lunes, 26 de febrero de 2018

UN PORTUGALUJO DESTACADO EN EL DESARROLLO DE LAS COMUNICACIONES EN MEXICO: ANSELMO ZURUTUZA OLANO





Nacido en 1801 en Bilbao fue traído a la Villa donde desarrolló su niñez y ya en su juventud emigró a América en compañía de su hermano Mariano que era un comerciante del consulado de Veracruz. Mientras éste regresó a España, él se estableció en México convirtiéndose en arrendatario de un ingenio azucarero en Atlacomulco, y posteriormente de otro en Arroyozarco en Aculco, Estado de México, donde llevó a un sobrino suyo Lucas Zurutuza, (Portugalete 1822), que luego sería su heredero.

Intentó la colonización de esa zona recurriendo a gentes de Gipuzkoa y Vizcaya, pero la experiencia pronto le convenció de que era preferible para el cultivo de la tierra, con todos sus defectos, la servidumbre indígena.

Pero el gran nombre que adquirió en México, donde se le considera como uno de los iniciadores del transporte y las comunicaciones, se debe a su contribución al desarrollo de los mismos con su empresa de diligencias que ponía en comunicación las principales zonas del país.

Si en 1830 se había establecido la primera compañía de diligencias, en manos de estadounidenses, que unía Ciudad de México con Veracruz, unos pocos años más tarde, él sería ya el principal accionista, consiguiendo del gobierno la concesión de reparación de caminos, los peajes de algunas rutas y el transporte de correos entre México y Veracruz para financiar la mejora de caminos. Consiguió dar a la empresa, que se llamó “Unión Mexicana de Diligencias”, un gran impulso, extendiendo las rutas en todas las direcciones, e incluso abriendo caminos, ya que era una época en la que eran escasos en un país sumido en guerras civiles y bandolerismo. Terminó por crear un sistema de transporte completo, con casas de postas, estaciones y fondas. Los servicios brindados en las postas de poblaciones importantes incluían catres, mesas, sillas, y buena limpieza. Para los comerciantes de Veracruz era de vital importancia que el contacto entre la costa del Golfo y el Altiplano continuara efectuándose, por eso muchos de ellos ayudaron al afianzamiento del sistema de diligencias.

Además de los negocios se preocupó por la enseñanza de la juventud, y en 1843 dispuso que a su muerte se cedieran los réditos de 10 000 pesos para financiar en las escuelas del estado de Veracruz la instrucción de idiomas (francés e inglés). También contribuyó a la educación de los niños, ya que determinó que se contratara en Vizcaya un maestro para la enseñanza de primeras letras para lo que ofrecía “el capital que fuera necesario utilizar”.

Esta idea trajo también al año siguiente, en su viaje a Europa, creando una Fundación para “la instrucción de idiomas en la Villa de Portugalete”, cuyos patronos fueran el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio de Bilbao. Fijó su aportación para maestros, edificio y 20 alumnos gratuitos, y tras surgir algunos problemas para encontrar maestros, lo que obligó cambiar a la enseñanza de náutica y francés, finalmente se empezó el curso el 1 de enero de 1847. El año anterior el Ayuntamiento le había nombrado con carácter honorífico Primer Síndico de la Corporación

Al regreso de su viaje, le ofrecieron un puesto en el Ayuntamiento de México, que renunció aduciendo razones personales. Continúo extendiendo su negocio y en 1850 adquirió el Palacio Iturbide, (hoy en el centro histórico de la ciudad de México) donde inauguró el lujoso Hotel Diligencias, como punto de donde salían y llegaban las diligencias puntualmente. Sus rutas eran de Oeste a Este porque las carreteras habían sido diseñadas para facilitar el traslado del oro y plata que debían ser embarcadas en el puerto de Veracruz con destino a la Metrópoli.

Murió en la ciudad de Puebla, el 26 de julio de 1852 y sus restos descansan en el Panteón de San Fernando de la Ciudad de México.

En 1856 el Ayuntamiento de Portugalete recibió la notificación de que se suspendían todos los pagos a la escuela fundada por el difunto.

Toda esta información la hemos extraído
de distintas entradas de internet,
del trabajo de Roberto Hernandez Gallejones,
 y de la investigación realizada en archivos bautismales por
Amaya Alava y José Manuel López Diez

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