En su edición del 18 de diciembre 1981, EL CORREO, con
la firma de JACINTO GOMEZ TEJEDOR, escribía el siguiente articulo:
Hace ahora cien años, precisamente en el 1881, se
constituyó una sociedad, integrada por elementos netamente bilbainos, con la
finalidad de construir un ferrocarril que uniese la Villa con las zonas
costeras de El Abra. Era un buen momento, ya que la intensa explotación de las
minas iba impulsando las iniciativas industriales y por Baracaldo y Sestao se
levantaban importantes factorías.
El primer antecedente partía de 1863, cuando el inglés
Charles Vignoles (que había dirigido las obras del ferrocarril de Tudela a
Bilbao) presentó un estudio en que proponía la prolongación de aquél hasta las
inmediaciones del mar, siguiendo la orilla izquierda de la ría. Más tarde, en
1871, Federico Solaegui, solicitó el replanteo de un trazado desde el muelle de
Ripa a Portugalete, reproduciendo la idea de Vignoles; pero aún tuvieron que
pasar diez años —como he indicado al principio— para que la idea de Solaegui
cuajase en la creación de una sociedad decidida a realizar el proyecto.
Presidía el Consejo de Administración de esta
Sociedad, llamada «del Ferrocarril de Portugalete», José María de Arteche y la
dirección de las obras se encomendaron al ilustre ingeniero de caminos Pablo de
Alzola.
Se dio fin al primer trozo, entre Bilbao y El
Desierto, en 1888; y al año siguiente quedó terminado el segundo tramo entre El
Desierto y Portugalete. Los primeros viajeros utilizaron en Bilbao una estación
provisional situada en el muelle de Uribitarte, que bien pronto fue sustituida
por la definitiva, junto al puente del Arenal. Bien recordamos los viejos
usuarios, aquel edificio de madera, rematado por un reloj y era éste de tan
regular funcionamiento, que sirvió como definidor de la hora a muchas generaciones
de viajeros y transeúntes.
En 1926, por la Junta de Obras del Puerto, se
construyó el ramal de Portugalete a Santurce, siendo cedido en explotación a la
Compañía del ferrocarril. En 1935 se terminó la electrificación completa de
todo el recorrido. Y, en 1936, aquella estación de madera de la esquina de
Bailén cayó víctima de los destrozos de nuestra guerra. En 1938 se empezó a
construir la nueva, la actual, junto con el «rascacielos» (el primero de
Bilbao) que causó admiración a aquella generación de postguerra.

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