jueves, 26 de marzo de 2015

COMPLEMENTO AL LIBRO, “JOSE MORENO TORRES, EL ULTIMO GUDARI DEL BATALLON SAN ANDRES”


Cuando hablamos del libro de José Moreno, que ilustramos con una fotografía del mismo correspondiente a un fusilamiento, nuestro amigo santurtziarra Tomás Fernández, nos hizo un comentario sobre la misma aclarándonos que correspondía a una escenificación propagandística, realizada en los años 40 ó 50, en el cementerio de Durango, del fusilamiento de “nacionales” por republicanos.
Hoy es Tasio Munárriz quien quiere complementar la entrada con estas líneas que nos envía:
El autor del libro es Fernando Pedro Pérez que ha recogido e ilustrado el testimonio personal de José Moreno sobre su juventud, la guerra, la posguerra y la actualidad. Este, nacido en Deusto, vive en Portugalete desde hace unos 35 años. Tiene 96 años. Merece la pena leer el libro.
Quiero comentar en este artículo las imágenes que aparecen en las páginas 56 y 57. El autor realiza un montaje de fotografías para hacer una secuencia: Preparación de una ejecución, fusilamiento, víctimas al pie de una tapia, cadáveres en una fosa, placa recordatorio en el paredón  del cementerio de Derio y este paredón.
Ninguna de las cuatro primeras fotografías corresponde al cementerio de Derio, al cual se refiere Moreno en su testimonio como lugar de los fusilamientos. Tampoco se sabe a qué bando pertenecían sus protagonistas, porque fusilamientos hubo en los dos bandos bélicos.
Comento las fotografías numeradas:
La primera despierta dudas sobre su veracidad. No es extraño que haya niños, porque los fusilamientos oficiales intentaban dar una lección de justicia al público, ni que haya nueve ejecutores y solo siete víctimas, porque dos fusiles podían estar cargados solo de salvas y así la responsabilidad de los disparos mortales se diluía entre los verdugos. ¿Pero los niños de aquella época iban vestidos como los de la fotografía? ¿Por qué los que iban a ser fusilados estaban de espaldas? ¿Los del piquete tenían miedo a sus miradas, insultos o gritos políticos? ¿No es de cobardes disparar por la espalda a un enemigo indefenso? ¿A dónde apuntaban sus fusiles: al cuerpo o a la cabeza? Si apuntaban al cuerpo, como parece, el jefe del piquete tenía que rematar a todos con el tiro de gracia. He preguntado a los que han publicado esta fotografía, repetida varias veces en Internet, sobre su veracidad, lugar y época y no he recibido respuesta.
De la segunda fotografía, bajo la anterior, la asociación de “Las Merindades. Memoria histórica” me dice que es puro teatro con mucho humo en el parque de las Acacias de Villarcayo, hoy integrado en “El Soto”. El autor del libro que comento la reproduce dos veces a lo largo del mismo.
La tercera fotografía, en la parte superior de la siguiente página, está realizada por el francés René Brut el 18 de agosto de 1936 en una tapia del cementerio San Juan de Badajoz, días después de que las tropas franquistas ocupasen la ciudad. Los cadáveres pertenecen a varios carabineros y un guardia civil fieles a la república.
De la cuarta, en la parte inferior izquierda de la página, he preguntado a los que la han publicado sobre su veracidad, tiempo y lugar y todavía no he recibido ninguna respuesta.

Completan las ilustraciones de estas páginas, la placa en recuerdo de los fusilados, pero como la copia es tan pequeña y no se ve quiénes la han puesto, reproduzco la que hice yo hace cuatro años.


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