Saber de dónde venimos nos lleva a valorar aún
más cada trago y cada proyecto actual, comentaba con motivo de la inauguración
de la quinta edición del festival Bizkaiko Txakolina Fest, la asociación
Portugaleteko Mahastizainak Txakolinaren Elkartea, que publicó un
artículo de su miembro y viticultor José Luis Garaizabal titulado "NUESTRO
TXAKOLIN- SUSTRAIAK: DESDE LA PEÑOTA A LA FIESTA DEL TXAKOLIN". En él,
ilustrado con una fotografía del libro “Hospital de San Juan de Dios de
Santurtzi: 100 años cuidando de los ‘vizcainos dolientes’” (2024), se rescataba un documento de marzo de 1913 que respondía con rotundidad a
una pregunta: ¿Sabías que los terrenos que actualmente forman la calle Mugakoa
(junto a la clínica San Juan de Dios) eran abundantes viñedos?
Pasado aquel evento, José Luis ha seguido tirando
del hilo de la historia. Hoy nos informa de la ampliación de su investigación,
que arroja luz sobre los antiguos productores locales y el paisaje que un día
vistió de verde las fronteras entre Portugalete y Santurtzi.
Durante el estudio de los terrenos limítrofes con
la actual clínica de San Juan de Dios, Garaizabal dio con el citado documento
fechado el 19 de marzo de 1913. Se trata de la descripción detallada que hizo
su antiguo propietario, Juan Echavarria Menchaca, tras vender los
terrenos a la Fundación Benéfica Aguirre (entidad que levantaría el centro
hospitalario inaugurado en 1924).
Juan falleció apenas unos meses después, en
diciembre de 1913, habiendo disfrutado los últimos nueve meses de su querida
finca gracias a una cláusula de usufructo vitalicio concedida por Pedro Icaza.
Aunque no lo tiene confirmado al cien por cien, los indicios apuntan a que Juan
Echevarria Menchaca era familia de otra gran productora de txakoli portugalujo
de la época: Laureana Menchaca, madre de María Uriarte.
En
la citada fotografía que la fecha en los años 50, podemos apreciar en primer
plano un caserío, que piensa que se trataba de la “casita del hortelano”,
rodeado de una frondosa parra sobre armazón de madera. Este caserío y las
huertas colindantes pertenecían a la finca Miraflores de John Bailey
Davies que luego pasó a los Monleón-Vicuña rebautizada como Mugakoa. La
casa grande de la izquierda, que en un principio pensaba fuera la casa
principal de Juan Echevarria, era en realidad el lazareto que fue construido
por la fundación sobre su antiguo viñedo, en el que se aislaba a los enfermos
infecciosos de la clínica.
Dichos
terrenos son los que hoy conforman la calle Mugakoa.
La
casa principal mencionada, que no aparece en la foto pues se hallaba separada
del resto de la finca ya que estaba situada junto a la carretera de Portugalete
a Santurce, contaba con tres bodegas y un lagar para hacer vino.
Para
ayudar a su identificación, recurre a un fragmento de una segunda fotografía de
los años inmediatamente anteriores a levantarse el centro, con la casa de
Echevarria, con su tejado de tejas vidriadas de tono oscuro (tras los árboles)
situada entre la casa de María Uriarte (izquierda) que hoy sigue en pie dentro
de la clínica y el chalet Miraflores (luego Mugakoa),
todas ellas frente al actual palacio Oriol.
Los datos técnicos extraídos de este documento son
importantes para la historia de la viticultura local. La propiedad total medía
unos 88.000 pies (8.175,5 m2), distribuidos de la siguiente manera:
El viñedo: Ocupaba unos 26.000 pies (aprox.
2.415 m2) y estaba dispuesto en un moderno sistema de
espaldera con estacas de castaño y tiros de alambre.
Los parrales: Contaba con
tres parrales. Uno de 60 metros con armazón de hierro y bases de piedra en los puyares
(¿poyales=basas
de los postes?) y otros dos de 90 y 38 metros con armazón de madera
de roble, tiros de alambre y base de piedra en los puyares.
Autosuficiencia y recursos: Para
las ataduras, disponían en la finca de infinidad de mimbreras, “que es
difícil obtener aquí en su tiempo”. Igualmente, contaba con un cañaveral
junto al arroyo y un pozo manantial “hecho a barreno y forrado de ladrillo”.
Arboleda: La finca se
completaba con algo más de 200 árboles de doce años de antigüedad, sin contar
las parras.
Este paisaje industrial y residencial que hoy conocemos
fue durante siglos tierra de vino. Ya en 1764, el pintor Ramón de
Villalón plasmó en uno de sus lienzos la zona a orillas del arroyo Peñota —el
cual discurría por el centro de la finca descrita—. Aquella pintura ya mostraba
las laderas plagadas de viñedos en espaldera.
La pasión por las viñas y el txakoli en
Portugalete no es una moda reciente; es una herencia enterrada bajo el asfalto
de calles como Mugakoa. Investigaciones como la de José Luis Garaizabal
nos demuestran que, cada vez que brindamos con vino local, estamos dando
continuidad a una historia centenaria.





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