jueves, 6 de octubre de 2016

FIESTAS DE SAN ROQUE Y LA PATRONA EN 1937



Para conocer la vida festiva de la Villa se dispone desde hace más de un siglo de los programas de fiestas impresos, que nosotros hemos procurado dar a conocer en lo posible en la Biblioteca Digital Portugaluja. La guerra fue un periodo excepcional no apto para este tipo de festejos, por lo que tenemos un vacío de esos años.
Preparando esos años para el próximo libro de la Colección El mareómetro, Roberto Hernandez Gallejones, Archivero Municipal, nos ha localizado un expediente sobre los festejos de 1937, que nos era totalmente desconocido.
La guerra estaba en todo su apogeo y el 22 de junio la Villa había caído en manos del ejército sublevado. No habían pasado dos meses y llegado el mes de agosto queriendo dar un aspecto de normalidad y a pesar de las circunstancias, las nuevas autoridades encargan a una Comisión de festejos la organización de las fiestas de la Patrona y San Roque.
Esta Comisión acuerda que los actos “deben tener un profundo sentido patriótico y religioso” y que deben “devolver a las fiestas su verdadero carácter que había quedado olvidado en estos últimos años de frivolidades y de impiedad y en consecuencia ratificar el acuerdo adoptado por la corporación en sesión de 30 de julio de 1790 por el que se declaró Abogado y Patrono de Portugalete a San Roque”.
A la Salve y a la misa acudiría el Ayuntamiento en Corporación, acompañado de los txistularis. En la diana y en el concierto en la Plaza participaría una banda militar y la tamborrada tras la Salve también tendría la consideración de “retreta militar”.
La fiesta de San Roque tendría lugar en la campa en torno a la ermita, donde se celebrarían festejos infantiles, un “gran banquete popular de homenaje y desagravio a los presos portugalujos durante la dominación rojo separatista” y luego se correría “un novillo por la campa”.
El aspecto político no podía faltar en la fiesta. Al acabar la misa en la ermita “manifestación infantil con asistencia de Pelayos, Flechas y Cadetes, de la Falange, y niños y niñas de las escuelas que seguida de las autoridades se dirigirá al colegio Maestro Zubeldia donde con toda solemnidad se procederá a entronizar el crucifijo en las clases, que había sido arrancado por una política atea e izar la bandera nacional”.
Por la tarde tendría lugar “un gran acto de afirmación nacional sindicalista en que tomarán la palabra autorizados camaradas” y luego la tradicional bajada se convertiría en un “gran desfile” hasta la plaza donde proyectarían cine al aire libre con “cintas de actualidades patrióticas”.
Todo este programa tuvo que ser autorizado por el Comandante militar de la zona, y recurrir a todo tipo de ayudas. Así, como los txistularis se “habían ausentado”, se pide el txistulari mayor y el atabalero al alcalde de Getxo, a la Junta de Obras del Puerto que arregle el alumbrado del muelle y ponga algunos mástiles con gallardetes, al gerente del Teatro para que ceda el proyector de cine, al Puente Colgante para que retire del muelle los cables y material del puente para que la villa esté lo más limpia posible, al director de La Naval para que ceda para la comida popular los enseres de cocina del comedor de la factoría, al director de AHV se le solicitan 4 grandes reflectores para iluminar la casa Consistorial, al comandante Militar de Marina se le pide que ceda un remolcador para la cucaña, el coche del ayuntamiento se utiliza para traer un pequeño novillo de Arratia, …
El programa de fiestas no se edita como era costumbre pero si se publica en la prensa.



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