jueves, 9 de julio de 2015

EL DESAPARECIDO BARRIO DE LOS HOYOS Y SU ESCUDO ECLESIÁSTICO


En el barrio de Los Hoyos, a cien metros de altura, se encontraba una pequeña barriada en la que destacaba un grupo de tres caseríos donde vivía desde finales del siglo XIX la familia Gutiérrez-Barquín, que eran conocidos por el apodo de “los pasiegos” ya que se dedicaban a la cría de vacas pasiegas y a la venta de su leche.
La casa central era la más notable del conjunto, apreciándose en la parte superior de la fachada principal de color ocre, dos columnas pintadas en tono más claro, que simulaban sujetar una viga horizontal y sobre ella, un friso decorado con círculos y un renglón con lo que parece una leyenda en caracteres extraños. Hasta donde sabemos, la casa había pertenecido a Mª Concepción Orbegozo, pero desconocemos los propietarios anteriores. En 1861 la vendió al matrimonio formado por Anacleto Sugasti Guernica y Petra Ariño Gorostiza. En 1884, pasó por herencia a sus dos hijos, José y Concepción, quienes alquilaron la casa a “los pasiegos”. Tras la guerra civil, pasó en propiedad a los Gutiérrez-Barquín, que hasta entonces estaban de alquiler.
Si curiosa era la fachada, no menos lo era el escudo tallado en el dintel de la puerta de entrada, lo que evidencia que el escudo tiene la misma antigüedad que la casa. Este escudo ya nos fue relatado en 1985 por Loyola y Xabier Martínez Bilbao en el Boletín nº 7 de ETNIKER-BIZKAIA. El escudo, antes a cubierto bajo el balcón, ha perdido algunos detalles al haber estado almacenado al aire libre, aunque tapado, tras el derribo de la casa hace diez años. Presenta una mitra que actualmente es característica de los obispos y abades mitrados, decorada con una cruz, no apreciándose las dos cintas colgantes llamadas ínfulas. La acompañan dos llaves cruzadas, que simbolizan a San Pedro y a los lados dos letras grabadas, una “S” y una “J” o “I” coronada esta por una punta de flecha. Todo el conjunto denota un claro origen católico y no sería raro que la casa hubiese pertenecido a un jesuita, dado que la Compañía de Jesús se dice en latín, Societatis Iesu (De la Compañía de Jesús) y siempre acompañan al nombre de cada uno de sus miembros.
Loyola y Xabier, también informaron que el dintel de la ventana derecha de la planta baja, tenía grabados los signos IHS, Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los hombres). Este monograma fue adoptado como sello por Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Tras la colaboración de José Antonio Gutiérrez–Barquín, propietario en la actualidad de dicho escudo, completaremos mañana la información de que disponemos de este escudo.

JOSÉ LUIS GARAIZABAL



miércoles, 8 de julio de 2015

PORTUGALETE EN LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL SIGLO XIX, EN LAS FOTOGRAFÍAS DE HAUSER Y MENET (7). EL MUELLE NUEVO



José Antonio Soto, nos ha enviado este detalle del muelle Nuevo de una de las fotos de Hauser y Menet fechada en 1893, que va a trabajar mejorándola con destino al próximo número de Cuadernos Portugalujos.
De momento nos sirve para mostrar detalles que antes nos pasaban desapercibidos, pues aparte de los edificios, como la caseta de Salvamento de náufragos con su mástil, la casa de los carabineros y detrás la fachada oscura de una de las casas junto al palacio de Epalza con su capilla de Santo Tomás, se puede apreciar los paseantes, algunos militares, con sus distintas vestimentas.

La complementamos con la vista del muelle en dirección opuesta, con los mismos edificios a la izquierda y la torre del piloto al final del mismo, unos años después, en 1902, con motivo del recibimiento que se le hizo al duque de Connaught que vino en representación de su hermano el rey de Inglaterra a la coronación de Alfonso XIII.


martes, 7 de julio de 2015

PEDRO SOLABARRIA BILBAO (1930-2015)



Hoy nos toca recordar a Periko Solabarría, que ha pasado por méritos propios a figurar en el Diccionario Biográfico Portugalujo.
Como se ha escrito mucho sobre su trayectoria vital, vamos a recordar lo que se publicó sobre su figura, en entrevista personal, en el libro, Portugalete.Santa María, historia de una calle, que hemos incluido en la Biblioteca Digital Portugaluja, como pensamos hacer con todos los libros publicados sobre nuestra Villa, con el proyecto de que sean digitalizados para que lleguen a todos los portugalujos, pues la mayoría están ya agotados.
 
"La primera sirena significaba que debíamos prepararnos para un bombardeo aéreo, la segunda nos apresuraba para que corriéramos a los refugios y la tercera y ultima anunciaba la llegada de los aviones caza de Franco y el inicio del fuego".
Periko Solabarria Bilbao (Portugalete, 1930), pormenoriza con extraordinaria clarividencia los sucesos de una guerra que le sorprendió con tan solo seis anos, cuando residía junto a su familia en la calle Santa Maria, en la misma casa que le había visto nacer.
"Vivíamos en el numeró 2, pero durante los bombardeos nos refugiábamos en el túnel del tren que unía Portugalete y Santurtzi, en la iglesia o en el sótano del edificio contiguo al nuestro. Recuerdo que mi madre nos hacia dormir vestidos por si teníamos que levantarnos sobresaltados por algún ataque. Además, siempre tenia preparado un capazo pequeño repleto de chocolate para que mi hermana Estefanía y yo comiéramos mientras nos escondíamos, ya que a veces pasábamos allí horas y horas", relata.
"Cuando saltaba la alarma y llegábamos al túnel -prosigue- siempre nos encontrábamos con una avalancha de gente. Los más valientes se quedaban en la entrada, pero los miedosos se metían hasta el fondo. Un día de 1936 sonó la sirena que anunciaba el fin del ataque, volvimos del escondrijo y encontramos nuestra casa destruida por una bomba". Entre aquellas paredes desplomadas se había forjado la familia Solabarría Bilbao y discurrieron los primeros años de la infancia del que décadas después se convertiría en mito de las luchas obreras de la Margen Izquierda. Pero repentinamente, un proyectil alteró la convivencia familiar, encabezada por un trabajador de Altos Hornos procedente de Las Calizas (Gallarta), capaz de no refugiarse y cenar bajo la amenaza de una lluvia de bombas con tal de llegar puntual a su puesto de trabajo en la factoría:
"Se jugaba el pellejo por no jugarse nuestro pan", sentencia su hijo. Tras el derrumbe de aquel edificio -el único afectado en toda la calle Santa Maria durante la contienda-, la familia tuvo que mudarse a casa de una tía que residía en la zona del rompeolas de Santurtzi. Entretanto, la guerra prosiguió y las alarmas antiaéreas resonaban periódicamente en el cielo vizcaíno. Entonces, Periko y su hermana cambiaron las carreras por el Muelle Viejo en brazos de su madre Julia buscando refugio en el túnel, por el escondite entre los bloques de la escollera del Abra. "Nos metíamos entre los huecos que dejaban las Piedras -describe-. Decían que era seguro, pero si hubiera caído una bomba, todos hubiéramos muerto". Su estancia en Santurtzi fue temporal. A aquella mudanza le siguió otra a la travesía García Salazar de Portugalete, y otra más al número 14 de la calle Santa Maria, al edificio propiedad de Felisa Lambarri.
"De la casa de García Salazar también tuvimos que marcharnos porque la asoló un incendio, así que nos volvimos a quedar sin nada", recuerda Solabarría, quien destaca que todas las viviendas en las que transcurrió su niñez fueron en régimen de alquiler. "Después del incidente estuvimos durante unos días en casa de Marcelina, la única practicanta y comadrona que había en el pueblo y que vivía en la calle del Medio; luego nos instalamos en el primer piso del edificio de Felisa Lambarri".
La familia Solabarria-Bilbao permaneció en el número 14 de la afamada cuesta portugaluja de forma provisional, mientras reconstruían la vivienda afectada por el incendio. De aquella época el protagonista de esta historia recuerda "todas las cosas que nos daban cada vez que subíamos a casa de los Emaldi" -hijos de Felisa- y la oscuridad del piso que habitaban. Para cuando se instalaron nuevamente en su hogar, el padre de familia ya había fallecido tras once meses de convalecencia en una cama del hospital Santa Marina, victima de la tuberculosis. Periko Solabarria tan solo tenia nueve años.
En aquel tercer piso, Periko, su madre y su hermana convivieron con diferentes huéspedes a los que rentaban habitaciones que ayudaban a reforzar la precaria economía familiar. "Algunos solo dormían y otros solo comían. El caso es que por allí pasaron militares, ingenieros, médicos... gente muy importante, y mi hermana y yo teníamos que dormir sobre un colchón que cada noche colocábamos en el comedor. También teníamos un servicio pequeñito, pero para asearnos íbamos a duchas publicas", relata Solabarria, que por aquel entonces estudiaba en el colegio de los Agustinos, mientras su hermana lo hacia en las monjas de Santa Ana y su madre trabajaba de cocinera en Casa Vicente.
Sin ni siquiera intuirlo, la proximidad de su hogar a la iglesia Santa Maria marcaría el destino de este portugalujo, que durante años ejerció de monaguillo con el estricto párroco Monseñor Chopitea. 


Así las cosas y con tan solo once años, Periko Solabarria ingresó en el seminario de Gordexola En la década siguiente continuaría sus estudios sacerdotales en Bergara, Artea y Gasteiz, de donde salió con los hábitos puestos a la edad de 24 años.
En su etapa de seminarista, Periko regresaba al hogar materno durante las vacaciones. En esas breves estancias, su carácter enérgico y voluntarioso le llevó a organizar campeonatos de fútbol con los que la chavalería portugaluja disfrutaba infinitamente. Los encuentros se celebraban en "las canteras" posterior a la iglesia Santa Maria, sobre el solar del antiguo cementerio de Portugalete. Allí, 7 u 8 equipos conformados por jóvenes de barrios diferentes disputaban una competición en la que siempre se reservaba algún pequeño trofeo para los ganadores. "Se pegaban, se enfadaban, me chillaban a mi... pero en realidad el campeonato les motivaba tanto que incluso hacían fichajes entre calles", recuerda Periko, que asegura que de aquella experiencia salieron jugadores de fútbol excelentes.


1954 fue el año que marcó el desligue definitivo de este joven con su pueblo natal. Tras su ordenación como sacerdote fue destinado a los barrios de Triano y Las Calizas, en Gallarta, donde tomó contacto directo con la miseria y la explotación que envolvían el trabajo en la mina. "Permanecí allí hasta 1963, pero yo hubiera estado toda la vida, porque aprendí mas en ese tiempo que durante todos los años de internado. Daba todo lo que tenia, ropa comida, impartía mas clases que misa, trabajaba como ellos y logré que obtuvieran algunas mejoras, como por ejemplo, la luz eléctrica. Sin embargo, las condiciones de vida eran pésimas y yo regalaba mas de lo que tenia, así que al final enfermé hasta el punto de que me tuvieron que trasladar a la parroquia de Santa Teresa de Barakaldo antes de acabar moribundo", recuerda.
En su nuevo destino el sacerdote comenzó a compaginar su labor eclesiástica con el desempeño de un puesto de trabajo en la construcción del tren de laminación de Ansio, dependiente de la fábrica Altos Hornos de Vizcaya. Con la sotana a cuestas y la txapela sobre el casco, Solabarria se convirtió así en uno de los primeros curas obreros del Estado español y uno de los principales defensores de los derechos del proletariado. "Tuve que solicitar autorización al obispo Gurpide... No sabia que para trabajar había que pedir permiso", ríe mientras rememora la situación. Diez horas diarias de trabajo y dos años y medio después, el cura obrero se convirtió en peón de la construcción del puente Rontegui. Además, antes de acudir a su empleo, Periko también impartía clases de alfabetización de adultos en el sótano barakaldés en el que residía e impartía misas que "nunca" quiso cobrar a quienes se las encargaban.
Por entonces Solabarna conoció a Txabi Etxebarrieta y otros jóvenes integrantes de ETA, con quienes empezó a compartir opiniones y proyectos y a los que refugió en su propio hogar durante su huida de la policía. Este compromiso le llevó a comisaría en siete ocasiones y le condujo a la cárcel de Zamora en otras dos.
En 1981, Solabarria fue detenido nuevamente por su participación en los actos de protesta contra la visita del rey español a la Casa de Juntas de Gernika.
Desde el inicio de la democracia, este militante histórico de la izquierda abertzale ha pasado por diferentes cargos políticos, entre los que figuran los puestos de diputado en las Cortes de Madrid, concejal en el Ayuntamiento de Barakaldo, diputado en las Juntas Generales de Bizkaia y miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna. Pero sin duda, su paso mas decisivo fue el distanciamiento de la Iglesia. Lo hizo lenta y discretamente hasta que "un buen día me encontré viviendo con mi compañera Begona". Fruto de esa relación, Periko disfruta de tres hijos.



lunes, 6 de julio de 2015

PROGRAMAS DE FIESTAS 2015



Tras unos días lejos de la Villa, en que el blog ha seguido funcionando puntualmente con entradas previamente preparadas, volvemos a estar de nuevo, pidiendo disculpas a los que nos han  enviando temas y que solo hemos contestado con un simple OK.
En estas dos semanas se nos fue Periko Solabarría, estuvimos presentes en el ELKARTERRI EGUNA, Día de Las Encartaciones, gracias a la colaboración de Txomin Hermosilla y de las hermanas
Miren y Aintzane Pradas, nos perdimos la fiesta de la Virgen de la Guía y salió el Programa de Fiestas de este verano.

Como nos resulta lo más cómodo, empezaremos por este último, que se puede obtener en en Centro Cultural Santa Clara, ya que ha recogido dos de los temas que hemos tratado en los últimos meses en este blog, el 50 aniversario del Jatunak y las fotografías de finales del siglo XIX de Juan Antonio Cortés, que estos meses se pueden ver en el hall del Gran Hotel Puente Colgante.
Este Programa de fiestas 2015, se presenta también digitalizado, una buena costumbre a seguir con otros libros o documentos de interés para los portugalujos.


viernes, 3 de julio de 2015

PORTUGALETE 1930: HOSTELERÍA


 Siguiendo con la visión del Portugalete de 1930 que nos da la Guía Vizcaya en la mano, de Reparaz, ofrecemos hoy la relación de establecimientos hosteleros que existían entonces.
Lo cierto es que para los poco más de 10.000 habitantes que tenía, la Villa estaba bien surtida, con 26 tabernas, 5 Cafés, todos con su nombre comercial, “El Norte”, “Portugalete”, “La Marina”, “La Unión” y “Siglo XX”, 2 Bares-Cafés, 2 bares-restaurantes, 1 bar y 2 establecimientos de bebidas.
Tendríamos que recurrir a los archivos municipales para analizar las características que debía reunir cada uno para su clasificación, pues además de bares-restaurantes, había 9 con la denominación de casas de comidas y algunos tenían ambas clasificaciones.
Se completa el panorama con la existencia de 2 fondas y el Hotel actual.

Hemos ilustrado la entrada con la foto de la taberna de Matea Pascual, en el Muelle Viejo, y junto a estas líneas los anuncios del Hotel Portugalete y de Vicente Ibinaga. El primero era gestionado por García y Guantes y tenía su bar, también con la clasificación de café-bar, que influiría en los horarios de cierre.

El segundo, conocido como Casa Vicente, que hoy mantiene su nombre en la calle Coscojales, además de bar-restaurante se anunciaba como Casa de comidas.




jueves, 2 de julio de 2015

NUEVO EJEMPLAR DE TESOROS PORTUGALUJOS



Como ha sido costumbre en los últimos años, el Área de Cultura del Ayuntamiento ha publicado un nuevo número de la serie Tesoros Portugalujos.
Este último ha aparecido en los últimos días de la legislatura anterior por lo que ha pasado un poco desapercibido.
Tras haber dedicado los números anteriores a verdaderos tesoros para la memoria portugaluja, la Carta puebla, el Muelle de Hierro, el teatrillo, el frontón La Estrella, … con este último se ha querido rendir homenaje a la mujer portugaluja.
En este caso creemos sinceramente que el contexto del artículo tiene poco que ver con el proyecto que se viene manteniendo bajo el título de “Tesoros”.
Se encargó el texto a Luis Mª Bernal, ganador del XIV Premio de Investigación Histórica, con su trabajo Villanas Modernas. Las mujeres de Portugalete entre los siglos XVI y XIX, el cual tuvo que componer un texto de cuatro páginas basadas en dicho trabajo, cuando quizás habría que haber realizado el esfuerzo de publicar dicho trabajo premiado que es a lo que verdaderamente aspiran los investigadores.
El ejemplar cuidadosamente editado como es costumbre, está ilustrado con grabados genéricos de dichos siglos de mujeres vascas.
Cuando se presente digitalizado lo añadiremos a la Biblioteca Digital Portugaluja, igual que hemos hecho con todos los ejemplares anteriores, y de momento reproducimos el párrafo inicial con que el autor nos introduce en el tema:

Uno de los elementos principales de las sociedades de la Edad Moderna era la subordinación de as mujeres a los hombres, una discriminación que se producía tanto en el ámbito privado como en el publico y que estaba legitimada por las leyes. Sin embargo, incluso con estas limitaciones las mujeres se mostraron muy activas en la sociedad tradicional, superando las funciones básicas que en principio tenían asignadas, como eran las de ser esposa y madre. Esta circunstancia se producía especialmente cuando fallecía el cabeza de familia o también cuando el marido permanecía ausente del hogar durante largos períodos, ya fuera por dedicarse al comercio, servir en el ejército o por haber emigrado a las colonias americanas. Situaciones de este tipo fueron muy frecuentes en el Portugalete de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, propiciando que las mujeres asumieran una mayor responsabilidad familiar y alcanzaran una mayor presencia en la sociedad y la economía de la villa. Las mujeres que afrontaron estas circunstancias tuvieron que mostrar su capacidad para adaptarse y dirigir sus familias y sus negocios o simplemente para garantizar su propia subsistencia en momentos muy adversos.
Sin embargo, este mayor protagonismo de las mujeres no implicaba que hubiesen alcanzado una posición de igualdad con respecto a los hombres ni que esta situaci6n no causara tensiones en la villa.


miércoles, 1 de julio de 2015

LAS ESTACIONES DEL FERROCARRIL DE PORTUGALETE, LA CANILLA, PEÑOTA Y LA SUBTERRANEA




Tasio Munárriz, al descubrir que en el centro del túnel que une las estaciones del ferrocarril de La Canilla y Peñota, se conserva el andén de una estación subterránea fantasma, ha indagado en el tema y nos señala lo siguiente:

AÑO 1888. Al construirse la línea del “Ferrocarril Bilbao-Portugalete”, el ayuntamiento cedió a esta empresa privada el terreno para instalar las vías, la estación-vivienda y los almacenes de mercancías cerca de la plaza. Además, aportó 30.000 pesetas con la condición de que Portugalete fuese la estación terminal. A cambio, la empresa construyó un nuevo muelle en compensación por el ocupado con sus instalaciones.
AÑOS 1921-22. La Junta de Obras del Puerto construyó el túnel a Santurtzi para transportar las mercancías del puerto y la empresa del ferrocarril instaló la nueva estación de pasajeros en la Canilla llevando los trenes hasta Santurtziº “prescindiendo de los compromisos adquiridos”. Varias comisiones consiguieron que la empresa hiciese desaparecer la estación de la Canilla y que los trenes llegasen hasta la antigua estación. Estos volvían a un cambio de vías para dirigirse luego a Santurtzi.
AÑO 1945. RENFE adquirió la empresa.
AÑO 1952. Un accidente en el cambio de vías hace que RENFE decida que los trenes llegasen sólo hasta la Canilla. Los viajeros tomaban el billete en la estación antigua e iban andando por el estrecho Muelle Viejo hasta la Canilla que era un apeadero sin tejado y sin taquillas.
Esta decisión creaba varios problemas: los 5.000 viajeros que venían al comercio o a disfrutar del paseo y de la playa y los obreros que utilizaban el tren cuatro veces al día para ir y volver de la fábricas tenían que recorrer andando 900 m, según los documentos municipales. Además, los almacenes del ferrocarril eran obsoletos y antiestéticos dando una imagen desagradable para los viajeros y militares que nos visitaban en barco.
AÑO 1953. Los comerciantes escribieron al alcalde Julián Bayo con el fin de que exigiese que los trenes volviesen a la antigua estación tanto para llegar como para salir, que su frecuencia aumentase incluso en domingos y en verano y que, mientras tanto, se hiciese una estación subterránea. La corporación planteó esta solución a las autoridades correspondientes y sugirió que esta estación podía estar en el túnel con dos posibles salidas: en la calle Manuel Calvo a la altura de la estación antigua o en la calle Mª Díaz de Haro.
AÑO 1954. Con la mediación de José María Areilza ante el ministro de Obras Públicas, el ayuntamiento acordó con RENFE que se construyese la estación de la Canilla, se derrumbase la antigua con sus almacenes y desapareciesen las vías inútiles hasta la plaza para convertir la calle Manuel Calvo en una gran avenida, sin olvidar la construcción de la estación subterránea. De ésta ya nadie se acuerda y la estación antigua permanece como oficina de información municipal.         
La cofradía de San Nicolás pidió al ayuntamiento que, ya que iban a desaparecer los cobertizos para guardar sus aparejos, se construyesen otros junto a la rampa del dique hacia el Ferrocarril de Galdames. Esta petición la firmaba el mayordomo Víctor Urrestarazu.
AÑO 1957. Julián Bayo, el máximo defensor de la estación subterránea, aceptó como solución alternativa que el apeadero de Peñota se convirtiera en estación.