jueves, 16 de marzo de 2017

LOS MONUMENTOS A LOS “CAÍDOS POR DIOS Y POR ESPAÑA” (2)





Continuamos hoy con el trabajo de José Manuel López Díez sobre la segunda escultura que hubo en los jardines de la torre de Salazar, ambas homenajes a las víctimas franquistas de la guerra civil, obra de Jesús Torre Goiricelaya, y que el autor denomina:

El monumento de nunca acabar

Ya con José Manuel Esparza Mangirón sustituyendo a Bayo en la alcaldía, la Comisión Municipal Permanente acordó el 30 de diciembre de 1965 que, “con motivo de los nuevos arreglos que se están realizando en los jardines donde se halla situada la Casa-Torre Salazar, y deseando instalar un nuevo Monumento a los Caídos que reemplace al actual” se encargase a Torre que presentara un proyecto de construcción del citado monumento.
Más adelante se consignarán otras razones para esta decisión. Antes, Esparza informó a la comisión de que había concluido con el escultor que “el monumento a los Caídos va a ser de línea estilizada y un precio de 130.000 pesetas que se incrementará en 20.000 pts. más, haciendo un total de 150.000 pts. por las letras de bronce y otros motivos ornamentales independientes del compuesto escultórico. Y que Torre “se había pronunciado en el sentido de que se le anticipara a buena cuenta el 50% del importe, para pago de materiales”. Así se aprobó el 28 de enero de 1966.
Pese a todo, el 10 de mayo de 1968 la comisión acordó señalar al escultor la fecha del 18 de Julio “para que haga entrega a este Ayuntamiento del monolito a Los Caídos, ya que se está demorando mucho este asunto y una parte importante del presupuesto de esta obra” se había abonado a Torre. La impaciencia del organismo se traslució de nuevo el 11 de julio de 1969, cuando aprobó comunicar al escultor “para que manifieste terminantemente la fecha en que quedará definitivamente terminado el monumento a Los Caídos”.
Llegamos a 1970. El 9 de junio, Esparza “dio cuenta de las conversaciones que en los últimos días ha celebrado con el escultor Sr. Torre, sobre la situación del monumento a Los Caídos, visitando con él la zona del Parque, entre la Torre de Salazar y la Basílica de Santa María, donde está colocado, dándole cuenta de las dificultades de última hora en la terminación de las dos figuras laterales, y comprobando que la figura central se encuentra totalmente terminada y fundidos los dos grandes escudos de España y Portugalete, que colocará a derecha e izquierda de la base de piedra. Le mostró, también, pruebas y tamaños de las letras en bronce para las inscripciones, por lo que cree será una realidad en fecha próxima, la entrega de la obra”.
Acto seguido, se explayó ante la misma “Comisión de Embellecimiento” e “hizo hincapié de nuevo, en lo ya conocido por todos los miembros de la Comisión y Ayuntamiento, que era necesario recalcar; la realidad de una obra, distinta totalmente de las que figuran en otros pueblos e incluso Capitales; el contraste tremendo con la que se derribó, verdadera vergüenza hasta para los indiferentes; el precio a que contrató, que ha obligado a paciencias y concesiones, en evitación de que dejara la obra, aun perdiendo lo invertido, colocándonos en una postura dificilísima y sobre todo el aguantar el ‘eso’ de los artistas que trabajan, según ellos, solamente en momentos y en olor de inspiración”.
Igualmente, Esparza comunicó el 3 de julio a dicha entidad que “existe un compromiso formal con el Escultor”, de que el monumento “se inaugurará dentro del mes de Agosto próximo, para lo cual, mañana día 4, firmará el correspondiente escrito en el que hará figurar la aplicación de penalidades económicas si, pasado dicho mes, no lo hubiera entregado”. Además, “se dará cuenta de lo tratado con el Escultor, a la Jefatura Provincial del Movimiento, que está interesada en la cuestión”.
Según la comisión permanente del 13 de julio, Torre envió una carta “manifestando que para antes de que finalice el mes de Agosto, quedará terminado el Monumento a Los Caídos, y caso contrario, se hace responsable de una penalidad de QUINIENTAS pesetas diarias a partir del 1º de septiembre”. Y el 24 de julio, la comisión dio cuenta del oficio remitido por la alcaldía al escultor, “recordándole que dentro del mes de Agosto deberá terminar la escultura que se le encargó en su día, así como los vencimientos que se le han dado para el abono de la cantidad aún pendiente de pago”.
¿Se cumplió la sanción? Desde luego, Torre no acabó la escultura entonces. La comisión apuntó el 5 de febrero de 1971 que un teniente de alcalde había visitado el estudio de aquel, “con el fin de ver el estado en que se encontraba el monumento a los Caídos, habiendo comprobado que una de las figuras de los dos niños, se encontraba prácticamente terminada, y la otra, aproximadamente, en su mitad, habiéndole indicado el citado Escultor que estaría terminada para Semana Santa”. No obstante, el secretario municipal corrigió el acta días después: “por error se hizo constar que de las dos figuras que componen el monumento, una se encontraba terminada y la otra en su mitad, cuando en realidad una de ellas se hallaba sin comenzar y la segunda estaba realizada en su mitad”.
A todo esto, el vespertino bilbaíno Hierro anunciaba el 2 de noviembre de 1971: “Portugalete: el monumento a los Caídos se inaugurará próximamente”. Y proseguía:

“Muchas personas en Portugalete nos han preguntado, y nosotros mismos nos habíamos hecho la misma interrogante, sobre cuándo se inauguraría el monumento a los Caídos que se está erigiendo hace tiempo ya en los jardines del campo de la iglesia, junto a la torre de Salazar.
A tal fin preguntamos a un miembro de la Corporación Municipal, de la Comisión de Arte, Cultura y Música.
―Mira, esto no depende del Ayuntamiento, sino de cuándo nos entregue la obra terminada el artista.
Y el artista es el conocido escultor arenero y buen amigo nuestro, don Jesús Torre, autor, entre otras muchas, de la imagen que corona la torre del Colegio de Santa María.
Con ocasión de un reciente acto oficial nos lo tropezamos.
―Sí, por diversas circunstancias me he retrasado; la demora se debe solamente a mí, pero lo tengo prácticamente terminado y próximamente haré su entrega.
El Ayuntamiento, por su parte, celebrará la inauguración una vez que le sea entregado. Así, que esperamos que el amigo Torre haga desaparecer lo antes posible el feo cercado que rodea el monumento y tan bonito lugar”.

El 24 de marzo de 1972 aparece la última nota de la comisión permanente sobre este asunto. En ella, Esparza informa de que “por lo significativo de la frase en los momentos actuales, en el Monumento a los Caídos se pondrá la frase que diga: ‘Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles’ (José Antonio Primo de Rivera)”. Pertenece al testamento del fundador de Falange Española.
Finalmente, el monumento fue inaugurado el 14 de julio de 1973, junto a otras obras y servicios municipales, cuatro días antes de la fiesta que conmemoraba la sublevación fascista de 1936. Hacía más de siete años que el ayuntamiento había encargado la escultura, cuyo costo definitivo ―375000 pesetas— duplicó con creces el original.







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