miércoles, 14 de enero de 2026

VICTOR URRESTARAZU Y LA CAMPANA DEL AVLONA

 


 Karla Llanos nos envía un ejemplar de La Gaceta del Norte del 30 de octubre de 1955, en el que encontramos un artículo de Perico Smith titulado "El tañido de la campana del asilo vuela hacia el mar", que por su interés reproducimos: 

Viendo el desfile de pasajeros de una a otra orilla de la ría, acodados sobre las barandillas del muelle de Portugalete, estuvimos esperando la llegada del viejo lobo de mar don Víctor Urrestarazu, que tiene su residencia en Sestao. Nos habían dicho que tomaba el servicio en las motoras de pasaje a las dos de la tarde, y para no distraerle, teniendo en cuenta que su compañero de relevo llevaba el timón de la trainera ocho horas largas y estaría suspirando por despachar el último viaje de la jornada, nos adelantamos, para ser breves en el diálogo.
La soledad del muelle se veía turbada de vez en cuando con la presencia de los pasajeros, y el tiempo transcurría rápido, cuando en la lejanía, en dirección a Sestao, vimos a la figura atlética y bonachona de Urrestarazu, a quien no conocíamos. Le delataba su atuendo marinero y su andar sin prisa. Sin preámbulos le abordé con un:
—Buenos días, señor Urrestarazu.
—Muy buenos, sí, señor. Los malos vendrán después.
—Quería hablarle sobre la campana del «Avlona».
—Ah, sí, la campana que tiene historia larga que contar.
—¿Cómo llegó a su poder?
—Fue mi padre José quien la recogió a bordo de un buque inglés sumergido en aguas de la barra de Portugalete. La historia fue triste entonces. Ahora es sentimental. Tenía yo 16 años cuando ocurrió el siniestro, el día 7 de marzo de 1901. El mercante inglés «Avlona» se perdió en la parte exterior del rompeolas y se ahogaron 32 marineros de diversas nacionalidades y la esposa del capitán del barco.
—Fue una gran catástrofe— Así la estimaron, según las referencias, todos los países europeos. Los cadáveres fueron apareciendo por las cercanías de la playa de Arrigunaga. Cuando se terminó la tarea de recogerlos, se les dio sepultura en el cementerio de la campa de Averly, en Bilbao, a la que llamábamos Campa de los Ingleses. Los marinos de la época que aún vivimos, recordamos con emoción aquellos días trágicos, con la pérdida del barco y la siembra de cadáveres en la playa.
—¿Qué trabajos realizaba entonces su padre?
—Como los siniestros marítimos se sucedían, porque más tarde se produjo otro hundimiento de características parecidas, mi padre, que residía en Aulestia, decidió venir a Portugalete con otro amigo llamado Juaristi, y ambos, abrazaron la profesión de buzos, colaborando yo más tarde con ellos. La gran riqueza que acumulaba Vizcaya con el descubrimiento de yacimientos de mineral de hierro hizo que Juaristi se convirtiera en contratista minero, y mi padre, a su vez, se dedicara a la extracción de los materiales de buques perdidos, guardando en su casa, como si fuera una reliquia, la campana del «Avlona», recuerdo emocionado de aquel suceso que llenó de consternación a los pueblos de Vizcaya.
—¿Cómo fue a parar la campana al Hospital Asilo de San Juan Bautista de Portugalete?
—Terminada la construcción del edificio, faltaba una campana. El capellán, que conocía el paradero de la del «Avlona», le pidió a mi padre que la donara al Hospital, y a partir de entonces presta servicios muy estimables a la vecindad del Asilo con los toques de oración, de comida y de descanso.Hace unos minutos oí su tañido, señor Urrestarazu. Es ruidoso y alegre y se escapa al mar, como si buscara en la azulada franja a la nave perdida.
—Con razón he oído más de una vez decir que los marinos de entonces recuerdan con dolor lo que la campanita del Asilo quiere decir.
—¿Sabe usted que la campanita ha encontrado un gran amigo que la canta?
—Algo me han dicho.
—La torreta comunica con una habitación ocupada por un asilado ciego, que es músico. Se llama Braulio Zabarte. Muchos días los vecinos suelen escuchar las notas que brotan del piano a través de las ventanas. Son como tristes lamentos del anciano ciego. Y juntos, la campana y el ciego, cantan las alegrías y las tristezas de cada momento, con una emoción que solo los viejos marinos saben hondamente calibrar.


martes, 13 de enero de 2026

EL ASESINATO DE JOSÉ LUIS GARAIZABAL EN LA NOCHE DEL CARMEN EN SANTURTZI (1934)

  

En otra entrada dimos noticias de este suceso ocurrido durante la Republica. Hoy lo completamos con el trabajo de Eduardo Renobales, autor del reciente libro EL PISTOLERISMO EN BIZKAIA DURANTE LA REPUBLICA 1931-1936, que con el título de El asesinato de Garaizabal, hemos incluido en la Biblioteca Digital. 

Las fiestas de El Carmen en Santurtzi suelen ser sinónimo de alegría, pero la historia nos recuerda episodios oscuros marcados por la tensión política de los años 30. El 16 de julio de 1934, en un contexto de crisis y huelgas, la festividad terminó en una tragedia que vinculó para siempre a varios jóvenes de Portugalete.

Aquel día se inauguraba en la plaza de Cagonillos la sede de Acción Vasca (ANV). Para apoyar el evento, un numeroso grupo de jóvenes portugalujos se desplazó a Santurtzi. Entre ellos estaba José Luis Garaizabal, un obrero de la Naval de 23 años, quien acudió acompañado de su amigo, el también portugalujo Rodrigo Markina.

Al finalizar los bailables, ya de madrugada, ambos iniciaron el regreso a casa. Al pasar junto al Ayuntamiento, fueron increpados por un grupo de jóvenes socialistas, la mayoría también de Portugalete y conocidos por las víctimas. Lo que comenzó como un cruce de insultos ideológicos —"meapilas", "desertores de la iglesia"— derivó en una pelea multitudinaria en la que Garaizabal fue herido de muerte por la espalda con un punzón afilado.

La intervención policial se saldó con la detención inicial de nueve personas, casi todas de Portugalete. Entre los nombres que figuraron en las crónicas de la época se encontraban vecinos como Salvador García, Roque Gutiérrez, Daniel Hormaechea, Lucio Zumelzu o José Ramón Fernández. Sin embargo, la justicia señaló principalmente a dos como presuntos autores materiales: Arsenio Lozano Bravo y Gabriel Apaolaza Porras. El destino de estos hombres fue desolador:

Arsenio Lozano murió meses después en el Fuerte de San Marcos tras recibir un disparo de un sargento durante una protesta por las condiciones infrahumanas de la prisión.

Gabriel Apaolaza recuperó la libertad en 1936, pero falleció poco después en el frente de Eibar durante la Guerra Civil.

Rodrigo Markina, el amigo que acompañaba a Garaizabal, se vio envuelto en nuevos episodios violentos años más tarde, terminando sus días ejecutado por garrote vil en 1937 tras la caída de Bilbao.

Este suceso dejó una profunda huella en la memoria local, evidenciando cómo la polarización política de la época segó las vidas de una generación de jóvenes..

 

lunes, 12 de enero de 2026

ADIÓS A RAMÓN BARRASA: UN JARRILLERO DE LEY Y CORAZÓN ROJIBLANCO

 

Portugalete ha amanecido hoy con un vacío difícil de llenar. Nos ha dejado Ramón Barrasa, un buen amigo y, sobre todo, un "jarrillero" de pura cepa.

Cuando un amigo se va…

Ya no te vere más en tu paseo diario hacia la Punta, cuando ya en los últimos tiempos, el camino se te hacía más largo y la barandilla del muelle se convertía en su aliada fiel para recuperar el aliento, pero nunca faltabas a esa cita con el salitre. Extrañaremos su presencia en el rincón de la ventana del TXIKI tomando tu txikito, o sentado a la puerta de El Abra, siempre rodeado de la gente que te quería, tu familia y amigos.

Ramón vivió el fútbol desde todos los ángulos. Su pasión empezó de chaval, como lo vemos en esa vieja fotografía, disputando los campeonatos de la tejavana. Esa garra de juventud le llevó a defender con orgullo los colores del Club Portugalete, el Santurtzi y el Amorebieta, donde destacó como un defensa central de los de antes, con "buena correa".

Pero si algo definía a Ramón era su amor incondicional por el Athletic. Socio durante más de 50 años, recorrió medio mundo siguiendo a los leones: desde el Camp Nou hasta aquel viaje inolvidable a Gelsenkirchen para ver al equipo de Bielsa contra el Schalke 04.

Hace apenas dos años, la prensa se hacía eco de su increíble espíritu. Con casi 90 años, Ramón no se perdió la final de La Cartuja. Con su humor tan socarrón decía que el DNI solo servía para enseñárselo a la Guardia Civil, porque su corazón seguía siendo el de aquel niño que jugaba en la tejavana.

Aquel viaje a Sevilla fue su último gran servicio a la causa rojiblanca. Quería ver la Gabarra una vez más por la Ría, y nos dio a todos una lección de optimismo: "Tenemos buena correa, así que a disfrutar".

Ramón, te vas con la Copa en el equipaje y el cariño de todos los que te conocieron. El Muelle de Portugalete se queda hoy un poco más huérfano de amigos y conocidos. Te veo en la foto del campo de San Roque en aquel equipo de los Chulis que llegó a la final, el primero de pie, con Enrique, Chuli y Carolo, mientras agachados vemos a Javi Alda, Carlos Quintana, Santi, Villa y José, y que como tu recordabas eras de los últimos que quedaban.

Goian bego, Ramón. Descansa en paz, amigo.

 

FOTOGRAFÍAS DE LA ESTACION DE PORTUGALETE EN 1980, DE LOS FONDOS DE RAMON BERNARDO

 





Hoy comenzamos a ofrecer fotografías referentes a nuestra Villa de los fondos del fotógrafo sestaotarra Ramón Bernardo, que nos han sido cedidas por su hijo Ramón.

Nacido en 1941 descubrió la fotografía a través de su padre, y sus pasos profesionales los dio por la prensa y la radio. Trabajó para Hierro, colaborando después con Hoja del Lunes, La Gaceta del Norte, y otros periódicos, así como técnico de sonido en Radio Bilbao. Falleció el año pasado.

Sus fotografías nos sirven para constatar los cambios en la fisonomía urbanística de Portugalete en las últimas décadas, y pocos lugares lo atestiguan con tanta fuerza como el entorno de La Canilla.

Las dos fotografías que hemos elegido, ligeramente coloreadas, corresponden a la antigua estación de Portugalete en el año 1980. Llevaba cerrada al tráfico de pasajeros desde 1965, aunque durante una década siguieron entrando a ella para descargar mercancía.

A finales de ese año de 1980, el Estado cedió sus terrenos al Ayuntamiento que dos años después tras urbanizarlos los inauguró dándoles el nombre de Paseo de La Canilla, pues empezaban bajo la Plaza del Solar y acaban en La Canilla, a donde se había trasladado la estación a lo que hasta entonces era un apeadero.

Sus fotografías, a las que añadimos una actual con el edificio destinado a oficinas de Turismo, no solo nos muestran la evolución del edificio, sino el cambio de paradigma de una sociedad que ha sabido conservar su patrimonio arquitectónico adaptándolo a los nuevos tiempos. Desaparecidas las barreras ferroviarias, el edificio respira y se integra totalmente en el paseo de la ría, conectando el casco histórico con el agua de manera fluida.

 Que estas imágenes que vamos a ofrecer y sus cortos textos informativos sirvan de recuerdo a Ramón Bernardo todo un referente en el fotoperiodismo de la margen izquierda.

domingo, 11 de enero de 2026

EL PINTOR FEDERICO MADRAZO Y SU VISITA A PORTUGALETE EN 1848



Ya que en una entrada anterior recogíamos la acuarela realizada por el gran pintor Federico de Madrazo y Kunt (1815-1898) que pasó en Portugalete una temporada, completamos hoy la reseña con las noticias que se conservan de su estancia, y que ha recogido perfectamente Dani Docampo.
    Se encuentran en tres cartas mandadas desde la Villa a su padre, José de Madrazo (1781-1859), comprendidas entre el 8 al 17 de agosto de 1848, y recogidas en el libro Federico de Madrazo, Epistolario.
Su viaje era fundamentalmente para tomar baños de mar y respirar los aires de nuestra costa que tan bien sentaba a la salud de su familia.
    De la Villa resalta su iglesia “sin disputa una de las más lindas que se puedan ver de la arquitectura llamada gótica; en cuanto a cuadros no hay en ella muchos y vi sólo dos tablas flamencas, o por mejor decir un tríptico y una tabla, muy notables sin duda de la escuela de Hemling el tríptico, y de la escuela lombarda la tabla, que representa Regina angelorum.
Como curiosidades señalaremos que las cartas de su padre le llegaban vía Bilbao por la ría y se las entregaba “el carrocero o gondolero” y que una de sus visitas fue a Sestao donde realizó un pequeño boceto (“cuatro rayas”) de la casa torre, que “despegaba entre sus cuatro torreones una bellísima crestería”.
     Hemos encabezado esta entrada con una vista de Sestao en 1874 y la citada casa torre, con Portugalete al fondo, obra de Juan de Barroeta.

Publicado el 10 de enero de 2012


sábado, 10 de enero de 2026

PERSONAJES POPULARES PORTUGALUJOS: GORRION


Cesar Saavedra nos dejó constancia de una serie de personajes populares, en unos años en que la dimensión y las características sociales de nuestra Villa eran más apropiados para ello que en la actualidad.
A las actuales generaciones estos personajes ya no les dicen nada, pero gracias a nuestro “viejo” amigo pasaron a la historia local.
Uno de ellos fue Julián Urrestarazu (Gorrión), un hombre de una humanidad fuera de serie. De un gran humor y simpatía, su agradable conversación y sana alegría fue un ejemplo para todos sus convecinos.
Personaje principal de varias canciones portugalujas de Pedro Heredia, su presencia no faltaba en ningún festejo festivo como es el caso de la foto, antes de participar en la cucaña.
Para centrar su periplo vital, sería interesante conocer la fecha de su nacimiento y otras noticias de su ámbito familiar.
Pedro Heredia en su cancionero portugalujo, nos da algunas pinceladas de su vida y figura, como las jotas que cantaba en la sidrería al regreso de la mili en el Regimiento de Pontoneros de Zaragoza, o recordando cuando embarcó rumbo a Nueva York como tripulante del Blake Arrow, y su regreso popularizando canciones mexicanas del tipo de “si Adelita se fuera con otro”.

En las Joteadas de Gorrión y su cuadrilla, vemos que ésta la componían Goyo Ranero Palacios “el de la narria”, Morua el viejo, y Juan Solaeche Mariño “Pitinto”.

Publicado el 18 de junio 2013

viernes, 9 de enero de 2026

LOS RECUERDOS DE MARTINTXU: AQUELLOS MIEDOS DE LOS AÑOS 60


¿Es el miedo una parte legítima de nuestra historia local?
 Hoy en este blog rompemos el silencio sobre aquellas sensaciones que marcaron el Portugalete de los 60. A través de este relato de Martintxu que teníamos traspapelado, nos invita a recorrer esa geografía de la zozobra con el respeto al uniforme gris y los silencios de la dictadura, el eco de las leyendas urbanas, el temor a la vara en la escuela, los sermones de la iglesia,…

Os invitamos a leer este relato íntimo que no busca señalar culpables, sino rescatar del olvido aquellas vivencias —unas reales y otras soñadas— que también forman parte de nuestra historia común. 

Esta entrada no va de personajes ni de nombres, trata de todos. Y hablaré de, creo, nuestros miedos; eso sí, basándome de mis recuerdos de infancia y hasta de adolescencia. No estoy seguro de que El Mareómetro sea el foro para reflejarlo, pero, si compartimos otras vivencias, ¿porqué no los miedos que vivimos o soñamos? 

Inicio el relato activando el hipocampo y lo primero que me llega a la tecla es escribir sobre el miedo social, la dictadura seguía su curso, que duró unos 20 años más, que daba lugar a que cualquier uniforme gris, verde o azul marino fuera motivo de zozobra y conversación en voz queda.

No es mi primera evocación, pero marca recordar, sobre todo, las actitudes, de las personas mayores cercanas. Aún hoy, plantear conversaciones sobre aquellos años, no es actividad buscada. Parece que todo el mundo lleve culpas escondidas.

Y no es de extrañar, cualquier sermón sacerdotal, producía pesadillas. Eso, en Portu porque en Castrillo de Duero (Valladolid), se salía tremendamente asustado ante los castigos divinos que nos amenazaban.

Ese es un lugar en el que acudir a la misa dominical era absolutamente obligado, no ya por los preceptos religiosos, sino por el propio ambiente social, recato -le decían-, que imponía las mangas largas y, a las mujeres, la falda a media pierna y velo.

En mi Portu del 60, no había lobos, pero si rondaba el “sacamantecas”, y nuestras madres nos impedían ir a jugar o a coger grillos a Campazar o a Los Hoyos, ya ese “animal”, que era situado en torno a la cantera de Cabieces. Supimos después que esa fue una leyenda urbana. Otra.

¡No era leyenda urbana, no, pero las visitas tanto al practicante, ah! Felipe, como al dentista, ah! Don Jaime, eran motivo de fuertes temores infantiles. Por lo menos antes de las citas. Después, el miedo reaparecía, pero era en el relato a los otros niños, que, igual de encogidos por lo que habían escuchado, esperaban la atroz consulta. Era un círculo abierto que continuaba en el tiempo.

La escuela constituye un motivo poco agradable al relato: hasta la llegada de Don Emilio, de quien ya hablé en otra entrada, las varas, los capones y castigos de tarea -auténticos trabajos forzados-, ¿verdad Don Antonio?, producían un temor diario a la asistencia a clases. Nada decíamos en casa, por si acaso,¡buf, podía ser peor!.

Yo, hasta Don Emilio, hice muchas piras, sí. Desde entonces hasta terminar los estudios, nunca.

Concluiré con el miedo al castigo familiar. Los zapatillazos en el culo, después de una trastada, eran causa de temor; dolía, sí, pero había luz, se veía; no así en el cuarto oscuro, un siniestro ropero sin interruptor interior para la lámpara, lo que, a puerta cerrada, era horrendo, sobre todo, después de que algún amigo nos contara la última peli de Drácula en la calle.