jueves, 21 de mayo de 2026

LA DESAPARICIÓN DE LA DÁRSENA DE LA ESCALA ANTE LA LLEGADA DEL FERROCARRIL

 

La historia de la fotografía en nuestra Villa hunde sus raíces en la década de 1890, época en la que se constata la presencia de los primeros profesionales, incluidos dos fotógrafos franceses residentes. En este contexto surge la figura de A. de Laca, autor de una de las excepcionales imágenes que hoy compartimos. Aunque la primera fotografía carece de firma, su cronología y estilo sugieren que bien podría pertenecer también a su autoría.

El estudio de Laca se situaba en el txoritoki (ático) de la casa colindante a la Torre de Salazar. Esta ubicación no era casual: los fotógrafos de la época buscaban las plantas altas para aprovechar la máxima claridad natural. Curiosamente, este mismo espacio sería utilizado años más tarde como estudio por el pintor y escultor José de Lecue, en cuyos fondos fotográficos fue hallada esta imagen.

Publicar hoy estas instantáneas totalmente restauradas nos permite recuperar visualmente una fisionomía de Portugalete que se desvaneció a finales del siglo XIX. Las imágenes muestran cómo, tras la Plaza, la ría se adentraba buscando refugio de los vientos del norte en el fondeadero conocido como La Escala, situado al inicio del Muelle Viejo.

Como bien documentó José Luis Garaizabal en su estudio sobre el Final de la dársena de la Escala, el relleno de este espacio se ejecutó en 1890. El objetivo era ganar terreno al mar para dotar de una estación término a la línea de ferrocarril Bilbao-Portugalete. Hoy, quienes pasean frente al edificio de la estación —inaugurado aquel mismo año— quizá ignoren que bajo sus pies se encontraba el antiguo refugio de nuestras embarcaciones, y que ese es el origen del nombre de la calle Muelle Viejo, una vía que hoy, paradójicamente, ya no siente el latido directo de la marea.


miércoles, 20 de mayo de 2026

1915: LA BENDICIÓN DE LA BANDERA DE LOS EXPLORADORES DE PORTUGALETE Y SU VISITA AL ÁRBOL DE GERNIKA

 

El mes pasado la prensa se hizo eco de la celebración por parte del movimiento scout de Bizkaia de sus 60 años en Bilbao. Más de 2.500 personas, entre jóvenes, monitores y familias, celebraron en el Parque de Doña Casilda el día de Gorka Deuna, festividad del patrón del escultismo

Aunque los sombreros y uniformes de Baden-Powell y sus muchachos quedaron en el pasado y en las películas, pervive su mensaje principal: «Tenéis que dejar este mundo mejor de cómo lo habéis encontrado».

En Portugalete fue dicho año de 1966 cuando nació en La Florida el grupo Ama Lur y la prensa recoge el recuerdo de Arturo Antón, «54 años y desde los 10 metido en esto», que llegó al escultismo a través de «mis hermanos mayores, que estaban dicho grupo, Ama Lur. A partir de los 18, pasé a ser monitor y ahora están mis hijos en el grupo», cuya pañoleta, «no pañuelo», llevaba al cuello.

Nosotros hoy nos sumamos a la celebración aportando a la memoria visual de nuestra Villa un momento clave de principios del siglo XX. La fotografía, capturada por el fotógrafo Amado y publicada en la revista Novedades en 1915, inmortaliza la solemne bendición de la bandera de los Exploradores de España en Portugalete y la que nos cedió Juanjo Novella completa la noticia con una de sus primeras excursiones al árbol de Gernika.

El acto de la bendición de la bandera, celebrado en la Basílica de Santa María, con su presidente Julio García-Borreguero a la derecha, representó un hito para el movimiento scout local, fundado bajo los ideales de Baden-Powell. En la imagen se puede observar la marcialidad de los exploradores con sus uniformes clásicos —sombreros Stetson y polainas— junto a las autoridades civiles y militares de la época. El pequeño que aparece en la fotografía era Raimundo Pérez.

La bandera, símbolo central de la identidad de la tropa, destaca por su iconografía solar, un emblema que marcaba la modernidad y el compromiso cívico de la juventud de aquel entonces en Bizkaia.

Gracias a la labor de archivo, podemos hoy apreciar esta escena restaurada, devolviendo el color a un fragmento fundamental de nuestra historia social.



martes, 19 de mayo de 2026

HISTORIA DEL HOTEL Nº 6: REINAUGURACIÓN DEL HOTEL EN 1902

  


En la historia del Puente Colgante Boutique Hotel, han sido varios los momentos en que tras las guerras civiles o el incendio del siglo XX se han celebrado reinauguraciones. Hoy recordamos la que con mayor solemnidad tuvo lugar en 1902 a la vuelta de Cuba de su dueño.

MANUEL CALVO, regresó en 1898 instalándose en la zona del edificio que tenía reservada, “la parte mejor si no la mayor de la casa”. Venía acompañado de sus dos ahijadas y sirvientas morenas Jacinta y Salomé, y su fiel mayordomo de origen alavés Fidel Galtier. Establecido aquí recibía numerosas visitas de personajes importantes destacando sobre todo el marqués de Comillas, Claudio López Bru, hijo de su amigo y compañero Antonio López, a quien Manuel Calvo quería como a hijo suyo, y a quien dejaría como principal heredero y Francisco Romero Robledo, que fuera presidente del Congreso.

Como el Hotel tenía ya 30 años, no quiso hacer una reforma, sino que decidió “instalarlo nuevamente por completo, resultando un edificio de primera clase”. Según las crónicas de la época, “constaba de sala buffet y comedores para 150 cubiertos y 41 habitaciones aparte de las dependencias, todo amueblado con exquisito gusto y con gran lujo, estando el servicio montado como en los primeros de su clase”.

A la inauguración solemne, el domingo 1 de junio de 1902 con el nombre de HOTEL PORTUGALETE, asistieron autoridades políticas, como el Gobernador, Fernando Carranza, vicepresidente de la Diputación, así como los representantes de la prensa. Como al final Calvo no pudo estar presente los asistentes le enviaron un telegrama de felicitación.

La prestigiosa firma fotográfica Laurent inundó entonces el mercado con la postal que reflejaba la unión del PUENTE COLGANTE con el HOTEL que un siglo después, en la reinauguración de 2002, se oficializó en el actual nombre de PUENTE COLGANTE BOUTIQUE HOTEL.

lunes, 18 de mayo de 2026

MANUEL LAFITA BABÍO (1900-1986) MÉDICO

 

El periódico enportugalete.com nos ha ofrecido la ficha de este portugalujo, que localizamos en la Memoria, Hospital San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los «vizcaínos dolientes»:

 Como su hermano menor, Felipe, sus raíces portugalujas se establecieron en la Villa con la llegada en 1849 de su abuelo, un marino gallego, Jacobo Babío Amor que se casó aquí con Dominica Osteocoechea. Así mismo su madre Felipa, se casó a su vez con Isidoro Lafita un marino de Plentzia y vivían en el Muelle Viejo, hasta que tras nacer su hermano y morir ella unos años después se trasladaron a Santurtzi. Fue enviado a estudiar medicina a Valladolid y tras finalizar sus estudios se licenció en 1924.

Casado con Belmira Gorostiza de la Fuente, en 1927 fundó el Laboratorio Lafita de análisis clínicos en Bilbao. Obtuvo la plaza de especialista en análisis clínicos del Instituto Provincial de Higiene, encargado de las campañas de vacunación, higiene y desinfección de todo el territorio vizcaíno.

Asimismo, estuvo entre los fundadores del Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ). Cuando la gran mayoría de los médicos se oponía a su creación, Manuel Lafita fue uno de los que en 1934 aportaron el primer capital al Igualatorio Quirúrgico y de Especialidades, precursor del IMQ fundado en 1943. Fue vicepresidente de la Junta del Colegio de Médicos de Bizkaia de 1935 a 1936, que funcionó con el permiso del Gobierno republicano, pero sin el beneplácito del Colegio.

Durante la Guerra Civil fue movilizado por la sanidad militar del Gobierno vasco y ejerció en el Hospital San Juan de Dios, con el que ya colaboraba de forma altruista como jefe del laboratorio desde su inauguración en 1924. Terminada la guerra, mantuvo su plaza de epidemiólogo en la que entonces pasó a llamarse Jefatura Provincial de Sanidad.

En 1952 sería galardonado con la Orden Civil de Sanidad, vivía en Santurtzi y atendió el laboratorio hasta su transformación en clínica general en 1968.

domingo, 17 de mayo de 2026

JUEGOS INFANTILES DE POSGUERRA

 


El 26 de diciembre de 2008 anunciamos con esta entrada un artículo que luego publicaríamos en el nº 13 de CUADERNO PORTUGALUJOS con recuerdos de la posguerra: El ingenio y el riesgo en los juegos infantiles. 

Evocar la infancia en los años de la guerra y la posguerra es navegar entre recuerdos de hambre, racionamiento y frío. Sin embargo, como bien relata nuestro recordado amigo Marcos Merino Martínez, la necesidad agudizaba el ingenio. A falta de juguetes comerciales, la calle del Ojillo (su calle) se convertía en un escenario de creatividad pura donde el "pasarlo bien" era un acto de resistencia.
   Juguetes nacidos de la nada.
   En aquellos veranos interminables, la escasez de dinero obligaba a inventar. Los juegos más comunes se construían con lo que se tenía a mano:
   Las chapas y el champlón: utilizando tapones de botellas o madera.
   La goitibera: fabricada artesanalmente con tres pequeños rodamientos.

   Pelotas de papel o lana: cosidas o amarradas con cordel para jugar en los pórticos de las iglesias.
   Habilidades naturales: desde aprender a nadar en el Muelle Viejo usando vejigas de res como flotadores, hasta fabricar cerbatanas con cañas y agujas.
   La picaresca y las "venganzas" infantiles.
   El relato nos traslada también a las travesuras en los portales durante el invierno. Era común el uso de hilos amarrados a las aldabas de las puertas para gastar bromas a los vecinos, o el uso de botes de hojalata estratégicamente colocados para recibir a los inquilinos con sorpresas poco agradables.
   El peligro a la vuelta de la esquina.
Lamentablemente, la posguerra también dejó una huella trágica. El acceso a materiales peligrosos, como restos de pólvora, proyectiles abandonados o incluso explosivos reales confundidos con juguetes, transformó en ocasiones la diversión en tragedia. Marcos recuerda con tristeza accidentes mortales provocados por armas artesanales o granadas olvidadas que marcaron para siempre a las familias de la calle.

Estos recuerdos, que hoy parecen lejanos, forman parte de nuestra memoria colectiva. Son el testimonio de una generación que aprendió a jugar entre las grietas de una época difícil, donde la frontera entre la diversión y el peligro era, a menudo, demasiado delgada.

sábado, 16 de mayo de 2026

PORTUGALETE HACIA 1953



En muchas casas portugalujas se suelen conservar viejos recortes de prensa con noticias de la Villa, a veces sin fecha ni referencia alguna. Corrientemente, el cambio generacional hace que el interés por la noticia o imagen recogida en esos viejos papeles desaparezca totalmente acabando en la basura.
Esto ocurre frecuentemente con viejas fotografías guardadas por los padres y que a los hijos, al desaparecer aquellos, no les interesan o les estorban.
La foto que presentamos es un ejemplo de ello. Una amarillenta hoja de periódico, al parecer madrileño (estilo ABC), sin fecha ni cabecera, con un artículo de Luis de Castresana sobre El bocho, y con un pie de foto donde indica algo ya tradicional: Vista aérea de Bilbao.
Se señala que la foto pertenece a la serie “España desde el aire” realizada por Trabajos Aéreos y Fotogramétricos.
La mala calidad del papel, en aquellos años de posguerra, dificulta la reproducción, pero es lo que hay, y solamente con los medios informaticos hemos conseguido mejorar la foto y así lo presentamos ahora en 2026.
Para fijar la fecha, cada uno se centrará en detalles concretos. Nosotros hemos utilizado dos: No se habían comenzado las obras del Grupo Miramar tras la iglesia, que se empezaron, según el libro de Mª Mar Domingo, Construyendo Portugalete…., en 1953 y en ese año la obra del Colegio Santa María estaba terminándose.

Publicado el 8 de mayo 2012

viernes, 15 de mayo de 2026

HEMEROTECA: BITACORA JARRILLERA: EL HEROICO RESCATE DEL ALCALDE DE BILBAO EN 1862

 



Aunque el tema ya lo hemos recogido en otra entrada hoy ofrecemos este recorte de prensa que se nos envía que corresponde a La Gaceta del Norte del 15 de agosto de 1962, recogiendo un articulo del entonces archivero Municipal de Bilbao Manuel Basas.

Nos recuerda que aunque nuestra historia esta forjada por marinos y comerciantes, pocos relatos capturan la nobleza humana de sus dirigentes como el ocurrido el 4 de agosto de 1862. En aquella fecha, lo que comenzó como un tranquilo paseo de verano se transformó en una gesta de valor que hoy, más de un siglo después.

El suceso tuvo lugar en «La Peñota», y para contextualizar visualmente este relato, contamos con las litografías de Pedro Pérez de Castro (1823-1902), un destacado pintor y militar español cuya obra es fundamental para entender el paisaje urbano y natural del siglo XIX. Pérez de Castro destacó por su precisión en la captación de ambientes costeros y arquitectónicos, dejando un legado iconográfico imprescindible de la costa vasca. Sus grabados de La Peñota y la torre del piloto no solo poseen un alto valor artístico por su manejo de la luz y la atmósfera romántica, sino que sirven como un documento histórico fiel del entorno geográfico

Basas nos relata un rescate contra la corriente. Aquel lunes de agosto, tres figuras destacadas de la Villa paseaban por el muelle: don José de Landecho, don Luciano de Urizar y el entonces alcalde de Bilbao, don Mariano de Larrínaga. Al advertir los gritos de auxilio de dos jóvenes que eran arrastradas por el mar, Larrínaga no vaciló.

A pesar de vestir de etiqueta (levita y bombín) y de padecer una dolencia física que le aquejaba, el alcalde se despojó de sus prendas exteriores y se lanzó al agua. Según las crónicas, nadó velozmente para alcanzar a la primera joven y ponerla a salvo en las rocas. Sin detenerse a recuperar el aliento, volvió a arrojarse al mar para rescatar a la segunda muchacha, quien ya desaparecía bajo las olas, logrando extraerla con la ayuda del marinero Rodríguez.

Las jóvenes rescatadas pertenecían a dos apellidos fundamentales del Bilbao ochocentista, la familia Barañano, vinculada al comercio y la industria del tabaco, representaba a la burguesía que impulsaba el crecimiento de la Villa. y la familia Rotaeche, conocidos industriales y comerciantes cuya presencia en la vida social bilbaína era constante.

El impacto del suceso fue tal que el 11 de agosto de 1862, el teniente de alcalde Rafael de Uhagón llevó el asunto ante la asamblea de regidores. A pesar de la propia "repugnancia" de Larrínaga a ser homenajeado, el Ayuntamiento bilbaíno decidió por unanimidad dejar constancia oficial de su «rasgo de abnegación y sacrificio en favor de la Humanidad».