Aprovechamos la aparición del libro que ayer presentamos, ALBERTO DE PALACIO Y SU PUENTE MOVIBLE, para recoger algunos datos de su biografía y las fotografías familiares que nos ofrece.
Los
padres de Alberto de Palacio, Antonio de Palacio y Estefanía Elissague tenían
prósperos negocios en México a donde habían emigrado y permanecieron en allí
varios años aun después de la independencia, pero los sucesivos sucesos y la
dejación del poder del déspota Antonio López de Santa Ana, les animaron a
volver en 1855 cuando su madre Estefanía estaba embarazada de el.
Como el
ambiente en España esta enrarecido por las guerras carlistas, fue su decisión
el ir a dar a luz a Sara, en Lapurdi, la tierra natal de ella por lo que
nuestro personaje sería vascofrancés de nacimiento.
El
dominio temprano de las lenguas vasca, castellana y francesa y la vida en un
ambiente capitalista donde se estudiaba donde invertir la fortuna traída de
ultramar, no se interrumpió con la
muerte inesperada del matrimonio, con lo que sus dos hijos, Alberto y Silvestre
de Palacio, quedaron huérfanos en plena adolescencia pasando a encargarse de su
tutela la familia Epalza que tenían su palacete con su recordada capilla en el
muelle Nuevo portugalujo, donde los jóvenes pasarían sus veranos.
Según
se apunta en el libro “aquí vivieron el paso de mercantes, las continuas
maniobras de los remolcadores de paletas, bateles y chalupas que eran todo un
espectáculo no exento de riesgo para marinos y usuarios del estrecho corredor
de unión entre Portugalete y Las Arenas de Getxo, que hasta hacía poco era
llamada “Las Arenillas de Portugalete” y que a la sazón se hacían con barqueros
a remo”.
Con 26 años, en 1882, consiguió el título de arquitecto, y tras casarse en
1884 su hermano con María Isabel Epalza Palacio, hija del fundador del Banco de
Bilbao, y en 1885 él con Leonor Arana Iturribarria de influyente familia bilbaína, al final de 1887 ve la luz su idea
del transbordador que presentaría oficialmente simultáneamente con el ingeniero
francés Ferdinand Arnodin, y que
sería inaugurado en 1893.
Vivía en Madrid durante el levantamiento militar, volviendo en 1937 a Las
Arenas. La voladura de su Puente Colgante le dejó también a él mal herido de
tristeza, muriendo en 1939.
Su cuerpo tuvo que ser transportado en un improvisado
puente de gabarras hasta su panteón en el cementerio de Pando.











