La familia Muñoz Llanos fue
protagonista de una nueva desgracia seis años después, cuando la galerna de la
madrugada del 2 de junio de 1926 puso en aprietos a la flota pesquera. «Un
fuerte temporal del noroeste hizo que la mayoría de las embarcaciones de
nuestra costa se vieran en grave peligro de naufragar, y todas ellas se
apresuraron a ganar puerto», recogió 'El Noticiero Bilbaíno'. En
Portugalete, cuatro botes a motor y uno de remos lograron el ansiado abrigo, «teniendo
los tripulantes que luchar denodadamente contra el vendaval y el furioso embate
de las olas», y otro consiguió con tremendas dificultades arribar al puerto
de Plentzia.
Pero en el angustiado recuento de
la mañana faltaba uno, el Julia (o Joven Julia, según otras versiones), la
embarcación de José Muñoz. Al parecer, sus cuatro tripulantes también habían
tratado de alcanzar Plentzia, y en algún momento circuló el rumor de que se
encontraban allí, sanos y salvos, pero lo único que llegó, a las nueve de la
mañana, fue el bote vacío, abandonado al oleaje con la quilla al sol.
José volvió a salvar la vida porque
no había salido a faenar aquella noche, ya que estaba enfermo. Se había hecho
cargo de las funciones de patrón Anastasio Santo Tomás, de 25 años y recién
casado: ningún diario lo confirmó y existe un levísimo desajuste en las edades
publicadas, pero parece claro que debía de tratarse de aquel sobrino que
resultó herido en el accidente provocado por el tren. Otro de los arrantzales
era Luciano Francia, de 32 años y padre de cinco hijos, que trabajaba de obrero
en La Vizcaya pero, agobiado por las necesidades de su numerosa prole, dedicaba
a la pesca sus días libres en la fábrica. Y, finalmente, estaban los dos
adolescentes: Miguel Inunciaga, de 16 años, y Joaquín Muñoz, de 15, hijo del
dueño del bote. La familia había perdido un tercer hijo. Solo se recuperó el
cuerpo de Miguel, que apareció días después en Barrika.
Del mismo modo que el suceso del
ferrocarril se prolongó de alguna manera en la terrible caída del niño desde el
balcón, también este naufragio tuvo un epílogo insospechado que estuvo a punto
de acabar mal. Un joven de 28 años, residente en la calle Coscojales de
Portugalete, intentó suicidarse en la escalera de su bloque, pero no lo
consiguió porque varios niños dieron a tiempo la voz de alarma. Así reflejó 'El
Liberal' la explicación que brindó a la Policía: «Manifestó que se hallaba
desesperado porque en casa no le daban dinero para comprar el bote Joven Julia,
que naufragó no ha mucho, pereciendo sus ocupantes».
El naufragio del bote Joven Julia
desencadenó una oleada solidaria. Se realizó una cuestación en la corrida de
toros de Vista Alegre, se organizó un partido entre los primeros equipos del
Barakaldo y el Portugalete y se celebraron veladas benéficas en la propia villa
jarrillera y también en localidades como Ondarroa o Eibar, con artistas como el
cura tenor Ramón de Laborda.
Carlos Benito
EL CORREO (9-8-26)
Sobre esta tragedia existe mas información
en la entrada titulada:
LA TRAGEDIA
DEL BOTE JULIA
EL 2 DE JUNIO DE 1926
