jueves, 15 de diciembre de 2016

MUJERES PORTUGALUJAS: SOFÍA AYARZA (1896-1969)


En  la historia de la hostelería portugaluja ha habido muchas mujeres que han dejado su impronta en conocidos establecimientos de comidas o bebidas y cuyo nombre oficial era el de los maridos, como correspondía a una costumbre social de la época. Recordamos a María la de Vicente, la Guerniquesa, Gregoria la de Aurrekoetxea, Ameli la de Arrieta, y traemos hoy aquí a Sofía la de Rovira.
Sofía Ayarza Urdampilleta, nacida en la Villa el 1 de noviembre de 1896 era nieta de un sastre bilbaíno que se estableció aquí en 1870 donde siguió ejerciendo su profesión. La dedicación hostelera familiar la empezó con su hijo Ricardo Ayarza Navamuel, que en 1892 consiguió autorización para abrir su establecimiento del Muelle Viejo nº6 con un rótulo que decía “Casa de huéspedes, Comidas y Bebidas de todas las clases”.
En 1899, cuando nuestra protagonista tenía tres años, él abrió en el nº1 de la calle Santa María una casa de huéspedes y restaurante con dos rótulos, uno en el balcón que da frente a la Plaza y el otro en una de las ventanas que daba al Muelle Viejo. En los rótulos ponía La Guipuzcoana, en honor a su mujer Maria Urdampilleta Beristain que procedía de Regil, que se hacía cargo de los fogones del restaurante y que continuó el negocio al quedarse viuda, pues el Anuario Comercial de 1929 recoge las Tabernas de la Vda. de Ayarza.
Una de ellas sería la que abrió el año anterior de 1928, como Bar Restaurante de M. Ayarza en la calle Manuel Calvo 13, regentado por una de sus hijas, mientras como vemos en el anuncio, también de ese año mantenía otro Bar Restaurante en Santa Maria 1 y 3 con el conocido nombre de La Guipuzcoana.
Vemos que las hijas habían aprendido la dedicación de su madre, pues Sofía casada con Ricardo Rovira, tenía también por esas fechas una casa de huéspedes en el primer piso de Manuel Calvo 3.
Su marido Ricardo Rovira Echeguren, nacido en Deusto en 1886, había llegado a Portugalete con seis años, con su madre viuda, instalándose en la Plazuela del Cristo y trabajando posteriormente como obrero de Altos Hornos. Este matrimonio dio lugar a una larga saga portugaluja pues tuvieron 10 hijos, cinco mujeres (Sofía, Carmen, Antonia, Raquel, Aurora) y cinco varones (Ricardo, Benjamín, Eduardo, José y Rodolfo).
Al margen de los números de las casas del muelle Viejo (Almirante Vallecilla o Manuel Calvo) que han ido cambiando, está claro que al entrar en la década de los años 30 Sofía tenía la casa de huéspedes en el Muelle Viejo, quizás también con bar, y en alquiler la cervecería de los jardines de Valle , donde además anunciaba Bar “La Cervecera” de Ricardo Rovira, con “distracciones y recreos de todas clases”
Con la guerra civil y los bombardeos, fue destruido y en su lugar se levantó el actual edificio del Mercado de Abastos.
Su hijo Eduardo, nos dejó la pintura superior, desde la plaza, con un paisaje hoy difícil de reconocer, con la casa de Marta a la izquierda, la de Valle en el centro y a la derecha la cervecería, con la primera casa de la calle Nueva detrás, que es la única que hoy se conserva.
Sofía fue una mujer de gran carácter, que se encargó de sacar adelante a su larga prole, todos los cuales tendrían que ayudar algo en el negocio en función de su edad, ya fuera tras el mostrador, en la cocina o sirviendo comidas. Con la guerra civil evacuó de la Villa con sus hijos hacia Cataluña y Francia y a su regreso, se centró ya exclusivamente en el establecimiento del Muelle Viejo, frente a la entonces estación.
El anuncio del programa de fiestas de 1942, como Bar Restaurant Ricardo Rovira, señala como especialidad en comidas y meriendas, la Sidra de Ondarroa y el Chacolí de Baquio.
Lo mismo que hizo su madre Sofia “la Guipuzcoana”, que continuó al frente del negocio al quedarse viuda, ella al enviudar en 1950, reformó el local y continuó con el mismo, hasta que murió en 1969 con 73 años.
Lógicamente ya trabajaba en el Bar su hijo Rodolfo que a partir de esa fecha pasó a regentarlo hasta su fallecimiento en 1972. Fue la viuda de este, Clementina Sanz y su hijo Rodol, quienes siguieron detrás de la barra como última generación de los Rovira, ya que posteriormente continúa en alquiler.
No cabe duda de que el Bar de Sofía, la de Rovira, es un clásico en Portugalete, y en la memoria de muchos quedan entrañables recuerdos, desde aquel batel colgado en el techo con la R del mismo, puesta al revés, hasta la cartelera que los domingos recogía la quiniela futbolística, su sidra fresca del Canadá, sus bocadillos o su jariguay del Paraguay.

De la larga prole de Sofia Ayarza y Ricardo Rovira, recogemos junto a estas líneas una foto de algunos de sus nietos con Luis Bastida Rovira, que nos ha facilitado datos sacados del Archivo  Histórico Municipal.











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