jueves, 28 de febrero de 2013

DEPURACIONES LABORALES DE LA POSGUERRA Y EL CASO DEL MAESTRO MATEO HERNÁNDEZ.




Finalizamos hoy el trabajo de Tasio Munárriz sobre las depuraciones que se sufrieron en la Villa en la posguerra, empezando con el cuadro que encabeza estas líneas en el que se recogen los ejemplos de una docena de vecinos que la sufrieron en su situación laboral.
Recogemos también uno de los expedientes, que por afectar a un maestro tan recordado como Mateo Hernández, creemos que puede ser de interés. En el libro Portugalete y guerra en Portugalete, Tasio relataba como durante la república, el hijo de este maestro, Julio Hernández Chomón, intervino para que a su padre no le expulsasen de maestro. Pues bien, acabada la guerra Julio fue condenado a muerte y entonces le tocó intervenir a su padre.

Julio fue condenado en Bilbao a seis años de prisión por haber participado en la gestión de las baterías antiaéreas del “Cinturón de Hierro” con la atenuante de haber ayudado a algunos derechistas. La sentencia fue recurrida por el auditor de la Sexta Región Militar por diferencias sobre la calificación de los hechos. El juicio fue trasladado a Valladolid, donde fue condenado a muerte.
El 29 de setiembre de 1938 Mateo Hernández escribía al Alcalde esta carta:
(…) solicita de esa Alcaldía que se le expida una certificación que abarque los extremos siguientes: Que a su hijo ( …) no se le conoció, antes del Movimiento, actividad política alguna. Que no es cierto haya sido Jefe de Industrias movilizadas de Vizcaya, ni cosa análoga (…). Que particularmente observó siempre buena conducta moral y que no hay noticia de que haya perjudicado a nadie. Que tampoco es cierto haya sido Comandante Jefe de Antiaéreos (…).
El alcalde pidió a FET-JONS de Vizcaya información sobre estos extremos y recibió esta respuesta del Servicio Nacional de Investigación e Información:
Filiación o ideología política antes del Movimiento: de ideas izquierdistas, de los que decían que en España tenía que implantarse el comunismo.
Cargos que desempeñó: políticamente, se ignora si tuvo algún cargo. (…) se sabe que actuó en el frente de Vizcaya (…) como Teniente de Artillería de los rojo-separatistas, que luego fue ascendido a Capitán y se dice que, sin que aseguren las personas que informan, que debió ser ascendido a Comandante y que después (…) continuó para Santander, donde, al parecer, fue hecho prisionero. (…)
Conceptuación policial: elemento antinacional.
Conceptuación religiosa: antirreligiosa por sus ideas izquierdistas.
Conceptuación de su vida pública: propagandista de izquierdas.
Conceptuación de su vida privada: se desconoce.
Posición económica: se ignora.
Observaciones: no se le puede permitir ninguna actuación, dentro del nuevo Estado español, puesto que se le debe considerar enemigo del mismo.
Mateo Hernández solicitó al Gobierno por carta el indulto para su hijo acompañándola con este certificado del alcalde que decía el 28 de octubre:
(…) Que el firmante del precedente escrito, D. Mateo (…), es y ha sido en todo momento un español ejemplar, fervoroso cristiano y católico militante, modelo de esposo y de padre, y exaltado patriota, aun en los días en que el serlo constituía en Vizcaya un verdadero peligro. Al servicio, en todo momento, de los partidos políticos de derecha, hasta el punto de que al instaurarse la República fue uno de los primeros detenidos, si no el primero, que hicieron los rojos por discrepar de su ideología y combatirla. Y después, al producirse el Glorioso Alzamiento, fue destituido de su cargo por la llamada Junta de Defensa del Frente Popular. Es, en fin, un español que en este momento merece las máximas consideraciones y aún concesiones por su vida ejemplar, tanto pública como privada y su ferviente españolismo de siempre. Y lo es además, con mucha más razón, porque en estos momentos atraviesa por la angustiosa situación de saber que a su hijo Julio Hernández Chomón, hijo único además, que a fuerza de extraordinarios sacrificios de toda índole de su pobre padre llegó a ser ingeniero industrial, ha sido condenado a muerte por su colaboración con los rojo-separatistas. Esta Alcaldía, sin poner en duda las razones de la sentencia, vería con gran satisfacción que, si no hubiera razones que se opusieran a ello, y teniendo en cuenta la magnanimidad del Generalísimo para perdonar a los extraviados, se sirviera conmutar la pena de muerte impuesta por los tribunales militares por la inmediatamente inferior tanto porque su padre se lo merece como porque el condenado, educado cristianamente y crecido en las ideas sanas y fervorosas de su padre es un desviado, víctima del medio ambiente de los centros universitarios en estos últimos y funestos años y porque tiene la seguridad además de que habrá podido cometer delitos de carácter político, pero no habrá llegado seguramente a cometerlos de todo tipo, porque la educación que recibió en su niñez y el ejemplo de su familia habrán sido para él sus mejores guardadores. Cree, además, esta Alcaldía que algunos de los informes emitidos sobre él y que han figurado como cargos tienen bastante del estado pasional, propio de los actuales momentos y del que no todos conseguimos liberarnos, ya que algunos de los cargos que se le imputan, como el de haber sido Jefe de Industrias del llamado Gobierno de Euzkadi y Comandante Jefe del Servicio de Antiaéreos no son seguramente ciertos pues no obran como tales entre los cargos que contra él figuran probados en esta Alcaldía y porque, además, a ésta le consta por conocimiento personal que mientras su estancia en Vizcaya no pasó de la graduación de teniente (…).

Otras 11 personas redactaron también informes favorables explicando cómo Julio les había ayudado ocultándoles, colocándolos en puestos de combate no peligrosos, poniendo un defensor a un desertor, etc. El resultado fue la conmutación de la pena de muerte.



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