viernes, 26 de junio de 2026

AYER Y HOY. EL PALACIO GANDARIAS Y LA "CASA DEL MILLÓN", CRÓNICA DE UN EXPOLIO URBANÍSTICO

 


La fisonomía del Muelle Nuevo sufrió, a finales del franquismo, una de las transformaciones más agresivas e irreversibles de su historia. La sustitución del deslumbrante Palacio Gandarias por un imponente bloque de viviendas es el reflejo de una época en la que la especulación inmobiliaria primó sobre la conservación del patrimonio histórico y arquitectónico jarrillero.

1917: El esplendor del Palacio Gandarias obra de Pedro Guimón estilo Segundo Imperio.

A principios del siglo XX, la burguesía industrial eligió Portugalete para levantar residencias de una calidad arquitectónica excepcional. El Palacio Gandarias, construido en un punto privilegiado sobre El Abra frente a la playa, rematando las edificaciones del muelle nuevo, destacaba por su porte señorial con un magnífico jardín que oxigenaba la primera línea del muelle. Aquella estampa de 1917 representaba el apogeo de un urbanismo equilibrado y elegante.

1967: La agresión del desarrollismo inmobiliario.

Cincuenta años después, en pleno auge del desarrollismo de los años sesenta, el palacio y sus jardines fueron sentenciados a la demolición, al igual que otros recordados como el de Chavarri o el de la familia Epalza con su capilla. El beneficio económico inmediato dictó la destrucción de estas joyas patrimoniales para aprovechar al máximo la edificabilidad del terreno.

En su lugar, se levantó un bloque de pisos de gran altura que rompía de forma drástica con la escala y la estética de la zona. Aquella promoción se convirtió en un símbolo de la exclusividad de la época, publicitándose de la siguiente manera:

PORTUGALETE Sobre El Abra, junto al parque. Hall, 10 habitaciones, servicios, dos baños, terraza. Totalmente amueblado. Superficie: PRECIO: 1.000.000 de pesetas

El impacto social: La "Casa del millón"

La desorbitada cifra de venta para la época no pasó desapercibida y el ingenio popular no tardó en bautizar al nuevo edificio como "La casa del millón", un sobrenombre que encerraba tanto asombro ante semejante coste como una crítica implícita a la elitización del espacio público y a la pérdida irreparable del palacio desaparecido.

Esta comparativa fotográfica pone en evidencia la impunidad con la que operó la actividad inmobiliaria de aquellos últimos años del franquismo, un período oscuro para el patrimonio jarrillero en el que la piqueta borró de un plumazo parte de nuestra identidad histórica a cambio de cemento y rentabilidad financiera.

 



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