En 1877 se creó la Asociación
Vasco-Navarra de Beneficencia de la Habana cuyo objetivo
principal era ejercer la caridad y el socorro mutuo para ayudar a los “vascongados
y navarros” que se encontraran en situación de necesidad en Cuba.
Entre los fundadores había personas de una posición económico-social
destacada, la mayoría eran vizcaínos (más del 50% en 1890), reflejo de la
fuerte presencia de emigrantes de esta provincia en la élite comercial y
administrativa de La Habana.
La participación de Manuel Calvo y Aguirre en su fundación fue de
carácter institucional y estratégico, formando parte del núcleo duro que
oficializó la institución y tras las reuniones preparatorias en el Casino
Español de La Habana, y aunque le gustó siempre actuar en la sombra fue elegido
Vocal de la Junta Directiva liderada por Joaquín Calbetón (Presidente) y
Francisco Durañona (Vicepresidente).
Como patrono y gestor inicial, aportó el peso de la oligarquía vizcaína
para asegurar que la sociedad pudiera "socorrer a cuantos vascongados y
navarros necesitaran el auxilio de la misma", aunque posteriormente, en el
ejercicio de 1895-96, fue proclamado como Presidente Honorario.
A su sombra
estuvieron también tanto Manuel Otaduy y Ruiz, su administrador y que representó sus intereses en la isla a
su regreso a Portugalete, y que llegó a ocupar en 1902 la presidencia de Asociación de la que luego seguiría
hasta su muerte, como presidente de Honor, y su sobrino Faustino Diez Gaviño,
que desde su llegada fue miembro casi permanente de la Junta Directiva
dirigiendo su órgano oficial el
Laurak-bat, semanario fundado y
dirigido por él dedicado a la colonia vasca.
En la primera junta de la Asociación en 1877 figuró como hemos visto de primer
vicepresidente Francisco de Durañona. Con el Archivo Histórico Municipal
cerrado y a falta del grupo de investigadores colaboradores de las ultimas
décadas, recurrimos a Internet que nos lo señalan como también portugalujo.
Con todas las reservas, recojo lo que encuentro:
Francisco de Durañona y Cuadra (c. 1835 – c. 1900), nació en Portugalete, en el
seno de una familia vinculada a la burguesía comercial y marítima. Como muchos
jóvenes de su estrato social, emigró a Cuba a mediados del siglo XIX,
integrándose en las redes de "paisanaje" que ya operaban con éxito en
La Habana. No fue un simple inmigrante; se convirtió en un propietario de
ingenios y un comerciante de alto nivel. En 1869, su nombre aparece en
documentos oficiales como uno de los "propietarios y comerciantes
residentes en La Habana" con suficiente peso político para elevar quejas
directamente a la Corona española sobre la gestión del Capitán General de la
isla.
Su principal centro de riqueza fue
el ingenio Concordia, donde implementó avances técnicos para la
producción de azúcar, situándose en la élite de los hacendados vizcaínos como Manuel
Calvo, de quien fue un socio cercano y colaborador en diversos negocios y
empresas, llevando la gestión y los intereses económicos del ingenio "Portugalete".
Se le menciona como poseedor de uno de los mejores ingenios por su
producción y fuerza, y como uno de los líderes de la oligarquía negrera que
colaboró con Julián Zulueta, por lo que llegó a ser desterrado por delitos
relacionados con la trata de esclavos.
El mayor legado histórico de este posible portugalujo, fuera de los
negocios, fue la institucionalización de la ayuda entre vascos como
vicepresidente de la Asociación gestionando los fondos para ayudar a
compatriotas enfermos o en situación de indigencia.

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