lunes, 19 de agosto de 2013

EL FINAL DE LA DÁRSENA DE LA ESCALA (I)



 Tal y como nos contó “la fuente de La Canilla” en el programa de Fiestas de este año, al narrarnos sus vivencias debidas a la llegada del ferrocarril a Portugalete el 24 de Septiembre de 1888, el edificio de la estación de Portugalete no estaba aun construido y del antiguo puerto solo quedaba una pequeña dársena entre la Plaza y el final de las vías.
Pues bien, veamos cómo se rellenó el último reducto de la Dársena de la Escala.
En 1885, Casto de Zabala había redactado un proyecto de urbanización de los terrenos que ocupaba el antiguo cementerio en la parte trasera de la iglesia, una vez trasladado a Pando (1880-1882), en el que se contemplaba la nivelación del terreno hasta la cota de la parte delantera, construyéndose un pórtico-paseo que la rodeara a excepción de la torre y un camino que comunicara el Campo con la carretera. También aparecía en el proyecto un frontón con su pared izquierda conteniendo el talud de la carretera y el frontis en el lado de las actuales escaleras. El frontón no se construyó y el pórtico solo iba desde la torre a la sacristía original.
En 1888, el Ayuntamiento decide aprovechar las rocas y tierras para ser usadas en el relleno de la dársena y Berriozabal redacta un proyecto de vertedera de madera por la que lanzar los materiales hasta el Muelle de Vallecilla (Muelle Viejo) entre las casas de Vilichi y Castet (actuales números 16 y 18), con un costo de 2.420 ptas. (C098-076). El montaje de la vertedera suponía el desmontaje provisional de los aleros de las casas que daban a las escaleras y eliminar parte del pretil del Campo por el que se verterían las rocas. Para aminorar la velocidad de caída, se instalaron dos planchas de hierro que harían de freno y además se forró del mismo material la parte superior de la estructura. Los vecinos sufrirían de lo lindo con este “regalo”. El contratista al que se adjudicó la obra fue José Andrés de Alberdi, que la finalizó en Diciembre, poniéndola al servicio del contratista del relleno, Ventura de Altamira, al que se le concedieron cuatro meses para realizar el desmonte de terreno y el traslado hasta la dársena por medio de una vía provisional a lo largo del Muelle Viejo. En un primer momento le prohibieron realizar voladuras junto a la iglesia, exigiéndole extraer la roca con palancas y cuñas, pero todo quedó en prohibirle trabajar en festivos y durante las funciones de la iglesia en días de labor. De esta extracción ha derivado que a estos terrenos los conozcamos los portugalujos como Las Canteras. Al finalizar la obra, desmontaría la vertedera y los materiales pasarían a su propiedad.

Seguiremos mañana. Jose Luis Garaizabal


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