domingo, 21 de junio de 2026
EL SANTO HOSPITAL DURANTE LA GUERRA CIVIL
sábado, 20 de junio de 2026
LOS PARTIDOS DE FUTBOL DE ALTOS CONTRA BAJOS
En los años 50 del siglo pasado eran corrientes en nuestros pueblos los partidos de fútbol, entre gordos y flacos o altos y bajos.
Emocionante partido de fútbol métrico en el que disputarán un precioso trofeo el futbol rasante y medido, contra el juego por alto y profundo de los pases kilométricos.
viernes, 19 de junio de 2026
EL SALTILLO EN LAS MEMORIAS DEL EMÉRITO JUAN CARLOS I
En este blog dedicamos ya un espacio al Saltillo, ese emblemático
velero íntimamente ligado a la historia de Portugalete, a la Escuela de Náutica
y a la generosidad de su dueño Pedro Galíndez y Vallejo quien lo bautizó
en 1934 precisamente en honor a su residencia "El Saltillo" que en
1950 donaría como casa de menores tutelados.
Javier García-Borreguero nos recordó ya en su día la histórica y secreta
cita del 25 de agosto de 1948 a cinco millas de San Sebastián, donde el velero
sirvió de escenario para el encuentro entre D. Juan de Borbón y el general
Franco a bordo del Azor, decisivo para el futuro de España.
Sin embargo, la historia de este mítico barco de acero de 26 metros de
eslora, construido en Ámsterdam en 1932, sigue ofreciéndonos nuevos e
interesantes matices. Aitor González Gato nos añade una perspectiva muy
especial: las vivencias a bordo descritas en primera persona por el rey emérito
Juan Carlos I en su reciente biografía, titulada "Juan Carlos I.
Reconciliación" (publicada en 2025).
Aitor nos llama la atención sobre tres citas textuales de esta biografía
que demuestran el profundo significado emocional que el barco portugalujo tuvo
para la familia real en el exilio.
En la página 69, evocando su infancia y la figura de su padre, Juan de
Borbón, el rey emérito recuerda el origen de aquellos viajes de verano:
"Todos los veranos, Pedro Galíndez, un empresario vasco, le prestaba
El Saltillo, un velero de acero de 26 metros de eslora construido en los años
30. Como mi padre no podía permitirse llevarnos a todos de viaje, nos metía en
el barco y navegábamos por los mares".
Más adelante, en la página 127, Juan Carlos I detalla la que fue la primera
gran travesía familiar en el período estival de 1950, convirtiendo al velero en
un espacio de libertad frente al ostracismo político que sufrían por parte de
la dictadura:
"En el verano de 1950 hicimos nuestra primera salida al mar con toda
la familia. Para gran alegría de mi padre, el Saltillo se convirtió en su
segundo hogar, a la vez un hogar de libertad y plenitud (…). Llevaba el timón y
nosotros éramos sus grumetes, mientras mi madre se afanaba en la cocina (del
barco) y conseguía preparar deliciosas comidas con ingredientes sencillos. En
aquella ocasión fuimos hasta Marruecos. Navegamos durante casi dos meses. Más
adelante también descubriríamos las costas de Argelia e Italia. Nos acercamos a
España, situada en nuestra ruta; anclamos el barco en mar abierto cerca de
Huelva, frente a Marruecos (…). Pronto llegó un oficial a decirnos que nos
largáramos. El régimen no toleraba la presencia de mi padre, ni de lejos
siquiera. A pesar de esta contrariedad, aquellos momentos con mi familia fueron
maravillosos".
La última referencia biográfica nos traslada a mayo de 1962. Tras la boda
de Juan Carlos y Sofía en Grecia, y justo un año antes de que los Borbón
estrenaran el Giralda (1963), el viejo velero volvió a cruzar sus vidas
en el viaje de regreso. Anota el emérito en la página 162: "...mi padre
pasó a visitarnos en El Saltillo, de regreso a Portugal", donde este
tenía fijada su residencia en Estoril.
Aitor González Gato cierra su aportación recordándonos los difíciles años
finales de la embarcación antes de su renacer. Cuando Juan de Borbón empezó a
utilizar el Giralda, "Peru" Galíndez donó en 1968 El
Saltillo a la entonces Escuela de Náutica de Portugalete para las prácticas
de sus alumnos. Tras una época de declive en los años 80 en la que llegó a
peligrar su existencia y rozar el desguace, la movilización de la Asociación
Amigos del Saltillo (1987) y una minuciosa restauración sufragada por el
Gobierno Vasco permitieron su nuevo botado en 1998.
Hoy, bajo la gestión de la Escuela de Ingeniería de Bilbao (EHU) y
fondeado frente a la Punta del Muelle de Hierro, el Saltillo sigue vivo
cumpliendo su doble función como buque-escuela y embajador institucional,
portando en sus maderas el eco del orgullo náutico de Portugalete.
Ilustramos esta
entrada con la imagen del velero y la foto de Guyma con la presencia del
entonces príncipe Juan Carlos como guardiamarina cuando en el muelle Viejo
fondearon los tres minadores de la armada española.
jueves, 18 de junio de 2026
PORTUGALUJAS OLVIDADAS: EMILIA RODAS ARANA
Tras publicar días pasados el centenario de la muerte del doctor Areilza,
hemos recordado el dicho de que "al lado de un gran hombre
siempre hay una gran mujer" y hemos pensado en dedicarle esta
entrada a ella, Emilia Rodas Arana.
1. Orígenes familiares y herencia.
Emilia Rodas, nacida circunstancialmente en Malaga, en diciembre de 1887,
era la hija única de Francisco Martínez Rodas un militar de ideas liberales que
llegó a la Villa durante la Segunda Guerra Carlista que posteriormente fue un
prolífico empresario naval y minero, casado con la portugaluja Eloísa Arana
Mendiolea, una mujer rubia, de ojos azules y fuerte personalidad, hija de un
empresario minero.
A su padre le fue otorgado el título de Conde de Rodas por la reina regente
María Cristina en 1901, que luego heredaría ella.
2. Descripción física y personalidad.
Físico distinguido: De "simpatía arrolladora", talle
arrogante y espigado, piel clara y sonrosada, grandes ojos azules y un
característico pelo rubio que peinaba hacia arriba terminando en un moño
erguido, mantuvo siempre con los años, una "sencilla y serena
elegancia".
Carácter y educación: Era una mujer culta, con un fino sentido del
humor e ironía que mantuvo hasta la vejez, y administradora excelente de la
economía familiar, sin admitir fantasías en los negocios.
Intelecto y mentalidad abierta: Aunque era de asidua práctica religiosa, carecía
por completo de intransigencia. Fomentó activamente la libertad intelectual de
su hijo, José María Areilza, permitiéndole el acceso a libros prohibidos por el
índice de Roma de la época, gracias a lo cual él pudo leer a filósofos como
Schopenhauer, Nietzsche y Unamuno. Dominaba el francés a la perfección.
3. Matrimonio con el Doctor Enrique de Areilza.
El origen del romance: La madre de Emilia, Eloísa, padecía una afección
pulmonar y solicitó los servicios del reputado doctor. Aunque él tenía fama de
ser un "impenitente solterón" de 45 años, la convivencia e intimidad
surgidas durante la enfermedad de la madre propiciaron el acercamiento. La voz
popular murmuraba que fue la propia Emilia quien le propuso matrimonio.
La boda (1905): Contrajeron matrimonio el 1 de mayo de 1905.
Debido a la gravedad de la enfermedad de la madre, la ceremonia se celebró en
la más estricta intimidad en el oratorio del palacete de El Salto. El enlace
causó un enorme estupor e incredulidad en las tertulias bilbaínas de la época,
despertando bromas de sus amigos íntimos de Areilza (incluido Miguel de
Unamuno) debido a la conocida soltería y carácter independiente del médico.
Impacto en el hogar: Emilia trajo orden, equilibrio y estabilidad a
la vida del doctor, un hombre acostumbrado al desorden y la soledad. Supo
encauzar su vida privada respetando su profesión.
Residencia familiar: En 1909, tras fallecer su madre, se instalaron definitivamente
en el citado palacete de "El Salto", edificado sobre los
acantilados por Martínez Rodas en 1890, inspirado en las playas de Ostende, y
que lucía en el tejado un blasón con una "R coronada" en honor a su
título.
4. Su etapa de viudedad y apoyo a su hijo José
María.
Viajes por el mundo: Al quedarse viuda, Emilia instó a su hijo José
María (quien entonces tenía unos 15 años) a salir de las fronteras locales: "No
seas localista ni hagas caso de los que viven pensando en que lo nuestro es
siempre, lo mejor'". Juntos emprendieron ambiciosos viajes culturales
por Europa y Oriente, recorriendo Escandinavia, Alemania, Leningrado, Moscú,
Constantinopla, Tierra Santa, Egipto, Malta, Argel, Orán, Londres, París y
Roma, siempre impulsándolo a visitar teatros y museos.
Impulsora de la carrera política de su hijo: Fue ella
quien alentó decisivamente a su hijo a trasladarse a Madrid para forjar su
trayectoria pública: "Si quieres hacer carrera política tendrás que
vivir en Madrid", le dijo.
Inversión inmobiliaria: Mostrando su gran visión e intuición para las
inversiones urbanísticas, adquirió una finca en liquidación testamentaria en la
Castellana (Madrid) que había pertenecido a los Martínez Rivas y Cristino
Martos. Allí reformó la propiedad y le ofreció dos pisos a su hijo y a su
nuera, Mercedes de Churruca y Zubiría, con quienes mantuvo siempre una relación
discreta, afectuosa y de apoyo generoso.
5. Fallecimiento y traslados de sus restos.
Muerte y sepelio original: Falleció en Madrid en 1965 conservando su
lucidez hasta el último momento. Inicialmente, fue enterrada en el panteón
familiar del cementerio de Portugalete levantado en 1880 por el célebre
arquitecto Severino de Achúcarro para la familia Arana, donde también yacían
sus padres y su esposo, el Dr. Areilza.
Traslado definitivo a Motrico: Años más tarde, debido a una reforma y plan
urbanístico del municipio de Portugalete su hijo José María tuvo que exhumar
los restos de sus padres. En un melancólico y frío día de invierno bajo un
temporal de nieve, las cenizas reducidas de Emilia Rodas y del Doctor Areilza
fueron trasladadas en minúsculos ataúdes metálicos al camposanto de Motrico
(Gipuzkoa), donde reposan definitivamente.
miércoles, 17 de junio de 2026
EL VIÑEDO OLVIDADO DE LA CALLE MUGAKOA: HISTORIA Y RAÍCES DE NUESTRO TXAKOLI
Saber de dónde venimos nos lleva a valorar aún
más cada trago y cada proyecto actual, comentaba con motivo de la inauguración
de la quinta edición del festival Bizkaiko Txakolina Fest, la asociación
Portugaleteko Mahastizainak Txakolinaren Elkartea, que publicó un
artículo de su miembro y viticultor José Luis Garaizabal titulado "NUESTRO
TXAKOLIN- SUSTRAIAK: DESDE LA PEÑOTA A LA FIESTA DEL TXAKOLIN". En él,
ilustrado con una fotografía del libro “Hospital de San Juan de Dios de
Santurtzi: 100 años cuidando de los ‘vizcainos dolientes’” (2024), se rescataba un documento de marzo de 1913 que respondía con rotundidad a
una pregunta: ¿Sabías que los terrenos que actualmente forman la calle Mugakoa
(junto a la clínica San Juan de Dios) eran abundantes viñedos?
Pasado aquel evento, José Luis ha seguido tirando
del hilo de la historia. Hoy nos informa de la ampliación de su investigación,
que arroja luz sobre los antiguos productores locales y el paisaje que un día
vistió de verde las fronteras entre Portugalete y Santurtzi.
Durante el estudio de los terrenos limítrofes con
la actual clínica de San Juan de Dios, Garaizabal dio con el citado documento
fechado el 19 de marzo de 1913. Se trata de la descripción detallada que hizo
su antiguo propietario, Juan Echavarria Menchaca, tras vender los
terrenos a la Fundación Benéfica Aguirre (entidad que levantaría el centro
hospitalario inaugurado en 1924).
Juan falleció apenas unos meses después, en
diciembre de 1913, habiendo disfrutado los últimos nueve meses de su querida
finca gracias a una cláusula de usufructo vitalicio concedida por Pedro Icaza.
Aunque no lo tiene confirmado al cien por cien, los indicios apuntan a que Juan
Echevarria Menchaca era familia de otra gran productora de txakoli portugalujo
de la época: Laureana Menchaca, madre de María Uriarte.
En
la citada fotografía que la fecha en los años 50, podemos apreciar en primer
plano un caserío, que piensa que se trataba de la “casita del hortelano”,
rodeado de una frondosa parra sobre armazón de madera. Este caserío y las
huertas colindantes pertenecían a la finca Miraflores de John Bailey
Davies que luego pasó a los Monleón-Vicuña rebautizada como Mugakoa. La
casa grande de la izquierda, que en un principio pensaba fuera la casa
principal de Juan Echevarria, era en realidad el lazareto que fue construido
por la fundación sobre su antiguo viñedo, en el que se aislaba a los enfermos
infecciosos de la clínica.
Dichos
terrenos son los que hoy conforman la calle Mugakoa.
La
casa principal mencionada, que no aparece en la foto pues se hallaba separada
del resto de la finca ya que estaba situada junto a la carretera de Portugalete
a Santurce, contaba con tres bodegas y un lagar para hacer vino.
Para
ayudar a su identificación, recurre a un fragmento de una segunda fotografía de
los años inmediatamente anteriores a levantarse el centro, con la casa de
Echevarria, con su tejado de tejas vidriadas de tono oscuro (tras los árboles)
situada entre la casa de María Uriarte (izquierda) que hoy sigue en pie dentro
de la clínica y el chalet Miraflores (luego Mugakoa),
todas ellas frente al actual palacio Oriol.
Los datos técnicos extraídos de este documento son
importantes para la historia de la viticultura local. La propiedad total medía
unos 88.000 pies (8.175,5 m2), distribuidos de la siguiente manera:
El viñedo: Ocupaba unos 26.000 pies (aprox.
2.415 m2) y estaba dispuesto en un moderno sistema de
espaldera con estacas de castaño y tiros de alambre.
Los parrales: Contaba con
tres parrales. Uno de 60 metros con armazón de hierro y bases de piedra en los puyares
(¿poyales=basas
de los postes?) y otros dos de 90 y 38 metros con armazón de madera
de roble, tiros de alambre y base de piedra en los puyares.
Autosuficiencia y recursos: Para
las ataduras, disponían en la finca de infinidad de mimbreras, “que es
difícil obtener aquí en su tiempo”. Igualmente, contaba con un cañaveral
junto al arroyo y un pozo manantial “hecho a barreno y forrado de ladrillo”.
Arboleda: La finca se
completaba con algo más de 200 árboles de doce años de antigüedad, sin contar
las parras.
Este paisaje industrial y residencial que hoy conocemos
fue durante siglos tierra de vino. Ya en 1764, el pintor Ramón de
Villalón plasmó en uno de sus lienzos la zona a orillas del arroyo Peñota —el
cual discurría por el centro de la finca descrita—. Aquella pintura ya mostraba
las laderas plagadas de viñedos en espaldera.
La pasión por las viñas y el txakoli en
Portugalete no es una moda reciente; es una herencia enterrada bajo el asfalto
de calles como Mugakoa. Investigaciones como la de José Luis Garaizabal
nos demuestran que, cada vez que brindamos con vino local, estamos dando
continuidad a una historia centenaria.
martes, 16 de junio de 2026
EL PORTUGALETE F.C. DE 1931-1932
La reconstrucción de la memoria gráfica de nuestra Villa y de sus
instituciones históricas es una tarea colectiva que se nutre constantemente de
la generosidad de nuestra gente. En esta ocasión, queremos expresar nuestro agradecimiento
a Mariví Gutiérrez, quien ha cedido esta fotografía de los fondos de su
padre, situado a la izquierda en la fila de pie de la alineación retratada. Dada
la calidad de la foto, la conocíamos en pésimo estado, la hemos podido
restaurar otro poco y reproducimos también su reverso con las firmas y
dedicatorias de sus protagonistas.
Esta misma foto ilustra las páginas dedicadas a la Temporada 1931-1932
en CLUB PORTUGALETE. Historia de un Club Centenario, un período de gran
trascendencia y reorganización para el balompié en Portugalete, en la que se
nos recuerda que los inicios de la década de los treinta estuvieron marcados
por la coexistencia y posterior transición de las dos entidades futbolísticas
que habían polarizado la atención de los aficionados locales en los años
precedentes: el Club Deportivo Portugalete y el Portugalete F.C.
Tal y como recogieron las páginas del diario Excelsius el 31 de
agosto de 1931, en el marco de la Asamblea General de la Federación Vizcaína,
se produjo un hecho federativo singular. En el apartado de bajas
institucionales aparecía registrado el Club Deportivo Portugalete,
mientras que en la nómina de clubes federados activos se consolidaba el Portugalete
F.C., llamado a mantener la representación de la Villa en las competiciones
oficiales. Con el objeto de asentar las bases del club y garantizar su
viabilidad institucional y deportiva, el 8 de septiembre de 1931 se convocó una
Junta General Ordinaria en las escuelas del Campo de la Iglesia, un encuentro
clave para velar por los intereses y la categoría de la entidad.
En el plano estrictamente deportivo, el Portugalete quedó encuadrado en el
denominado Grupo Márgenes, una competición que le enfrentó a un elenco
de escuadras representativas del entorno vizcaíno: Unión Sport-Guecho, Guecho, Plencia,
Oriamendi y Lejona.
A través de las crónicas de la época,
especialmente las publicadas en septiembre y octubre de 1931, se ha podido
rescatar las alineaciones que defendieron los colores gualdinegros durante
aquella campaña, entre los que se recuerdan a Gutiérrez, Llanos, Olasagasti,
Garaizabal, Angulo, Arestizábal, Ramírez, Ruiz, Sánchez, Zunzunegui, Angoitia,
Velasco, Aroma, Rivero, Lizarraga, Isasmendi, Arrien, Cue, Escudero, Montejo,
Maxi, Espiña, Artajo, Careaga, Jandrín, y Esturo.
lunes, 15 de junio de 2026
CENTENARIO DE LA MUERTE DEL DR. AREILZA
Al cumplirse el centenario del
fallecimiento del doctor Enrique Areilza, el 14 de junio de 1926, recordamos la
profunda conmoción que su pérdida causó en toda la sociedad vizcaína y la
huella imborrable que dejó en Portugalete donde falleció en su residencia de El
Salto, actualmente desaparecida y situada junto al “hermano” palacete de El
Saltillo.
Cortejo multitudinario: Estas
históricas fotografías plasman, su salida de su residencia en Abaro, el paso de
la comitiva fúnebre por el Cristo, en un recorrido flanqueado por una ingente
multitud que quiso rendir su último tributo al ilustre médico y humanista hasta
su panteón en Pando
Acompañamiento simbólico: Junto
a las autoridades civiles y eclesiásticas, mineros de Triano llevaron su féretro
a hombros, que rodeaban niños del sanatorio de Gorliz y sus fieles Siervas de Jesús,
rodeados por vecinos de todas las condiciones sociales que guardan un
respetuoso silencio en las aceras.
Descanso en Pando: Los
restos mortales de don Enrique recibieron sepultura en el panteón familiar
ubicado en Pando
Un luto oficial y
popular que paralizó por completo la actividad de la Villa para despedir con
los máximos honores a una de sus figuras más preclaras y queridas y a quien
quisieron recordar dando su nombre al parque existente bajo su residencia del
El Salto.








