La foto que encabeza hoy esta entrada con la huerta de los agustinos en primer plano y Las Arenas al fondo, durante una nevada, nos ha sido enviada por Karla Llanos que la ha obtenido de los archivos fotográficos del Aula de Cultura del Ayuntamiento de Getxo y nos sirve como complemento de la información que vamos recogiendo de Tasio Munárriz, sobre la represión que sufrió la población portugaluja que no se había significado a favor del bando ganador de la guerra.
La entrada de hoy se centra en lo referido a la depuración que se
aplicó al vecindario como norma general, pues también ha recogido ejemplos
particulares algunos muy aclaratorios:
La Comandancia Militar del sector
ordenó el despacho de un cuestionario sobre la actuación política-social del
vecindario creándose una comisión especial de información política compuesta
por varios concejales. Como éstos no conocían a toda la gente, se designó a
seis vecinos para ayudarles. Estos, a su vez, tenían informadores y confidentes
en todos los barrios.

Los cargos solían ser, haberse
afiliado a algún partido o sindicato nacionalista o de izquierdas, ocupar en
ellos algún cargo directivo o haber sido su interventor en algunas elecciones,
ser ateo o antirreligioso, haber formado parte de la Guardia Cívica, informar
sobre los derechistas o detenerlos, haber evacuado a zona roja, haberse
alistado como voluntario en el Ejército de Euzkadi, etc.

Me hubiese gustado hacer las
listas de los portugalujos a los que el Ayuntamiento les adscribía a los
partidos y sindicatos, pero el mismo alcalde reconocía que no tenía las filiaciones
de todos los grupos y que la adscripción era debida a rumores, delaciones e
informes de FET-JONS. Para no colaborar con sus errores y no molestar a las
personas evito hacer esas listas como tampoco voy a publicar su conducta moral
y política según la opinión de los confidentes.
La solicitud de informes se
refería también a personas de derechas. Lógicamente la respuesta era una
alabanza. En alguna ocasión el párroco Angel Chopitea también tuvo que dar su
opinión, que resultó ser favorable para un chico que había sido monaguillo.
Los informes no sólo eran
solicitados por las instituciones políticas y económicas sino también eran
pedidos individualmente para conseguir el permiso de conducir, salir al
extranjero, presentarse a puestos de la Administración, etc. Normalmente la
respuesta era favorable.
Todos los informes eran firmados
por el alcalde sin especificar su fuente de información. Se fiaba de sus
confidentes y en algún caso, cuando el informe era negativo y el sujeto tenía
amigos influyentes, enviaba un segundo informe rectificando el primero.
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