jueves, 12 de febrero de 2026

RAÍCES DE LA VILLA. NUESTRO PATRIMONIO ARBÓREO: EL PARQUE DE IGNACIO ELLACURIA

 


Al comenzar el siglo XX el barrio de Abaro se extendía entre el escarpe de la cornisa sobre el mar y el Casco Viejo. Su privilegiada situación como mirador sobre la entrada de la ría, hizo que la burguesía fuera construyendo sus casas, distribuyéndose a cada lado de la carretera nueva a Santurce por donde circulaba el tranvía. La primera se levantó en 1853 y fue la de Lexarza, con un amplio y frondoso jardín junto a su hermoso palacete.

El parque que ahora disfrutamos se asienta en lo que fueron aquellos jardines y lleva el nombre de uno de los portugalujos más universales. Al igual que el propio espacio físico, los árboles que hoy encontramos son fruto de esa evolución histórica, un legado que debemos proteger. En el parque tenemos gran variedad de árboles, algunos centenarios. Entre ellos destacan los plátanos de sombra.

El plátano de sombra (Platanus hybrida) es un árbol de crecimiento rápido, que puede llegar a ser muy longevo. Algunos ejemplares lucen majestuosos. Cuenta Herodoto que marchaba el rey persa Jerjes I con un ejército de 100.000 hombres para luchar contra los griegos y vengar la derrota de Maratón, cuando al llegar a la región de Lidia (en la actual Turquía) encontró un ejemplar gigantesco de plátano. Quedó deslumbrado por la belleza y magnitud del árbol, por lo que ordenó a su ejército detenerse y acampar. Al día siguiente, hizo rodear su tronco con una cadena de oro y protegerlo con una guardia. Este episodio inspiró “Ombra mai fu”, el aria de apertura de la ópera Jerjes, de Georg Friedrich Händel, en la que el rey persa canta a ese fantástico plátano.

También en el parque Ellacuria podemos admirar estos árboles centenarios, y oír su música, mecidos por el viento.

Joseba Martínez Huerta.

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