado de urgencia por la parroquia.

 

 

domingo, 19 de julio de 2026

PAGAZAURTUNDUA Y LA COFRADÍA DE SANTURTZI


Mañana se reinaugura en el puerto de Santurtzi el edificio de la casa para venta del pescado, esta vez destinado a albergar el Centro de Interpretación Histórica “Santurtzi Itsasoa”, la nueva oficina de información turística y la de la Cofradía.
Aprovechando el evento nos recuerdan desde Santurtzi que en 1916 los planos y la dirección facultativa de las obras del primitivo edificio correspondieron a Emiliano Pagazaurtundua y Murrieta, arquitecto municipal de la Villa jarrillera desde 1902 y por un periodo ininterrumpido de casi 30 años, donde firmó no menos de 120 proyectos de naturaleza pública y privada. En Santurtzi es autor del edificio del Ayuntamiento y del cementerio.
Pagazaurtundua nació de madre santurtziarra en un Bilbao sietecallero el 8 de septiembre de 1863 y fue bautizado en la iglesia de San Nicolás el día siguiente.
En 1892 contrajo matrimonio en Madrid con Amalia González Nieto y, ya titulado, pasó a residir en Santurtzi hasta su muerte, acaecida el 29 de diciembre de 1941. Tuvo dos hijos varones, Francisco y Emiliano, que fueron brillantes deportistas. Francisco fue futbolista de la selección española y entrenador y Emiliano lo fue del Portugalete Fútbol Club en la temporada 1926-1927, organizó veladas de boxeo en el salón del Cine Ideal y fue manager de boxeadores entre 1927 y 1930, hallándose entre sus pupilos Julián Martínez López, alias “El portugalujo”, del que daremos noticias próximamente.

Publicado el 11 de mayo 2011

sábado, 18 de julio de 2026

EL MISTERIO DE LA ESTACIÓN SUBTERRÁNEA DE PORTUGALETE




Tras la entrada de Tasio Munárriz hablando de la estación subterránea del ferrocarril a Santurtzi, nos quedó claro que el tema no está nada claro.
Se nos pide ahora nuestra colaboración y nosotros solo podemos aportar los datos que se han ido recogiendo, por si alguno de nuestros seguidores añade alguno más.

1.- En la Memoria de la JOP de 1936-1940 se dice que en 1935 se ensanchó el túnel en una longitud de 70 metros en la zona central para establecer una vía apartadero. En el diccionario de la RAE "apartadero" en su 5ª acepción significa "vía corta derivada de la principal que sirve para apartar en ella vagones, tranvías y locomotoras". No habla de ningún andén ni en esa Memoria ni en las de años anteriores en las que se refieren a ese ensanchamiento.

2.- Andrés Vitores, dice que uno de los Santacoloma acompañó varias veces a su padre, que estaba encargado del mantenimiento del túnel, y no vio nunca el citado andén.

3.- Carmen Mendizabal, recuerda que estuvo refugiada en la guerra en el túnel y tenía el colchón precisamente en ese ensanchamiento y no había andén.

4.- José Luis Garaizabal dice que ha pasado varias veces a Santurtzi en los trenes antiguos y que veía con las puertas abiertas el andén.

5.- Tasio tiene un documento en el que 15 vecinos escribieron en enero de 1936 al alcalde Enrique Retuerto pidiéndole que se terminase la estación subterránea que estaba a medio construir.

6.- Hay gente que dice que enfrente de la capilla de las Clarisas se excavó un pozo para la estación subterránea. Sí es verdad que hubo esa excavación y que se utilizó como refugio en la guerra. También es cierto que en los años 50 se rellenó ese pozo porque corría peligro de hundimiento. Pero el túnel no pasa por debajo de las Clarisas sino por General Castaños y Abaro. En todo caso ese pozo sería inclinado en esa dirección.

En fin, el tema queda abierto a cualquier otra aportación que de luz al asunto.
Publicado el 12 de diciembre 2016



viernes, 17 de julio de 2026

PADRES INCÓGNITOS EN LAS PARTIDAS DE NACIMIENTO DE SANTA MARÍA

 

Revisar los archivos parroquiales siempre nos depara sorpresas sobre la vida cotidiana, las costumbres y las estructuras sociales de épocas pasadas. Hoy compartimos una interesante recopilación fruto de las muchas horas que Pedro Heredia dedicó a revisar el valioso Archivo de la Iglesia de Santa María de Portugalete (custodiado actualmente en el Archivo Diocesano de Derio), analizando las partidas de nacimiento extendidas entre los siglos XVI y XX.

Dentro de las minuciosas estadísticas que confeccionó, Heredia prestó atención a un apartado tan humano como complejo: el de los hijos de "padres incógnitos" y los llamados "hijos naturales", es decir, aquellos bautizados en cuyos registros no figuraba el nombre del progenitor o nacían de padres no casados

En el siglo XVI, la única anotación de esta índole que se conserva se redactó el 2 de noviembre de 1596. En ella, el cura Alonso Cordero de Loredo hacía constar el bautizo de un niño llamado Juan, definiéndolo literalmente como "hijo de fulano y de Mari San Pedro, mujer libre vecina de esta villa" Como bien apuntaba Heredia en sus notas, si el milagro de nacer encierra ya un misterio, no lo era menos el verse inscrito legalmente como el hijo de un desconocido "fulano".

Avanzando en el tiempo, en 1624, encontramos el registro de Antonio, un esclavo perteneciente al General Martín de Vallecilla. Al carecer de filiación paterna, se le asignó el apellido "Moreno" haciendo alusión directa a su color de piel. Curiosamente, la documentación demuestra que la inmensa mayoría de estos niños eran apadrinados por personalidades distinguidas de la sociedad jarrillera de la época.

La fórmula para rellenar estas partidas también sufrió curiosas variaciones morales. Durante una época, se permitía a las madres cierto desahogo interpretativo: el párroco, por cumplir con el expediente, preguntaba la identidad del padre, y la mujer solía responder señalando a algún vecino relevante o de alta alcurnia, quedando anotado por escrito expresiones como "quien dijo ser su padre el capitán...".

Esta total transparencia no debió de ser del agrado de los caballeros de la Villa -especialmente de aquellos que ya estaban casados-, por lo que la fórmula no tardó en desaparecer. En su lugar, se impuso una solución mucho más ambigua y discreta, anotando que la madre señalaba como progenitor a una "persona privilegiada". Bajo este hábil eufemismo, el verdadero nombre del padre quedaba sepultado para siempre en el anonimato como bajo una losa sepulcral.

 

jueves, 16 de julio de 2026

ANTONIO SALOÑA Y SU "ARTE NUEVO DE LA COCINA ESPAÑOLA"

 

Una ficha de la HISTORIA DEL HOTEL, que publica mensualmente enportugalete.com, nos recuerda que la historia de la Villa de Portugalete está indisolublemente ligada a las trayectorias de aquellos hombres y mujeres que, desde sus respectivas profesiones, alcanzaron la excelencia y llevaron el nombre de nuestro pueblo más allá de nuestras fronteras. Uno de estos nombres, cuya memoria merece ser reivindicada con letras de molde, es el de Antonio Saloña Muro, un cocinero excepcional cuya valía profesional e intelectual quedó plasmada en su obra cumbre: Arte nuevo de la cocina española.

Un perfil intelectual frente a los fogones.

Tal y como recuerdan los textos introductorios de su obra, firmados por personalidades de la época como Manuel Llano Gorostiza y el catedrático Obdulio Fernández Rodríguez, Saloña no fue un mero ejecutor de recetas, sino un auténtico teórico de la culinaria. Nacido en Las Arenas, creció al calor de las grandes transformaciones mineras y siderúrgicas de la ría vasca, asimilando las enseñanzas de las guisanderas de fogones históricos como El Amparo, Luciano, Armendáriz o La Busturiana.

Su juventud estuvo marcada por un fuerte afán de aventura y aprendizaje. Pulió su pluma en la redacción de un periódico bilbaíno bajo el magisterio de Jacinto Miquelarena, y su paladar con las lecciones de Ignacio Doménech. Recorrió los cinco mares como proveedor de alimentos de grandes compañías de navegación y visitó los mejores restaurantes del mundo, lo que le otorgó una perspectiva universal única. Sin embargo, como el bardo Iparraguirre, siempre sintió la llamada de su tierra.

Su arraigo en el Hotel de Portugalete.

Saloña terminó anclándose en su Hotel de Portugalete, frente por frente a su querido Abra. Aquel establecimiento no solo fue un referente hostelero, sino un verdadero centro de diplomacia gastronómica. Por las mesas que Saloña preparaba con generosidad y patriotismo pasaron marinos de las escuadras inglesa, francesa, alemana y norteamericana fondeados en el Abra de Bilbao. A todos ellos los obsequiaba con largueza, haciendo gala de un particular políglotismo y asegurando con la socarronería propia de su raza: «Quiero que se den cuenta que como la cocina española... ¡nada!».

Desde su observatorio en Portugalete, Saloña recorrió los caminos de España en busca de fórmulas magistrales, platos indígenas y saberes tradicionales, con el firme propósito de estructurar y dignificar la gastronomía nacional.

Una obra de madurez y rigor hostelero.

Fruto de esos treinta años de actividad profesional en contacto con el público y con profesionales del sector nació Arte nuevo de la cocina española. El libro fue concebido con un espíritu profundamente didáctico y divulgativo, buscando ser útil tanto para el profesional de la alta hostelería como para las amas de casa.

En sus páginas, Saloña defiende la culinaria como un arte de alta consideración social, pero también como un negocio que exige un control milimétrico de la gestión hotelera. Para el autor, la viabilidad de un establecimiento dependía del cuidado absoluto de una infinidad de detalles: desde las condiciones del local, el mobiliario, la decoración, la mantelería y la iluminación, hasta la adecuada política de precios, la selección de artículos, la conservación de alimentos y la finura en el trato al cliente. Advertía con lucidez que muchos negocios barateros estaban condenados al fracaso económico por no saber equilibrar la calidad del servicio con una facturación seria y rigurosa.

Con la publicación de esta entrada rendimos homenaje a Antonio Saloña Muro, un profesional de primer orden que supo conjugar la tradición culinaria vasca y española con una visión cosmopolita y empresarial, dejando un legado escrito que honra la historia hostelera de nuestra Villa, y que merecería ser reeditado.

miércoles, 15 de julio de 2026

LA FUNDACIÓN MANUEL CALVO DURANTE LA REPÚBLICA

 

 En la Villa existen dos fundaciones benéficas activas desde hace más de un siglo: la Fundación Santo Hospital de San Juan Bautista y la Fundación Manuel Calvo. Si bien de la primera —el popular «Hospital Asilo»— se dispone de una amplia información y memorias anuales, las noticias de la segunda son escasas. De hecho, ha sido este mismo año cuando se ha presentado en los locales del Hotel una Memoria correspondiente al periodo de 2005 a 2025.

Constituida en 1904, fue reconocida como Fundación de Beneficencia en 1920 y su fin social era el pago diario de raciones de olla y pan, quedando su gestión en manos del alcalde, el párroco y un concejal, bajo la obligación de rendir cuentas al protectorado. Apenas quedan registros de su historia hasta que en 1993 un incendio destruyó el Hotel, el único patrimonio con cuyas rentas se cumplía su misión. En 2005 reanudó su actividad adaptándose, según la actual presidenta y alcaldesa Mª José Blanco, a los nuevos tiempos, centradose en conceptos como la promoción del liderazgo social, la solidaridad juvenil, la innovación, el voluntariado, el envejecimiento activo o la integración intercultural.

Sin embargo, esta aparente modernización contrasta con la realidad social que recoge estos días la prensa local. Una iniciativa popular ofrece cenas desde el pasado mes de mayo a personas necesitadas de la Villa. Actualmente asisten con regularidad unas 30 personas que encuentran allí no solo el sustento de una necesidad básica, sino un espacio de acogida, escucha y relación, sin importar su género, nacionalidad o condición. Este movimiento ciudadano nos devuelve el interés por aquella antigua costumbre caritativa de las raciones de olla que la Fundación abandonó.

Es precisamente este vacío histórico el que nos hace valorar la aportación documental que nos envía Mikel Otxoa. Mientras la memoria actual omite por desconocimiento, la actividad del siglo XX y prescinde de una rendición de cuentas económica detallada —limitada hoy a la renta que percibe del Puente Colgante Hotel Boutique—, los datos extraídos por Mikel de la prensa local de los años 30 revelan un modelo de gestión radicalmente opuesto, basado en la transparencia y el control público.

El control municipal y el Comedor de los Pobres.

Los recortes de prensa muestran una colaboración institucional entre el Ayuntamiento republicano y la Fundación, articulada en torno al Comedor de los Pobres, cuya labor se consideraba un pilar fundamental para mantener la paz social en los difíciles años 30.

Las autoridades de la República ejercieron una fiscalización constante sobre el servicio. El 16 de abril de 1931, el mismo día de la constitución de la nueva corporación local, las autoridades municipales acudieron a inspeccionar las dependencias del comedor. Asimismo, las reuniones de la Junta del Comedor se celebraban bajo la presidencia directa del propio alcalde (como consta en 1932 con Sánchez Vallejo), espacio donde se aprobaban las cuentas e incluso las solicitudes de plaza de los usuarios.

La Fundación sostenía este comedor social gracias a las rentas de su patrimonio, integrado en aquel momento por una finca en La Habana y el edificio del Hotel y Café Portugalete. Lejos del secretismo, la institución editaba y distribuía públicamente entre el vecindario una memoria anual con un desglose financiero, lo que acreditaba un procedimiento institucionalizado y transparente ante la ciudadanía.

Gracias a la memoria de 1933, por ejemplo, sabemos que la finca de La Habana se encontraba desalquilada, lo que supuso un grave perjuicio económico que tuvo que ser compensado mediante un donativo particular de 2.150 pesetas de Don Manuel Otaduy. En cuanto al Hotel, el fallecimiento del arrendatario Felipe García Manso en 1931 obligó a convocar un concurso público que se adjudicó con una «notable rebaja» respecto al contrato anterior. Una situación idéntica se repitió en 1934 tras el deceso del nuevo adjudicatario, forzando otra licitación para mantener el servicio.

Sanciones hosteleras y el «pan de los pobres».

Más allá de los ingresos patrimoniales, el Ayuntamiento articuló un sistema de suministro regular para el comedor a través de su labor de inspección y disciplina de los industriales locales, especialmente de las panaderías. Al estar el Consistorio implicado directamente en el patronato de la Fundación, las normativas municipales de abastecimiento y orden público regulaban estrictamente cada pieza entregada.

El mecanismo de control era estricto: cuando la Guardia Municipal realizaba el repeso del pan en la Villa y detectaba piezas «faltas de peso» o «defectuosas», la Alcaldía procedía al decomiso inmediato del producto, sancionaba al panadero y el pan requisado se entregara al Comedor de los Pobres.

Bajo este procedimiento, en marzo de 1931 se decomisaron 17 kilos de pan. En diciembre se detectó que el propio proveedor del comedor (la panadería de la viuda de Aguirre) servía raciones con falta de peso que sumaban 15 kilos; al ser reincidente, el pan fue incautado y el alcalde aplicó una sanción económica. Este rigor se mantuvo en los años siguientes: en mayo de 1935 se requisaron 50 kilos de pan mermado, distribuidos entre las cantinas escolares y el comedor de la Fundación; y en febrero de 1936 se intervinieron otros 90 kilos de pan defectuoso con el mismo destino asistencial.

La transparencia de las cifras: El balance de 1933.

La difusión de la memoria anual «entre el vecindario» denotaba un fuerte vínculo con la ciudadanía y la necesidad de legitimación pública. Los ejercicios contables de la época no dejaban espacio a la especulación. Si tomamos como referencia los datos publicados en la Memoria de 1933, podemos observar la precisión de la gestión:
Raciones servidas: 15.433 comidas.
Coste por ración: 0,815 pesetas.
Coste total del comedor: 13.952,37 pesetas.
Ingresos totales de la Fundación: 41.327,46 pesetas.
Gastos totales de la Fundación: 28.656,36 pesetas.
Superávit del ejercicio: 12.671,10 pesetas.

El análisis de este balance demuestra que, a pesar de los contratiempos económicos del año (la rebaja del alquiler del hotel y la vacancia de la propiedad de La Habana), la Fundación cerró el ejercicio en superávit, logrando ahorrar más de 12.000 pesetas para garantizar el funcionamiento del año siguiente.

Aquella gestión republicana demostró que la beneficencia requería luz, taquígrafos y números claros ante el pueblo. Una lección de transparencia histórica que contrasta inevitablemente con los modelos de balance actuales, donde la retórica social parece haber sustituido a los libros de cuentas.