Tras publicar días pasados el centenario de la muerte del doctor Areilza,
hemos recordado el dicho de que "al lado de un gran hombre
siempre hay una gran mujer" y hemos pensado en dedicarle esta
entrada a ella, Emilia Rodas Arana.
1. Orígenes familiares y herencia.
Emilia Rodas, nacida circunstancialmente en Malaga, en diciembre de 1887,
era la hija única de Francisco Martínez Rodas un militar de ideas liberales que
llegó a la Villa durante la Segunda Guerra Carlista que posteriormente fue un
prolífico empresario naval y minero, casado con la portugaluja Eloísa Arana
Mendiolea, una mujer rubia, de ojos azules y fuerte personalidad, hija de un
empresario minero.
A su padre le fue otorgado el título de Conde de Rodas por la reina regente
María Cristina en 1901, que luego heredaría ella.
2. Descripción física y personalidad.
Físico distinguido: De "simpatía arrolladora", talle
arrogante y espigado, piel clara y sonrosada, grandes ojos azules y un
característico pelo rubio que peinaba hacia arriba terminando en un moño
erguido, mantuvo siempre con los años, una "sencilla y serena
elegancia".
Carácter y educación: Era una mujer culta, con un fino sentido del
humor e ironía que mantuvo hasta la vejez, y administradora excelente de la
economía familiar, sin admitir fantasías en los negocios.
Intelecto y mentalidad abierta: Aunque era de asidua práctica religiosa, carecía
por completo de intransigencia. Fomentó activamente la libertad intelectual de
su hijo, José María Areilza, permitiéndole el acceso a libros prohibidos por el
índice de Roma de la época, gracias a lo cual él pudo leer a filósofos como
Schopenhauer, Nietzsche y Unamuno. Dominaba el francés a la perfección.
3. Matrimonio con el Doctor Enrique de Areilza.
El origen del romance: La madre de Emilia, Eloísa, padecía una afección
pulmonar y solicitó los servicios del reputado doctor. Aunque él tenía fama de
ser un "impenitente solterón" de 45 años, la convivencia e intimidad
surgidas durante la enfermedad de la madre propiciaron el acercamiento. La voz
popular murmuraba que fue la propia Emilia quien le propuso matrimonio.
La boda (1905): Contrajeron matrimonio el 1 de mayo de 1905.
Debido a la gravedad de la enfermedad de la madre, la ceremonia se celebró en
la más estricta intimidad en el oratorio del palacete de El Salto. El enlace
causó un enorme estupor e incredulidad en las tertulias bilbaínas de la época,
despertando bromas de sus amigos íntimos de Areilza (incluido Miguel de
Unamuno) debido a la conocida soltería y carácter independiente del médico.
Impacto en el hogar: Emilia trajo orden, equilibrio y estabilidad a
la vida del doctor, un hombre acostumbrado al desorden y la soledad. Supo
encauzar su vida privada respetando su profesión.
Residencia familiar: En 1909, tras fallecer su madre, se instalaron definitivamente
en el citado palacete de "El Salto", edificado sobre los
acantilados por Martínez Rodas en 1890, inspirado en las playas de Ostende, y
que lucía en el tejado un blasón con una "R coronada" en honor a su
título.
4. Su etapa de viudedad y apoyo a su hijo José
María.
Viajes por el mundo: Al quedarse viuda, Emilia instó a su hijo José
María (quien entonces tenía unos 15 años) a salir de las fronteras locales: "No
seas localista ni hagas caso de los que viven pensando en que lo nuestro es
siempre, lo mejor'". Juntos emprendieron ambiciosos viajes culturales
por Europa y Oriente, recorriendo Escandinavia, Alemania, Leningrado, Moscú,
Constantinopla, Tierra Santa, Egipto, Malta, Argel, Orán, Londres, París y
Roma, siempre impulsándolo a visitar teatros y museos.
Impulsora de la carrera política de su hijo: Fue ella
quien alentó decisivamente a su hijo a trasladarse a Madrid para forjar su
trayectoria pública: "Si quieres hacer carrera política tendrás que
vivir en Madrid", le dijo.
Inversión inmobiliaria: Mostrando su gran visión e intuición para las
inversiones urbanísticas, adquirió una finca en liquidación testamentaria en la
Castellana (Madrid) que había pertenecido a los Martínez Rivas y Cristino
Martos. Allí reformó la propiedad y le ofreció dos pisos a su hijo y a su
nuera, Mercedes de Churruca y Zubiría, con quienes mantuvo siempre una relación
discreta, afectuosa y de apoyo generoso.
5. Fallecimiento y traslados de sus restos.
Muerte y sepelio original: Falleció en Madrid en 1965 conservando su
lucidez hasta el último momento. Inicialmente, fue enterrada en el panteón
familiar del cementerio de Portugalete levantado en 1880 por el célebre
arquitecto Severino de Achúcarro para la familia Arana, donde también yacían
sus padres y su esposo, el Dr. Areilza.
Traslado definitivo a Motrico: Años más tarde, debido a una reforma y plan
urbanístico del municipio de Portugalete su hijo José María tuvo que exhumar
los restos de sus padres. En un melancólico y frío día de invierno bajo un
temporal de nieve, las cenizas reducidas de Emilia Rodas y del Doctor Areilza
fueron trasladadas en minúsculos ataúdes metálicos al camposanto de Motrico
(Gipuzkoa), donde reposan definitivamente.






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