A través de tres periódicos de la época, La Voz de Vizcaya, El
Noticiero Bilbaíno y El Nervión que nos envía Karla Llanos,
descubrimos la presentación en 1898 de un orfeón portugalujo, fruto de la gran
actividad musical que gozaba la Villa en aquellos años de final del siglo XIX.
Se nos indica que en medio de un clima festivo y
de gran concurrencia, la Villa dio a luz a una nueva institución, el Nuevo
Orfeón, en cuya formación hacía tiempo venían trabajando tanto su actual
director, don Gerardo Butrón, como los señores Lizarraga y Barturen,
La seriedad del proyecto quedó patente desde la formación de su Junta
Directiva, elegida por aclamación. Este grupo de hombres, fundamentales en la
vida social de la Villa, sentó las bases de la entidad: presidente, D.
Casimiro de Gana, Vicepresidente, D. Juan José de Larrea, Tesorero, D. Santiago
de Elorduy, y Secretario, D. Federico de Larrea.
Contando con un local de ensayos propio y la dirección de un profesor cuya
labor fue calificada de "inteligente" y "maestra", el
orfeón se propuso un objetivo ambicioso: elevar el cultivo de la música coral a
su máxima expresión en Portugalete.
Fue el 24 de junio, noche apacible y serena y un público numerosísimo,
ansioso de escucharle cantar, que llenaba por completo la plaza y el muelle de
Churruca. Para dar más realce a la fiesta, contribuyó a ella la banda de música
la Euterpe.
Al aparecer en el quiosco los orfeonistas a la hora anunciada, un aplauso
general acogió su presencia. Seguidamente se dio principio ejecutando todos los
números del programa ya anunciado. Al terminar cada número, el disparo de
cohetes y una lluvia de aplausos manifestaban lo bien que ejecutaban las piezas
que cantaban con gran maestría y afinación.
Si bien los primeros ensayos ya habían sido descritos como
"sorprendentes" por El Noticiero Bilbaíno, fue tras la
festividad de San Juan cuando se confirmó el impacto de la agrupación. Las
crónicas resaltan la excelente acogida que tuvo la presentación oficial.
En un Portugalete rebosante de visitantes que abarrotaban los muelles y la
plaza, las voces del Nuevo Orfeón se alzaron para demostrar que la disciplina y
el talento local estaban a la altura de las grandes sociedades corales de la
provincia. La interpretación de sus primeras piezas fue celebrada no solo por
su armonía, sino por lo que representaba: la unión de un pueblo a través del
arte en un contexto histórico complejo.
El solista señor Ituruzteta demostró poseer una
buena voz de tenor y cualidades artísticas superiores. Todas las cuerdas iban
muy afinadas y en conjunto ofrecían un gran contraste
El nacimiento del Nuevo Orfeón fue mucho más que un evento musical; fue un
símbolo de la vitalidad de Portugalete. Mientras los trenes regresaban a Bilbao
atestados de pasajeros, en la Villa quedaba el eco de una nueva sociedad que
prometía (y cumplió) ser un pilar de la cultura y el prestigio local.












