
Los
desfiles de carrozas acompañados por sus damas de honor constituyeron un
elemento festivo que se celebró únicamente durante determinados años de la
etapa final del franquismo.
En el Programa de Festejos de 1975 se incluían testimonios gráficos correspondientes a la edición del año anterior, describiendo el desfile como «un derroche de luz y color con ese esplendor fulgurante que ellas llevan siempre consigo». Es imprescindible encuadrar este acontecimiento dentro del convulso contexto político y social de 1975, año marcado por el fin de la dictadura y la muerte del general Franco.
En
junio de aquel año se produjo el fallecimiento del alcalde José Manuel Esparza, siendo sustituido en el cargo por Casimiro Ramón Esesumaga. Asimismo, Felipe Llorca asumió la delegación de
Fiestas, manifestando en el Pregón la intención municipal de «aunar esfuerzos en colaboración con todas
las sociedades portugalujas».
Sin
embargo, durante este periodo la contestación social experimentó un notable
incremento en todos los ámbitos de la ciudadanía de Portugalete, alcanzando a
partidos políticos, sindicatos y sociedades culturales. Muchas de las personas
integradas activamente en el tejido cultural jarrillero comenzaron a
incorporarse a las nacientes organizaciones políticas, trasladando las
discrepancias ideológicas a unos colectivos donde con anterioridad se había
trabajado de forma unificada frente al régimen.
Los
desencuentros entre las distintas entidades afloraron con fuerza, llegándose a
plantear la suspensión de los festejos como medida de protesta y reivindicación
frente a la dictadura. Tras intensos debates y enfrentamientos, se alcanzó una
solución intermedia consistente en mantener la participación en las fiestas,
dejando constancia expresiva de la inminente ejecución de Txiki y Otaegi, acaecida en septiembre de aquel mismo año.
Publicado el 15 de enero 2015


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