Portugalete siempre fue villa de tradición taurina, y los festejos se resolvían con cierres provisionales en la Plaza del Solar. Sin embargo, como ya expusimos en una entrada anterior, las corridas de agosto de 1856 fueron de las mas recordadas. El periódico Irurac Bat, que nos envía Karla Llanos, nos decía que para dar respuesta al creciente prestigio de la Villa como destino de baños, el alcalde tomó la decisión de encargar el diseño del proyecto y la construcción de un coso de madera, al arquitecto Sr. Muñiz, y bajo su supervisión, se levantó una magnífica estructura que el cronista no dudó en calificar de "sólida y elegante". No era un simple cercado, era una pieza efímera con un "espacioso redondel" y una capacidad de graderío que permitía albergar a la gran concurrencia que se esperaba. Además, se traía al famoso torero de Bejar, Julián Casas "el Salamanquino", cuya figura recogemos en esta entrada.
El programa incluía música, iluminación especial en las calles y otros
entretenimientos que complementaban las corridas, convirtiendo a Portugalete en
el centro de atención de toda la ría durante el mes de agosto.
Se esperaba un importante impacto
económico y social, como parece ser que así fue. Durante aquellos días, los
vapores llegaban desde Bilbao completamente "atestados de gente".
Pero el público no solo era bilbaíno; veraneantes de toda la península y
vecinos del entorno abarrotaban las gradas, dinamizando la economía local y
consolidando a Portugalete como la capital del veraneo y el ocio distinguido en
el Norte.
Se lidiaron novillos de las acreditadas ganaderías de Toribio Valdés, de la
Pedreja del Portillo y, muy especialmente, los bravos ejemplares de Santiago
Morquecho de Navarra, conocidos por su nervio y poder.
Además del espada principal que dirigía la lidia, el citado matador Julián
Casas "el Salamanquino", que venía de actuar el día 3 en Madrid, cuya
presencia elevó la categoría del festejo a evento nacional, actuaron el diestro
Benito de Abasolo “Vinagre” y su cuadrilla y la suerte de varas estuvo a cargo
de los picadores Antonio de Arizmendi e Ildefonso Giménez. Junto a ellos los
jóvenes "portugalujos de pro" no dudaron en saltar al ruedo para
medirse con las reses, fundiendo en una sola voz el aplauso de la aristocracia
de los palcos con el entusiasmo del pueblo llano.
Recurriendo al "Gran
Diccionario Tauromáquico" (1879) de J. Sánchez de Neira encontramos que Julián
Casas el Salamanquino, (nacido en Béjar en 1818) que alternó con los mejores toreros de su tiempo a lo largo de
una extensa carrera, fue estimado por su educación y buen carácter, torero,
ganadero y empresario. Sus afanes se extendieron a organizar corridas en
diferentes plazas de la península, actuando como torero y empresario, y así lo
encontramos dirigiendo las corridas de San Fermín de 1858, y en la
década siguiente toreando en Lima.
Por su parte de Benito Abasolo “Vinagre”
se nos dice que era a veces banderillero y otras matador de
toros, jefe de cuadrilla que, hacia excursiones por pueblos y provincias, donde
procuraba cumplir lo mejor que podía. Llevaba ya bastantes años toreando, era
más conocido en la provincia de Madrid y limítrofes que en otras, y se hizo
militar, llegando a capitán de las contraguerrillas de Vizcaya en la última
guerra civil. En su actuación en Portugalete su figura aportó
un elemento de diversión y agilidad que encantó a los asistentes.

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