viernes, 16 de enero de 2026

¿QUIÉN FABRICA LOS RECUERDOS? (I): POSTALES DE UN PORTU GRIS

 



Hoy volvemos a recibir a Martintxu, quien tras un largo silencio frente al teclado, decide rescatar las vivencias guardadas en su inseparable 'libretita negra'. En este relato, que publicaremos en tres entregas, el autor nos invita primero a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria para luego sumergirnos en los aromas, sonidos y colores del Portugalete de los años 60. Bienvenidos a este viaje por el despertar de una vida entre el cielo rojo de los hornos y el salitre de la playa. 

Ha pasado mucho tiempo sin ponerme a escribir relatos sobre mis recuerdos. Sé que han sido más de tres años y puedo decir que ha habido mucho titubeo ante el teclado. Lo que no ha parado es mi libretita negra del bolsillo trasero izquierdo del pantalon, donde acostumbré a anotar lo que no debía olvidar.
    Y ya puesto, ahora que rehago mi narración, me surge una pregunta: Quién ó qué fabrica los recuerdos ? La pregunta es dura, sí.
    Por qué “Quién?”, es que puede haber alguien dedicado a esa función? No se antoja fácil la respuesta. Más bien, no. 
    O "qué" fabrica los recuerdos? Nos enseñan padres, profes, libros ó ..., que vienen del cerebro.
    O sea, nos contestan como si la pregunta fuera: dónde se fabrican los recuerdos?, lo que aún puede hacerla más dura, porque “dónde?”, pudiera referirse al hueco o cajón donde estén esos recuerdos o referenciar al lugar o la situación vivida en que pueden quedar guardados como tales recuerdos, que es de donde resurgen.
    Creo que los recuerdos vienen desde la nada, para ir ocupando sectores del disco duro cerebral, donde indagamos y vamos extrayendo los que debamos ó deseemos usar; y los que no encontramos ó no son útiles, van quedando ahí y se irán con nosotros a la eternidad. 
    Vengo así, sin saber bien las causas, a buscar y extraer unos recuerdos de mi Portugalete, de mi villa; de El Ojillo -mi calle-, de mi gente, de mis colores, de mis aromas, de mis sonidos,... del despertar de mi vida.
   Brotan ante mi, imágenes de un Portu gris, pardo, sucio, con edificios viejos, muchos abandonados y calles aun no asfaltadas. El Ojillo, mi calle, creo recordar que lo fue en 1960, pero la del General. Castaños, por donde pasó el tranvía, ya lo estaba.
   Los sonidos que más asoman son los que se apreciaban en la noche, ladridos de los perros libres y los de las fábricas más cercanas, junto con la imagen del cielo rojo -cuando extraían la colada en los hornos altos-, los “cuernos” de aviso del comienzo de los turnos,...   
Todavía tengo la imagen de la playa, donde solia ir con la abuela Martina a recoger leña seca, que quedaba sobre la arena tras la pleamar, y era útil, como ahorro, para la cocina de carbón.
   Recuerdo el Txakoli La Parra, pasado La Florida; Tambien el de Larrea, yendo por la carretera de Cabieces, a la derecha, cuando Portu deja de ser Portu.
   Era yo un remache cuando se soltaban las vaquillas en El Ojillo, por San Roque, y apenas me quedan flashes de lo que ocurria. Sí que recuerdo que ese día usábamos pañuelo rojo y los contínuos bailes y biribilketas hasta la hora de La Bajada.
   Desde lejos, 560 km., sigo viendo el tablado en los juegos de la Virgen de la Guía ante la hornacina de la Virgen, las narices negras - hasta la frente- por el betún untado en el culo de la sartén para soportar el duro que había ahi adherido y que se retiraba a refrotones de la napia. Veo también, la tarta de merengue untada en la cara blanca de los participamte en La Sopa Boba.
   Para Santiago y para la Virgen de agosto, se nos ofrecían las cucañas instaladas en los remolcadores fondeados frente a la Fabrica de Tubos, ...

jueves, 15 de enero de 2026

ÁRBOLES DE LA VILLA: UN PATRIMONIO VIVO

 




Es un placer empezar hoy en este blog diversas entradas dedicadas al patrimonio natural de nuestra Villa de la mano de una de las personas que mejor conoce y más ha trabajado por los "vecinos silenciosos" de Portugalete: Joseba Martínez Huerta.

Todo un referente en el ámbito de la educación ambiental, es el autor del libro fundamental Árboles en Portugalete: Naturaleza y Cultura. En esta obra, no solo catalogó los ejemplares más significativos de nuestras calles y parques, sino que nos enseñó a leer en ellos nuestra propia historia y mitología.

Pero su compromiso no se queda en el papel. Joseba es el "alma mater" de la asociación Portubizi, una entidad que nació con el firme propósito de transformar Portugalete en una ciudad más amable, verde y caminable. A través de Portubizi, Joseba y un activo grupo de colaboradores trabajan incansablemente en la renaturalización de nuestros espacios urbanos, organizando paseos botánicos y señalizando nuestro arbolado para que todos los jarrilleros aprendamos a valorar el tesoro que nos rodea.

En esta primera colaboración, Joseba nos invita a reflexionar sobre el valor incalculable de este legado vivo que, a menudo, damos por sentado:


 Todo el mundo es consciente de que los árboles juegan un importante papel en las ciudades: embellecen el entorno, purifican el aire, sirven como barreras contra el ruido, producen oxígeno, nos ayudan a ahorrar energía, refrescándonos con su sombra en verano y reduciendo el viento en invierno, y otros beneficios que sería largo enumerar aquí. Tienen un gran valor ambiental, afectivo y simbólico, además de económico.

Los árboles son un patrimonio de la ciudad y un elemento característico de su paisaje. De hecho, los árboles urbanos sanos son los elementos que más incrementan su valor con el paso del tiempo. Su valor crece exponencialmente con la edad ya que se convierten en recursos de imposible reposición. Forman parte de un patrimonio, un legado, que se transmite de generación en generación. Si cualquier árbol merece ser respetado, hay árboles singulares que merecen una protección especial.

Hace unos años, en los medios de comunicación pudimos leer la noticia de que las autoridades londinenses querían dar a conocer la importancia de las especies cultivadas que adornan la ciudad, y sensibilizar a la ciudadanía sobre su importancia. Para ello realizaron una evaluación que traducía en dinero el valor botánico, estético y social de los árboles más singulares de Londres. El sistema de valoración tenía en cuenta, entre otras cosas. el tamaño, el estado de salud del ejemplar, su importancia histórica y el número de personas que viven cerca de él para disfrutarlo. En la primavera de 2008, el “plátano de Berkeley Square” fue tasado en 938.000 euros. Se trata de un plátano de sombra (Platanus hybrida), que tiene unos 200 años y crece en el jardín central de Berkeley Square, que recogemos en la foto superior.

En Portugalete tenemos unos cuantos plátanos, algunos centenarios, de los que hablaremos en próximos artículos.



miércoles, 14 de enero de 2026

VICTOR URRESTARAZU Y LA CAMPANA DEL AVLONA

 


 Karla Llanos nos envía un ejemplar de La Gaceta del Norte del 30 de octubre de 1955, en el que encontramos un artículo de Perico Smith titulado "El tañido de la campana del asilo vuela hacia el mar", que por su interés reproducimos: 

Viendo el desfile de pasajeros de una a otra orilla de la ría, acodados sobre las barandillas del muelle de Portugalete, estuvimos esperando la llegada del viejo lobo de mar don Víctor Urrestarazu, que tiene su residencia en Sestao. Nos habían dicho que tomaba el servicio en las motoras de pasaje a las dos de la tarde, y para no distraerle, teniendo en cuenta que su compañero de relevo llevaba el timón de la trainera ocho horas largas y estaría suspirando por despachar el último viaje de la jornada, nos adelantamos, para ser breves en el diálogo.
La soledad del muelle se veía turbada de vez en cuando con la presencia de los pasajeros, y el tiempo transcurría rápido, cuando en la lejanía, en dirección a Sestao, vimos a la figura atlética y bonachona de Urrestarazu, a quien no conocíamos. Le delataba su atuendo marinero y su andar sin prisa. Sin preámbulos le abordé con un:
—Buenos días, señor Urrestarazu.
—Muy buenos, sí, señor. Los malos vendrán después.
—Quería hablarle sobre la campana del «Avlona».
—Ah, sí, la campana que tiene historia larga que contar.
—¿Cómo llegó a su poder?
Fue mi padre José quien la recogió a bordo de un buque inglés sumergido en aguas de la barra de Portugalete. La historia fue triste entonces. Ahora es sentimental. Tenía yo 16 años cuando ocurrió el siniestro, el día 7 de marzo de 1901. El mercante inglés «Avlona» se perdió en la parte exterior del rompeolas y se ahogaron 32 marineros de diversas nacionalidades y la esposa del capitán del barco.
—Fue una gran catástrofe— Así la estimaron, según las referencias, todos los países europeos. Los cadáveres fueron apareciendo por las cercanías de la playa de Arrigunaga. Cuando se terminó la tarea de recogerlos, se les dio sepultura en el cementerio de la campa de Averly, en Bilbao, a la que llamábamos Campa de los Ingleses. Los marinos de la época que aún vivimos, recordamos con emoción aquellos días trágicos, con la pérdida del barco y la siembra de cadáveres en la playa.
—¿Qué trabajos realizaba entonces su padre?
—Como los siniestros marítimos se sucedían, porque más tarde se produjo otro hundimiento de características parecidas, mi padre, que residía en Aulestia, decidió venir a Portugalete con otro amigo llamado Juaristi, y ambos, abrazaron la profesión de buzos, colaborando yo más tarde con ellos. La gran riqueza que acumulaba Vizcaya con el descubrimiento de yacimientos de mineral de hierro hizo que Juaristi se convirtiera en contratista minero, y mi padre, a su vez, se dedicara a la extracción de los materiales de buques perdidos, guardando en su casa, como si fuera una reliquia, la campana del «Avlona», recuerdo emocionado de aquel suceso que llenó de consternación a los pueblos de Vizcaya.
—¿Cómo fue a parar la campana al Hospital Asilo de San Juan Bautista de Portugalete?
—Terminada la construcción del edificio, faltaba una campana. El capellán, que conocía el paradero de la del «Avlona», le pidió a mi padre que la donara al Hospital, y a partir de entonces presta servicios muy estimables a la vecindad del Asilo con los toques de oración, de comida y de descanso.Hace unos minutos oí su tañido, señor Urrestarazu. Es ruidoso y alegre y se escapa al mar, como si buscara en la azulada franja a la nave perdida.
—Con razón he oído más de una vez decir que los marinos de entonces recuerdan con dolor lo que la campanita del Asilo quiere decir.
—¿Sabe usted que la campanita ha encontrado un gran amigo que la canta?
—Algo me han dicho.
—La torreta comunica con una habitación ocupada por un asilado ciego, que es músico. Se llama Braulio Zabarte. Muchos días los vecinos suelen escuchar las notas que brotan del piano a través de las ventanas. Son como tristes lamentos del anciano ciego. Y juntos, la campana y el ciego, cantan las alegrías y las tristezas de cada momento, con una emoción que solo los viejos marinos saben hondamente calibrar.


martes, 13 de enero de 2026

EL ASESINATO DE JOSÉ LUIS GARAIZABAL EN LA NOCHE DEL CARMEN EN SANTURTZI (1934)

  

En otra entrada dimos noticias de este suceso ocurrido durante la Republica. Hoy lo completamos con el trabajo de Eduardo Renobales, autor del reciente libro EL PISTOLERISMO EN BIZKAIA DURANTE LA REPUBLICA 1931-1936, que con el título de El asesinato de Garaizabal, hemos incluido en la Biblioteca Digital. 

Las fiestas de El Carmen en Santurtzi suelen ser sinónimo de alegría, pero la historia nos recuerda episodios oscuros marcados por la tensión política de los años 30. El 16 de julio de 1934, en un contexto de crisis y huelgas, la festividad terminó en una tragedia que vinculó para siempre a varios jóvenes de Portugalete.

Aquel día se inauguraba en la plaza de Cagonillos la sede de Acción Vasca (ANV). Para apoyar el evento, un numeroso grupo de jóvenes portugalujos se desplazó a Santurtzi. Entre ellos estaba José Luis Garaizabal, un obrero de la Naval de 23 años, quien acudió acompañado de su amigo, el también portugalujo Rodrigo Markina.

Al finalizar los bailables, ya de madrugada, ambos iniciaron el regreso a casa. Al pasar junto al Ayuntamiento, fueron increpados por un grupo de jóvenes socialistas, la mayoría también de Portugalete y conocidos por las víctimas. Lo que comenzó como un cruce de insultos ideológicos —"meapilas", "desertores de la iglesia"— derivó en una pelea multitudinaria en la que Garaizabal fue herido de muerte por la espalda con un punzón afilado.

La intervención policial se saldó con la detención inicial de nueve personas, casi todas de Portugalete. Entre los nombres que figuraron en las crónicas de la época se encontraban vecinos como Salvador García, Roque Gutiérrez, Daniel Hormaechea, Lucio Zumelzu o José Ramón Fernández. Sin embargo, la justicia señaló principalmente a dos como presuntos autores materiales: Arsenio Lozano Bravo y Gabriel Apaolaza Porras. El destino de estos hombres fue desolador:

Arsenio Lozano murió meses después en el Fuerte de San Marcos tras recibir un disparo de un sargento durante una protesta por las condiciones infrahumanas de la prisión.

Gabriel Apaolaza recuperó la libertad en 1936, pero falleció poco después en el frente de Eibar durante la Guerra Civil.

Rodrigo Markina, el amigo que acompañaba a Garaizabal, se vio envuelto en nuevos episodios violentos años más tarde, terminando sus días ejecutado por garrote vil en 1937 tras la caída de Bilbao.

Este suceso dejó una profunda huella en la memoria local, evidenciando cómo la polarización política de la época segó las vidas de una generación de jóvenes..

 

lunes, 12 de enero de 2026

ADIÓS A RAMÓN BARRASA: UN JARRILLERO DE LEY Y CORAZÓN ROJIBLANCO

 

Portugalete ha amanecido hoy con un vacío difícil de llenar. Nos ha dejado Ramón Barrasa, un buen amigo y, sobre todo, un "jarrillero" de pura cepa.

Cuando un amigo se va…

Ya no te vere más en tu paseo diario hacia la Punta, cuando ya en los últimos tiempos, el camino se te hacía más largo y la barandilla del muelle se convertía en su aliada fiel para recuperar el aliento, pero nunca faltabas a esa cita con el salitre. Extrañaremos su presencia en el rincón de la ventana del TXIKI tomando tu txikito, o sentado a la puerta de El Abra, siempre rodeado de la gente que te quería, tu familia y amigos.

Ramón vivió el fútbol desde todos los ángulos. Su pasión empezó de chaval, como lo vemos en esa vieja fotografía, disputando los campeonatos de la tejavana. Esa garra de juventud le llevó a defender con orgullo los colores del Club Portugalete, el Santurtzi y el Amorebieta, donde destacó como un defensa central de los de antes, con "buena correa".

Pero si algo definía a Ramón era su amor incondicional por el Athletic. Socio durante más de 50 años, recorrió medio mundo siguiendo a los leones: desde el Camp Nou hasta aquel viaje inolvidable a Gelsenkirchen para ver al equipo de Bielsa contra el Schalke 04.

Hace apenas dos años, la prensa se hacía eco de su increíble espíritu. Con casi 90 años, Ramón no se perdió la final de La Cartuja. Con su humor tan socarrón decía que el DNI solo servía para enseñárselo a la Guardia Civil, porque su corazón seguía siendo el de aquel niño que jugaba en la tejavana.

Aquel viaje a Sevilla fue su último gran servicio a la causa rojiblanca. Quería ver la Gabarra una vez más por la Ría, y nos dio a todos una lección de optimismo: "Tenemos buena correa, así que a disfrutar".

Ramón, te vas con la Copa en el equipaje y el cariño de todos los que te conocieron. El Muelle de Portugalete se queda hoy un poco más huérfano de amigos y conocidos. Te veo en la foto del campo de San Roque en aquel equipo de los Chulis que llegó a la final, el primero de pie, con Enrique, Chuli y Carolo, mientras agachados vemos a Javi Alda, Carlos Quintana, Santi, Villa y José, y que como tu recordabas eras de los últimos que quedaban.

Goian bego, Ramón. Descansa en paz, amigo.

 

FOTOGRAFÍAS DE LA ESTACION DE PORTUGALETE EN 1980, DE LOS FONDOS DE RAMON BERNARDO

 





Hoy comenzamos a ofrecer fotografías referentes a nuestra Villa de los fondos del fotógrafo sestaotarra Ramón Bernardo, que nos han sido cedidas por su hijo Ramón.

Nacido en 1941 descubrió la fotografía a través de su padre, y sus pasos profesionales los dio por la prensa y la radio. Trabajó para Hierro, colaborando después con Hoja del Lunes, La Gaceta del Norte, y otros periódicos, así como técnico de sonido en Radio Bilbao. Falleció el año pasado.

Sus fotografías nos sirven para constatar los cambios en la fisonomía urbanística de Portugalete en las últimas décadas, y pocos lugares lo atestiguan con tanta fuerza como el entorno de La Canilla.

Las dos fotografías que hemos elegido, ligeramente coloreadas, corresponden a la antigua estación de Portugalete en el año 1980. Llevaba cerrada al tráfico de pasajeros desde 1965, aunque durante una década siguieron entrando a ella para descargar mercancía.

A finales de ese año de 1980, el Estado cedió sus terrenos al Ayuntamiento que dos años después tras urbanizarlos los inauguró dándoles el nombre de Paseo de La Canilla, pues empezaban bajo la Plaza del Solar y acaban en La Canilla, a donde se había trasladado la estación a lo que hasta entonces era un apeadero.

Sus fotografías, a las que añadimos una actual con el edificio destinado a oficinas de Turismo, no solo nos muestran la evolución del edificio, sino el cambio de paradigma de una sociedad que ha sabido conservar su patrimonio arquitectónico adaptándolo a los nuevos tiempos. Desaparecidas las barreras ferroviarias, el edificio respira y se integra totalmente en el paseo de la ría, conectando el casco histórico con el agua de manera fluida.

 Que estas imágenes que vamos a ofrecer y sus cortos textos informativos sirvan de recuerdo a Ramón Bernardo todo un referente en el fotoperiodismo de la margen izquierda.

domingo, 11 de enero de 2026

EL PINTOR FEDERICO MADRAZO Y SU VISITA A PORTUGALETE EN 1848



Ya que en una entrada anterior recogíamos la acuarela realizada por el gran pintor Federico de Madrazo y Kunt (1815-1898) que pasó en Portugalete una temporada, completamos hoy la reseña con las noticias que se conservan de su estancia, y que ha recogido perfectamente Dani Docampo.
    Se encuentran en tres cartas mandadas desde la Villa a su padre, José de Madrazo (1781-1859), comprendidas entre el 8 al 17 de agosto de 1848, y recogidas en el libro Federico de Madrazo, Epistolario.
Su viaje era fundamentalmente para tomar baños de mar y respirar los aires de nuestra costa que tan bien sentaba a la salud de su familia.
    De la Villa resalta su iglesia “sin disputa una de las más lindas que se puedan ver de la arquitectura llamada gótica; en cuanto a cuadros no hay en ella muchos y vi sólo dos tablas flamencas, o por mejor decir un tríptico y una tabla, muy notables sin duda de la escuela de Hemling el tríptico, y de la escuela lombarda la tabla, que representa Regina angelorum.
Como curiosidades señalaremos que las cartas de su padre le llegaban vía Bilbao por la ría y se las entregaba “el carrocero o gondolero” y que una de sus visitas fue a Sestao donde realizó un pequeño boceto (“cuatro rayas”) de la casa torre, que “despegaba entre sus cuatro torreones una bellísima crestería”.
     Hemos encabezado esta entrada con una vista de Sestao en 1874 y la citada casa torre, con Portugalete al fondo, obra de Juan de Barroeta.

Publicado el 10 de enero de 2012