Revisando el rastro que han dejado las recientes fiestas en las redes
sociales, destaca una fotografía de Javi Basagoiti bailando el aurresku ante la
corporación municipal en 1980, frente a la antigua ermita de San Roque. La
imagen, compartida por su hermano Josu Basagoiti —quien este año cumple 56
años—, nos invita a reflexionar sobre la continuidad de nuestra memoria
festiva. Josu evoca que su primer aurresku ante el Santo en esta Noble Villa
tuvo lugar el 16 de agosto de 1988, y tras 38 años de entrega al baile,
contempla este hito como el cierre de un ciclo, con el deseo de seguir
disfrutando mientras el cuerpo se lo permita. Queremos trasladarle nuestro
sincero agradecimiento por mantener viva esta tradición y por su dedicación,
recordando aquel emotivo baile ofrecido cuando ejercí de pregonero hace dos
años.
Esta estampa nos permite recordar la historia de la desaparecida ermita de
San Roque en el Ojillo. Según documenta José Luis Garaizabal en su estudio
sobre el Ensanche de San Roque, el templo
fue proyectado por el arquitecto Francisco Sainz Artiach en 1973 e inaugurado
en agosto de 1974. Adosada al exterior del frontón, la estructura se erigió
para albergar la talla del Santo que, tras la demolición de su sede anterior,
había permanecido custodiada en La Divina Pastora y en los locales de Lora
Barri. Popularmente, la talla fue apodada con guasa como "el ateo"
para diferenciarla de la imagen conservada en la Basílica. En 1996 se incorporó
al exterior una lauda dedicada al peregrino, y poco después la figura del perro
sufrió daños tras el robo del cepillo sujeto a su pata. Finalmente, la ermita
fue derribada en 2004 a causa de las obras de llegada del Metro, trasladándose
la imagen a su ubicación actual.


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