Mañana se reinaugura en el puerto de Santurtzi el edificio de la casa para venta del pescado, esta vez destinado a albergar el Centro de Interpretación Histórica “Santurtzi Itsasoa”, la nueva oficina de información turística y la de la Cofradía.
domingo, 19 de julio de 2026
PAGAZAURTUNDUA Y LA COFRADÍA DE SANTURTZI
Mañana se reinaugura en el puerto de Santurtzi el edificio de la casa para venta del pescado, esta vez destinado a albergar el Centro de Interpretación Histórica “Santurtzi Itsasoa”, la nueva oficina de información turística y la de la Cofradía.
sábado, 18 de julio de 2026
EL MISTERIO DE LA ESTACIÓN SUBTERRÁNEA DE PORTUGALETE
4.- José Luis Garaizabal dice que ha pasado varias veces a Santurtzi en los trenes antiguos y que veía con las puertas abiertas el andén.
5.- Tasio tiene un documento en el que 15 vecinos escribieron en enero de 1936 al alcalde Enrique Retuerto pidiéndole que se terminase la estación subterránea que estaba a medio construir.
6.- Hay gente que dice que enfrente de la capilla de las Clarisas se excavó un pozo para la estación subterránea. Sí es verdad que hubo esa excavación y que se utilizó como refugio en la guerra. También es cierto que en los años 50 se rellenó ese pozo porque corría peligro de hundimiento. Pero el túnel no pasa por debajo de las Clarisas sino por General Castaños y Abaro. En todo caso ese pozo sería inclinado en esa dirección.
viernes, 17 de julio de 2026
PADRES INCÓGNITOS EN LAS PARTIDAS DE NACIMIENTO DE SANTA MARÍA
Revisar los archivos parroquiales siempre nos depara sorpresas sobre la vida cotidiana, las costumbres y las estructuras sociales de épocas pasadas. Hoy compartimos una interesante recopilación fruto de las muchas horas que Pedro Heredia dedicó a revisar el valioso Archivo de la Iglesia de Santa María de Portugalete (custodiado actualmente en el Archivo Diocesano de Derio), analizando las partidas de nacimiento extendidas entre los siglos XVI y XX.
Dentro de las minuciosas estadísticas que confeccionó, Heredia prestó atención
a un apartado tan humano como complejo: el de los hijos de "padres
incógnitos" y los llamados "hijos naturales", es decir, aquellos
bautizados en cuyos registros no figuraba el nombre del progenitor o nacían de
padres no casados
En el siglo XVI, la única anotación de esta índole que se conserva se
redactó el 2 de noviembre de 1596. En ella, el cura Alonso Cordero de Loredo
hacía constar el bautizo de un niño llamado Juan, definiéndolo literalmente
como "hijo de fulano y de Mari San Pedro, mujer libre vecina de
esta villa" Como bien apuntaba Heredia en sus notas, si el milagro de
nacer encierra ya un misterio, no lo era menos el verse inscrito legalmente
como el hijo de un desconocido "fulano".
Avanzando en el tiempo, en 1624, encontramos el registro de Antonio, un
esclavo perteneciente al General Martín de Vallecilla. Al carecer de filiación
paterna, se le asignó el apellido "Moreno" haciendo alusión directa a
su color de piel. Curiosamente, la documentación demuestra que la inmensa
mayoría de estos niños eran apadrinados por personalidades distinguidas de la
sociedad jarrillera de la época.
La fórmula para rellenar estas partidas también sufrió curiosas variaciones
morales. Durante una época, se permitía a las madres cierto desahogo
interpretativo: el párroco, por cumplir con el expediente, preguntaba la
identidad del padre, y la mujer solía responder señalando a algún vecino
relevante o de alta alcurnia, quedando anotado por escrito expresiones como
"quien dijo ser su padre el capitán...".
Esta total transparencia no debió de ser del agrado de los caballeros de la
Villa -especialmente de aquellos que ya estaban casados-, por lo que la fórmula
no tardó en desaparecer. En su lugar, se impuso una solución mucho más ambigua
y discreta, anotando que la madre señalaba como progenitor a una "persona
privilegiada". Bajo este hábil eufemismo, el verdadero nombre del padre
quedaba sepultado para siempre en el anonimato como bajo una losa sepulcral.
jueves, 16 de julio de 2026
ANTONIO SALOÑA Y SU "ARTE NUEVO DE LA COCINA ESPAÑOLA"
Una ficha de la HISTORIA DEL HOTEL, que publica
mensualmente enportugalete.com, nos recuerda que la historia de
la Villa de Portugalete está indisolublemente ligada a las trayectorias de
aquellos hombres y mujeres que, desde sus respectivas profesiones, alcanzaron
la excelencia y llevaron el nombre de nuestro pueblo más allá de nuestras
fronteras. Uno de estos nombres, cuya memoria merece ser reivindicada con
letras de molde, es el de Antonio Saloña Muro, un cocinero excepcional
cuya valía profesional e intelectual quedó plasmada en su obra cumbre: Arte
nuevo de la cocina española.
Un perfil intelectual frente a los fogones.
Tal y como recuerdan los textos introductorios de su obra, firmados por
personalidades de la época como Manuel Llano Gorostiza y el catedrático Obdulio
Fernández Rodríguez, Saloña no fue un mero ejecutor de recetas, sino un
auténtico teórico de la culinaria. Nacido en Las Arenas, creció al calor de las
grandes transformaciones mineras y siderúrgicas de la ría vasca, asimilando las
enseñanzas de las guisanderas de fogones históricos como El Amparo, Luciano,
Armendáriz o La Busturiana.
Su juventud estuvo marcada por un fuerte afán de aventura y aprendizaje.
Pulió su pluma en la redacción de un periódico bilbaíno bajo el magisterio de
Jacinto Miquelarena, y su paladar con las lecciones de Ignacio Doménech.
Recorrió los cinco mares como proveedor de alimentos de grandes compañías de
navegación y visitó los mejores restaurantes del mundo, lo que le otorgó una
perspectiva universal única. Sin embargo, como el bardo Iparraguirre, siempre
sintió la llamada de su tierra.
Su arraigo en el Hotel de Portugalete.
Saloña terminó anclándose en su Hotel de Portugalete, frente por
frente a su querido Abra. Aquel establecimiento no solo fue un referente
hostelero, sino un verdadero centro de diplomacia gastronómica. Por las mesas
que Saloña preparaba con generosidad y patriotismo pasaron marinos de las
escuadras inglesa, francesa, alemana y norteamericana fondeados en el Abra de
Bilbao. A todos ellos los obsequiaba con largueza, haciendo gala de un
particular políglotismo y asegurando con la socarronería propia de su raza: «Quiero
que se den cuenta que como la cocina española... ¡nada!».
Desde su observatorio en Portugalete, Saloña recorrió los caminos de España
en busca de fórmulas magistrales, platos indígenas y saberes tradicionales, con
el firme propósito de estructurar y dignificar la gastronomía nacional.
Una obra de madurez y rigor hostelero.
Fruto de esos treinta años de actividad profesional en contacto con el
público y con profesionales del sector nació Arte nuevo de la cocina
española. El libro fue concebido con un espíritu profundamente didáctico y
divulgativo, buscando ser útil tanto para el profesional de la alta hostelería
como para las amas de casa.
En sus páginas, Saloña defiende la culinaria como un arte de alta
consideración social, pero también como un negocio que exige un control
milimétrico de la gestión hotelera. Para el autor, la viabilidad de un
establecimiento dependía del cuidado absoluto de una infinidad de detalles:
desde las condiciones del local, el mobiliario, la decoración, la mantelería y
la iluminación, hasta la adecuada política de precios, la selección de
artículos, la conservación de alimentos y la finura en el trato al cliente. Advertía
con lucidez que muchos negocios barateros estaban condenados al fracaso
económico por no saber equilibrar la calidad del servicio con una facturación
seria y rigurosa.
Con la publicación de esta entrada rendimos homenaje a Antonio Saloña Muro,
un profesional de primer orden que supo conjugar la tradición culinaria vasca y
española con una visión cosmopolita y empresarial, dejando un legado escrito
que honra la historia hostelera de nuestra Villa, y que merecería ser reeditado.
miércoles, 15 de julio de 2026
LA FUNDACIÓN MANUEL CALVO DURANTE LA REPÚBLICA
Constituida en 1904, fue reconocida como Fundación de Beneficencia en 1920
y su fin social era el pago diario de raciones de olla y pan, quedando
su gestión en manos del alcalde, el párroco y un concejal, bajo la obligación
de rendir cuentas al protectorado. Apenas quedan registros de su historia hasta
que en 1993 un incendio destruyó el Hotel, el único patrimonio con cuyas rentas
se cumplía su misión. En 2005 reanudó su actividad adaptándose, según la actual
presidenta y alcaldesa Mª José Blanco, a los nuevos tiempos, centradose en
conceptos como la promoción del liderazgo social, la solidaridad juvenil, la
innovación, el voluntariado, el envejecimiento activo o la integración
intercultural.
Sin embargo, esta aparente modernización contrasta con la realidad social
que recoge estos días la prensa local. Una iniciativa popular ofrece cenas
desde el pasado mes de mayo a personas necesitadas de la Villa. Actualmente
asisten con regularidad unas 30 personas que encuentran allí no solo el
sustento de una necesidad básica, sino un espacio de acogida, escucha y
relación, sin importar su género, nacionalidad o condición. Este movimiento
ciudadano nos devuelve el interés por aquella antigua costumbre caritativa de
las raciones de olla que la Fundación abandonó.
Es precisamente este vacío histórico el que nos hace valorar la aportación
documental que nos envía Mikel Otxoa. Mientras la memoria actual omite por
desconocimiento, la actividad del siglo XX y prescinde de una rendición de
cuentas económica detallada —limitada hoy a la renta que percibe del Puente
Colgante Hotel Boutique—, los datos extraídos por Mikel de la prensa local de
los años 30 revelan un modelo de gestión radicalmente opuesto, basado en la
transparencia y el control público.
El control municipal y el Comedor de los Pobres.
Los recortes de prensa muestran una colaboración institucional entre el
Ayuntamiento republicano y la Fundación, articulada en torno al Comedor de los
Pobres, cuya labor se consideraba un pilar fundamental para mantener la paz
social en los difíciles años 30.
Las autoridades de la República ejercieron una fiscalización constante
sobre el servicio. El 16 de abril de 1931, el mismo día de la constitución de
la nueva corporación local, las autoridades municipales acudieron a
inspeccionar las dependencias del comedor. Asimismo, las reuniones de la Junta
del Comedor se celebraban bajo la presidencia directa del propio alcalde (como
consta en 1932 con Sánchez Vallejo), espacio donde se aprobaban las cuentas e
incluso las solicitudes de plaza de los usuarios.
La Fundación sostenía este comedor social gracias a las rentas de su
patrimonio, integrado en aquel momento por una finca en La Habana y el edificio
del Hotel y Café Portugalete. Lejos del secretismo, la institución
editaba y distribuía públicamente entre el vecindario una memoria anual con un
desglose financiero, lo que acreditaba un procedimiento institucionalizado y
transparente ante la ciudadanía.
Gracias a la memoria de 1933, por ejemplo, sabemos que la finca de La
Habana se encontraba desalquilada, lo que supuso un grave perjuicio económico
que tuvo que ser compensado mediante un donativo particular de 2.150 pesetas de
Don Manuel Otaduy. En cuanto al Hotel, el fallecimiento del arrendatario Felipe
García Manso en 1931 obligó a convocar un concurso público que se adjudicó con
una «notable rebaja» respecto al contrato anterior. Una situación idéntica se
repitió en 1934 tras el deceso del nuevo adjudicatario, forzando otra
licitación para mantener el servicio.
Sanciones hosteleras y el «pan de los pobres».
Más allá de los ingresos patrimoniales, el Ayuntamiento articuló un sistema
de suministro regular para el comedor a través de su labor de inspección y
disciplina de los industriales locales, especialmente de las panaderías. Al
estar el Consistorio implicado directamente en el patronato de la Fundación,
las normativas municipales de abastecimiento y orden público regulaban
estrictamente cada pieza entregada.
El mecanismo de control era estricto: cuando la Guardia Municipal realizaba
el repeso del pan en la Villa y detectaba piezas «faltas de peso» o
«defectuosas», la Alcaldía procedía al decomiso inmediato del producto,
sancionaba al panadero y el pan requisado se entregara al Comedor de los
Pobres.
Bajo este procedimiento, en marzo de 1931 se decomisaron 17 kilos de pan.
En diciembre se detectó que el propio proveedor del comedor (la panadería de la
viuda de Aguirre) servía raciones con falta de peso que sumaban 15 kilos; al
ser reincidente, el pan fue incautado y el alcalde aplicó una sanción
económica. Este rigor se mantuvo en los años siguientes: en mayo de 1935 se
requisaron 50 kilos de pan mermado, distribuidos entre las cantinas escolares y
el comedor de la Fundación; y en febrero de 1936 se intervinieron otros 90
kilos de pan defectuoso con el mismo destino asistencial.
La transparencia de las cifras: El balance de
1933.
La difusión de la memoria anual «entre el vecindario» denotaba un fuerte
vínculo con la ciudadanía y la necesidad de legitimación pública. Los
ejercicios contables de la época no dejaban espacio a la especulación. Si
tomamos como referencia los datos publicados en la Memoria de 1933, podemos
observar la precisión de la gestión:
Raciones
servidas: 15.433 comidas.
Coste por
ración: 0,815 pesetas.
Coste total
del comedor: 13.952,37 pesetas.
Ingresos
totales de la Fundación: 41.327,46 pesetas.
Gastos totales
de la Fundación: 28.656,36 pesetas.
Superávit del
ejercicio: 12.671,10 pesetas.
El análisis de este balance demuestra que, a pesar de los contratiempos
económicos del año (la rebaja del alquiler del hotel y la vacancia de la
propiedad de La Habana), la Fundación cerró el ejercicio en superávit, logrando
ahorrar más de 12.000 pesetas para garantizar el funcionamiento del año
siguiente.
Aquella gestión republicana demostró que la beneficencia requería luz,
taquígrafos y números claros ante el pueblo. Una lección de transparencia
histórica que contrasta inevitablemente con los modelos de balance actuales,
donde la retórica social parece haber sustituido a los libros de cuentas.
martes, 14 de julio de 2026
FERNANDO CARRANZA IZA, (1911-2003). DELEGADO DEL GOBIERNO VASCO EN VENEZUELA
Realizó sus estudios de
derecho en Valladolid, iniciándose en la política a finales de la dictadura de
Primo de Rivera en el seno de la agrupación de estudiantes vascos Eusko Ikasle Batza, y colaborando en
Madrid con los diputados de su partido, el PNV, en la negociación del Estatuto
del 36. La guerra civil truncó sus planes, participando en ella como oficial
del ejército republicano.
En Barcelona se casó con
Maritxu Zagala, de Tolosa, siendo padrino Manuel de Irujo con quien trabajaba
ella en la Delegación del Gobierno de Euskadi en Cataluña y Jesús Galíndez de
testigo. Al finalizar la contienda se exilió en Francia donde fue internado en
el Campo de Concentración de Gurs, formando parte de la junta de internos que
se encargaba de buscar ayuda de organismos como Socorro Rojo Internacional, lo
que le valió que a su salida en su ficha policial figurara como rojo comunista y miembro de Socorro Rojo
Internacional.
Expulsado de Francia y
gracias a la mistad con Pedro de Basaldúa, secretario del lehendakari Aguirre,
se trasladó a la República Dominicana y luego, en 1940, a Venezuela donde un
año después llegaría su mujer. Allí desarrollaría actividades como la fundación
del Centro Vasco, la Junta extraterritorial del PNV y otras
relacionadas y auspiciadas por el Gobierno Vasco en el exilio siendo el último delegado
de dicha institución en este país, finalizando su cometido en 1979.
Sus cenizas, como posteriormente las de
su mujer, fueron traídas al mausoleo familiar del cementerio de Portugalete.
Murió al
año siguiente y el día 9 de Junio de 2017 se llevó a cabo su funeral en el
cementerio de Portugalete. Primero en la capilla del cementerio, donde se le
bailó un aurresku, y luego sus cenizas se depositaron en el mausoleo de la
familia Carranza, donde reposan las cenizas de su marido.
lunes, 13 de julio de 2026
CABALGATA DE REYES EN LOS AÑOS 50 DEL SIGLO XX
Leyendo la memoria
del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los
«vizcaínos dolientes, encontramos estas fotos que alguna vez ya hemos
utilizado.
Según leemos fue en
los años 50 del siglo pasado, cuando decidieron recurrir a cuestaciones para
sufragar los gastos de funcionamiento del Hogar-Clínica.
La postulación se
inició en Bizkaia en 1950. Se encomendó al hermano Pablo de la Cruz y se echó
mano de todos los medios de propaganda existentes: prensa, radio, concursos,
charlas, festejos, maquetas, pies de yeso pintados en purpurina, demostrando
los éxitos operatorios, fotografías de la Casa, impresos… Se abrieron varias
suscripciones de bienhechores y el número de hermanos limosneros llegó a ser de
cinco.
En Navidad, se hizo
muy popular el monumental Nacimiento abierto al público, que fue repetidamente
galardonado y visitado de manera ininterrumpida, con largas colas en los días
festivos.
También fue muy
celebrada la cabalgata de Reyes, organizada por fray Pablo de la Cruz con la
colaboración del colegio de Santa María de Portugalete a la que corresponde
estas fotografías a su llegada por el muelle Nuevo.










