martes, 30 de noviembre de 2010

LA DRAMATURGA RITA DE BARRENECHEA (1757-1795) Y SU OBRA CATALIN, AMBIENTADA EN PORTUGALETE


Esta entrada la firma Daniel Docampo:


María Rita de Barrenechea, marquesa de la Solana y condesa del Carpio, (1757-1795) es un nombre olvidado del teatro español y, sorprendentemente, de la literatura vasca. Nacida en Bilbao de familia de alta nobleza vizcaína, emigró pronto a Valladolid, donde se casó, y más tarde a Madrid donde falleció a la temprana edad de 37 años.
En la capital, se relacionó con la sociedad más distinguida del momento y formó parte de los mejores círculos literarios, entablando gran amistad con Jovellanos –que nos dejaría una interesante descripción de Portugalete en los Diarios–. De ella, ha perdurado el magnífico retrato que le hizo Goya pocos meses antes de morir, marcada su figura por la enfermedad, pero podemos considerarla una autora dramática original pese a conservarse solamente dos de sus obras: “La aya” y, sobre todo, “Catalin” una comedia de corte neoclásico y sentimental que sitúa su acción en el Portugalete de finales del siglo XVIII. La comedia es muy breve y cuenta únicamente con siete personajes que usan como escenario un caserío situado en lo alto de Por-tugalete donde acogidos por el Barón –paradigma de virtud y benefactor muy querido de los portugalujos– viven la joven Catalin, su padre, Barreina, su hermana, Marichu, y Guitia, adoptado por Barreina al quedarse huérfano. Catalin y Guitia se enamoran pero las penurias económicas de la familia les frenan para dar el paso del matrimonio. Catalin, en vez de pedir ayuda al Barón, se la pide a Beitia, un caballero despreciable encaprichado de ella y que se la niega. A esto se une que Guitia es detenido al ser confundido con un bandido. Al final todo se resuelve y la pareja puede casarse gracias al amparo del Barón.
Las referencias a Portugalete son escasas: apenas un bosquejo de sus modestas gentes agradecidas por la bondad del Barón que al verle salen “a las puertas, y ventanas; las mujeres, y los niños le abrazan por las rodillas. ¡Y en qué se ve para desasirse de ellos! Él los llama hijos míos, y llora; […] no hay persona en todo Portugalete que no se dejara matar por el señor Barón” (pp. 3-4) y la detención de Guitia que “estaba en la plaza” (p. 48), haciendo alusión, a la plaza del Solar.

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