El trabajo con este título de Joaquín Cárcamo Martínez, que se puede
consultar en internet, nos invita a reflexionar sobre la historia y, sobre
todo, la conservación del Puente Colgante y del Muelle de Churruca, dos
monumentos que definen el paisaje de Portugalete y Getxo. Nuestra ría no se
entiende sin sus estructuras de hierro, testigos mudos de una era de vanguardia
técnica y ambición comercial.
El Puente Vizcaya, el "Puente Colgante", un icono mundial concebido
por Alberto de Palacio y construido entre 1887 y 1893, fue el primer puente
transbordador del mundo y su diseño, en colaboración con el ingeniero francés
Ferdinand Arnodin, introdujo innovaciones como los cables de doble torsión y el
concepto de piezas sustituibles.
A lo largo de su historia, ha superado tres hitos críticos como fueron la
reconstrucción tras la Guerra Civil, en 1937, tras la voladura de sus cables que
provocó la caída de la viga, reconstruida posteriormente por José Juan-Aracil
con una celosía Warren más rígida, el reconocimiento como Patrimonio de la
Humanidad, en 2006, por la UNESCO siendo el primer monumento industrial de
España en su lista de patrimonio mundial y el cambio de color, en 2010, abandonando
su tradicional "luto" negro por el actual color "Vena Hematites
Roja de Somorrostro".
En cuanto al Muelle de Hierro, representó la victoria sobre la barra, un
obstáculo letal para la navegación. Evaristo de Churruca, nombrado director del
puerto en 1877, ideó un dique que encauzara las mareas para que la propia
fuerza del agua limpiara la arena, representando su construcción una proeza
técnica: Estructura Mitchell, pues utilizó pilotes de rosca de hierro dulce,
permitiendo avanzar la obra desde tierra mediante una máquina de vapor volada e
integridad en riesgo, pues a pesar de ser una de las escasas supervivencias de
esta tipología en el mundo, ha sufrido intervenciones polémicas, como la
reciente sustitución de la histórica barandilla de Churruca por una de acero
inoxidable de diseño moderno.
Cárcamo hace una llamada a su conservación, subrayando la importancia de
que estas intervenciones respeten la esencia histórica de los monumentos. El
Puente Vizcaya y el Muelle de Churruca no son solo infraestructuras, son el
legado de ingenieros que supieron unir ciencia y arte para abrir nuestra ría al
mundo.

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