miércoles, 3 de junio de 2026

LOS TILOS DEL CAMPO DE LA IGLESIA

 


María Díaz de Haro, al fundar la Villa, mandó construir una iglesia en honor a la Virgen María. Para ello se eligió el lugar más elevado, donde se levantó un pequeño templo de fábrica sencilla y cubierta de madera. Aunque la basílica actual es posterior, se ubicó en el mismo sitio, y su muro de contención formaba parte de la propia muralla.

Esta posición elevada constituía una excelente atalaya; un punto estratégico desde donde divisar el mar y la costa más próxima. En las poblaciones costeras era de vital importancia contar con esta perspectiva para anticipar los peligros o vislumbrar las oportunidades que llegaban desde el mar. Mucho más recientemente, en 1978, con la edificación de la biblioteca adosada al murallón del Campo de la Iglesia, se creó el mirador que hoy disfrutamos.

Es precisamente en este espacio, frente a la portada lateral de la basílica, donde se sitúan estos tilos. Todos ellos son ejemplares magníficos, aunque uno destaca especialmente por su porte y gran magnitud.

En esta época del año, además de observar sus hojas grandes, aromáticas y con su característica forma de corazón, podemos disfrutar de sus flores. Son muy aromáticas, sumamente visitadas por las abejas y bien conocidas por sus propiedades medicinales y tranquilizantes.

En cualquier caso, no hace falta preparar una infusión de tila para relajarse: basta con detenerse un instante junto a ellos, escuchar el sutil murmullo de sus hojas y percibir su aroma.

Joseba Martínez

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