domingo, 6 de septiembre de 2026

EL PALACIO DE LOS PERROS, DE MARTINEZ RIVAS



Como nos han realizado una consulta sobre el conocido popularmente como "Palacio de los perros", mansión situada dentro de la finca Lexarza que perteneció a la familia Martínez, procedemos darle respuesta:

El origen del nombre: El apelativo de "Palacio de los perros" se debía a que la entrada de la finca contaba con dos pilastras rematadas en lo alto por sendas figuras de perros, las cuales en la actualidad se encuentran reubicadas en la parte delantera de la entrada principal del palacio.

Construcción e inscripción (1853): Tal como indica una inscripción que todavía se conserva sobre uno de los pilares de la propiedad, la mansión fue erigida en 1853 por el matrimonio formado por Santiago Martínez de Lejarza y Antonia de las Rivas.

De Martínez de Lejarza a Martínez Rivas: El apellido de la familia derivó en Martínez Rivas debido al gran relieve público y empresarial de José María Martínez de las Rivas —primer marqués de Mudela y hermano de la citada Antonia—, quien residió en la finca y fue uno de los industriales más destacados de su época.

Paso a los Jesuitas y la UNED (1947-1951): En 1947 la orden de los Jesuitas adquirió la finca Lexarza. Posteriormente, en 1951, se construyó el gran edificio que durante décadas funcionó como casa de ejercicios espirituales y que hoy alberga la sede del centro asociado de la UNED.

Historia documental: Dado el indudable interés histórico de este conjunto —cuya antigua capilla fue diseñada por el ilustre arquitecto portugalujo Cecilio Goytia—, hemos digitalizado el completo estudio realizado en 2004 por nuestro amigo santurtziarra Tomás Fernández Hernando, que se puede consultar íntegramente en la sección de artículos históricos de la Biblioteca Digital Portugaluja.


Publicado el 18 de diciembre 2013






sábado, 5 de septiembre de 2026

EL ACCESO A LA PLAYA DESDE LA FINCA DE MARTINEZ RIVAS


José Luis Garaizabal, asiduo visitante del Archivo Histórico Municipal, es un verdadero pozo de sorpresas sobre el pasado de nuestra Villa. Es habitual que te diga: «¿Sabías que...?», descubriéndote alguna de las muchas incógnitas de nuestra historia local en las que trabaja: la fecha exacta de inauguración del parque del Dr. Areilza, la ubicación de la célebre fuente de La Canilla o de la calle Coscojales, el camino de sirga sobre el acantilado hacia Santurtzi, la torre de Castet en el alto de la Pastora, el desaparecido mareógrafo o el arroyo del Ojillo, entre otros temas.

En esta ocasión nos detenemos en la célebre fotografía del parque del Dr. Areilza que ilustra esta entrada. Muchos portugalujos se habrán preguntado a menudo el motivo de esa pintoresca escalera en el acantilado, con su coqueto tejadillo y su puerta cerrada. Hojeando viejos proyectos municipales vinculados a la construcción del parque —inaugurado el 30 de septiembre de 1917—, José Luis ha dado con la respuesta:

La cesión de los terrenos (1917): Para levantar el parque municipal, D.ª Caridad Martínez de Lejarza y Rivas, siguiendo el deseo de su padre —propietario de la finca Lexarza, actual sede de la UNED—, cedió al municipio los terrenos del escarpe.

Las condiciones de la cesión: Se estableció que el camino que bordeaba la finca quedase inutilizado mediante plantación de arbustos, respetando el derecho de paso y los registros de la tubería particular de saneamiento que bajaba hasta el actual estanque.

El acceso privado por el acantilado: A cambio, la familia exigió mantener el derecho de entrada y salida por la escalera particular de la finca, la cual comunicaba mediante un túnel interior con la playa y, posteriormente, con el parque.

El secreto del túnel y la escalera de caracol: Dicho túnel era un pasadizo que descendía desde la finca Lexarza mediante una escalera de caracol tallada en la roca y salía a mitad del acantilado en el pintoresco balconcillo que aún se conserva. Aunque el acceso desde la finca quedó inutilizado tras las obras de remodelación del Parque Ellacuría, la escalera continúa intacta tras la puerta.

Zona de juegos y prueba de valor: Testimonios de portugalujos que jugaban de niños en la zona recuerdan cómo atisbaban la escalera de caracol a través del ventanuco de la puerta y cómo, cuando esta quedaba abierta, aventurarse a subir por ella hasta la zona de los Jesuitas constituía una auténtica prueba de valor.


Publicado el 30 enero 2013

viernes, 4 de septiembre de 2026

PAÑUELOS DE FIESTAS: DEL ROJO AL AMARILLO

  


Tras la entrada de ayer, uno de nuestros seguidores nos recordaba haber usado en las fiestas el pañuelo de color rojo.

En este blog se ha recordado ya ampliamente el tema de la mano de Txomin Hermosilla, quien colecciona un gran número de ellos, por lo que vamos a dejar señalado escuetamente el asunto.

El antiguo pañuelo de cuadros blancos y azules que ha llegado hasta nuestros días está ligado a la industrialización y a las firmas textiles (algodoneras) francesas que aterrizaron en nuestra tierra a finales del siglo XIX. Las fotografías portugalujas de cuadrillas en fiestas de principios de siglo nos las muestran luciendo blusa y pañuelo de cuadros.

Fue en los años de la posguerra cuando, al igual que en Pamplona, se empezó a popularizar y usar el pañuelo rojo. Los primeros pañuelos amarillos datan de la Diana de 1967. Los lució el grupo Elai Alai, y fue el día de San Roque de ese mismo año cuando aparecieron en el cuello de los miembros de algunas sociedades locales.

Durante más de dos décadas coexistieron en las fiestas el color rojo y el amarillo. Muchos de ellos se vendían en puestos ambulantes junto con sombreros y otros objetos, llegándose a confeccionar en ambos colores con los mismos textos y dibujos.

En 1991 la Comisión de fiestas decidió posicionarse y recuperar el rojo, pero la idea no fue bien recibida por la gente y al año siguiente se volvió ya definitivamente al amarillo.

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

LAS BAJADAS DE SAN ROQUE DE HACE SEIS DÉCADAS

  


Adelantábamos ayer que para el próximo ejemplar de Cuadernos Portugalujos —el segundo volumen dedicado a recoger la vida de Portugalete durante la dictadura franquista a través de fotografías en las décadas de 1960 y 1970—, al centrarnos en su vida festiva y en concreto en la Bajada de San Roque, encontramos un momento clave en su historia: la irrupción de las sociedades culturales y los grupos de danzas en los años sesenta.

Ya en los años previos, el Ayuntamiento venía dictando «normas especiales que habrán de obedecer los romeros». Concretamente, en algunos programas se indicaba de forma explícita que: «Durante la BAJADA no se permitirán estacionamientos por parte de los romeros que acudan a la misma y la distancia de una a otra fila no podrá ser mayor de seis metros».

Fue en 1964 cuando la sociedad Elai Alai se volcó en recuperar el sentido tradicional de la bajada, ya que en aquel momento, el desarrollo del acto no convencía a casi nadie, pues se había convertido en un recorrido desordenado marcado por las carreras y los empujones. Para reestructurarlo, el Elai Alai decided invitar a participar a otros grupos locales.

Al año siguiente, en 1965, coincidiendo con el nacimiento del Lora Barri y su grupo de danzas, y ante la posible suspensión de la bajada se impulsó la creación de una Comisión de Festejos (Jai Batzordea). Esta iniciativa fue probablemente pionera en Bizkaia al involucrar al propio Ayuntamiento y editar carteles especiales bajo el célebre lema adoptado por los blusas en 1946: «diviértete cuanto puedas sin molestar a nadie».

En aquella edición participaron trece cuadrillas: tres de blusas locales (Elai Alai, Jatunak y Lora Barri) y otras tres procedentes de Sestao, Urioste y Barakaldo, además de la animada Banda de Cartón del Resbalón. El primer premio del certamen se otorgó conjuntamente a las cuadrillas de Elai Alai y Euzko Lorak de Sestao.

Esta fórmula —que no estuvo exenta de críticas por un supuesto colaboracionismo— cuajó rápidamente y se convirtió en el modelo organizativo adoptado durante los años sucesivos en la mayoría de los municipios colindantes. La fiesta cobró un nuevo resurgir, adquiriendo gran resonancia y trasladándose su esquema de bajada a pueblos vecinos como Sestao, Erandio o Santurtzi.

En el programa oficial de fiestas de 1966 se incluyó por primera vez, tras la tradicional misa en la ermita, el «Aurresku de honor y actuación de grupos de baile ELAI ALAI». Ese mismo año, el grupo Lora Barri obtuvo el primer premio de grupos por delante del Elai Alai, que logró el segundo puesto. Ambos mantendrían a partir de entonces una enconada pero sana rivalidad festiva, siendo el Elai Alai quien se haría con el primer galardón durante los tres años siguientes.

Para ilustrar este capítulo de nuestra historia festiva, hemos seleccionado las fotografías que encabezan este artículo (Jatunak en 1965 y Elai Alai en 1970).

Solicitamos nuevamente la ayuda de nuestras lectoras y lectores para fechar con precisión la imagen del grupo Ikusgarri en su bajada por la calle El Ojillo, así como la del grupo Lora Barri posando junto a su pancarta presidida por la Abeja Maya.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

50 ANIVERSARIO DE LAS PRIMERAS IKURRIÑAS EN LA BAJADA DE SAN ROQUE

 

Preparando el número 38 de Cuadernos Portugalujos, el segundo dedicado a recoger la vida de Portugalete durante la dictadura franquista a través de fotografías, en este caso en las décadas de 1960 y 1970, al centrarme en su vida festiva y en concreto en la Bajada de San Roque me encuentro con dos momentos claves en su historia, la irrupción de las sociedades culturales y de danzas en los años sesenta, que transformaron la estructura del acto festivo y la influencia del clima social y político registrado en torno a 1975 y 1976, caracterizado por el deterioro del régimen y la reorganización de partidos y sindicatos.

Sobre estos últimos años hay que recordar que tras la muerte del alcalde José Manuel Esparza, en junio de 1975, y el impacto de los últimos fusilamientos del franquismo, surgió un debate entre las sociedades locales sobre la conveniencia de suspender o mantener las actividades festivas como forma de protesta. En este contexto, las Fiestas de Verano de 1976, como las denominaban oficialmente, se desarrollaron bajo una acusada tensión social entre cuadrillas y asociaciones.

Durante la Bajada de San Roque afloraron de manera espontánea numerosas ikurriñas, un símbolo que aún se encontraba prohibido por las autoridades y cuya legalización oficial no llegaría hasta meses después, en enero de 1977. Las fotografías que dispongo sobre este hecho son escasas y las reduzco a la captada desde mi casa del Ojillo y la ilustración elaborada por José Luis Garaizabal, en la que se representa la formación realizada por los miembros de las sociedades con sus respectivos pañuelos de colores, para el libro del 50º aniversario del Elai Alai.

Por ello para la elaboración del próximo número de Cuadernos Portugalujos agradecería la colaboración de quien disponga de alguna fotografía representativa de aquella bajada de 1976 para incorporarla al citado Cuaderno.

martes, 1 de septiembre de 2026

DOS SUCESOS OCURRIDOS HACE UN SIGLO: UN APARATOSO ACCIDENTE DE TREN Y UN NAUFRAGIO AZOTAN A UNA FAMILIA PORTUGALUJA (2)

 

La familia Muñoz Llanos fue protagonista de una nueva desgracia seis años después, cuando la galerna de la madrugada del 2 de junio de 1926 puso en aprietos a la flota pesquera. «Un fuerte temporal del noroeste hizo que la mayoría de las embarcaciones de nuestra costa se vieran en grave peligro de naufragar, y todas ellas se apresuraron a ganar puerto», recogió 'El Noticiero Bilbaíno'. En Portugalete, cuatro botes a motor y uno de remos lograron el ansiado abrigo, «teniendo los tripulantes que luchar denodadamente contra el vendaval y el furioso embate de las olas», y otro consiguió con tremendas dificultades arribar al puerto de Plentzia.

Pero en el angustiado recuento de la mañana faltaba uno, el Julia (o Joven Julia, según otras versiones), la embarcación de José Muñoz. Al parecer, sus cuatro tripulantes también habían tratado de alcanzar Plentzia, y en algún momento circuló el rumor de que se encontraban allí, sanos y salvos, pero lo único que llegó, a las nueve de la mañana, fue el bote vacío, abandonado al oleaje con la quilla al sol.

José volvió a salvar la vida porque no había salido a faenar aquella noche, ya que estaba enfermo. Se había hecho cargo de las funciones de patrón Anastasio Santo Tomás, de 25 años y recién casado: ningún diario lo confirmó y existe un levísimo desajuste en las edades publicadas, pero parece claro que debía de tratarse de aquel sobrino que resultó herido en el accidente provocado por el tren. Otro de los arrantzales era Luciano Francia, de 32 años y padre de cinco hijos, que trabajaba de obrero en La Vizcaya pero, agobiado por las necesidades de su numerosa prole, dedicaba a la pesca sus días libres en la fábrica. Y, finalmente, estaban los dos adolescentes: Miguel Inunciaga, de 16 años, y Joaquín Muñoz, de 15, hijo del dueño del bote. La familia había perdido un tercer hijo. Solo se recuperó el cuerpo de Miguel, que apareció días después en Barrika.

Del mismo modo que el suceso del ferrocarril se prolongó de alguna manera en la terrible caída del niño desde el balcón, también este naufragio tuvo un epílogo insospechado que estuvo a punto de acabar mal. Un joven de 28 años, residente en la calle Coscojales de Portugalete, intentó suicidarse en la escalera de su bloque, pero no lo consiguió porque varios niños dieron a tiempo la voz de alarma. Así reflejó 'El Liberal' la explicación que brindó a la Policía: «Manifestó que se hallaba desesperado porque en casa no le daban dinero para comprar el bote Joven Julia, que naufragó no ha mucho, pereciendo sus ocupantes».

El naufragio del bote Joven Julia desencadenó una oleada solidaria. Se realizó una cuestación en la corrida de toros de Vista Alegre, se organizó un partido entre los primeros equipos del Barakaldo y el Portugalete y se celebraron veladas benéficas en la propia villa jarrillera y también en localidades como Ondarroa o Eibar, con artistas como el cura tenor Ramón de Laborda.

Carlos Benito
EL CORREO (9-8-26) 

Sobre esta tragedia existe mas información
 en la entrada titulada:
LA TRAGEDIA DEL BOTE JULIA
 EL 2 DE JUNIO DE 1926

 


lunes, 31 de agosto de 2026

DOS SUCESOS OCURRIDOS HACE UN SIGLO: UN APARATOSO ACCIDENTE DE TREN Y UN NAUFRAGIO AZOTAN A UNA FAMILIA PORTUGALUJA (1)

  




De la sección TIEMPO DE HISTORIAS de EL CORREO del pasado día 9 de agosto, firmado por Carlos Benito, recogemos este articulo: 

La tragedia se cebó con la familia Muñoz Llanos. Dos de los sucesos más dramáticos ocurridos en Portugalete en los años 20, hace ahora un siglo, golpearon de lleno este hogar de pescadores, sacudido primero por un descabellado accidente ferroviario y, seis años más tarde, por uno de esos naufragios que las galernas provocaban con cierta frecuencia en el litoral vasco.

El 23 de julio de 1920, alrededor de las nueve y cuarto de la mañana, la locomotora Bilbao nº 5 entró en el depósito de máquinas de Portugalete. Lo hizo a demasiada velocidad, y todos lo achacaron en principio a un error humano, aunque el maquinista y el fogonero aseguraron después que los frenos solían fallar y que la leve pendiente que existía en aquel tramo hizo el resto. Se produjo una carambola que agravó el accidente y lo acabó trasladando al exterior de las instalaciones ferroviarias: la máquina empujó dos viejos coches de pasajeros, ya inservibles, que estaban arrumbados en aquella vía muerta, y estos a su vez derribaron varias pilas de briquetas de carbón que se encontraban almacenadas al fondo. La fuerza del golpe lanzó el mineral contra el muro, que cedió: cuatro metros de pared y una buena cantidad de carbón cayeron al exterior, al Muelle Viejo. Y allí, justo allí, estaba la familia Muñoz Llanos afanada en remendar sus redes.

«Un grito de horror salió de algunas personas que presenciaron el hecho e inmediatamente acudieron en auxilio de las cinco personas que se hallaban envueltas y aprisionadas por una montaña de ladrillo y briquetas», relató 'El Liberal'. Sacaron con vida al padre, José Muñoz González, de 44 años, con varias costillas fracturadas. Sacaron con vida a la hija, Margarita, de 17 años, que se había roto el fémur y presentaba contusiones generalizadas y un fuerte shock. Y el tercer herido fue un sobrino, Anastasio Santo Tomás, de 18 años, que también resultó con una pierna muy dañada. Pero los dos hijos varones, Juan y José Muñoz Llanos, de 14 y 17, habían fallecido en el acto, ya que el derrumbe les había golpeado directamente en la cabeza.

En torno a los cascotes se reunió una multitud. «Fue este un momento de dolor. Todas las personas alli congregadas no pudieron reprimir el llanto», escribió el reportero de 'El Liberal'. La gran afluencia de personas tuvo una consecuencia penosa e inesperada, como si la fatalidad se estuviese esforzando aquel día: un niño de 3 años se quedó solo en casa, en un quinto piso de la calle General Castaños, y se cayó desde el balcón. El pequeño Jorge Irazola se convirtió en la tercera víctima mortal de aquella oscura mañana.

(Continuará)