Mientras que la figura de Tomás José de Epalza y Zurbarán y de su esposa
Casilda Iturrizar es ampliamente recordada en la Villa por la construcción de
su palacio y capilla en el Muelle Nuevo, un nuevo estudio que nos envía Gabriel
Sáenz Franco —disponible en la Biblioteca Digital Portugaluja— nos aproxima a
la biografía de su primo segundo, Domingo de Epalza y Larraondo, quien también
tuvo una importante relación con Portugalete.
Ambos primos mantuvieron una estrecha alianza financiera siendo en 1857
cofundadores del Banco de Bilbao, siendo la familia con mayor peso accionarial
inicial, además de socios en la siderúrgica Santa Ana de Bolueta y en las
inversiones del ferrocarril de la Ría.
Domingo de Epalza en la Villa nacido en el valle de Orozko en 1813 y
formado en el Seminario de Bergara, fue parte activa en 1841 en la creación de
Santa Ana de Bolueta y posteriormente ejerció como vocal del Consejo de
Administración del Banco de Bilbao entre 1867 y 1879.
Cuando Tomás José de Epalza y Zurbarán
falleció en 1873, sus acciones y participaciones del Banco de Bilbao pasaron a
su primo Domingo de Epalza, mientras que el resto de sus propiedades y bienes
pasaron a su viuda, Doña Casilda Iturrizar.
Estableció su residencia en el Palacio familiar del Muelle Nuevo (con la
capilla dedicada a Santo Tomás de Villanueva), donde falleció el 17 de enero de
1888 a los 74 años.
Tras contraer matrimonio con María Encarnación Venancia de Palacio Muruaga,
el matrimonio asumió la tutela y acogida de los hermanos huérfanos Alberto y
Silvestre de Palacio y Elissague. Bajo el amparo familiar de los Epalza se
formó Alberto de Palacio, el arquitecto e ingeniero creador del Puente
Colgante.
Sus descendientes y sobrinos
enlazaron con prominentes sagas de la Villa, como la familia Carranza, mediante
el matrimonio de su sobrino político José María López de Lerena y de Epalza con
Concepción del Portillo y Carranza, nieta del que fuera alcalde de Portugalete
y presidente de la Diputación, Fernando Carranza Arroyo.
Los descendientes del matrimonio Epalza-Palacio mantuvieron una presencia
constante en la vida social y deportiva de la zona costera a lo largo de los
siglos XIX y XX, vinculándose con personalidades de la sociedad portugaluja.
La figura de Domingo de Epalza y Larraondo no solo encarna el prototipo de
patricio industrial del siglo XIX, sino que forma parte de la nómina de
ilustres personajes que eligieron nuestra Villa como lugar de arraigo y
descanso.