domingo, 8 de marzo de 2026

165 AÑOS DEL PRIMER CALLEJERO DE PORTUGALETE: UN MAPA DE AUSENCIAS Y DECISIONES POLÍTICAS

 


En una entrada anterior analizamos La mujer en la historia de Portugalete, y días pasados, igualmente con motivo del Día de la Mujer, dejamos constancia de cómo nuestro mapa las ignora en su historia, por lo que hoy quiero profundizar en la evolución de la rotulación de nuestras calles. El urbanismo no es azar; es el heredero de un pasado socioeconómico y cultural que ha decidido, nombre a nombre, qué debemos recordar y qué estamos obligados a olvidar.

En sus primeros siglos en la Villa encontramos cuatro calles, Barrera, Coscojales, Santa María y del Medio y con el tiempo, se sumaron los cantones y zonas como El Solar o El Cristo. Sin embargo, no fue hasta 1861 cuando nació el primer callejero oficial.

Aquel registro inaugural ya marcaba una tendencia con la exaltación militar del General Castaños, bajo la premisa de perpetuar "hechos históricos" o "hijos distinguidos". Tras esta primera designación, hubo que esperar casi dos décadas para que, en 1878, apareciera María Díaz de Haro, nuestra fundadora.

La llegada del siglo XX convirtió nuestras placas en un tablero de ajedrez político:

La transformación burguesa: La calle del Medio pasó a ser Víctor Chávarri, la de la Barrera, que se había ampliado formando la calle Nueva, Casilda Iturrizar o el Muelle Viejo, Manuel Calvo.

La inestabilidad: Durante la República y la posterior Guerra Civil, los cambios fueron constantes. Cada corporación borraba el rastro del anterior para imponer sus propios referentes ideológicos y religiosos.

El "boom" tras los 50: Con el crecimiento de la Villa, la elección de nombres quedó en manos de la discrecionalidad de alcaldes y comisiones. Se recurrió a nombres de la Monografía de Ciriquiain (marinos, militares…) y se importaron figuras nacionales como Pizarro, Cortés, Colón, los Reyes Católicos, Cervantes, Lope de Vega o Goya y lugares que recuerdan gestas nacionales como Bailen o Lepanto.

Todo ellos junto a una fuerte carga de santoral afín al régimen, pues si teníamos al Santo Patrono San Roque (ya en 1609 encontramos el nombre en su lugar actual) o el San Nicolas de los mareantes, se añaden Santiago, San Pedro, San José, San Ignacio o San Valentin.

Incluso hubo espacio para el clientelismo: el alcalde Esparza llegó a dedicar calles a amigos vivos, como el empresario Luis Galdós, procurador en Cortes como él, o al párroco Chopitea (que moriría todavía dos décadas después) a quien le concedió además la medalla de plata de la Villa.

Con la llegada de la democracia, en 1979, se intentó profesionalizar la gestión con una comisión municipal para evitar el partidismo y recuperar nombres primitivos. Aun así, la historia de nuestras calles guarda curiosidades irónicas, como la inclusión en 1997 creyendo que era portugalujo, de Esteban Hernandorena, por su apoyo a la causa judía que le habían dado también una calle en Haifa (Israel), o a Juan de la Cosa, el cartógrafo que podía ser vizcaíno de Portugalete, aunque luego se demostrara que era de Santoña.

Tras este 8 de marzo, lanzo un reto directo: la presencia femenina en nuestro consistorio es hoy una realidad. Es el momento de que, por encima de siglas y comisiones, consigan un acuerdo entre ellas para dar un golpe de autoridad en el callejero.
     Necesitamos nombres de mujeres portugalujas que nos devuelvan nuestra historia completa, y si para ello hay que sustituir nombres actuales, que así sea.

Sin embargo, reconozco mi escepticismo. La resistencia al cambio es enorme. Tenemos el ejemplo del catálogo del Gobierno Vasco sobre símbolos de la Guerra Civil y la Dictadura: en Portugalete, nombres como Carlos VII, La Paz o Vázquez de Mella siguen en sus puestos, ignorando las recomendaciones de memoria histórica.

Para profundizar en quiénes son los que nos vigilan desde las esquinas de la Villa, os recomiendo dos lecturas imprescindibles: el Diccionario Histórico de las calles de Portugalete y el Diccionario Biográfico Portugalujo.

 

 


LAS PORTUGALUJAS Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO: UN CASO DEL SIGLO XVIII



Hemos querido indagar este tema a través de expedientes municipales existentes en el Archivo Histórico, para lo cual hemos recurrido una vez más a los artículos escritos por Roberto Hernandez Gallejones, y nos hemos encontrado con uno titulado Agresión perpetrada por fray José Cortés contra María Cruz de Eguileor en 1741, que nos confirma la situación sufrida por las mujeres desde tiempos inmemoriales.

La joven que aseguraba tener 18 años poco más o menos  trabajaba de criada en la casa de María de la Quadra, esposa de Ignacio de Bon, “ausentte en servizio de su Magestad”,

Era un martes hacia las siete de la tarde cuando se encontraba sola en casa “componiendo una de las camas” dado que su ama había ido a rezar con otras mujeres a la ermita del Cristo del Portal, cuando apareció allí el padre predicador franciscano Fray José Cortés, quien entró en el aposento con semblante serio y enojado y sin mediar ningún tipo de provocación le propinó a la muchacha un fuerte golpe, llamándola grandísima chula y diciéndole que la iba a ahogar por “traer en lenguas a su cuñada” le echó las manos a la garganta para asfixiarla y como ella se resistió propinándole dos bofetadas, la apretó aún con más saña en el cuello haciéndola caer al suelo, sin poder articular palabra.

La joven permaneció en cama hasta el viernes siguiente en que pudo declarar al haber recobrado el habla.

No sabemos en qué acabaría el asunto pero el hecho nos sirve para constatar la antigüedad de esta lacra que implicaba al género masculino aunque fuera como en este caso un fraile franciscano.

Publicado el 15 de marzo 2019

sábado, 7 de marzo de 2026

LAS PORTUGALUJAS Y LAS VIOLACIONES: UN CASO EN EL SIGLO XVII


Dentro de estas entradas tendentes a recordar la historia jarrillera en femenino, no podemos olvidar el tema de la violencia sufrida a través de los siglos, por lo que traemos el ejemplo de la violación de una muchacha en el siglo XVII.

La historia nos tiene que servir para comprender y combatir mejor las desigualdades que soporta todavía la mujer en el siglo XXI. Nos lo cuenta Roberto Hernandez Gallejones en uno de sus múltiples artículos entresacados de los archivos municipales con el título de Un caso de violación en Portugalete en 1662, un testimonio muy expresivo de las costumbres de la época en relación a los delitos de carácter sexual, de cómo estaban éstos tipificados por las leyes de dicho período histórico, y de la obligación que tenían estos delincuentes de casarse con sus víctimas.

La victima una joven de 18 años, María Saez, hija de María de Inojeda, viuda de Diego de Cotillo, que residía en la calle de la Barrera en casa de su tío el licenciado Pedro de Cotillo, cura y beneficiado en la Iglesia Parroquial de Santa María de Portugalete, y Vicario de la Villa y su partido “a quien le servía honestamente”.

El agresor, un joven de 16 años Francisco de Villar, de San Julián de Músques, también pariente del cura, que había venido a estudiar gramática en la Villa y llevaba unos meses residiendo en la misma casa.

Los testigos dejan claro que tanto la chica como su madre son mujeres “honestas y recojidas, de buena vida, reputación y fama, hijasdalgo notorias, vizcaínas originarias, de todo buen proceder...” y que el hecho se había producido hacia las 6 de la mañana de un día de setiembre cuando el cura se encontraba ausente, y la criada había ido a comprar a las carnicerías, el joven se metió en la habitación de la joven y se produjo la agresión.

Su madre que oyó los gritos de su hija pues vivía en la casa pegante testificó que acudiendo de inmediato y “llegada que fue al cuarto della la vio desnuda con el dicho Francisco de Villar, desnudo ansi bien, y dando voces diciendo que la había desflorado, y quitado su virginidad, y limpieza, sin haberse podido valer por estar sola y desnuda...”.

Ante otras vecinas que también acudieron la muchacha contó afligida y llorando que la habían forzado, “y quitado su virginidad”, sin que hubiera podido resistirse. A todo esto, en ese instante el acusado salía por la puerta del aposento, después de haberse vestido, y notablemente avergonzado por el delito que había perpetrado siendo posteriormente detenido y encarcelado por el alguacil.

En el juicio que se desarrolló en el mes de enero siguiente, cuando ya se sabía que la muchacha estaba embarazada, aparecen distintos testigos, declarando también el acusado quien aseguró que la joven era honesta y recatada, y que él “la solicitó diversas veces” y por no haber podido gozarla esperó a que el párroco se encontrase fuera del pueblo, afirmando claramente que la había forzado contra su voluntad.

En declaración posterior fechada el 30 de junio de 1663 cambia su declaración alegando que había sido obligada ya que le habían dicho que si narraba los hechos de esa forma le sacarían de la cárcel. Ahora declaraba que no la había obligado en absoluto a hacer el amor con él y que se habían dado mutuamente palabra de casamiento, “conque copulamos...”.

Por tanto, suplicó poder casarse con la muchacha, cuando obtuviese la dispensa papal, ya que eran parientes en cuarto grado y que “en el ínterin se me quiten las prisiones en que estoy de cepo y cadena, hasta tanto que venga la dispensa, estaré en la cárcel preso sin que haga fuga della en ningún tiempo hasta casarme con la dicha María Saiz de Cotillo...”.

Contra estas declaraciones se manifestó, rebelándose, la madre de la chica, solicitando la condena a muerte, y percibir una indemnización de 4.000 ducados, apelando al Corregidor, eligiendo como abogado a Juan de Barraincua, letrado de la Audiencia del Corregimiento. Lamentablemente no podemos conocer el final de esta historia, ya que el documento se interrumpe aquí por hallarse incompleto, pero ya vemos que la solución era casar a la chica con su violador.
Publicado el 14 de marzo 2019

viernes, 6 de marzo de 2026

EL CALLEJERO DE PORTUGALETE: UN MAPA QUE IGNORA A LA MITAD DE SU HISTORIA

 


Con la llegada del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la mirada se vuelve inevitablemente hacia nuestras calles. El callejero de nuestra Villa no es solo un conjunto de direcciones; es el reflejo de lo que una sociedad decide honrar. Sin embargo, en Portugalete, ese mapa cuenta una historia incompleta y profundamente masculinizada.

Mientras paseamos por calles dedicadas a santos, árboles o montes, conquistadores, o artistas sin ninguna relación jarrillera, la presencia femenina es un rastro casi invisible. La historia de nuestra nomenclatura ha priorizado a personajes militares, marinos, religiosos o políticos. ¿Dónde están las mujeres que construyeron Portugalete?

Si analizamos los nombres propios femeninos que han logrado romper el muro del olvido, detectamos un patrón limitante. Al margen de la fundadora, María Díaz de Haro, el acceso de la mujer al callejero ha estado condicionado casi exclusivamente a la beneficencia: A principios de siglo XX, Casilda Iturrizar y Sotera de la Mier, durante el franquismo, María Vallejo y Carmen Gandarias y ya en la democracia, al final del siglo XX, Filomena Trocóniz y Fernanda de Carranza.

Incluso bajo gobiernos republicanos, la sensibilidad feminista fue inexistente en este ámbito. No fue hasta 1993, con el nombramiento de Fernanda de Carranza, cuando el Ayuntamiento reconoció explícitamente no solo su labor benefactora, sino su papel como la primera mujer concejala. Aquello se planteó como un "pequeño homenaje" a las mujeres en la política, pero tres décadas después, el avance sigue siendo insuficiente.

Reivindicar el nombre de las mujeres en nuestras placas no es un capricho decorativo; es un acto de justicia histórica. Portugalete debe dejar de ser un mapa de ausencias femeninas para convertirse en un reflejo fiel de su ciudadanía.

jueves, 5 de marzo de 2026

EL PORTUGALETE DEL AYER: NUESTRO PATRIMONIO VISUAL

 




Presentamos estos documentos gráficos de nuestra Villa, que creemos pertenecientes a las primeras décadas del siglo XX. Las tres primeras fotografías pertenecen a Mariangeles Urioste y cuyo contexto exacto aún está por determinar, pero pueden revelar detalles de la identidad social de la época:
En la primera un grupo numeroso de jóvenes con indumentaria variada; destacan los jerséis de punto, gorras de plato de estilo marinero y brazaletes de luto en algunos integrantes. Quizás los del gorro, se llamaban lepantos, fueran cadetes de algún buque escuela que llegó a la Villa.

Las otras dos fotos con jóvenes delante de una pantalla, unos de blanco y los otros cinco con trajes oscuros, uno con blusa, y pañuelos, reflejo del ambiente festivo.

Las dos terceras las encontramos en los fondos fotográficos de los Amigos de Zubeldia, la de la izquierda, delante de una pantalla de fotógrafo de feria, que quizás en las anteriores no se aprecia por haber desaparecido al aclarar la foto o por el tiempo, se cita a Paco, Pedro y Edu Garaizabal además de Dines Miguel, mientras la de la derecha se nos señala que corresponden a las fiestas de Santa Lucia en Sanfuentes en 1926, ambas de los fondos de la familia Garaizabal.

José Luis Garaizabal nos apunta que, en una de las fotos de Maricarmen, por la flor o escarapela de los cinco, es posible que fuesen o viniesen de la citada romería o de otra de los alrededores y que fuese habitual colocarse el adorno como contribución a los gastos de la romería, mientras que en los de blanco uno de ellos agarra un garrafón de vino.

El objetivo de compartir estas fotografías es rescatar del anonimato a sus protagonistas. La identificación de un rostro o un uniforme es clave para reconstruir nuestra historia local. Si reconoces a alguno o dispones de datos sobre el origen de estas fotos, tu ayuda es de gran valor para el archivo histórico.

 


miércoles, 4 de marzo de 2026

ASOCIACION VASCO NAVARRA DE BENEFICENCIA DE LA HABANA DEL SIGLO XIX

  

En 1877 se creó la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia de la Habana cuyo objetivo principal era ejercer la caridad y el socorro mutuo para ayudar a los “vascongados y navarros” que se encontraran en situación de necesidad en Cuba.

Entre los fundadores había personas de una posición económico-social destacada, la mayoría eran vizcaínos (más del 50% en 1890), reflejo de la fuerte presencia de emigrantes de esta provincia en la élite comercial y administrativa de La Habana.

La participación de Manuel Calvo y Aguirre en su fundación fue de carácter institucional y estratégico, formando parte del núcleo duro que oficializó la institución y tras las reuniones preparatorias en el Casino Español de La Habana, y aunque le gustó siempre actuar en la sombra fue elegido Vocal de la Junta Directiva liderada por Joaquín Calbetón (Presidente) y Francisco Durañona (Vicepresidente).

Como patrono y gestor inicial, aportó el peso de la oligarquía vizcaína para asegurar que la sociedad pudiera "socorrer a cuantos vascongados y navarros necesitaran el auxilio de la misma", aunque posteriormente, en el ejercicio de 1895-96, fue proclamado como Presidente Honorario.

A su sombra estuvieron también tanto Manuel Otaduy y Ruiz, su administrador y que representó sus intereses en la isla a su regreso a Portugalete, y que llegó a ocupar en 1902 la presidencia de Asociación de la que luego seguiría hasta su muerte, como presidente de Honor, y su sobrino Faustino Diez Gaviño, que desde su llegada fue miembro casi permanente de la Junta Directiva dirigiendo su órgano oficial el Laurak-bat, semanario fundado y dirigido por él dedicado a la colonia vasca.

En la primera junta de la Asociación en 1877 figuró como hemos visto de primer vicepresidente Francisco de Durañona. Con el Archivo Histórico Municipal cerrado y a falta del grupo de investigadores colaboradores de las ultimas décadas, recurrimos a Internet que nos lo señalan como también portugalujo.

Con todas las reservas, recojo lo que encuentro:

Francisco de Durañona y Cuadra (c. 1835 – c. 1900), nació en Portugalete, en el seno de una familia vinculada a la burguesía comercial y marítima. Como muchos jóvenes de su estrato social, emigró a Cuba a mediados del siglo XIX, integrándose en las redes de "paisanaje" que ya operaban con éxito en La Habana. No fue un simple inmigrante; se convirtió en un propietario de ingenios y un comerciante de alto nivel. En 1869, su nombre aparece en documentos oficiales como uno de los "propietarios y comerciantes residentes en La Habana" con suficiente peso político para elevar quejas directamente a la Corona española sobre la gestión del Capitán General de la isla.

 Su principal centro de riqueza fue el ingenio Concordia, donde implementó avances técnicos para la producción de azúcar, situándose en la élite de los hacendados vizcaínos como Manuel Calvo, de quien fue un socio cercano y colaborador en diversos negocios y empresas, llevando la gestión y los intereses económicos del ingenio "Portugalete".

Se le menciona como poseedor de uno de los mejores ingenios por su producción y fuerza, y como uno de los líderes de la oligarquía negrera que colaboró con Julián Zulueta, por lo que llegó a ser desterrado por delitos relacionados con la trata de esclavos.

El mayor legado histórico de este posible portugalujo, fuera de los negocios, fue la institucionalización de la ayuda entre vascos como vicepresidente de la Asociación gestionando los fondos para ayudar a compatriotas enfermos o en situación de indigencia.

 

martes, 3 de marzo de 2026

VENDEDORES Y OFICIOS DE AYER: LA VIDA COMERCIAL A PIE DE CALLE EN PORTUGALETE

 


 Con el contador del buscador de blog, ya por encima de las 4 millones de visitas, recuperamos hoy una crónica de recuerdos remitida por nuestro colaborador Martin U. Landa, Martintxu, quien nos transporta a un Portugalete donde el comercio no solo se encontraba en los escaparates, sino que latía en las calles, los portales y el pregón de los vendedores ambulantes. Un inventario de sonidos, olores y personajes que formaron parte de nuestro paisaje cotidiano y que acompañamos de esa vista de la Villa en los últimos años de la década de los 50 del siglo pasado.

1. Los sabores que recorrían los barrios. El recuerdo nos lleva inevitablemente a los helados de Varona, con sus carros de baúl cerrado y sombra, sirviendo cortes entre barquillos o cucuruchos durante las fiestas. Junto a ellos, la marca KYNSS con sus botellas tipo Kas de refrescos y tónica, o la miel servida directamente del barrilito con un diestro movimiento de cucharón.

Mención especial merece el mercado estacional de melones y sandías, que ocupaba locales estratégicamente vacíos, como aquel en el edificio donde se bifurcan El Ojillo y Martín de Vallecilla.

2. El pregón y la cesta. La estampa marítima de la villa quedaba sellada por la pescadera, portando la cesta con el género "recién cogido", mientras que el carbón llegaba directamente a las casas bajo pedido previo, marcando el ritmo del calor doméstico.

3. El ingenio y el trueque. Resulta fascinante recordar el intercambio de figuras de globos (perros, peces, gorros) no por dinero, sino por ropa usada, una forma de economía circular hoy desaparecida.

4. Los artesanos del arreglo. Eran tiempos de aprovechamiento. El "lañador" o reparador de cazuelas y pucheros trabajaba a menudo in situ, al igual que los paragüeros, capaces de reconstruir varillas y mangos. Los tapiceros, por su parte, devolvían la vida a jergones y sofás, ya fuera en su taller o desplazándose al domicilio del cliente.

5. El portal como escaparate. Finalmente, Martin nos recuerda la llegada de la venta directa: desde el "Avon llama a su puerta" hasta los agentes de suscripciones que ofrecían desde enciclopedias y biblias hasta seguros de decesos o las entonces novedosas baterías de cocina y recipientes para alimentos. Incluso, en los momentos más curiosos, ofertas de dinero en efectivo a cambio de colas de cabello recién cortado.

Conclusión: Estos recuerdos de Martintxu no son solo una lista de oficios; son el testimonio de un Portugalete que sabía buscarse la vida en cada esquina y que entendía la calle como el principal punto de encuentro.