jueves, 4 de febrero de 2016

FIESTAS DE CARNAVAL


 Como estamos en época de carnavales, al igual que hemos hecho otros años, no podemos pasar sin recordar algo de lo poco que conocemos de la historia de estas fiestas que durante los cuarenta años de la dictadura franquista estuvieron prohibidas, por lo que al llegar la democracia hubo que reinventarlas recurriendo a las personas mayores y a sus recuerdos de antes de la guerra.
Las noticias que nos quedan en la Villa se remontan al menos a 1839 con la existencia de bailes de máscaras y comparsas que salían cantando, siempre con el permiso correspondiente, y que duraron un siglo hasta que en 1939 se prohibieron. Dada la tendencia en estas fiestas, a ridiculizar al poder, ya fueran políticos, militares o religiosos, no es de extrañar que en las dictaduras como la de Franco, los prohibieran.
Como estamos preparando la década de los años treinta del siglo XX, diremos que las noticias que tenemos corresponden a la celebración de bailes de máscaras solicitadas en 1930 por el Circulo Monárquico y la Sociedad Coral. Según el presidente de esta última Andrés Miguel Larrea se celebraría durante tres días y durarían hasta la una de la madrugada.
En cuanto a los grupos que salían por las calles cantando coplas, eran numerosos y muchos procedentes de pueblos vecinos, así en 1933 encontramos la solicitud, con la letra de las coplas, de Enrique Burgos en nombre de sus compañeros. No le encontramos mucha gracia, pero lo damos a la luz junto a esta líneas por si le es de interés a algún estudioso del tema.
Se comprometían a hacer un donativo a las Cantinas Escolares.
De 1935 también se conservan bastantes peticiones con sus satíricas coplas, como El cantar del carnaval, con letra de Félix Cornejo, el Coro Infantil Boemio de Abacholo de Faustino Castresana, el grupo de Guillermo Chamosa del barrio de La Sierra, la comparsa de Baracaldo de Federico Merino cuya recaudación era para los parados, así como La murga los panchos, de Patricio Gutiérrez.
En dos de ellas se repite un estribillo que puede ser conocido para algunos: Cuando estuvimos en Filipinas, nos regalaron cien mil sardinas, a última hora en Nueva Yor chin pun, el escándalo que dimos con los pitos, nos echó el Gobernador.... 
Referente al final del carnaval con el entierro de la sardina, encontramos en 1931 un grupo con Teodoro Laño, que solicita permiso para recorrer las calles cantando "el entierro de la Sardina", desde las seis a las nueve de la tarde, para lo cual presentan la letra tradicional de Una Cruz, una palma y un sepulcro…
Pedro Heredia, en su libro de la Colección El mareómetro, nos dejó el relato de aquel cortejo fúnebre de marineros con sus ropas de agua, acompañando a un ataúd con una sardina gallega clavada y con grandes esquilones que daban un aspecto de lúgubre agonía.
En el Archivo se conserva también una solicitud de Gabriel Apaolaza y Salvador García para salir de la forma acostumbrada a cantar "el entierro de la Sardina", prometiendo al Ayuntamiento el 25% de la recaudación para la Cantina y Ropero Escolar. Y es que como recordaba Heredia “la gente joven se afanaba con sus ensayos coplísticos”.
Ilustramos esta entrada, en la parte superior, con un grupo de aquellos años 30 y su cartel VIVA PORTUGALETE Que es mi pueblo. A su derecha dos de la niñas de la familia Hermosilla, y bajo ellas representando a la juventud que venía de los pueblos vecinos, a dos chicas de Urioste, aunque eran de años anteriores, 1918.
Bajo estas líneas la autorización del gobernador para la celebración de bailes de carnaval al Círculo Monárquico en 1930 y una foto de aquellos bailes, con conocidos portugalujos y portugalujas, dos años antes.




1 comentario:

  1. Las niñas son Ana Mari y Fidelita Hermosilla del Campo

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