Con motivo de la publicación del nº 37 de Cuadernos Portugalujos, se nos ha preguntado por la sidrería de Echebarria y su situación. Aunque en este blog ya ho hemos recogido, volvemos sobre el tema reproduciendo las fotos inferiores (en la de la derecha un cliente se asoma por la puerta) y aprovechamos para reproducir el artículo de Pedro Heredia, referido al cuadro que encabeza esta entrada:
Es una pintura de mi propiedad, debido a mi iniciativa dibujada por D.
Jerónimo Bilbao y animada en su colorido y personajes por mi sobrino, Manuel
Alonso Astarloa. No se trata de una obra de arte, pero sí un recuerdo
emocionante de un Portugalete muy distinto ambientalmente al actual, y que,
para quienes gozamos en su propia salsa, no volverá.
Fue el fundador y dueño de este Chacolí D. Félix Chávarri del Alisal, que
nació, vivió y murió en esta Villa (1831-1905) y se casó con Dña. Angela de la
Mier y Capetillo, hermana de Dña. Sotera de la Mier, esposa de D. José de
Gorostiza. Las dos casas, la de D. Félix y la de Dña. Sotera, desaparecieron de
la Villa. La primera para dar paso al Colegio que han ocupado las religiosas de
la casa llamada de Chapa.
Casi todas las casas hacendadas de la Villa tenían sus bodegas. Así los
Abarca, Balparda, Bañales, Butrón, Castet, Chávarri, Gorostiza, López, Olaso,
Salazar, Sugasti, Valle, Vicuña, etc. las tenían, ya que fuera del casco
urbano, Portugalete era un viñedo maravilloso.
Los Chávarri, en su magnífica bodega, sita en la travesía de la iglesia,
beneficiaban la uva de sus ricos viñedos de Tocedo, barrio de Cabieces cercano
a la antigua fábrica de pólvora. Pero... adiós ilusión. Las plagas acabaron con
los viñedos y, por ende, con los clásicos “chacolines”.
La última viña que desapareció de Portugalete era de la propiedad de los
hermanos Valle (D. Manuel y D. Darío), quienes habían hecho del chacolí un
néctar exquisito para obsequiar a los amigos. Pero el chacolí portugalujo había
desaparecido comercialmente hacía mucho tiempo, y, con su desaparición, las
bodegas fueron destinadas a otros menesteres.
La de D. Félix se transformó en Sidrería, bajo la inspiración de Antonio
Echevarría, un alavés de Gomecha, de profesión albañil, que alternaba el manejo
de la paleta y la llana con la venta de la rica y refrescante “sagardúa” del
caserío “Ibarguren”, que vendía a esta bodega la casi totalidad de su
espléndida cosecha.
Los personajes que por la Sidrería desfilaban, eran, generalmente, gentes
de mar: Capitanes, Pilotos, Maquinistas y sus futuros émulos los estudiantes de
Náutica, que en la Villa los había muchos, así como gentes de otros estudios y
profesiones. Entre todos destacaba la figura del capitán del “Igotz-Mendi”, D.
Quintín de Uralde a quien había que oírle contar cómo vino a Portugalete y las
hazañas del Crucero Auxiliar “Wolf” de la armada alemana, en la guerra del
catorce, cuando navegaban junto a él, prisioneros, como pontón carbonero de
aprovisionamiento…


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