Hace 150 años, en 1876, el edificio del actual Puente Colgante Boutique Hotel fue visitado por el joven monarca Alfonso XII, que venía a contemplar los destrozos sufridos por la villa durante el asedio carlista, deteniéndose ante él que había sido pasto de las llamas por los bombardeos. Lógicamente su restaurante no estaba en funcionamiento por lo que la comida le fue servida en la residencia de la viuda de Epalza, doña Casilda Iturrizar, en el Muelle Nuevo.
La siguiente visita regia, sería la de su hijo
Alfonso XIII, que en los veranos de las primeras décadas del siglo XX acudía a
la Villa a participar en las regatas que organizaba el Real Sporting Club, del
que era presidente honorario, y donde muchos de sus balandristas participantes,
se hospedaban siendo habituales en su terraza que da al muelle que además era el
mejor sitio para presenciar las regatas que trascurrían bajo el Puente
Colgante.
Precisamente en 1922 tras pasar en coche el Puente
lo encontramos en la terraza del Hotel, ovacionado por los vítores de la
muchedumbre, mientras hacía caricias al príncipe Otto y a sus hermanos, hijos
de la emperatriz austriaca Zita, que estaban hospedados en el Hotel con la
Archiduquesa María Teresa.
La familia imperial austriaca se hospedó aquí
durante una temporada, hasta que se habilitó el palacio de Lekeitio, coincidiendo
con las fiestas de agosto, siendo el día de la Patrona despertada por la diana
a cargo de la Banda municipal y tamborileros, asistió al concierto de la Plaza que
le dedicó el Maestro Amenábar y le sirvieron la comida en el restaurante del
Hotel, que según las crónicas de la época gozaba “de gran prestigio culinario”,
utilizando sus los salones para recibir y ser cumplimentada por autoridades y
personajes importantes, así como damas de la aristocracia con las que tenía
amistad.









