viernes, 13 de marzo de 2026

HEGEMONÍA LOCAL Y PODER MERCANTIL DE LOS LINAJES PORTUGALUJOS

  


Navegando por la red nos encontramos con la tesis doctoral de Elena Llorente Arriba titulada LA CASA Y EL IMPERIO. GLOBALIZACIÓN Y HEGEMONÍA LOCAL DE LA OLIGARQUÍA MERCANTIL EN LA VIZCAYA ALTOMODERNA, que nos revela datos importantes sobre la oligarquía de nuestra Villa en la Bizkaia de aquellos siglos

La conclusión a la que llega es que a diferencia de otras familias vizcaínas que buscaron una expansión más global hacia Sevilla o la Corte, las familias de Portugalete analizadas muestran un modelo de "retracción a la comunidad local". Invertían en tierras locales y mantenían redes matrimoniales más cerradas dentro de su entorno cercano para conservar su autoridad en el gobierno de la Villa. El matrimonio y el control de cargos como la regiduría eran sus herramientas para mantener la hegemonía en el puerto y su zona de influencia.

En resumen, en el trabajo se utiliza a Portugalete para contrastar cómo algunas familias de la élite vizcaína que prefirieron centrar sus esfuerzos en el control del poder local y la defensa foral frente a las exigencias de la Monarquía Hispánica.

La autora encuentra un escenario fundamental para su estudio en los linajes de Salazar, Vallecilla, Larrea y Otañes.

Parte estableciendo a Portugalete como el "primer puerto" de la ría del Nervión y un pivote fundamental para las rutas comerciales entre Castilla y el norte de Europa durante el siglo XVI. La Villa era el centro de exportación de hierro vasco (proveniente de la cuenca de Somorrostro) y de lana castellana, negocios en los que participaban activamente las élites locales en asociación con comerciantes de Burgos o Valladolid.

De las citadas familias radicadas en la Villa destaca:

Salazar y Vallecilla como linajes dedicados al comercio de exportación e importación en el Quinientos (siglo XVI).

Larrea, una familia originaria de Álava que llegó a Portugalete en la primera mitad del siglo XV, encabezada por Martín de Larrea y Arriola, destacando Ochoa de Larrea, quien logró consolidarse como regidor perpetuo en el siglo XVI.

Otañes Salazar como dueños de un amplio poder territorial, jurisdiccional y económico, aunque este poder se vio algo reducido hacia el siglo XVI. Un episodio detallado ocurre en 1649, cuando el receptor de la corona, Francisco García del Bado, llega a Portugalete para cobrar una deuda de 46.800 reales por obligaciones incumplidas, siendo Ochoa de Otañes Salazar quien lideró la defensa de la Villa, negando que Portugalete tuviera tal obligación con el Rey. El texto relata un momento de alta tensión en el que Ochoa llegó a amenazar con acuchillar al enviado real, presentándose no solo como un noble local, sino como defensor de los derechos y fueros de la comunidad vecinal.

jueves, 12 de marzo de 2026

VIEJOS RECORTES DE PRENSA: LA FUENTE DE 1872

  


Lo mismo que conservamos viejas fotografía en los álbumes familiares, es corriente encontrar recortes de periódicos que nuestros mayores guardaron por algún interés que entonces consideraron.

En la segunda foto de ayer encima de Las Canteras entre el grupo de jóvenes se divisa la fuente de piedra que al borde de la carretera existía antes de llegar al Cristo. Eso nos ha recordado este recorte que hoy ofrecemos de hace 45 años y que suponía entonces el adiós a la última fuente: Un retazo de la historia de Portugalete.

Y es que el patrimonio de una ciudad no solo se mide por sus grandes monumentos o basílicas, sino también por esos pequeños elementos cotidianos que, durante décadas, formaron parte de la vida de sus vecinos. El artículo de febrero de 1981 documenta un momento agridulce para nuestra memoria colectiva: el derribo de una fuente decimonónica de Portugalete, acompañado de una foto de Unai M. Bilbao.

Ubicada tras el muro de Las Canteras, a la sombra de la Basílica de Santa María, esta fuente no era solo piedra y agua; era un símbolo de la expansión de la villa en el siglo XIX. Construida en 1872, fue testigo de la transformación de Portugalete y el último "bastión" de una red de fuentes públicas que, antes de la llegada generalizada del agua corriente a los hogares, eran el epicentro de la vida social y el suministro vital para los portugalujos.

Aquel febrero de 1981, el avance del urbanismo y el deterioro ambiental marcaron su final. Según los informes municipales de la época, el estado de conservación era crítico debido al azote de la lluvia y el paso de más de cien años, los gases de los vehículos que transitaban la carretera Santurce-Bilbao calcinaron sus piedras y la expansión de la zona de Las Canteras.

Aunque inicialmente se intentó preservar su estructura para una futura reubicación, la fragilidad de sus materiales hizo imposible su salvación, llevando a una demolición que cerró un capítulo de la historia hidráulica de la Villa.

El artículo finalizaba con un compromiso institucional: reponer fuentes en distintos lugares de la villa para recuperar parte de ese aspecto señorial y funcional que Portugalete ofrecía antaño.

Recordar estos hitos nos ayuda a valorar la importancia de conservar nuestro entorno y entender que cada piedra derribada es, en el fondo, una página de nuestra historia que deja de escribirse.

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

VAQUILLAS EN EL CAMPO DE LA IGLESIA EN 1962

  


En varias ocasiones hemos hablado de este festejo tan portugalujo que conocíamos como “las vaquillas” y que consistía en un encierro mañanero y la posterior lidia en un recinto cerrado, como el Frontón La Estrella, la tejavana de las escuelas de Maestro Zubeldia, el Campo de San Roque o una plaza de toros portátil instalada en el Muelle Viejo.

Ahora, nuestra buena amiga Mabel Basterretxea nos envía estas fotos de los fondos familiares de Jenaro Urtiaga “Sodupe” que, a sus dotes de historiador y escritor, unía las de fotógrafo y ordenado coleccionista, de esos que ponía de su puño y letra, la fecha en las fotos que luego colocaba en un álbum.

Estas dos, en concreto, están fechadas el día de San Roque de 1962.

Las fotografías han recuperado su nitidez después de unas sesiones de restauración y nos muestran el festejo multitudinario alrededor de la Basílica.

En la primera, obtenida desde la parte delantera de la barriada de Miramar “Diego Valor”, ya que Jenaro y su familia vivían en una de ellas, se ve el recinto de Las Canteras sin vallar y la pobre vaquilla es tentada por varios mozos mientras otros hacen corro y los menos osados, ven el festejo desde la barrera en lo alto de las tapias.

Como se puede observar, ningún vallado cerraba el hueco entre el muro y la sacristía, por lo que no es de extrañar que la o las vaquillas se dieran un paseíto por el atestado Campo y vete a saber si por alguna otra zona más de la villa.

En primer plano, vemos a los tres hermanos Urtiaga con sus pañuelos rojos al cuello, así como al chaval rubio con una chaqueta en el brazo, que era su vecino, Inacito. A la derecha de éste, abajo, se aprecia la antigua fuente que estaba instalada junto a la tapia superior de las Canteras, que databa de finales del siglo XIX.

Ya dimos cuenta en su día, como hacia 1956, se produjo la fuga de una vaquilla desde el camión situado en la calle Correos y que recorrió el Casco Viejo causando la sorpresa y pánico por las calles hasta que decidió darse un baño desde el dique hasta la Benedicta.

En los Programas de Fiestas de aquellos años, no se anunciaban los encierros y se decía en la Villa, que era porque el gobernador no las autorizaba después de las fugas de 1949 y ¿1956?. En los programas se ponía la coletilla: “se repartirán programas especiales”, pero se anunciaban de forma sibilina, poniendo algún dibujo. No se anunció, pero se celebró, como bien recogió “Sodupe” en sus fotografías.


JOSE LUIS GARAIZABAL

 

martes, 10 de marzo de 2026

LA GUERNIQUESA: MEMORIA VIVA DE LA HOSTELERÍA JARRILLERA

 

Rescatamos hoy nuevas imágenes que completan la historia de un establecimiento icónico de Portugalete: el bar-restaurante La Guerniquesa. Ubicado frente a Casa Vicente y el edificio del Mercado, este local fue durante décadas un punto neurálgico de convivencia en nuestra Villa.

Gracias a la aportación de Marta Esteban en el Facebook "Tú no eres de Portugalete si no...", sumamos documentos gráficos inéditos a nuestro archivo. Estas fotografías nos permiten asomarnos de nuevo a su barra, presidida por figuras para muchos recordadas.

Las mujeres de La Guerniquesa.
Recuperamos también el homenaje a las mujeres que fueron el motor de este establecimiento:
Mariángeles Inchausti: Cuya labor recordamos con especial afecto tras su fallecimiento.
El equipo familiar: Imágenes que muestran a las trabajadoras en la cocina y tras la barra, reflejo de una época de esfuerzo y dedicación personalizada.
Identidad comercial: Los anuncios de la época situaban el local en la calle Salcedo (números 6 y 8), bajo la dirección de Antonio Candela y, posteriormente, su viuda.

La historia de La Guerniquesa no se limita a estas fotos en otras entradas de este blog se puede profundizar en la evolución de este y otros negocios que forjaron la identidad social de Portugalete durante el siglo XX.

 

 


domingo, 8 de marzo de 2026

165 AÑOS DEL PRIMER CALLEJERO DE PORTUGALETE: UN MAPA DE AUSENCIAS Y DECISIONES POLÍTICAS

 


En una entrada anterior analizamos La mujer en la historia de Portugalete, y días pasados, igualmente con motivo del Día de la Mujer, dejamos constancia de cómo nuestro mapa las ignora en su historia, por lo que hoy quiero profundizar en la evolución de la rotulación de nuestras calles. El urbanismo no es azar; es el heredero de un pasado socioeconómico y cultural que ha decidido, nombre a nombre, qué debemos recordar y qué estamos obligados a olvidar.

En sus primeros siglos en la Villa encontramos cuatro calles, Barrera, Coscojales, Santa María y del Medio y con el tiempo, se sumaron los cantones y zonas como El Solar o El Cristo. Sin embargo, no fue hasta 1861 cuando nació el primer callejero oficial.

Aquel registro inaugural ya marcaba una tendencia con la exaltación militar del General Castaños, bajo la premisa de perpetuar "hechos históricos" o "hijos distinguidos". Tras esta primera designación, hubo que esperar casi dos décadas para que, en 1878, apareciera María Díaz de Haro, nuestra fundadora.

La llegada del siglo XX convirtió nuestras placas en un tablero de ajedrez político:

La transformación burguesa: La calle del Medio pasó a ser Víctor Chávarri, la de la Barrera, que se había ampliado formando la calle Nueva, Casilda Iturrizar o el Muelle Viejo, Manuel Calvo.

La inestabilidad: Durante la República y la posterior Guerra Civil, los cambios fueron constantes. Cada corporación borraba el rastro del anterior para imponer sus propios referentes ideológicos y religiosos.

El "boom" tras los 50: Con el crecimiento de la Villa, la elección de nombres quedó en manos de la discrecionalidad de alcaldes y comisiones. Se recurrió a nombres de la Monografía de Ciriquiain (marinos, militares…) y se importaron figuras nacionales como Pizarro, Cortés, Colón, los Reyes Católicos, Cervantes, Lope de Vega o Goya y lugares que recuerdan gestas nacionales como Bailen o Lepanto.

Todo ellos junto a una fuerte carga de santoral afín al régimen, pues si teníamos al Santo Patrono San Roque (ya en 1609 encontramos el nombre en su lugar actual) o el San Nicolas de los mareantes, se añaden Santiago, San Pedro, San José, San Ignacio o San Valentin.

Incluso hubo espacio para el clientelismo: el alcalde Esparza llegó a dedicar calles a amigos vivos, como el empresario Luis Galdós, procurador en Cortes como él, o al párroco Chopitea (que moriría todavía dos décadas después) a quien le concedió además la medalla de plata de la Villa.

Con la llegada de la democracia, en 1979, se intentó profesionalizar la gestión con una comisión municipal para evitar el partidismo y recuperar nombres primitivos. Aun así, la historia de nuestras calles guarda curiosidades irónicas, como la inclusión en 1997 creyendo que era portugalujo, de Esteban Hernandorena, por su apoyo a la causa judía que le habían dado también una calle en Haifa (Israel), o a Juan de la Cosa, el cartógrafo que podía ser vizcaíno de Portugalete, aunque luego se demostrara que era de Santoña.

Tras este 8 de marzo, lanzo un reto directo: la presencia femenina en nuestro consistorio es hoy una realidad. Es el momento de que, por encima de siglas y comisiones, consigan un acuerdo entre ellas para dar un golpe de autoridad en el callejero.
     Necesitamos nombres de mujeres portugalujas que nos devuelvan nuestra historia completa, y si para ello hay que sustituir nombres actuales, que así sea.

Sin embargo, reconozco mi escepticismo. La resistencia al cambio es enorme. Tenemos el ejemplo del catálogo del Gobierno Vasco sobre símbolos de la Guerra Civil y la Dictadura: en Portugalete, nombres como Carlos VII, La Paz o Vázquez de Mella siguen en sus puestos, ignorando las recomendaciones de memoria histórica.

Para profundizar en quiénes son los que nos vigilan desde las esquinas de la Villa, os recomiendo dos lecturas imprescindibles: el Diccionario Histórico de las calles de Portugalete y el Diccionario Biográfico Portugalujo.

 

 


LAS PORTUGALUJAS Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO: UN CASO DEL SIGLO XVIII



Hemos querido indagar este tema a través de expedientes municipales existentes en el Archivo Histórico, para lo cual hemos recurrido una vez más a los artículos escritos por Roberto Hernandez Gallejones, y nos hemos encontrado con uno titulado Agresión perpetrada por fray José Cortés contra María Cruz de Eguileor en 1741, que nos confirma la situación sufrida por las mujeres desde tiempos inmemoriales.

La joven que aseguraba tener 18 años poco más o menos  trabajaba de criada en la casa de María de la Quadra, esposa de Ignacio de Bon, “ausentte en servizio de su Magestad”,

Era un martes hacia las siete de la tarde cuando se encontraba sola en casa “componiendo una de las camas” dado que su ama había ido a rezar con otras mujeres a la ermita del Cristo del Portal, cuando apareció allí el padre predicador franciscano Fray José Cortés, quien entró en el aposento con semblante serio y enojado y sin mediar ningún tipo de provocación le propinó a la muchacha un fuerte golpe, llamándola grandísima chula y diciéndole que la iba a ahogar por “traer en lenguas a su cuñada” le echó las manos a la garganta para asfixiarla y como ella se resistió propinándole dos bofetadas, la apretó aún con más saña en el cuello haciéndola caer al suelo, sin poder articular palabra.

La joven permaneció en cama hasta el viernes siguiente en que pudo declarar al haber recobrado el habla.

No sabemos en qué acabaría el asunto pero el hecho nos sirve para constatar la antigüedad de esta lacra que implicaba al género masculino aunque fuera como en este caso un fraile franciscano.

Publicado el 15 de marzo 2019

sábado, 7 de marzo de 2026

LAS PORTUGALUJAS Y LAS VIOLACIONES: UN CASO EN EL SIGLO XVII


Dentro de estas entradas tendentes a recordar la historia jarrillera en femenino, no podemos olvidar el tema de la violencia sufrida a través de los siglos, por lo que traemos el ejemplo de la violación de una muchacha en el siglo XVII.

La historia nos tiene que servir para comprender y combatir mejor las desigualdades que soporta todavía la mujer en el siglo XXI. Nos lo cuenta Roberto Hernandez Gallejones en uno de sus múltiples artículos entresacados de los archivos municipales con el título de Un caso de violación en Portugalete en 1662, un testimonio muy expresivo de las costumbres de la época en relación a los delitos de carácter sexual, de cómo estaban éstos tipificados por las leyes de dicho período histórico, y de la obligación que tenían estos delincuentes de casarse con sus víctimas.

La victima una joven de 18 años, María Saez, hija de María de Inojeda, viuda de Diego de Cotillo, que residía en la calle de la Barrera en casa de su tío el licenciado Pedro de Cotillo, cura y beneficiado en la Iglesia Parroquial de Santa María de Portugalete, y Vicario de la Villa y su partido “a quien le servía honestamente”.

El agresor, un joven de 16 años Francisco de Villar, de San Julián de Músques, también pariente del cura, que había venido a estudiar gramática en la Villa y llevaba unos meses residiendo en la misma casa.

Los testigos dejan claro que tanto la chica como su madre son mujeres “honestas y recojidas, de buena vida, reputación y fama, hijasdalgo notorias, vizcaínas originarias, de todo buen proceder...” y que el hecho se había producido hacia las 6 de la mañana de un día de setiembre cuando el cura se encontraba ausente, y la criada había ido a comprar a las carnicerías, el joven se metió en la habitación de la joven y se produjo la agresión.

Su madre que oyó los gritos de su hija pues vivía en la casa pegante testificó que acudiendo de inmediato y “llegada que fue al cuarto della la vio desnuda con el dicho Francisco de Villar, desnudo ansi bien, y dando voces diciendo que la había desflorado, y quitado su virginidad, y limpieza, sin haberse podido valer por estar sola y desnuda...”.

Ante otras vecinas que también acudieron la muchacha contó afligida y llorando que la habían forzado, “y quitado su virginidad”, sin que hubiera podido resistirse. A todo esto, en ese instante el acusado salía por la puerta del aposento, después de haberse vestido, y notablemente avergonzado por el delito que había perpetrado siendo posteriormente detenido y encarcelado por el alguacil.

En el juicio que se desarrolló en el mes de enero siguiente, cuando ya se sabía que la muchacha estaba embarazada, aparecen distintos testigos, declarando también el acusado quien aseguró que la joven era honesta y recatada, y que él “la solicitó diversas veces” y por no haber podido gozarla esperó a que el párroco se encontrase fuera del pueblo, afirmando claramente que la había forzado contra su voluntad.

En declaración posterior fechada el 30 de junio de 1663 cambia su declaración alegando que había sido obligada ya que le habían dicho que si narraba los hechos de esa forma le sacarían de la cárcel. Ahora declaraba que no la había obligado en absoluto a hacer el amor con él y que se habían dado mutuamente palabra de casamiento, “conque copulamos...”.

Por tanto, suplicó poder casarse con la muchacha, cuando obtuviese la dispensa papal, ya que eran parientes en cuarto grado y que “en el ínterin se me quiten las prisiones en que estoy de cepo y cadena, hasta tanto que venga la dispensa, estaré en la cárcel preso sin que haga fuga della en ningún tiempo hasta casarme con la dicha María Saiz de Cotillo...”.

Contra estas declaraciones se manifestó, rebelándose, la madre de la chica, solicitando la condena a muerte, y percibir una indemnización de 4.000 ducados, apelando al Corregidor, eligiendo como abogado a Juan de Barraincua, letrado de la Audiencia del Corregimiento. Lamentablemente no podemos conocer el final de esta historia, ya que el documento se interrumpe aquí por hallarse incompleto, pero ya vemos que la solución era casar a la chica con su violador.
Publicado el 14 de marzo 2019