Con la llegada del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la mirada se vuelve inevitablemente hacia nuestras calles. El callejero de nuestra Villa no es solo un conjunto de direcciones; es el reflejo de lo que una sociedad decide honrar. Sin embargo, en Portugalete, ese mapa cuenta una historia incompleta y profundamente masculinizada.
Mientras paseamos por calles dedicadas a santos, árboles o montes, conquistadores,
o artistas sin ninguna relación jarrillera, la presencia femenina es un rastro
casi invisible. La historia de nuestra nomenclatura ha priorizado a personajes
militares, marinos, religiosos o políticos. ¿Dónde están las mujeres que
construyeron Portugalete?
Si analizamos los nombres propios femeninos que han logrado romper el muro
del olvido, detectamos un patrón limitante. Al margen de la fundadora, María
Díaz de Haro, el acceso de la mujer al callejero ha estado condicionado
casi exclusivamente a la beneficencia: A principios de siglo XX, Casilda
Iturrizar y Sotera de la Mier, durante el franquismo, María Vallejo y
Carmen Gandarias y ya en la democracia, al final del siglo XX, Filomena
Trocóniz y Fernanda de Carranza.
Incluso bajo gobiernos republicanos, la sensibilidad feminista fue
inexistente en este ámbito. No fue hasta 1993, con el nombramiento de Fernanda
de Carranza, cuando el Ayuntamiento reconoció explícitamente no solo su
labor benefactora, sino su papel como la primera mujer concejala.
Aquello se planteó como un "pequeño homenaje" a las mujeres en la
política, pero tres décadas después, el avance sigue siendo insuficiente.
Reivindicar el nombre de las mujeres en nuestras placas no es un capricho
decorativo; es un acto de justicia histórica. Portugalete debe dejar de ser un
mapa de ausencias femeninas para convertirse en un reflejo fiel de su
ciudadanía.

Las mujeres a las que se refiere la entrada (excepto Filomena Trocóniz, que era maestra) representan a la clase dominante. Por lo tanto, la inclusión y permanencia de esos nombres en el callejero es responsabilidad de quienes defienden los intereses de dicha clase social.
ResponderEliminarNo obstante, en 1931 (durante el "bienio progresista" de la segunda República) el alcalde quiso cambiar el nombre de la actual avenida Abaro por el de María Vallejo, pero esta se negó.
Guiarse exclusivamente por criterios cuantitativos o "de género" para aumentar el número de mujeres en el callejero, sin tener en cuenta otros aspectos importantes -por ejemplo, la ideología de las homenajeadas- conduce a decisiones tan "pintorescas" como dedicar en 1993 una calle a una concejala que ejerció durante la dictadura de Primo de Rivera (Fernanda Carranza) u otra en 2007 a una enemiga declarada de los anticonceptivos y el aborto (Madre Teresa de Calcuta).
Una excepción positiva a lo dicho es el parque dedicado en 2025 a María Franciska Dapena, aunque este acuerdo sigue la tendencia de imponer ciertos nombres personales en sitios deshabitados, teóricamente para no molestar a los vecinos con cambios de denominación (que en Portugalete son necesarios para cumplir la ley de Memoria Democrática).
En resumen, el problema no es el déficit de nombres femeninos en nuestras calles, sino el predominio en ellas de mujeres reaccionarias y retrógradas. Y eso, por no hablar de los criterios cada vez más peregrinos que se usan en todas partes para este tipo de "bautismos".