miércoles, 15 de julio de 2026

LA FUNDACIÓN MANUEL CALVO DURANTE LA REPÚBLICA

 

 En la Villa existen dos fundaciones benéficas activas desde hace más de un siglo: la Fundación Santo Hospital de San Juan Bautista y la Fundación Manuel Calvo. Si bien de la primera —el popular «Hospital Asilo»— se dispone de una amplia información y memorias anuales, las noticias de la segunda son escasas. De hecho, ha sido este mismo año cuando se ha presentado en los locales del Hotel una Memoria correspondiente al periodo de 2005 a 2025.

Constituida en 1904, fue reconocida como Fundación de Beneficencia en 1920 y su fin social era el pago diario de raciones de olla y pan, quedando su gestión en manos del alcalde, el párroco y un concejal, bajo la obligación de rendir cuentas al protectorado. Apenas quedan registros de su historia hasta que en 1993 un incendio destruyó el Hotel, el único patrimonio con cuyas rentas se cumplía su misión. En 2005 reanudó su actividad adaptándose, según la actual presidenta y alcaldesa Mª José Blanco, a los nuevos tiempos, centradose en conceptos como la promoción del liderazgo social, la solidaridad juvenil, la innovación, el voluntariado, el envejecimiento activo o la integración intercultural.

Sin embargo, esta aparente modernización contrasta con la realidad social que recoge estos días la prensa local. Una iniciativa popular ofrece cenas desde el pasado mes de mayo a personas necesitadas de la Villa. Actualmente asisten con regularidad unas 30 personas que encuentran allí no solo el sustento de una necesidad básica, sino un espacio de acogida, escucha y relación, sin importar su género, nacionalidad o condición. Este movimiento ciudadano nos devuelve el interés por aquella antigua costumbre caritativa de las raciones de olla que la Fundación abandonó.

Es precisamente este vacío histórico el que nos hace valorar la aportación documental que nos envía Mikel Otxoa. Mientras la memoria actual omite por desconocimiento, la actividad del siglo XX y prescinde de una rendición de cuentas económica detallada —limitada hoy a la renta que percibe del Puente Colgante Hotel Boutique—, los datos extraídos por Mikel de la prensa local de los años 30 revelan un modelo de gestión radicalmente opuesto, basado en la transparencia y el control público.

El control municipal y el Comedor de los Pobres.

Los recortes de prensa muestran una colaboración institucional entre el Ayuntamiento republicano y la Fundación, articulada en torno al Comedor de los Pobres, cuya labor se consideraba un pilar fundamental para mantener la paz social en los difíciles años 30.

Las autoridades de la República ejercieron una fiscalización constante sobre el servicio. El 16 de abril de 1931, el mismo día de la constitución de la nueva corporación local, las autoridades municipales acudieron a inspeccionar las dependencias del comedor. Asimismo, las reuniones de la Junta del Comedor se celebraban bajo la presidencia directa del propio alcalde (como consta en 1932 con Sánchez Vallejo), espacio donde se aprobaban las cuentas e incluso las solicitudes de plaza de los usuarios.

La Fundación sostenía este comedor social gracias a las rentas de su patrimonio, integrado en aquel momento por una finca en La Habana y el edificio del Hotel y Café Portugalete. Lejos del secretismo, la institución editaba y distribuía públicamente entre el vecindario una memoria anual con un desglose financiero, lo que acreditaba un procedimiento institucionalizado y transparente ante la ciudadanía.

Gracias a la memoria de 1933, por ejemplo, sabemos que la finca de La Habana se encontraba desalquilada, lo que supuso un grave perjuicio económico que tuvo que ser compensado mediante un donativo particular de 2.150 pesetas de Don Manuel Otaduy. En cuanto al Hotel, el fallecimiento del arrendatario Felipe García Manso en 1931 obligó a convocar un concurso público que se adjudicó con una «notable rebaja» respecto al contrato anterior. Una situación idéntica se repitió en 1934 tras el deceso del nuevo adjudicatario, forzando otra licitación para mantener el servicio.

Sanciones hosteleras y el «pan de los pobres».

Más allá de los ingresos patrimoniales, el Ayuntamiento articuló un sistema de suministro regular para el comedor a través de su labor de inspección y disciplina de los industriales locales, especialmente de las panaderías. Al estar el Consistorio implicado directamente en el patronato de la Fundación, las normativas municipales de abastecimiento y orden público regulaban estrictamente cada pieza entregada.

El mecanismo de control era estricto: cuando la Guardia Municipal realizaba el repeso del pan en la Villa y detectaba piezas «faltas de peso» o «defectuosas», la Alcaldía procedía al decomiso inmediato del producto, sancionaba al panadero y el pan requisado se entregara al Comedor de los Pobres.

Bajo este procedimiento, en marzo de 1931 se decomisaron 17 kilos de pan. En diciembre se detectó que el propio proveedor del comedor (la panadería de la viuda de Aguirre) servía raciones con falta de peso que sumaban 15 kilos; al ser reincidente, el pan fue incautado y el alcalde aplicó una sanción económica. Este rigor se mantuvo en los años siguientes: en mayo de 1935 se requisaron 50 kilos de pan mermado, distribuidos entre las cantinas escolares y el comedor de la Fundación; y en febrero de 1936 se intervinieron otros 90 kilos de pan defectuoso con el mismo destino asistencial.

La transparencia de las cifras: El balance de 1933.

La difusión de la memoria anual «entre el vecindario» denotaba un fuerte vínculo con la ciudadanía y la necesidad de legitimación pública. Los ejercicios contables de la época no dejaban espacio a la especulación. Si tomamos como referencia los datos publicados en la Memoria de 1933, podemos observar la precisión de la gestión:
Raciones servidas: 15.433 comidas.
Coste por ración: 0,815 pesetas.
Coste total del comedor: 13.952,37 pesetas.
Ingresos totales de la Fundación: 41.327,46 pesetas.
Gastos totales de la Fundación: 28.656,36 pesetas.
Superávit del ejercicio: 12.671,10 pesetas.

El análisis de este balance demuestra que, a pesar de los contratiempos económicos del año (la rebaja del alquiler del hotel y la vacancia de la propiedad de La Habana), la Fundación cerró el ejercicio en superávit, logrando ahorrar más de 12.000 pesetas para garantizar el funcionamiento del año siguiente.

Aquella gestión republicana demostró que la beneficencia requería luz, taquígrafos y números claros ante el pueblo. Una lección de transparencia histórica que contrasta inevitablemente con los modelos de balance actuales, donde la retórica social parece haber sustituido a los libros de cuentas.

martes, 14 de julio de 2026

FERNANDO CARRANZA IZA, (1911-2003). DELEGADO DEL GOBIERNO VASCO EN VENEZUELA

 



 Nieto de Fernando Carranza Arroyo, e hijo de Miguel Carranza Campos (1881-1926) que en 1902 fuera el presidente fundador del primer equipo de futbol local, el Portugalete Athletic Club, alcalde de la Villa en 1918 y 1919 y Diputado por Bizkaia.

Realizó sus estudios de derecho en Valladolid, iniciándose en la política a finales de la dictadura de Primo de Rivera en el seno de la agrupación de estudiantes vascos Eusko Ikasle Batza, y colaborando en Madrid con los diputados de su partido, el PNV, en la negociación del Estatuto del 36. La guerra civil truncó sus planes, participando en ella como oficial del ejército republicano.

En Barcelona se casó con Maritxu Zagala, de Tolosa, siendo padrino Manuel de Irujo con quien trabajaba ella en la Delegación del Gobierno de Euskadi en Cataluña y Jesús Galíndez de testigo. Al finalizar la contienda se exilió en Francia donde fue internado en el Campo de Concentración de Gurs, formando parte de la junta de internos que se encargaba de buscar ayuda de organismos como Socorro Rojo Internacional, lo que le valió que a su salida en su ficha policial figurara como rojo comunista y miembro de Socorro Rojo Internacional.

Expulsado de Francia y gracias a la mistad con Pedro de Basaldúa, secretario del lehendakari Aguirre, se trasladó a la República Dominicana y luego, en 1940, a Venezuela donde un año después llegaría su mujer. Allí desarrollaría actividades como la fundación del Centro Vasco, la Junta extraterritorial del PNV y otras relacionadas y auspiciadas por el Gobierno Vasco en el exilio siendo el último delegado de dicha institución en este país, finalizando su cometido en 1979.

Sus cenizas, como posteriormente las de su mujer, fueron traídas al mausoleo familiar del cementerio de Portugalete.

 En 2016, una noticia de prensa nos anuncia el retorno de Venezuela de su mujer Mary Zagala a Barcelona donde vivía una de sus hijas. Tenía 103 y en ella nos da detalles de la vida de su marido en el país sudamericano: Pasó por numerosos puestos de trabajo. Nunca ejerció de abogado, que es lo que había estudiado, trabajó desde camarero a gerente de una fábrica de textiles en Cumaná, donde conocería a los Anasagasti. También fue corredor de Bolsa y acabó empleado en Napolca, compañía del navarro Manuel Goñi.

Murió al año siguiente y el día 9 de Junio de 2017 se llevó a cabo su funeral en el cementerio de Portugalete. Primero en la capilla del cementerio, donde se le bailó un aurresku, y luego sus cenizas se depositaron en el mausoleo de la familia Carranza, donde reposan las cenizas de su marido.

lunes, 13 de julio de 2026

CABALGATA DE REYES EN LOS AÑOS 50 DEL SIGLO XX

  

Leyendo la memoria del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los «vizcaínos dolientes, encontramos estas fotos que alguna vez ya hemos utilizado.

Según leemos fue en los años 50 del siglo pasado, cuando decidieron recurrir a cuestaciones para sufragar los gastos de funcionamiento del Hogar-Clínica.

La postulación se inició en Bizkaia en 1950. Se encomendó al hermano Pablo de la Cruz y se echó mano de todos los medios de propaganda existentes: prensa, radio, concursos, charlas, festejos, maquetas, pies de yeso pintados en purpurina, demostrando los éxitos operatorios, fotografías de la Casa, impresos… Se abrieron varias suscripciones de bienhechores y el número de hermanos limosneros llegó a ser de cinco.

En Navidad, se hizo muy popular el monumental Nacimiento abierto al público, que fue repetidamente galardonado y visitado de manera ininterrumpida, con largas colas en los días festivos.

También fue muy celebrada la cabalgata de Reyes, organizada por fray Pablo de la Cruz con la colaboración del colegio de Santa María de Portugalete a la que corresponde estas fotografías a su llegada por el muelle Nuevo.

domingo, 12 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (2)  








Estas dos escaleras que hemos visto en la entrada anterior estaban destinadas a cada sexo y un guardia municipal, que no conocí, al que apodaban “Tin-tán” controlaba desde el muelle con su traje blanco y casco del mismo color que nadie pasase de una zona a la otra. Su silbo sonaba con cada infracción.

Conocemos la existencia de tres bandos de diferentes alcaldes (1935, 1936 y 1941) en los que se muestra la moral de la época:“no se consentirá en modo alguno que se utilice para bañarse el Muelle de Hierro, en ninguno de sus dos paseos (arriba y abajo), ni permanecer ni transitar por ellos vestido con traje de baño”, “ni el uso de prendas de baño que no cubran el cuerpo de forma decorosa, ni llevarlos recogidos a la cintura, a pretexto de baños de sol, por medida no solo de moral sino de buen gusto”, incurriendo en delito de “gamberrismo”. (E. Retuerto-1935). “No se consentirá a nadie que se bañe desde el Muelle o sus escalas. Se habilitará para el baño la playa, el dique y el último espigón del Muelle de Hierro”, “los mayores de 12 años, en la playa, deberán usar, para vestirse o desnudarse, las casetas de baño, a no ser que vayan vestidos desde sus domicilios y cubiertos de un albornoz”. (C. Busteros - 1936). Valeriano Martín recordaba en 1941 las citadas prohibiciones y recomendaciones. Lo más gordo era que incurrirían en “gamberrismo”, quienes “circulen por los paseos públicos sin chaqueta o vestidos de forma inadecuada para la población”.

Los portugalujos fueron poco a poco sorteando estas prohibiciones o las autoridades fueron relajando su puritanismo.

En las fotografías superiores, en los años 40, de Mertxe Adán la vemos sobre las rocas junto a sus amigas de cuadrilla: Josefina Olano, Cipri Solaetxe (mostrando la pantorrilla), Amali R. Madariaga, Ortiz, Emili ... Como dato curioso, me apunta Mertxe, que en fiestas se solían bañar por la noche, previa inspección de que no hubiese parejas “amorosas” en el paseo inferior, en las cercanías de la escalera. Luego era ella el volver con el “trajebaño” mojado.

El bote de la imagen era portugalujo, pero no recuerda la propietaria.

Cómo las “escaleras de las chicas” no tenían “solárium”, salvo las rocas y la pasarela, éstas se desplazaban también hasta el faro para poner las toallas en los adoquines del paseo, bajando a bañarse a la planchada que rodeaba el morro, fundamentalmente en la parte que daba a Santurtzi.  

La creciente contaminación de la Ría nos fue expulsando de estos lugares de baño, en los que habíamos aprendido a nadar, fundamentalmente del “dique”, ya que entre la sangre y tripas del matadero, el petróleo de los desguaces de la Benedicta, el lavado de mineral y la contaminación industrial y humana, el baño allí se había convertido en una tortura, pero principalmente nos desplazamos al ir en cuadrilla muchos de los miembros del Elai Alai.

Pero bueno, el paso a la Punta era como un rito de mayoría de edad. Si te bañabas allí… ya eras un hombre.

Seguiremos mañana recordando estas “batallitas”…



José Luis Garaizabal

sábado, 11 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (3)






Seguimos hoy recordando los baños de la Punta en las escaleras de los chicos y de las chicas, que recogemos en estas fotos. La de los hombres de 950, y de unos años antes las de mujeres, con
Mertxe Adán a la derecha sobre las rocas con un traje de baño blanco hecho de un vestido que se le inflaba en el agua según nos confiesa. 

Aquellos baños veraniegos, separados por sexos, dejaban bien a las claras lo brutos que éramos siempre que acudíamos en busca de las chicas para “dejarnos ver”.

Recordando con Juanjo del Horno “Trole”, Josetxu Fdez. Larrondo, Paco Martín, Javitxa Martínez, Josemi Palacios, Javi López Isla y otros bañistas de distintas épocas, todos coincidimos en la relación amistosa y la protección, que a pesar de la distancia (110 m), les proporcionábamos. ¡Hay amores que matan!

De vez en cuando, los chicos hacíamos un “safari acuático” en fila india desde nuestras escaleras hasta las de las chicas, la mayoría de las veces con el “trajebaño” tipo Meyba en la cabeza. Ya no estaba “Tin-tán” con su silbo. Al son de ¡Obenuno!, íbamos nadando y una vez allí, o bien las invitábamos a bañarse con un “de aquí para abajo, todas al agua” o las salpicábamos con técnica depurada. ¡Vaya forma de ligar!

Según otro informante, había otra excursión en forma de “entierro”. Primero iban los monaguillos, luego el cadáver, flotando haciendo el muerto entre cuatro porteadores y luego toda la gente llorando pero al “motrollón”. Si venía el “chiva” a la escalera y preguntaba de quién era determinada ropa, para coger al culpable, entonces cualquiera de los que no había ido al “entierro” decía que era suya. Mientras tanto la procesión, ya disuelta, nadaba hasta la rampa de Santurtzi, donde se esperaba pacientemente a que pasara la tormenta para regresar en pequeños grupos.

Otro de los numeritos era hacer en pelotas “la pluma y el tintero”. Os podéis imaginar  que era la pluma y que el tintero. Cuando las chavalas se iban al morro, los “safaris” tenían el recorrido más largo, pero merecía la pena.

Pero, en las escaleras de los chicos la cosa ya era otro cantar. “Trole” ejercía de capo y junto a otros veteranos (“Tinín”, los Madariaga, Cobos…) que habían sufrido en su día con los de la generación anterior, nos hacían mil perrerías. La más famosa era “el paseíllo”, que consistía en coger entre cuatro por las muñecas y tobillos a la víctima elegida y desde las escaleras lanzarle al agua con el consiguiente espaldarazo o tripada. A veces, un empujón a los abusones les hacía caer junto a su víctima. A los de Sestao se les distinguía enseguida por su extraña forma de nadar de costado “a lo chica” y solían ser los “elegidos”. Qué decir de los “txunbos” que los finolis llamaban aguadillas o las guerras con fango desde el agua. Aquel fango debía tener propiedades dermatológicas, porque de vez en cuando nos embadurnábamos el cuerpo con él y colgándonos del suelo de los pasos “hacíamos el higo”, descolgándonos por el cansancio al grito de ¡estooooymaduuuuuuro!. Desde ese mismo lugar, nos lanzábamos al agua realizando numeritos, como “la carpa”. ¡Y no nos ha pasado nada!. Las chicas desde sus escaleras presenciaban de reojo los saltos y gansadas.

Otra costumbre que tuvo arraigo en diferentes épocas, fue el ir con unas monedas en el bolsillo oculto que tenían los Meybas, hasta Santurtzi (400 m) o hasta la playa de Las Arenas (700 m), para una vez allí, tomarnos un blanquito reparador. Alguno tenía allí la novia y animaba a realizar la travesía. Previamente habíamos calculado la corriente y el punto desde el que salir para poder doblar sin problemas la Mojijonera.

Me han contado, como una vez en Las Arenas, una cuadrilla se vio sorprendida por una galerna y debieron volver andando hasta el Puente y pasar la Ría. Cómo el espectáculo llamaba la atención, a uno de ellos se le ocurrió decir en voz alta: ¡Ya os decía yo que dejar la ropa al cuidado de aquella vieja no me parecía seguro y mira como hemos acabado! .La cosa acabó con una caminata desde el Puente hasta la Punta y además con galerna.

Las escaleras y las rocas estaban plagadas de zapateros, escaramujos, mojijones y ostrones, y con uno de ellos me corté el pie días antes de tener que bailar en Vitoria (1966). Tuve que ir a la pata coja y sangrando, hasta el consultorio de Felipe Llorca, encima del Metro, para que me hiciera un zurcido en frío. ¡Qué daño!.

De vez en cuando, los invadidos éramos los chicos, pero por las chavalas de Santurtzi que solían venir en bote desde su puerto. La mayoría de las veces (seguro que les gustaba) balanceábamos el bote entre sus gritos de pánico. ¡Nunca les pasó nada!.

Entre los habituales había muy buenos nadadores que formaban parte o pasaron a engrosar las filas de la Deportiva Náutica de Portugalete. La piscina municipal que se había abierto en 1959, con agua salada de la ría, fue restando efectivos poco a poco a las cuadrillas de la Punta y al final fuimos pasando por el aro. “Trole” seguía haciendo de las suyas desde el trampolín, admirando a propios y extraños con su famoso y temerario “avión”.

Cuando el tiempo no invitaba al baño, el recurso para pasarlo bien era coger los kiskillerosque había en casi todas las casas y una vez pasados por el mercado a por carnada, dedicábamos la mañana o la tarde, según la marea, a karramarros o kiskillas, sin olvidar a los “velludos” (eskarrak) de los que se contaban historias truculentas, como la de aquel al que un velludo le había cortado el dedo de un mordisco. Había que pescarlas en la plataforma del morro en los agujeros que tenían los bloques, con una varilla con un gancho en la punta. ¡Cómo costaba sacarlas!.

Bueno, estas son algunas batallitas que os mencionaba. ¡Espero que os hayan traído buenos recuerdos  y lo hayáis disfrutado!.

JOSE LUIS GARAIZABAL




viernes, 10 de julio de 2026

LA VILLA HACE MAS DE UN SIGLO

  


Hoy recogemos esta foto que ha ofrecido Luis Casas en su facebook Sestao en el recuerdo y que nos ha resultado de interés.

Desaparecido el primer pequeño puerto del muelle Viejo para relleno del ferrocarril, la foto nos sitúa ya en las primeras décadas del siglo XX, con el segundo puerto que tuvo la Villa y con la estación.

Lo que mas nos llama la atención son las dos pasarelas para acceder al barco fondeado junto a una gabarra frente a un enorme pabellón junto al que disponía la estación.

En Las Arenas distinguirán otros detalles que pueden ayudar a fechar la foto y nosotros solo dejaremos constancia de la existencia de la grúa Titan en el contramuelle de Algorta.

jueves, 9 de julio de 2026

EL CONCIERTO DE 1898 DE LA ESTUDIANTINA GIJONESA EN LA SOCIEDAD "LA UNIÓN"

  


El 1898 fue un año de crisis y cambios, pero en Portugalete la cultura brillaba con luz propia. Un recorte de periódico de la época que nos facilita Karla Llanos nos revela el programa de un concierto en la Sociedad La Unión que tenía su sede en el Hotel, que resume el alma de la Villa: ¿Qué tiene en común el himno “Gernikako arbola”, símbolo de las libertades vascas, con una pieza del gran compositor alemán Wagner? La respuesta es el entusiasmo de una audiencia que, a finales del siglo XIX, hizo de la música culta y patriótica el centro de su vida social.

La Unión era una de las entidades más importantes en el tejido social y cultural dentro del concepto de sociedades de recreo, casino o ateneo típicas de la época. Eran lugares de reunión y esparcimiento para la burguesía y clases medias, donde se organizaban bailes, tertulias, juegos, conciertos, actos culturales y hasta regatas. Y es muy probable que estuviera relacionada con otras iniciativas culturales de la época, como el ORFEON UNION CULTURAL, fundado en 1896.

La estudiantina (o tuna) era un grupo musical muy popular entonces compuesto principalmente por instrumentos de cuerda pulsada (bandurrias, laúdes, guitarras) y percusión (panderetas).

El programa del concierto se inicia con el "inmortal himno de Iparraguirre Gernikako arbola", un símbolo del fuerismo y de las libertades vascas, que demuestra un fuerte sentimiento identitario y local en el público y en la propia sociedad.

El programa mezcló géneros, demostrando una audiencia cultivada: Opera (piezas de La Africana (de Meyerbeer) y el sexteto de Tanhäuser (de Wagner), música vasca (El cuarteto de Arriaga) y el toque regional, la "Gallegada", con el potpourri final de Gijón á Bilbao.

El entusiasmo del público, caballeros, señoras y señoritas, vitoreando á la estudiantina nos pinta un cuadro de la sociedad portugaluja de la época, muy participativa y entusiasta con sus eventos culturales.