martes, 3 de marzo de 2026

VENDEDORES Y OFICIOS DE AYER: LA VIDA COMERCIAL A PIE DE CALLE EN PORTUGALETE

 


 Con el contador del buscador de blog, ya por encima de las 4 millones de visitas, recuperamos hoy una crónica de recuerdos remitida por nuestro colaborador Martin U. Landa, Martintxu, quien nos transporta a un Portugalete donde el comercio no solo se encontraba en los escaparates, sino que latía en las calles, los portales y el pregón de los vendedores ambulantes. Un inventario de sonidos, olores y personajes que formaron parte de nuestro paisaje cotidiano y que acompañamos de esa vista de la Villa en los últimos años de la década de los 50 del siglo pasado.

1. Los sabores que recorrían los barrios. El recuerdo nos lleva inevitablemente a los helados de Varona, con sus carros de baúl cerrado y sombra, sirviendo cortes entre barquillos o cucuruchos durante las fiestas. Junto a ellos, la marca KYNSS con sus botellas tipo Kas de refrescos y tónica, o la miel servida directamente del barrilito con un diestro movimiento de cucharón.

Mención especial merece el mercado estacional de melones y sandías, que ocupaba locales estratégicamente vacíos, como aquel en el edificio donde se bifurcan El Ojillo y Martín de Vallecilla.

2. El pregón y la cesta. La estampa marítima de la villa quedaba sellada por la pescadera, portando la cesta con el género "recién cogido", mientras que el carbón llegaba directamente a las casas bajo pedido previo, marcando el ritmo del calor doméstico.

3. El ingenio y el trueque. Resulta fascinante recordar el intercambio de figuras de globos (perros, peces, gorros) no por dinero, sino por ropa usada, una forma de economía circular hoy desaparecida.

4. Los artesanos del arreglo. Eran tiempos de aprovechamiento. El "lañador" o reparador de cazuelas y pucheros trabajaba a menudo in situ, al igual que los paragüeros, capaces de reconstruir varillas y mangos. Los tapiceros, por su parte, devolvían la vida a jergones y sofás, ya fuera en su taller o desplazándose al domicilio del cliente.

5. El portal como escaparate. Finalmente, Martin nos recuerda la llegada de la venta directa: desde el "Avon llama a su puerta" hasta los agentes de suscripciones que ofrecían desde enciclopedias y biblias hasta seguros de decesos o las entonces novedosas baterías de cocina y recipientes para alimentos. Incluso, en los momentos más curiosos, ofertas de dinero en efectivo a cambio de colas de cabello recién cortado.

Conclusión: Estos recuerdos de Martintxu no son solo una lista de oficios; son el testimonio de un Portugalete que sabía buscarse la vida en cada esquina y que entendía la calle como el principal punto de encuentro.

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