viernes, 25 de noviembre de 2016

RECUERDOS DE NIÑEZ: LOS BOMBARDEOS DE LA GUERRA CIVIL (2)



Seguimos recuperando los recuerdos de niñez de Marcos Merino Martínez (1930-2012), esta vez relacionados con los bombardeos durante la guerra.

"Nos situamos en la primavera del año 1937 en plena guerra civil. Próximos a la entrada de las tropas nacionales. Por esas fechas padecíamos bombardeos de la aviación alemana y para protegernos buscábamos refugio en el túnel del ferrocarril entre Portugalete y Santurce.
Si los días eran oscuros y lluviosos permanecíamos todo el día en el Muelle Viejo, próximos a la boca del túnel. Al oír la sirena anunciando un próximo bombardeo (una pitada larga indicaba precaución, la aviación enemiga había entrado en territorio de la República, tres pitadas cortas los aviones estaban muy próximos y una pitada larga, el peligro había pasado) buscando refugio rápidamente dentro del túnel, prácticamente a oscuras.
En el centro del túnel a la derecha entrando por La Canilla, había un ensanchamiento que se comentaba que era para una estación subterránea para el tren. Allí solíamos llegar con alarmas prolongadas.
Al pasar el peligro volvíamos al exterior a pasar el resto del día en espera de la llegada del atardecer para regresar a nuestros domicilios.
En los días con buen tiempo realizábamos el mismo “esparcimiento” en la otra boca del túnel en Peñota (nombre originario por la gran roca que existió en ese lugar que tuvo que ser volada para construir el relleno entre Portugalete y Santurce) y aprovechábamos para estar tomando el sol en la playa.
A medida que se acercaba el ejército nacional, los domicilios y la parte baja de Portu se hizo peligrosa, por lo que buscamos refugio en la parte alta, en casas de piedra y en la iglesia de Santa María.
En la madrugada, de tres a cuatro, del día 17 de junio de 1937, estando durmiendo en el chalet de la familia Retuerto, en la parte alta de General Castaños, nos despertó una fuerte explosión al ser volada la plataforma trasversal del Puente Colgante.
Muchas madres con sus hijos, nos refugiamos en el Hospital de San Juan de Dios, que tenía pintado el tejado con la Cruz Roja, para evitar los bombardeos. En este lugar fue donde entraron los nacionales y nos dieron unas hogazas de pan blanco.

Al volver a casa por el Cristo y cruzar las vías del tranvía, había 3 ó 4 falangistas, con camisa azul y un brazalete y con la mano en alto teníamos que gritar “Arriba España”.


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