En la presentación del ultimo numero de CUADERNOS
PORTUGALUJOS, incluí la referencia al palacio de Epalza del Muelle Nuevo, que
recordamos como capilla y residencia de los Agustinos, y que no aparecía en
dicho ejemplar.
Lo tengo reservado para el próximo,
correspondiente a las dos últimas décadas de la dictadura, años 60 y 70, que
fue cuando el voraz urbanismo acabó con la mayoría de estos palacetes. Hoy lo recuerdo
en esta entrada, recogiendo un resumen de lo que Gorka Pérez de la Peña nos
dice de él:
En el jardín exterior de este monumento tristemente perdido se ubicaban dos
fuentes de dragantes de hierro, polícromas, importadas de París.
Tenía en su fachada zaguera un puente de hierro que salvaba el desnivel que
había entre la cornisa de Abaro y los arenales donde se edificó el palacio.
Tras cien años de existencia, fue derribada en 1973, conmemorando así su
centenario. Fue sustituida por una vulgar construcción que rompió brutalmente
con la primitiva disposición y con la alineación global que presentaba el
primer tramo del ensanche.


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