En la segunda foto de ayer encima de Las Canteras entre el grupo de jóvenes
se divisa la fuente de piedra que al borde de la carretera existía antes de llegar
al Cristo. Eso nos ha recordado este recorte que hoy ofrecemos de hace 45 años y
que suponía entonces el adiós a la última fuente: Un retazo de la historia de
Portugalete.
Y es que el patrimonio de una ciudad no solo se mide por sus grandes
monumentos o basílicas, sino también por esos pequeños elementos cotidianos
que, durante décadas, formaron parte de la vida de sus vecinos. El artículo de febrero
de 1981 documenta un momento agridulce para nuestra memoria colectiva: el
derribo de una fuente decimonónica de Portugalete, acompañado de una foto de
Unai M. Bilbao.
Ubicada tras el muro de Las Canteras, a la sombra de la Basílica de Santa
María, esta fuente no era solo piedra y agua; era un símbolo de la expansión de
la villa en el siglo XIX. Construida en 1872, fue testigo de la transformación
de Portugalete y el último "bastión" de una red de fuentes públicas
que, antes de la llegada generalizada del agua corriente a los hogares, eran el
epicentro de la vida social y el suministro vital para los portugalujos.
Aquel febrero de 1981, el avance del urbanismo y el deterioro ambiental
marcaron su final. Según los informes municipales de la época, el estado de
conservación era crítico debido al azote de la lluvia y el paso de más de cien
años, los gases de los vehículos que transitaban la carretera Santurce-Bilbao
calcinaron sus piedras y la expansión de la zona de Las Canteras.
Aunque inicialmente se intentó preservar su estructura para una futura
reubicación, la fragilidad de sus materiales hizo imposible su salvación,
llevando a una demolición que cerró un capítulo de la historia hidráulica de la
Villa.
El artículo finalizaba con un compromiso institucional: reponer fuentes en
distintos lugares de la villa para recuperar parte de ese aspecto señorial y
funcional que Portugalete ofrecía antaño.
Recordar estos hitos nos ayuda a valorar la importancia de conservar
nuestro entorno y entender que cada piedra derribada es, en el fondo, una
página de nuestra historia que deja de escribirse.

.jpg)
.jpg)






