Observar nuestro entorno con mirada histórica siempre depara sorpresas. A menudo pasamos por lugares que creemos conocer a la perfección sin sospechar cuántas capas de historia albergan bajo su apariencia actual. Hoy proponemos un ejercicio visual de "Ayer y Hoy" centrado en uno de los rincones más emblemáticos de la Villa: los jardines de la Casa-Torre de Salazar.
Si comparamos las dos imágenes que encabezan esta entrada, el primer cambio
que salta a la vista —más allá del color y la notable rehabilitación de las
fachadas del fondo— se encuentra en el ángulo inferior izquierdo de los
jardines.
En la actualidad los visitantes y jarrilleros disponen de un entorno
apacible presidido por la estatua de bronce del cronista Lope García de
Salazar, mirando hacia la torre de su linaje, donde nuestro amigo Mario del
ESTATXA ha colocado unas mesas desde donde degustar un mojito o un refresco disfrutando
del lugar. Sin embargo, si retrocedemos unas décadas en el tiempo descubriremos
que el monumento que ocupaba ese mismo espacio era radicalmente distinto: un
conjunto escultórico de piedra, de estética sobria, dedicado a los Caídos de la
Guerra Civil.
La historia de aquel monumento a los caídos que se aprecia en la otra foto estuvo
plagada de retrasos y un presupuesto disparado. El proyecto comenzó a finales
de 1965 bajo la alcaldía de José Manuel Esparza, quien encargó al escultor
Jesús Torre una obra estilizada para sustituir al deteriorado monolito
anterior.
Aunque el precio inicial se fijó en 150.000 pesetas, la desidia del artista
y las "dificultades de última hora" con las figuras civiles
retrasaron la entrega más de siete años. El Ayuntamiento llegó a fijar multas
de 500 pesetas diarias por las demoras e incluyó en el monolito una frase del
testamento de José Antonio Primo de Rivera: “Ojalá fuera la mía la última
sangre española que se vertiera en discordias civiles”.
Finalmente se inauguró el 14 de julio de 1973. La larga espera duplicó con
creces el coste original de la obra, alcanzando un desembolso final de 375.000
pesetas para las arcas municipales.
Por otro lado, al mirar el edificio de la derecha también conviene hacer
una puntualización histórica fundamental. Tras ser incendiada durante la revolución
de octubre de 1934, la Casa-Torre Salazar quedó en ruinas, siendo reconstruida externamente
en 1958 por el arquitecto Joaquín de Yrízar con un marcado aspecto de castillo
medieval almenado, y finalmente en 2003 fue adquirido por el Ayuntamiento que lo
transformó interiormente, abriendo sus puertas como el actual museo y durante
un tiempo restaurante.
La próxima vez que descanséis en los jardines junto a Lope García de
Salazar, recordad que hace no tanto tiempo, se levantaba allí un monolito de
piedra que costó siete años de disputas, anécdotas y un sinfín de pesetas de la
época. ¡La historia de Portugalete siempre viva en sus calles!
La foto actual tambien nos muestra, tapando casi totalmente la torre de Salazar el retoño del arbol de Gernika, de casi dos decadas de vida, que en su día plantó el ELAI ALAI .










