domingo, 4 de junio de 2017

FOTOS DE LOS HOYOS (2) Y MAKETOS Y BASKOS






Seguimos ofreciendo las fotografía que nos pasó Laura San José Castro, que le había facilitado nuestro amigo Angel Comonte y que muestran a esta zona de Portugaluja que tanto desarrollo urbanístico tuvo tras los años 70 del siglo pasado y como aprovechaban la actual avenida Kanpanzar como espacio de esparcimiento.

Como Tasio Munarriz nos ha enviado también una entrada reivindicando a los inmigrantes obreros de Portugalete, de la que esta zona es una buena muestra, aprovechamos para ofrecerla acompañando a estas fotografías.



La Villa de Portugalete ha sido durante siglos lugar de acogida de gentes nacidas en otras poblaciones y comunidades autónomas. Algunas llegaron a convertirse en personajes insignes y populares como los médicos Juan José Conde Pelayo o Antonio Bergillos Gurruchaga, el maestro Ruperto Medina, etc, a los que se dedicó el nombre de una calle o una escuela. Otras, la inmensa mayoría, vinieron a trabajar como obreros en las grandes fábricas de ezkerraldea y a vivir en la Villa.

Al final de la dictadura se produjo un salto espectacular en el aumento de la población. De 22.713 habitantes en 1960 se pasó a los 45.000 en 1971 y a los 57.053 en 1978. Además del crecimiento vegetativo, la mayoría de los nuevos vecinos eran inmigrantes.

Estos se encontraron con un ambiente popular en el que se hablaba castellano, las costumbres eran parecidas a las de sus pueblos de origen y había trabajo en las fábricas, para el que tuvieron que especializarse. El concejal Joaquín Córdoba contaba que la empresa en la que trabajaba le enviaba a su pueblo (creo que en Palencia) a contratar a familiares y conocidos para venir a trabajar en ella.

En general la población les recibió bien, excepto algunos pocos que hablaban de los recién llegados tildándolos de “maquetos” “pardillos”, “coreanos”, “moros”, etc. desconociendo que sus propios antepasados habían venido también de fuera años atrás.

La primera generación de los recién llegados tuvieron problemas para encontrar vivienda debido a su escasez en la Villa y algunos vendieron su casa y sus tierras, si las tenían, en su pueblo. En esa época se construyeron:

9 casas adosadas en el Grupo Pozo Pando por parte del Ayuntamiento en 1955.

106 casas en el Poblado Babcock & Wilcox construído por la empresa para sus obreros en su primera fase y 182 en 1960 en la segunda.

310 viviendas en el Grupo La Florida en 1958, proyectado por el Instituto Nacional de la Vivienda.

90 viviendas en el Grupo Miramar en 1959 por  parte del Ayuntamiento.

40 viviendas en el grupo Bailén en 1960, de protección oficial, compradas por los particulares.

56 viviendas en el Grupo Federico Martínez en dos fases ) en 1952 y en 1963) construidas por la empresa benéfica Viviendas de Vizcaya.

391 viviendas en el Grupo Alonso Allende también en dos fases construidas por Viviendas de Vizcaya.

El resto de las viviendas en Abaro, Carlos VII, Correos, Gipuzkoa, Danok Bat, etc. se fueron construyendo como libres, aunque con alguna ayuda oficial, por parte de empresarios como Cotera, Aroma, Olano, etc.

Los nuevos propietarios tuvieron que pedir créditos a las cajas de ahorro y los bancos con hipotecas a pagar entre 10 y 20 años.

Algunos inmigrantes volvían a su pueblo a pasar las vacaciones con sus hijos. Estos, al volver, contaban a sus compañeros y al maestro que habían estado en el “pueblo” con la envidia de los que no tenían “pueblo”. Bastantes de los inmigrantes todavía tienen casa propia o heredada y, ya jubilados, pasan meses en su “pueblo”.

Al entrar a trabajar en las fábricas se encontraban con que sus compañeros llevaban años reivindicando mejores condiciones laborales, sobre todo el sueldo. La Administración estableció el salario mínimo interprofesional para 1963 en 60 pesetas pasando a 186 en 1973. Pero los sindicatos lo consideraban insuficiente. Los inmigrantes se afiliaron fundamentalmente en UGT, CCOO (fundado en 1962) y Unión Sindical Obrera (USO), no en ELA-STV.

La segunda generación de los inmigrantes, ya jóvenes, empezaron a romper los lazos que les unían a su “pueblo” y se integraron en las sociedades que se estaban formando en la Villa con un trasfondo vasquista:

El grupo de montaña Ganerantz, en 1953.

Los Boy-Scout de las parroquias en los años 1960.

El Elai-Alai, en 1963.

El Lora Barri, en 1965 en La Florida.

Los Barbis en 1966.

El Ikusgarri,  en 1967 en Repélega.

El Gaurko Gazteak, en 1968 en Buenavista.

El Berriztasuna, en 1970 en el Casco antiguo.

Ya la tercera generación empezó a estudiar euskera (AEK en 1975) y en euskera (Ikastola del Elai-Alai en 1963, Ikastola Herrikoa en 1974, Modelos B y D en los centros públicos y privados).




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