
La imagen que rescatamos hoy es mucho más que una fotografía antigua; es el
testimonio de una hazaña. En 1909, la revista gráfica NOVEDADES
publicaba esta foto de Francisco Opitz, donde el joven ciclista portugalujo
posa triunfante tras una carrera en Bilbao. Me sirve tambien para recordar
a sus hijas, ya desaparecidas, que fueron de las primeras suscriptoras de la Colección
El Mareómetro.
A principios del siglo XX, el ciclismo no era el deporte de alta tecnología
que conocemos hoy. Era una disciplina de resistencia pura y mecánica
rudimentaria. Nuestro protagonista viste el maillot blanco y porta una
bicicleta de acero, probablemente de piñón fijo. Sin cambios de marcha y por
caminos que distaban mucho de ser alfombras de asfalto, completar el trayecto
entre la Villa y la capital era un ejercicio de fuerza bruta y voluntad.
En aquellos años, el ciclismo empezó a ser el gran conector social de la
Margen Izquierda. Las carreras no solo eran competiciones deportivas, sino
eventos festivos que congregaban a multitudes. Como se observa en la
fotografía, el campeón está rodeado de una mezcla de curiosos, jueces y
aficionados ataviados con las clásicas gorras y chaquetas de la época, todos
queriendo formar parte del momento de gloria del vecino de Portugalete.
Gracias a publicaciones como Novedades, hoy podemos reconstruir
nuestra historia local. Esta imagen captura la esencia de una Bizkaia que
despertaba a la modernidad a golpe de pedal, consolidando una pasión por las
dos ruedas que, más de un siglo después, sigue más viva que nunca en nuestras
calles.
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