En este blog dedicamos ya un espacio al Saltillo, ese emblemático
velero íntimamente ligado a la historia de Portugalete, a la Escuela de Náutica
y a la generosidad de su dueño Pedro Galíndez y Vallejo quien lo bautizó
en 1934 precisamente en honor a su residencia "El Saltillo" que en
1950 donaría como casa de menores tutelados.
Javier García-Borreguero nos recordó ya en su día la histórica y secreta
cita del 25 de agosto de 1948 a cinco millas de San Sebastián, donde el velero
sirvió de escenario para el encuentro entre D. Juan de Borbón y el general
Franco a bordo del Azor, decisivo para el futuro de España.
Sin embargo, la historia de este mítico barco de acero de 26 metros de
eslora, construido en Ámsterdam en 1932, sigue ofreciéndonos nuevos e
interesantes matices. Aitor González Gato nos añade una perspectiva muy
especial: las vivencias a bordo descritas en primera persona por el rey emérito
Juan Carlos I en su reciente biografía, titulada "Juan Carlos I.
Reconciliación" (publicada en 2025).
Aitor nos llama la atención sobre tres citas textuales de esta biografía
que demuestran el profundo significado emocional que el barco portugalujo tuvo
para la familia real en el exilio.
En la página 69, evocando su infancia y la figura de su padre, Juan de
Borbón, el rey emérito recuerda el origen de aquellos viajes de verano:
"Todos los veranos, Pedro Galíndez, un empresario vasco, le prestaba
El Saltillo, un velero de acero de 26 metros de eslora construido en los años
30. Como mi padre no podía permitirse llevarnos a todos de viaje, nos metía en
el barco y navegábamos por los mares".
Más adelante, en la página 127, Juan Carlos I detalla la que fue la primera
gran travesía familiar en el período estival de 1950, convirtiendo al velero en
un espacio de libertad frente al ostracismo político que sufrían por parte de
la dictadura:
"En el verano de 1950 hicimos nuestra primera salida al mar con toda
la familia. Para gran alegría de mi padre, el Saltillo se convirtió en su
segundo hogar, a la vez un hogar de libertad y plenitud (…). Llevaba el timón y
nosotros éramos sus grumetes, mientras mi madre se afanaba en la cocina (del
barco) y conseguía preparar deliciosas comidas con ingredientes sencillos. En
aquella ocasión fuimos hasta Marruecos. Navegamos durante casi dos meses. Más
adelante también descubriríamos las costas de Argelia e Italia. Nos acercamos a
España, situada en nuestra ruta; anclamos el barco en mar abierto cerca de
Huelva, frente a Marruecos (…). Pronto llegó un oficial a decirnos que nos
largáramos. El régimen no toleraba la presencia de mi padre, ni de lejos
siquiera. A pesar de esta contrariedad, aquellos momentos con mi familia fueron
maravillosos".
La última referencia biográfica nos traslada a mayo de 1962. Tras la boda
de Juan Carlos y Sofía en Grecia, y justo un año antes de que los Borbón
estrenaran el Giralda (1963), el viejo velero volvió a cruzar sus vidas
en el viaje de regreso. Anota el emérito en la página 162: "...mi padre
pasó a visitarnos en El Saltillo, de regreso a Portugal", donde este
tenía fijada su residencia en Estoril.
Aitor González Gato cierra su aportación recordándonos los difíciles años
finales de la embarcación antes de su renacer. Cuando Juan de Borbón empezó a
utilizar el Giralda, "Peru" Galíndez donó en 1968 El
Saltillo a la entonces Escuela de Náutica de Portugalete para las prácticas
de sus alumnos. Tras una época de declive en los años 80 en la que llegó a
peligrar su existencia y rozar el desguace, la movilización de la Asociación
Amigos del Saltillo (1987) y una minuciosa restauración sufragada por el
Gobierno Vasco permitieron su nuevo botado en 1998.
Hoy, bajo la gestión de la Escuela de Ingeniería de Bilbao (EHU) y
fondeado frente a la Punta del Muelle de Hierro, el Saltillo sigue vivo
cumpliendo su doble función como buque-escuela y embajador institucional,
portando en sus maderas el eco del orgullo náutico de Portugalete.
Ilustramos esta
entrada con la imagen del velero y la foto de Guyma con la presencia del
entonces príncipe Juan Carlos como guardiamarina cuando en el muelle Viejo
fondearon los tres minadores de la armada española.

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