martes, 25 de octubre de 2016

EL COMPOSITOR PORTUGALUJO GERARDO BUTRÓN ORTIZ



El  pasado jueves tuvimos el gusto de asistir al magnifico concierto de la Banda de Txistularis de San Sebastian dirigidos por José Ignacio Ansorena Miner, que organizado por Portugaleteko Txistu Zaleak, tuvo lugar en el Centro Santa Clara, y que finalizó con dos piezas del maestro Gerardo Butrón, Pello Joxepe y Txistu soinuak, y del que recogemos algunas imágenes facilitadas por Roberto Cuesta.

José Ignacio Ansorena además de deleitarnos a los portugalujos con una extraordinaria actuación, nos ha dejado sus investigaciones sobre nuestro poco conocido músico portugalujo Gerardo Butrón:

El autor de las rapsodias Pello Joxepe, Txistu soinuak o Beti aurrera, que son tan bien conocidas por los txistularis, nació en Portugalete y fue director de la Banda de Música de Ortuella, así como profesor de música y organista en la misma localidad. Más tarde emigró a Chile, donde sigue parte de su familia, aunque a los pocos años el, su esposa y algunos de sus hijos, retornaron al País Vasco, donde falleció.

Breves notas biográficas

Gerardo Patricio Butrón Ortiz nació en Portugalete, el veintidós de abril de 1867. No he encontrado datos sobre su infancia y juventud, pero parece que, tras realizar los primeros estudios musicales en su entorno, marchó a estudiar a Madrid. El diario La Correspondencia de España publicó el 28 de junio de 1890 lo siguiente: “En los concurso privados de armonía verificados en la Escuela Nacional de Música y Declamación (...) han obtenido (...) Y accesit, D. Gerardo Butrón” (sic). Su profesor era, según la misma noticia, el Sr. Cantó.
En el año1893 logró el puesto de organista en la nueva iglesia de San Félix de Cantalicio de Ortuella, que no llegaría a ser parroquia hasta 1928, y al año siguiente, en 1894, el 10 de enero, contrajo matrimonio con Emma Guillerma Terrancle Niederlaender en la Parroquia portugaluja de Santa María. Allí mismo bautizaron a su primer hijo, Gerardo Guillermo Butrón Terrancle el primero de agosto de 1897
El 27 de julio 1897 el periódico El Imparcial de Madrid publicó entre las noticias de sociedad un comentario sobre las personalidades que habían acudido al balneario de Aretxabaleta y, entre ellas, señala “el conocido pianista Gerardo Butrón”. Sospecho que estaría en su calidad de artista ofreciendo conciertos y contratado por el propio balneario. A los tres días nació su primer hijo.
Fue nombrado asimismo profesor de la Escuela Municipal de Música de Ortuella en 1903, haciéndolo a la vez director de la Banda Municipal de Música, como era costumbre en la época. Se presentó como tal en la localidad en un concierto ofrecido el 23 de setiembre de dicho año. A pesar de estas tareas en Ortuella, su vinculación con Portugalete siguió siendo fuerte, donde mantuvo una gran amistad con los txistularis de la localidad, en especial con Benito Okariz, natural de Zumarraga y alumno del que fue gran maestro Martín Elola, el cual durante bastantes años ocupo la plaza de director de la Banda Municipal de txistularis de la villa. Escribió para esta agrupación la tan conocida rapsodia Beti aurrera, con motivo de su presentación al Concurso de Tamborileros que la Diputación de Gipuzkoa convocó en el año 1902, en la localidad de Bergara. Con ella resultaron ganadores los txistularis portugalujos.
Se afirma de él, en la la obra Historia de la Música de Portugalete que también fue txistulari. En aquella época era habitual que el director de la Banda tuviera que dar clases de todos los instrumentos a los educandos, por lo que solían conocerlos en un nivel u otro bastante bien. Asimismo solían ser responsables de la Banda Municipal de Txistularis y proporcionaban a los interesados en aprender el manejo de nuestros instrumentos los primeros rudimentos de los mismos. En el caso de Gerardo Butrón, a la vista de las obras que nos ha legado, la impresión es que conoció bien las posibilidades y las limitaciones de los txistus y txistularis de su época. Pero no tenemos más noticias sobre esta cuestión.
Debía de ser una persona con preocupaciones sociales, ya que, en el diario La Época, también de Madrid, con fecha del 18 de febrero de 1904, aparece su nombre entre los firmantes de una carta de felicitación al Presidente del Gobierno español, Antonio Maura, en cuyo comienzo se señala: “Apartándonos de toda idea política, felicitamos entusiastamente al insigne orador y enérgico gobernante, celoso defensor de la justicia y firme mantenedor del principio de autoridad”. Ignoro el motivo de la felicitación, pero bien pudo tratarse de alguna conferencia o mitin que el citado político pronunciara en Bilbao en esas fechas.
Presentó la Banda de Música de Ortuella, como director, al concurso que se celebró en la Plaza de Toros de Indautxu, en Bilbao, en 1906. Concurrieron en la categoría C, que les correspondía por el número de intérpretes, en su caso veintiuno, y en ella obtuvieron el primer premio. La obra obligada fue la marcha Etiopía, de Edmond Filippuci y desconocemos qué obra presentaron como libre.
Sabemos que en 1913 dimitió de este puesto y no tardó mucho emigrar a Chile. El 9 de enero de 1916 se funda allí el Centro Español de Rancagua y Gerardo figura como su primer presidente. Queda en duda la razón por que emigró, así como por qué duró tan poco tiempo su estadía en aquel país, donde no parece que le fue mal.
A su vuelta, allí quedó su hijo Francisco, que daría lugar a la dinastía de los Gerardo Butrón de Chile (nieto y biznieto de nuestro biografiado), que regentan unas importantes bodegas, pero él y la mayoría de la familia volvieron al País Vasco. Falleció en Las Arenas de Getxo, el primero de marzo de 1927, con sesenta y ocho años de edad. Al día siguiente, el diario La Gaceta del Norte publicó la esquela en que se anunciaban un primer funeral en la iglesia parroquial de Nª Sª de las Mercedes de Las Arenas, el traslado de sus restos en transbordador al cementerio de Portugalete y un segundo funeral en la Parroquia de Santa María de Portugalete. En ella figuran su esposa, con el nombre de Emma Terrancle y los hijos Gerardo, Julia, Emilia, Joaquín, Francisco (ausente) y María.
Resulta sorprendente que en su tumba del cementerio portugalujo tan solo reposen sus restos. No ha vuelto a ser enterrado allí nadie más, ni nadie ha reclamado la propiedad del panteón. Sin embargo, en el cementerio de Getxo se encuentra la tumba de una de sus hijas, Emilia Butrón Terrande, así como la de un cuñado, Julio Terrande Minderlander, por quien posiblemente llamaron Julia a otra de sus hijas. Es de notar cómo los apellidos de la esposa aparecen ya aquí con distinta ortografía. A pesar del tesón de mis amigos portugalujos y en especial de Jon Iñaki Carnicero Urra, no hemos averiguado nada mas.
Su aportación como compositor
Además de las rapsodias para txistu citadas en la introducción, en el archivo de compositores vascos, Eresbil, de Errenteria, existen diversas obras de nuestro autor.
Para piano:
• Atrevido (galop a cuatro manos).
• Danza oriental (obra 23. Capricho).
• El gachó (tango).
• Julia (obra 18. Tanda de valses).
• Pilar (obra 22. Mazurka para piano).
• The foot ball (vals para piano).
• Ensueños (vals lento. Boston).
Hay otra serie de obras que se corresponden con su tarea como organista religioso:
• Ave, Maria (solo de tenor y órgano).
• Letanía de la Virgen (tiples y órgano/coro y órgano).
• Mes de mayo: letanía y flores (tiples y órgano/coro y órgano).
• Misa a tres voces (tiples, tenores, bajos y órgano).
• Stabat mater: a tres voces y órgano (tiples, tenores, bajos y órgano).
• Sub tuum: motete a la Sma. Virgen (bajo solo y órgano).
Otras:
• Ortuella: himno escolar (coro y piano / voces y piano /Banda).
• Pranchiska: polka (Banda).
• Nere eche zuri = Mi casita blanca (tenor o barítono solo y piano).
• Siempre esperando (violín y piano).
• Bajete para las oposiciones de director de la Banda de música, para Portugalete (Banda).
• Bajete del concurso de 1890 (Banda).
• Melodía del concurso del año 1889-90 (Banda).
Estas obras evidencian que Gerardo Butrón fue una persona dotada para la composición, siempre inspirado y con muy buen oficio. Su escritura es clara, bien centrada en las tesituras apropiadas de los instrumentos y con una intuición armónica excelente. Sin embargo, por las fechas, parece que, al dejar la Banda de Ortuella y emigrar a Chile, abandona la música como profesión, aunque sospechamos que la mantendría como afición y que deja de lado su faceta de compositor. Quizá ronden por ahí más obras de este autor que desconozcamos. Sería bueno recopilarlas y ponerlas a disposición de los intérpretes.

Los txistularis al menos tenemos que agradecer su escasa pero hermosa aportación a nuestro repertorio. Sabiendo en qué años escribió las tres rapsodias para banda de txistularis, muy a comienzos del siglo XX, hay que señalar que se adelantó bastante a lo que el resto de compositores hacía en aquellos años para nuestro instrumento.

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