martes, 23 de junio de 2026

UN PASEO POR EL TIEMPO: LOS JARDINES DE LA TORRE SALAZAR

 



Observar nuestro entorno con mirada histórica siempre depara sorpresas. A menudo pasamos por lugares que creemos conocer a la perfección sin sospechar cuántas capas de historia albergan bajo su apariencia actual. Hoy proponemos un ejercicio visual de "Ayer y Hoy" centrado en uno de los rincones más emblemáticos de la Villa: los jardines de la Casa-Torre de Salazar.

Si comparamos las dos imágenes que encabezan esta entrada, el primer cambio que salta a la vista —más allá del color y la notable rehabilitación de las fachadas del fondo— se encuentra en el ángulo inferior izquierdo de los jardines.

En la actualidad los visitantes y jarrilleros disponen de un entorno apacible presidido por la estatua de bronce del cronista Lope García de Salazar, mirando hacia la torre de su linaje, donde nuestro amigo Mario del ESTATXA ha colocado unas mesas desde donde degustar un mojito o un refresco disfrutando del lugar. Sin embargo, si retrocedemos unas décadas en el tiempo descubriremos que el monumento que ocupaba ese mismo espacio era radicalmente distinto: un conjunto escultórico de piedra, de estética sobria, dedicado a los Caídos de la Guerra Civil.

La historia de aquel monumento a los caídos que se aprecia en la otra foto estuvo plagada de retrasos y un presupuesto disparado. El proyecto comenzó a finales de 1965 bajo la alcaldía de José Manuel Esparza, quien encargó al escultor Jesús Torre una obra estilizada para sustituir al deteriorado monolito anterior.

Aunque el precio inicial se fijó en 150.000 pesetas, la desidia del artista y las "dificultades de última hora" con las figuras civiles retrasaron la entrega más de siete años. El Ayuntamiento llegó a fijar multas de 500 pesetas diarias por las demoras e incluyó en el monolito una frase del testamento de José Antonio Primo de Rivera: “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles”.

Finalmente se inauguró el 14 de julio de 1973. La larga espera duplicó con creces el coste original de la obra, alcanzando un desembolso final de 375.000 pesetas para las arcas municipales.

Por otro lado, al mirar el edificio de la derecha también conviene hacer una puntualización histórica fundamental. Tras ser incendiada durante la revolución de octubre de 1934, la Casa-Torre Salazar quedó en ruinas, siendo reconstruida externamente en 1958 por el arquitecto Joaquín de Yrízar con un marcado aspecto de castillo medieval almenado, y finalmente en 2003 fue adquirido por el Ayuntamiento que lo transformó interiormente, abriendo sus puertas como el actual museo y durante un tiempo restaurante. 

La próxima vez que descanséis en los jardines junto a Lope García de Salazar, recordad que hace no tanto tiempo, se levantaba allí un monolito de piedra que costó siete años de disputas, anécdotas y un sinfín de pesetas de la época. ¡La historia de Portugalete siempre viva en sus calles!

La foto actual tambien nos muestra, tapando casi totalmente la torre de Salazar el retoño del arbol de Gernika, de casi dos decadas de vida, que en su día plantó el ELAI ALAI .

lunes, 22 de junio de 2026

DEL CHACOLÍ DE FÉLIX CHÁVARRI A LA SIDRERÍA DE ANTONIO ECHEBARRÍA


Con motivo de la publicación del nº 37 de Cuadernos Portugalujos, se nos ha preguntado por la sidrería de Echebarria y su situación. Aunque en este blog ya ho hemos recogido, volvemos sobre el tema reproduciendo las fotos inferiores (en la de la derecha un cliente se asoma por la puerta) y aprovechamos para reproducir el artículo de Pedro Heredia, referido al cuadro que encabeza esta entrada:

 Esta acuarela representa al Chacolí de D. Félix (como vulgarmente se le llamaba) transformado, más tarde, en la Sidrería de Antonio Echevarría, más conocido por "La Sidrería de Antonio".

Es una pintura de mi propiedad, debido a mi iniciativa dibujada por D. Jerónimo Bilbao y animada en su colorido y personajes por mi sobrino, Manuel Alonso Astarloa. No se trata de una obra de arte, pero sí un recuerdo emocionante de un Portugalete muy distinto ambientalmente al actual, y que, para quienes gozamos en su propia salsa, no volverá.

Fue el fundador y dueño de este Chacolí D. Félix Chávarri del Alisal, que nació, vivió y murió en esta Villa (1831-1905) y se casó con Dña. Angela de la Mier y Capetillo, hermana de Dña. Sotera de la Mier, esposa de D. José de Gorostiza. Las dos casas, la de D. Félix y la de Dña. Sotera, desaparecieron de la Villa. La primera para dar paso al Colegio que han ocupado las religiosas de la casa llamada de Chapa.

Casi todas las casas hacendadas de la Villa tenían sus bodegas. Así los Abarca, Balparda, Bañales, Butrón, Castet, Chávarri, Gorostiza, López, Olaso, Salazar, Sugasti, Valle, Vicuña, etc. las tenían, ya que fuera del casco urbano, Portugalete era un viñedo maravilloso.

Los Chávarri, en su magnífica bodega, sita en la travesía de la iglesia, beneficiaban la uva de sus ricos viñedos de Tocedo, barrio de Cabieces cercano a la antigua fábrica de pólvora. Pero... adiós ilusión. Las plagas acabaron con los viñedos y, por ende, con los clásicos “chacolines”.

La última viña que desapareció de Portugalete era de la propiedad de los hermanos Valle (D. Manuel y D. Darío), quienes habían hecho del chacolí un néctar exquisito para obsequiar a los amigos. Pero el chacolí portugalujo había desaparecido comercialmente hacía mucho tiempo, y, con su desaparición, las bodegas fueron destinadas a otros menesteres.

La de D. Félix se transformó en Sidrería, bajo la inspiración de Antonio Echevarría, un alavés de Gomecha, de profesión albañil, que alternaba el manejo de la paleta y la llana con la venta de la rica y refrescante “sagardúa” del caserío “Ibarguren”, que vendía a esta bodega la casi totalidad de su espléndida cosecha.

Los personajes que por la Sidrería desfilaban, eran, generalmente, gentes de mar: Capitanes, Pilotos, Maquinistas y sus futuros émulos los estudiantes de Náutica, que en la Villa los había muchos, así como gentes de otros estudios y profesiones. Entre todos destacaba la figura del capitán del “Igotz-Mendi”, D. Quintín de Uralde a quien había que oírle contar cómo vino a Portugalete y las hazañas del Crucero Auxiliar “Wolf” de la armada alemana, en la guerra del catorce, cuando navegaban junto a él, prisioneros, como pontón carbonero de aprovisionamiento…

 

domingo, 21 de junio de 2026

EL SANTO HOSPITAL DURANTE LA GUERRA CIVIL



 En la Memoria de este año del Hospital San Juan Bautista, cuya festividad se celebra hoy, hay un artículo sobre su historia que reproducimos:
En los libros, tanto de actas como de ingresos de residentes, de nuestra Institución, quedan algunas noticias que nos ilustran, aunque brevemente, algunos de los sucesos que se vivieron durante la última guerra civil.
Con el inicio de la sublevación, el 18 de julio de 1936, de parte del ejército contra el régimen democrático republicano, se formaron en toda la provincia Comités del Frente Popular, al margen de la corporación municipal, que en Portugalete estaba presidido por el socialista Víctor Vizuete.
Una de las primeras decisiones fue la detención de aquellos vecinos significativos que se consideraban adictos al levantamiento militar.
Como al parecer algunos se encontraban enfermos, en lugar de su traslado a la cárcel se les ingresó en el Hospital y así en la última semana de julio figuran tres, entre los que se encontraban Manuel Leza y Julián Bayo que permanecieron ingresados una semana.
Además la Junta de Caridad firmó un acuerdo con el Comité del Frente Popular, para que seis ayudantes de enfermería hicieran aquí prácticas.
A principios del mes de septiembre la guerra llega a Gipuzkoa, con lo que unos cien mil refugiados de dicha provincia vinieron a Bizkaia, de los cuales algo más de mil fueron acogidos en la Villa que entonces contaba con 10.950 habitantes.
Algunos lo fueron por familiares, amigos o correligionarios, y otros instalados a la fuerza en casa de familias pudientes, algunas de las cuales habían sido abandonadas al comenzar la guerra o por haber sido hechos prisioneros sus dueños. Muchos de ellos al encontrarse enfermos fueron ingresados en el Hospital y así en nuestros registros quedan sus ingresos y salidas durante los meses de setiembre, octubre y noviembre. Concretamente el primero que ingresó, el 7 de setiembre, llegaba herido y veinte días después falleció.
El 22 de junio de 1937, la Villa fue ocupada por las tropas franquistas comenzando una nueva etapa para nuestra Institución, ya que pronto se tuvo noticias de que el ejército necesitaba parte de sus instalaciones para su servicio.
En setiembre de 1938, de acuerdo con el Comandante Militar Médico de Bilbao, se trasladan a las asiladas y enfermas al pabellón de infecciosos, situado en la parte trasera y los varones a la casa del capellán.
Finalmente el 27 de noviembre se produce el acto oficial de la inauguración del nuevo Hospital Militar con una misa en la capilla con la asistencia del director del hospital Sr. Goiricelaya, acompañado del comandante del sector y otros militares, así como el ayuntamiento con su alcalde Valeriano Martín y autoridades judiciales.
Como vemos en la foto, asistieron en primera fila enfermeras de familias portugalujas.

El acta de la inauguración finaliza señalando, que “a su terminación llegó el General Gobernador de Vizcaya, Sr. Lafuente, y se procedió a la visita de las salas y siendo satisfactoria se dio apertura de un nuevo hogar de los caballeros combatientes”.

Publicado el 24 de junio 2015

sábado, 20 de junio de 2026

LOS PARTIDOS DE FUTBOL DE ALTOS CONTRA BAJOS






En los años 50 del siglo pasado eran corrientes en nuestros pueblos los partidos de fútbol, entre gordos y flacos o altos y bajos.
Hoy traemos un programa que figura en los archivos del Santo Hospital de San Juan Bautista y que dice:

Monumental festival Cómico-Deportivo y Folklorico
pro Hospital-Asilo de San Juan Bautista de Portugalete.
Domingo 25 de julio de 1954 (Festividad de Santiago)
A las seis de la tarde.


Emocionante partido de fútbol métrico en el que disputarán un precioso trofeo el futbol rasante y medido, contra el juego por alto y profundo de los pases kilométricos.

ALTOS contra BAJOS
(Chimeneas Fútbol Club)       (Rácing Club de Bajamar Sport)

El arbitraje correrá a cargo del Colegiado italiano Signore Medianini, ayudado por los jueces del mismo Colegio Sres. Altini y Bajini.
El partido será retransmitido en varios idiomas a la afición de los Países Bajos y montañas Tirolesas.
Asistirá al encuentro un equipo especial de NO-DO.

El saque de honor lo hará la bella y simpática Srta. Juana “la Bajita” de esta localidad.

En este festival tomarán parte colaborando desinteresadamente el GRUPO DINDIRRI.
 Bailes Vizcainos, Guipuzcoanos, Navarros, etc.

NOTA IMPORTANTE: El espectáculo será amenizado por las Bandas: Dulzaineros de Sestao, Banda de Gordos y Delgados, de Sestao, Banda de Cartón “El Resbalón”, Banda Municipal de Portugalete, Grupo Danok-Bat, Chistularis, Acordeonistas, etc etc.

Y una vez finalizada la fiesta se quemará una vistosa Traca Valenciana con suelta de un Toro de Fuego, Globos y Platillos volantes.

Hemos recogido como presentación con el programa, las fotos de los populares Goyo (Mister Medianini) y a nuestro querido amigo Fausti ya muy popular entonces y en cuya foto de 1948 se puede distinguir la pintada “patriótica” de aquellos años en la fachada de la casa superior.

Publicado el 4 de agosto 2016



viernes, 19 de junio de 2026

EL SALTILLO EN LAS MEMORIAS DEL EMÉRITO JUAN CARLOS I



 

En este blog dedicamos ya un espacio al Saltillo, ese emblemático velero íntimamente ligado a la historia de Portugalete, a la Escuela de Náutica y a la generosidad de su dueño Pedro Galíndez y Vallejo quien lo bautizó en 1934 precisamente en honor a su residencia "El Saltillo" que en 1950 donaría como casa de menores tutelados.

Javier García-Borreguero nos recordó ya en su día la histórica y secreta cita del 25 de agosto de 1948 a cinco millas de San Sebastián, donde el velero sirvió de escenario para el encuentro entre D. Juan de Borbón y el general Franco a bordo del Azor, decisivo para el futuro de España.

Sin embargo, la historia de este mítico barco de acero de 26 metros de eslora, construido en Ámsterdam en 1932, sigue ofreciéndonos nuevos e interesantes matices. Aitor González Gato nos añade una perspectiva muy especial: las vivencias a bordo descritas en primera persona por el rey emérito Juan Carlos I en su reciente biografía, titulada "Juan Carlos I. Reconciliación" (publicada en 2025).

Aitor nos llama la atención sobre tres citas textuales de esta biografía que demuestran el profundo significado emocional que el barco portugalujo tuvo para la familia real en el exilio.

En la página 69, evocando su infancia y la figura de su padre, Juan de Borbón, el rey emérito recuerda el origen de aquellos viajes de verano:

"Todos los veranos, Pedro Galíndez, un empresario vasco, le prestaba El Saltillo, un velero de acero de 26 metros de eslora construido en los años 30. Como mi padre no podía permitirse llevarnos a todos de viaje, nos metía en el barco y navegábamos por los mares".

Más adelante, en la página 127, Juan Carlos I detalla la que fue la primera gran travesía familiar en el período estival de 1950, convirtiendo al velero en un espacio de libertad frente al ostracismo político que sufrían por parte de la dictadura:

"En el verano de 1950 hicimos nuestra primera salida al mar con toda la familia. Para gran alegría de mi padre, el Saltillo se convirtió en su segundo hogar, a la vez un hogar de libertad y plenitud (…). Llevaba el timón y nosotros éramos sus grumetes, mientras mi madre se afanaba en la cocina (del barco) y conseguía preparar deliciosas comidas con ingredientes sencillos. En aquella ocasión fuimos hasta Marruecos. Navegamos durante casi dos meses. Más adelante también descubriríamos las costas de Argelia e Italia. Nos acercamos a España, situada en nuestra ruta; anclamos el barco en mar abierto cerca de Huelva, frente a Marruecos (…). Pronto llegó un oficial a decirnos que nos largáramos. El régimen no toleraba la presencia de mi padre, ni de lejos siquiera. A pesar de esta contrariedad, aquellos momentos con mi familia fueron maravillosos".

La última referencia biográfica nos traslada a mayo de 1962. Tras la boda de Juan Carlos y Sofía en Grecia, y justo un año antes de que los Borbón estrenaran el Giralda (1963), el viejo velero volvió a cruzar sus vidas en el viaje de regreso. Anota el emérito en la página 162: "...mi padre pasó a visitarnos en El Saltillo, de regreso a Portugal", donde este tenía fijada su residencia en Estoril.

Aitor González Gato cierra su aportación recordándonos los difíciles años finales de la embarcación antes de su renacer. Cuando Juan de Borbón empezó a utilizar el Giralda, "Peru" Galíndez donó en 1968 El Saltillo a la entonces Escuela de Náutica de Portugalete para las prácticas de sus alumnos. Tras una época de declive en los años 80 en la que llegó a peligrar su existencia y rozar el desguace, la movilización de la Asociación Amigos del Saltillo (1987) y una minuciosa restauración sufragada por el Gobierno Vasco permitieron su nuevo botado en 1998.

Hoy, bajo la gestión de la Escuela de Ingeniería de Bilbao (EHU) y fondeado frente a la Punta del Muelle de Hierro, el Saltillo sigue vivo cumpliendo su doble función como buque-escuela y embajador institucional, portando en sus maderas el eco del orgullo náutico de Portugalete.

Ilustramos esta entrada con la imagen del velero y la foto de Guyma con la presencia del entonces príncipe Juan Carlos como guardiamarina cuando en el muelle Viejo fondearon los tres minadores de la armada española.

jueves, 18 de junio de 2026

PORTUGALUJAS OLVIDADAS: EMILIA RODAS ARANA

 

 

Tras publicar días pasados el centenario de la muerte del doctor Areilza, hemos recordado el dicho de que "al lado de un gran hombre siempre hay una gran mujer" y hemos pensado en dedicarle esta entrada a ella, Emilia Rodas Arana.

1. Orígenes familiares y herencia.

Emilia Rodas, nacida circunstancialmente en Malaga, en diciembre de 1887, era la hija única de Francisco Martínez Rodas un militar de ideas liberales que llegó a la Villa durante la Segunda Guerra Carlista que posteriormente fue un prolífico empresario naval y minero, casado con la portugaluja Eloísa Arana Mendiolea, una mujer rubia, de ojos azules y fuerte personalidad, hija de un empresario minero.

A su padre le fue otorgado el título de Conde de Rodas por la reina regente María Cristina en 1901, que luego heredaría ella.

2. Descripción física y personalidad.

Físico distinguido: De "simpatía arrolladora", talle arrogante y espigado, piel clara y sonrosada, grandes ojos azules y un característico pelo rubio que peinaba hacia arriba terminando en un moño erguido, mantuvo siempre con los años, una "sencilla y serena elegancia".

Carácter y educación: Era una mujer culta, con un fino sentido del humor e ironía que mantuvo hasta la vejez, y administradora excelente de la economía familiar, sin admitir fantasías en los negocios.

Intelecto y mentalidad abierta: Aunque era de asidua práctica religiosa, carecía por completo de intransigencia. Fomentó activamente la libertad intelectual de su hijo, José María Areilza, permitiéndole el acceso a libros prohibidos por el índice de Roma de la época, gracias a lo cual él pudo leer a filósofos como Schopenhauer, Nietzsche y Unamuno. Dominaba el francés a la perfección.

3. Matrimonio con el Doctor Enrique de Areilza.

El origen del romance: La madre de Emilia, Eloísa, padecía una afección pulmonar y solicitó los servicios del reputado doctor. Aunque él tenía fama de ser un "impenitente solterón" de 45 años, la convivencia e intimidad surgidas durante la enfermedad de la madre propiciaron el acercamiento. La voz popular murmuraba que fue la propia Emilia quien le propuso matrimonio.

La boda (1905): Contrajeron matrimonio el 1 de mayo de 1905. Debido a la gravedad de la enfermedad de la madre, la ceremonia se celebró en la más estricta intimidad en el oratorio del palacete de El Salto. El enlace causó un enorme estupor e incredulidad en las tertulias bilbaínas de la época, despertando bromas de sus amigos íntimos de Areilza (incluido Miguel de Unamuno) debido a la conocida soltería y carácter independiente del médico.

Impacto en el hogar: Emilia trajo orden, equilibrio y estabilidad a la vida del doctor, un hombre acostumbrado al desorden y la soledad. Supo encauzar su vida privada respetando su profesión.

Residencia familiar: En 1909, tras fallecer su madre, se instalaron definitivamente en el citado palacete de "El Salto", edificado sobre los acantilados por Martínez Rodas en 1890, inspirado en las playas de Ostende, y que lucía en el tejado un blasón con una "R coronada" en honor a su título.

4. Su etapa de viudedad y apoyo a su hijo José María.

Viajes por el mundo: Al quedarse viuda, Emilia instó a su hijo José María (quien entonces tenía unos 15 años) a salir de las fronteras locales: "No seas localista ni hagas caso de los que viven pensando en que lo nuestro es siempre, lo mejor'". Juntos emprendieron ambiciosos viajes culturales por Europa y Oriente, recorriendo Escandinavia, Alemania, Leningrado, Moscú, Constantinopla, Tierra Santa, Egipto, Malta, Argel, Orán, Londres, París y Roma, siempre impulsándolo a visitar teatros y museos.

Impulsora de la carrera política de su hijo: Fue ella quien alentó decisivamente a su hijo a trasladarse a Madrid para forjar su trayectoria pública: "Si quieres hacer carrera política tendrás que vivir en Madrid", le dijo.

Inversión inmobiliaria: Mostrando su gran visión e intuición para las inversiones urbanísticas, adquirió una finca en liquidación testamentaria en la Castellana (Madrid) que había pertenecido a los Martínez Rivas y Cristino Martos. Allí reformó la propiedad y le ofreció dos pisos a su hijo y a su nuera, Mercedes de Churruca y Zubiría, con quienes mantuvo siempre una relación discreta, afectuosa y de apoyo generoso.

5. Fallecimiento y traslados de sus restos.

Muerte y sepelio original: Falleció en Madrid en 1965 conservando su lucidez hasta el último momento. Inicialmente, fue enterrada en el panteón familiar del cementerio de Portugalete levantado en 1880 por el célebre arquitecto Severino de Achúcarro para la familia Arana, donde también yacían sus padres y su esposo, el Dr. Areilza.

Traslado definitivo a Motrico: Años más tarde, debido a una reforma y plan urbanístico del municipio de Portugalete su hijo José María tuvo que exhumar los restos de sus padres. En un melancólico y frío día de invierno bajo un temporal de nieve, las cenizas reducidas de Emilia Rodas y del Doctor Areilza fueron trasladadas en minúsculos ataúdes metálicos al camposanto de Motrico (Gipuzkoa), donde reposan definitivamente.

miércoles, 17 de junio de 2026

EL VIÑEDO OLVIDADO DE LA CALLE MUGAKOA: HISTORIA Y RAÍCES DE NUESTRO TXAKOLI

Saber de dónde venimos nos lleva a valorar aún más cada trago y cada proyecto actual, comentaba con motivo de la inauguración de la quinta edición del festival Bizkaiko Txakolina Fest, la asociación Portugaleteko Mahastizainak Txakolinaren Elkartea, que publicó un artículo de su miembro y viticultor José Luis Garaizabal titulado "NUESTRO TXAKOLIN- SUSTRAIAK: DESDE LA PEÑOTA A LA FIESTA DEL TXAKOLIN". En él, ilustrado con una fotografía del libro “Hospital de San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los ‘vizcainos dolientes’” (2024), se rescataba un documento de marzo de 1913 que respondía con rotundidad a una pregunta: ¿Sabías que los terrenos que actualmente forman la calle Mugakoa (junto a la clínica San Juan de Dios) eran abundantes viñedos?

Pasado aquel evento, José Luis ha seguido tirando del hilo de la historia. Hoy nos informa de la ampliación de su investigación, que arroja luz sobre los antiguos productores locales y el paisaje que un día vistió de verde las fronteras entre Portugalete y Santurtzi.

Durante el estudio de los terrenos limítrofes con la actual clínica de San Juan de Dios, Garaizabal dio con el citado documento fechado el 19 de marzo de 1913. Se trata de la descripción detallada que hizo su antiguo propietario, Juan Echavarria Menchaca, tras vender los terrenos a la Fundación Benéfica Aguirre (entidad que levantaría el centro hospitalario inaugurado en 1924).

Juan falleció apenas unos meses después, en diciembre de 1913, habiendo disfrutado los últimos nueve meses de su querida finca gracias a una cláusula de usufructo vitalicio concedida por Pedro Icaza. Aunque no lo tiene confirmado al cien por cien, los indicios apuntan a que Juan Echevarria Menchaca era familia de otra gran productora de txakoli portugalujo de la época: Laureana Menchaca, madre de María Uriarte.

En la citada fotografía que la fecha en los años 50, podemos apreciar en primer plano un caserío, que piensa que se trataba de la “casita del hortelano”, rodeado de una frondosa parra sobre armazón de madera. Este caserío y las huertas colindantes pertenecían a la finca Miraflores de John Bailey Davies que luego pasó a los Monleón-Vicuña rebautizada como Mugakoa. La casa grande de la izquierda, que en un principio pensaba fuera la casa principal de Juan Echevarria, era en realidad el lazareto que fue construido por la fundación sobre su antiguo viñedo, en el que se aislaba a los enfermos infecciosos de la clínica.

Dichos terrenos son los que hoy conforman la calle Mugakoa.

La casa principal mencionada, que no aparece en la foto pues se hallaba separada del resto de la finca ya que estaba situada junto a la carretera de Portugalete a Santurce, contaba con tres bodegas y un lagar para hacer vino.

Para ayudar a su identificación, recurre a un fragmento de una segunda fotografía de los años inmediatamente anteriores a levantarse el centro, con la casa de Echevarria, con su tejado de tejas vidriadas de tono oscuro (tras los árboles) situada entre la casa de María Uriarte (izquierda) que hoy sigue en pie dentro de la clínica y el chalet Miraflores (luego Mugakoa), todas ellas frente al actual palacio Oriol.

Los datos técnicos extraídos de este documento son importantes para la historia de la viticultura local. La propiedad total medía unos 88.000 pies (8.175,5 m2), distribuidos de la siguiente manera:

El viñedo: Ocupaba unos 26.000 pies (aprox. 2.415 m2) y estaba dispuesto en un moderno sistema de espaldera con estacas de castaño y tiros de alambre.

Los parrales: Contaba con tres parrales. Uno de 60 metros con armazón de hierro y bases de piedra en los puyares (¿poyales=basas de los postes?) y otros dos de 90 y 38 metros con armazón de madera de roble, tiros de alambre y base de piedra en los puyares.

Autosuficiencia y recursos: Para las ataduras, disponían en la finca de infinidad de mimbreras, “que es difícil obtener aquí en su tiempo”. Igualmente, contaba con un cañaveral junto al arroyo y un pozo manantial “hecho a barreno y forrado de ladrillo”.

Arboleda: La finca se completaba con algo más de 200 árboles de doce años de antigüedad, sin contar las parras.

Este paisaje industrial y residencial que hoy conocemos fue durante siglos tierra de vino. Ya en 1764, el pintor Ramón de Villalón plasmó en uno de sus lienzos la zona a orillas del arroyo Peñota —el cual discurría por el centro de la finca descrita—. Aquella pintura ya mostraba las laderas plagadas de viñedos en espaldera.

La pasión por las viñas y el txakoli en Portugalete no es una moda reciente; es una herencia enterrada bajo el asfalto de calles como Mugakoa. Investigaciones como la de José Luis Garaizabal nos demuestran que, cada vez que brindamos con vino local, estamos dando continuidad a una historia centenaria.