Un año más, la calle jarrillera por excelencia ha vuelto a ser testigo del reencuentro de "Los Amigos del Ojillo". En esta nueva edición de nuestra tradicional comida de confraternidad, nos hemos vuelto a reunir para celebrar la vida y, sobre todo, para honrar la memoria de aquellos tiempos de juventud que forjaron los lazos que hoy nos mantienen unidos.
La jornada de
este año ha estado marcada por la nostalgia y el respeto. Hemos sentido
profundamente la ausencia de dos amigos entrañables: Miguel Llinares
“Mogollo” y Juan Ángel Barquín, quienes nos han dejado en los
últimos meses. Su recuerdo estuvo presente en cada conversación y en cada
brindis, recordándonos la importancia de valorar estos momentos compartidos.
El encuentro
comenzó donde todo empezó: en la calle del Ojillo. Tras los primeros
saludos y el aperitivo de rigor, nos desplazamos hacia la plaza para cumplir
con nuestra tradición ineludible: la foto en el kiosko. No faltó, por
supuesto, la parada técnica en el Txiki, punto de encuentro que forma
parte de nuestra geografía sentimental.
Uno de los
momentos más emotivos de la comida llegó de la mano de Marta Palacios,
quien nos obsequió con un detalle cargado de simbolismo: un pañuelo con la
imagen de la recordada morera de Rastrilla. Este icono de nuestros
juegos de juventud, que lleva la firma de todos nosotros —aunque algunos
nombres ya solo vivan en nuestro recuerdo—, representa perfectamente nuestras
raíces comunes.
Al finalizar,
la tradicional fotografía junto al cartel conmemorativo, repleto de imágenes de
décadas de reuniones, puso el broche de oro a una jornada que demuestra que, a
pesar de los años, el espíritu de la Villa y la unión de este grupo permanecen
intactos.







.jpg)

