Pasadas ya las
fiestas de San Roque, y aunque las publicaciones de estos días estaban
previamente programadas, queremos hacer una pausa para dedicar esta entrada a
uno de los momentos más emotivos que vivimos durante la Diana en su tradicional
parada en el Hospital Asilo de San Juan Bautista.
Esta parada
constituye uno de los puntos álgidos del recorrido festivo. En ella se rinde un
sentido homenaje a aquellas portugalujas y portugalujos que allí residen, así
como al personal que les atiende, buscando acercarles la fiesta de la que,
durante tantas décadas, fueron protagonistas activos por las calles de la
Villa.
Como es sabido,
este es el único lugar donde la Banda de Música realiza una excepción en su
itinerario: ante el edificio, además de la propia Diana, interpreta una pieza
extra, la Jota Llanisca, con
letra de Pedro Heredia. El origen de esta entrañable costumbre se remonta a los
primeros años de la década de 1970, bajo la dirección del maestro Ángel García
Basoco. Ocurrió entonces que el coro popular se adelantó al horario previsto y
comenzó a cantar antes de que las monjas hubieran tenido tiempo de acomodar a
los residentes en la entrada. Al percatarse de la situación, el director mandó
interpretar la citada jota —que formaba parte del repertorio habitual de la
banda— para dar tiempo a que los mayores fueran saliendo. Una vez con el
público del Asilo preparado, volvió a interpretar la Diana. Desde aquel día
quedó instaurada la tradición de tocar ambas piezas.
Sin embargo, la
entrada principal del edificio, con sus escaleras y barreras arquitectónicas,
no resulta el entorno más propicio para albergar a un colectivo con elevado
grado de dependencia o en silla de ruedas.
Por ello, este año
la alcaldesa atendió la petición de la benéfica institución para que la Banda entrara
a la parte trasera del edificio, en su zona ajardinada. Gracias a este cambio,
tal y como refleja la fotografía de Íñigo Arévalo que acompaña estas líneas,
todos los residentes, acompañados de sus familiares y amistades, pudieron
situarse de manera mucho más cómoda, accesible y cercana.
El acto resultó
profundamente emotivo y entrañable. Más de una lágrima corrió por las mejillas
de algunas portugalujas que, hasta no hace muchos años, cantaban la Diana a pie
de calle tras recorrer la Villa y que hoy, por el paso del tiempo, ya no pueden
hacerlo.
En nombre de la
querida institución de San Juan Bautista, de sus residentes, y haciéndonos eco
del sentir generalizado de los muchos asistentes allí congregados, solicitamos
a la organización que este cambio en el itinerario se institucionalice, fijando
de manera permanente la parada de la Diana en los jardines del Hospital Asilo
para las sucesivas ediciones.

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