lunes, 13 de julio de 2026

CABALGATA DE REYES EN LOS AÑOS 50 DEL SIGLO XX

  

Leyendo la memoria del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los «vizcaínos dolientes, encontramos estas fotos que alguna vez ya hemos utilizado.

Según leemos fue en los años 50 del siglo pasado, cuando decidieron recurrir a cuestaciones para sufragar los gastos de funcionamiento del Hogar-Clínica.

La postulación se inició en Bizkaia en 1950. Se encomendó al hermano Pablo de la Cruz y se echó mano de todos los medios de propaganda existentes: prensa, radio, concursos, charlas, festejos, maquetas, pies de yeso pintados en purpurina, demostrando los éxitos operatorios, fotografías de la Casa, impresos… Se abrieron varias suscripciones de bienhechores y el número de hermanos limosneros llegó a ser de cinco.

En Navidad, se hizo muy popular el monumental Nacimiento abierto al público, que fue repetidamente galardonado y visitado de manera ininterrumpida, con largas colas en los días festivos.

También fue muy celebrada la cabalgata de Reyes, organizada por fray Pablo de la Cruz con la colaboración del colegio de Santa María de Portugalete a la que corresponde estas fotografías a su llegada por el muelle Nuevo.

domingo, 12 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (2)  








Estas dos escaleras que hemos visto en la entrada anterior estaban destinadas a cada sexo y un guardia municipal, que no conocí, al que apodaban “Tin-tán” controlaba desde el muelle con su traje blanco y casco del mismo color que nadie pasase de una zona a la otra. Su silbo sonaba con cada infracción.

Conocemos la existencia de tres bandos de diferentes alcaldes (1935, 1936 y 1941) en los que se muestra la moral de la época:“no se consentirá en modo alguno que se utilice para bañarse el Muelle de Hierro, en ninguno de sus dos paseos (arriba y abajo), ni permanecer ni transitar por ellos vestido con traje de baño”, “ni el uso de prendas de baño que no cubran el cuerpo de forma decorosa, ni llevarlos recogidos a la cintura, a pretexto de baños de sol, por medida no solo de moral sino de buen gusto”, incurriendo en delito de “gamberrismo”. (E. Retuerto-1935). “No se consentirá a nadie que se bañe desde el Muelle o sus escalas. Se habilitará para el baño la playa, el dique y el último espigón del Muelle de Hierro”, “los mayores de 12 años, en la playa, deberán usar, para vestirse o desnudarse, las casetas de baño, a no ser que vayan vestidos desde sus domicilios y cubiertos de un albornoz”. (C. Busteros - 1936). Valeriano Martín recordaba en 1941 las citadas prohibiciones y recomendaciones. Lo más gordo era que incurrirían en “gamberrismo”, quienes “circulen por los paseos públicos sin chaqueta o vestidos de forma inadecuada para la población”.

Los portugalujos fueron poco a poco sorteando estas prohibiciones o las autoridades fueron relajando su puritanismo.

En las fotografías superiores, en los años 40, de Mertxe Adán la vemos sobre las rocas junto a sus amigas de cuadrilla: Josefina Olano, Cipri Solaetxe (mostrando la pantorrilla), Amali R. Madariaga, Ortiz, Emili ... Como dato curioso, me apunta Mertxe, que en fiestas se solían bañar por la noche, previa inspección de que no hubiese parejas “amorosas” en el paseo inferior, en las cercanías de la escalera. Luego era ella el volver con el “trajebaño” mojado.

El bote de la imagen era portugalujo, pero no recuerda la propietaria.

Cómo las “escaleras de las chicas” no tenían “solárium”, salvo las rocas y la pasarela, éstas se desplazaban también hasta el faro para poner las toallas en los adoquines del paseo, bajando a bañarse a la planchada que rodeaba el morro, fundamentalmente en la parte que daba a Santurtzi.  

La creciente contaminación de la Ría nos fue expulsando de estos lugares de baño, en los que habíamos aprendido a nadar, fundamentalmente del “dique”, ya que entre la sangre y tripas del matadero, el petróleo de los desguaces de la Benedicta, el lavado de mineral y la contaminación industrial y humana, el baño allí se había convertido en una tortura, pero principalmente nos desplazamos al ir en cuadrilla muchos de los miembros del Elai Alai.

Pero bueno, el paso a la Punta era como un rito de mayoría de edad. Si te bañabas allí… ya eras un hombre.

Seguiremos mañana recordando estas “batallitas”…



José Luis Garaizabal

sábado, 11 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (3)






Seguimos hoy recordando los baños de la Punta en las escaleras de los chicos y de las chicas, que recogemos en estas fotos. La de los hombres de 950, y de unos años antes las de mujeres, con
Mertxe Adán a la derecha sobre las rocas con un traje de baño blanco hecho de un vestido que se le inflaba en el agua según nos confiesa. 

Aquellos baños veraniegos, separados por sexos, dejaban bien a las claras lo brutos que éramos siempre que acudíamos en busca de las chicas para “dejarnos ver”.

Recordando con Juanjo del Horno “Trole”, Josetxu Fdez. Larrondo, Paco Martín, Javitxa Martínez, Josemi Palacios, Javi López Isla y otros bañistas de distintas épocas, todos coincidimos en la relación amistosa y la protección, que a pesar de la distancia (110 m), les proporcionábamos. ¡Hay amores que matan!

De vez en cuando, los chicos hacíamos un “safari acuático” en fila india desde nuestras escaleras hasta las de las chicas, la mayoría de las veces con el “trajebaño” tipo Meyba en la cabeza. Ya no estaba “Tin-tán” con su silbo. Al son de ¡Obenuno!, íbamos nadando y una vez allí, o bien las invitábamos a bañarse con un “de aquí para abajo, todas al agua” o las salpicábamos con técnica depurada. ¡Vaya forma de ligar!

Según otro informante, había otra excursión en forma de “entierro”. Primero iban los monaguillos, luego el cadáver, flotando haciendo el muerto entre cuatro porteadores y luego toda la gente llorando pero al “motrollón”. Si venía el “chiva” a la escalera y preguntaba de quién era determinada ropa, para coger al culpable, entonces cualquiera de los que no había ido al “entierro” decía que era suya. Mientras tanto la procesión, ya disuelta, nadaba hasta la rampa de Santurtzi, donde se esperaba pacientemente a que pasara la tormenta para regresar en pequeños grupos.

Otro de los numeritos era hacer en pelotas “la pluma y el tintero”. Os podéis imaginar  que era la pluma y que el tintero. Cuando las chavalas se iban al morro, los “safaris” tenían el recorrido más largo, pero merecía la pena.

Pero, en las escaleras de los chicos la cosa ya era otro cantar. “Trole” ejercía de capo y junto a otros veteranos (“Tinín”, los Madariaga, Cobos…) que habían sufrido en su día con los de la generación anterior, nos hacían mil perrerías. La más famosa era “el paseíllo”, que consistía en coger entre cuatro por las muñecas y tobillos a la víctima elegida y desde las escaleras lanzarle al agua con el consiguiente espaldarazo o tripada. A veces, un empujón a los abusones les hacía caer junto a su víctima. A los de Sestao se les distinguía enseguida por su extraña forma de nadar de costado “a lo chica” y solían ser los “elegidos”. Qué decir de los “txunbos” que los finolis llamaban aguadillas o las guerras con fango desde el agua. Aquel fango debía tener propiedades dermatológicas, porque de vez en cuando nos embadurnábamos el cuerpo con él y colgándonos del suelo de los pasos “hacíamos el higo”, descolgándonos por el cansancio al grito de ¡estooooymaduuuuuuro!. Desde ese mismo lugar, nos lanzábamos al agua realizando numeritos, como “la carpa”. ¡Y no nos ha pasado nada!. Las chicas desde sus escaleras presenciaban de reojo los saltos y gansadas.

Otra costumbre que tuvo arraigo en diferentes épocas, fue el ir con unas monedas en el bolsillo oculto que tenían los Meybas, hasta Santurtzi (400 m) o hasta la playa de Las Arenas (700 m), para una vez allí, tomarnos un blanquito reparador. Alguno tenía allí la novia y animaba a realizar la travesía. Previamente habíamos calculado la corriente y el punto desde el que salir para poder doblar sin problemas la Mojijonera.

Me han contado, como una vez en Las Arenas, una cuadrilla se vio sorprendida por una galerna y debieron volver andando hasta el Puente y pasar la Ría. Cómo el espectáculo llamaba la atención, a uno de ellos se le ocurrió decir en voz alta: ¡Ya os decía yo que dejar la ropa al cuidado de aquella vieja no me parecía seguro y mira como hemos acabado! .La cosa acabó con una caminata desde el Puente hasta la Punta y además con galerna.

Las escaleras y las rocas estaban plagadas de zapateros, escaramujos, mojijones y ostrones, y con uno de ellos me corté el pie días antes de tener que bailar en Vitoria (1966). Tuve que ir a la pata coja y sangrando, hasta el consultorio de Felipe Llorca, encima del Metro, para que me hiciera un zurcido en frío. ¡Qué daño!.

De vez en cuando, los invadidos éramos los chicos, pero por las chavalas de Santurtzi que solían venir en bote desde su puerto. La mayoría de las veces (seguro que les gustaba) balanceábamos el bote entre sus gritos de pánico. ¡Nunca les pasó nada!.

Entre los habituales había muy buenos nadadores que formaban parte o pasaron a engrosar las filas de la Deportiva Náutica de Portugalete. La piscina municipal que se había abierto en 1959, con agua salada de la ría, fue restando efectivos poco a poco a las cuadrillas de la Punta y al final fuimos pasando por el aro. “Trole” seguía haciendo de las suyas desde el trampolín, admirando a propios y extraños con su famoso y temerario “avión”.

Cuando el tiempo no invitaba al baño, el recurso para pasarlo bien era coger los kiskillerosque había en casi todas las casas y una vez pasados por el mercado a por carnada, dedicábamos la mañana o la tarde, según la marea, a karramarros o kiskillas, sin olvidar a los “velludos” (eskarrak) de los que se contaban historias truculentas, como la de aquel al que un velludo le había cortado el dedo de un mordisco. Había que pescarlas en la plataforma del morro en los agujeros que tenían los bloques, con una varilla con un gancho en la punta. ¡Cómo costaba sacarlas!.

Bueno, estas son algunas batallitas que os mencionaba. ¡Espero que os hayan traído buenos recuerdos  y lo hayáis disfrutado!.

JOSE LUIS GARAIZABAL




viernes, 10 de julio de 2026

LA VILLA HACE MAS DE UN SIGLO

  


Hoy recogemos esta foto que ha ofrecido Luis Casas en su facebook Sestao en el recuerdo y que nos ha resultado de interés.

Desaparecido el primer pequeño puerto del muelle Viejo para relleno del ferrocarril, la foto nos sitúa ya en las primeras décadas del siglo XX, con el segundo puerto que tuvo la Villa y con la estación.

Lo que mas nos llama la atención son las dos pasarelas para acceder al barco fondeado junto a una gabarra frente a un enorme pabellón junto al que disponía la estación.

En Las Arenas distinguirán otros detalles que pueden ayudar a fechar la foto y nosotros solo dejaremos constancia de la existencia de la grúa Titan en el contramuelle de Algorta.

jueves, 9 de julio de 2026

EL CONCIERTO DE 1898 DE LA ESTUDIANTINA GIJONESA EN LA SOCIEDAD "LA UNIÓN"

  


El 1898 fue un año de crisis y cambios, pero en Portugalete la cultura brillaba con luz propia. Un recorte de periódico de la época que nos facilita Karla Llanos nos revela el programa de un concierto en la Sociedad La Unión que tenía su sede en el Hotel, que resume el alma de la Villa: ¿Qué tiene en común el himno “Gernikako arbola”, símbolo de las libertades vascas, con una pieza del gran compositor alemán Wagner? La respuesta es el entusiasmo de una audiencia que, a finales del siglo XIX, hizo de la música culta y patriótica el centro de su vida social.

La Unión era una de las entidades más importantes en el tejido social y cultural dentro del concepto de sociedades de recreo, casino o ateneo típicas de la época. Eran lugares de reunión y esparcimiento para la burguesía y clases medias, donde se organizaban bailes, tertulias, juegos, conciertos, actos culturales y hasta regatas. Y es muy probable que estuviera relacionada con otras iniciativas culturales de la época, como el ORFEON UNION CULTURAL, fundado en 1896.

La estudiantina (o tuna) era un grupo musical muy popular entonces compuesto principalmente por instrumentos de cuerda pulsada (bandurrias, laúdes, guitarras) y percusión (panderetas).

El programa del concierto se inicia con el "inmortal himno de Iparraguirre Gernikako arbola", un símbolo del fuerismo y de las libertades vascas, que demuestra un fuerte sentimiento identitario y local en el público y en la propia sociedad.

El programa mezcló géneros, demostrando una audiencia cultivada: Opera (piezas de La Africana (de Meyerbeer) y el sexteto de Tanhäuser (de Wagner), música vasca (El cuarteto de Arriaga) y el toque regional, la "Gallegada", con el potpourri final de Gijón á Bilbao.

El entusiasmo del público, caballeros, señoras y señoritas, vitoreando á la estudiantina nos pinta un cuadro de la sociedad portugaluja de la época, muy participativa y entusiasta con sus eventos culturales.

 

miércoles, 8 de julio de 2026

EL RECUERDO DE JESÚS SAITUA Y SUS FOTOS PENDIENTES (2)

 




Seguimos con las fotos que tenemos pendientes de las que nos cedió Jesus Saitua, de su álbum particular.

Han pasado seis años desde que publicamos dos de las fotos que nos cedió referentes a los comienzos de la Diana portugaluja en 1970, en la que participaba. Las tres de hoy se refieren también a la vida festiva empezando por una de los Sanroques de 1955 y la tercera de 1982, delante de la ultima ermita que el Santo tuvo en el Ojillo.

Mucha gente conocida, algunos también desaparecidos a los que dedicamos también este recuerdo.

martes, 7 de julio de 2026

LA GUERRA CARLISTA EN PORTUGALETE VISTA A TRAVÉS DE LA PRENSA. 1873-1874

 




Este nuevo trabajo de Aurelio Gutiérrez, reconstruye el Sitio carlista mediante crónicas publicadas en tiempo real en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Un enfoque cronológico que dota a la narración de una inmediatez y crudeza extraordinarias, permitiendo asomarse a los matices, contradicciones y pasiones políticas de la época.

La Villa estratégica: De destino turístico a bastión de guerra.

Portugalete, junto con Santurce y Getxo, se perfilaba en la primavera de 1873 como uno de los destinos veraniegos más prometedores de la costa cantábrica. Sin embargo, la crudeza del conflicto civil truncó este horizonte de prosperidad. Dada su posición la villa representaba la auténtica "llave de la ría" y el único puerto guarnecido de Bizkaia con comunicación directa a Bilbao. Esta relevancia estratégica la convirtió en un objetivo prioritario para los carlistas.

El primer gran punto de inflexión ocurre el 1 de agosto de 1873. Las fuerzas carlistas de Andéchaga, estimadas en más de un millar de hombres, lanzaron un ataque sobre las posiciones de Portugalete, defendidas por apenas 200 voluntarios del Batallón Franco de Nouvilas. Las crónicas reviven con detalle la audacia del bando liberal. El auxilio de la goleta Buenaventura y la columna de refuerzo del general Lagunero lograron dispersar temporalmente al enemigo hacia Sestao y Galindo.

El infierno del Sitio y la resistencia naval.

Hacia el invierno de 1873, los carlistas consiguieron emplazar artillería pesada en los altos de San Roque y Campanzar, dominando el casco urbano. Cartas de vecinos describen la angustia diaria: tejas destrozadas, fachadas acribilladas y la imposibilidad de acudir al templo de Santa Clara sin correr el riesgo de ser alcanzado por el fuego cruzado. La defensa descansó sobre los hombros del Batallón Cazadores de Segorbe, al mando del teniente coronel Quijada, y el auxilio de la Marina de Guerra. Los buques Buenaventura, Gaditano y Ferrolano sostuvieron duelos artilleros contra las baterías de tierra.

En noviembre de 1873 los liberales nos sorprenden con el uso pionero de luz eléctrica para frustrar trabajos nocturnos carlistas en Campanzar.

La trágica Capitulación del 22 de enero de 1874.

A mediados de enero de 1874, con la ría interceptada por cables y cadenas carlistas y ante la retirada forzosa de los barcos de guerra debido a graves averías y temporales, Portugalete quedó completamente abandonada a su suerte. Tras recibir más de 1.800 disparos de cañón y bombas, el muelle Nuevo fue reducido a cenizas.

El 21 de enero de 1874, presionado por la población civil refugiada en sótanos, el coronel Quijada firma la capitulación ante el general carlista Dorregaray. El Batallón Segorbe se entregó con honores, marchando hacia Durango bajo la promesa de canje.

La Villa quedó convertida en un "montón de humeantes ruinas", cerrando uno de los episodios más heroicos y dolorosos de su historia decimonónica.

Esta exhaustiva recopilación de prensa pone de manifiesto el valor de la inmediatez informativa para comprender la magnitud del Sitio.

El trabajo completo de Aurelio Guierrez se puede descargar en la Bibliotecadigital portugaluja.