jueves, 18 de junio de 2026

PORTUGALUJAS OLVIDADAS: EMILIA RODAS ARANA

 

 

Tras publicar días pasados el centenario de la muerte del doctor Areilza, hemos recordado el dicho de que "al lado de un gran hombre siempre hay una gran mujer" y hemos pensado en dedicarle esta entrada a ella, Emilia Rodas Arana.

1. Orígenes familiares y herencia.

Emilia Rodas, nacida circunstancialmente en Malaga, en diciembre de 1887, era la hija única de Francisco Martínez Rodas un militar de ideas liberales que llegó a la Villa durante la Segunda Guerra Carlista que posteriormente fue un prolífico empresario naval y minero, casado con la portugaluja Eloísa Arana Mendiolea, una mujer rubia, de ojos azules y fuerte personalidad, hija de un empresario minero.

A su padre le fue otorgado el título de Conde de Rodas por la reina regente María Cristina en 1901, que luego heredaría ella.

2. Descripción física y personalidad.

Físico distinguido: De "simpatía arrolladora", talle arrogante y espigado, piel clara y sonrosada, grandes ojos azules y un característico pelo rubio que peinaba hacia arriba terminando en un moño erguido, mantuvo siempre con los años, una "sencilla y serena elegancia".

Carácter y educación: Era una mujer culta, con un fino sentido del humor e ironía que mantuvo hasta la vejez, y administradora excelente de la economía familiar, sin admitir fantasías en los negocios.

Intelecto y mentalidad abierta: Aunque era de asidua práctica religiosa, carecía por completo de intransigencia. Fomentó activamente la libertad intelectual de su hijo, José María Areilza, permitiéndole el acceso a libros prohibidos por el índice de Roma de la época, gracias a lo cual él pudo leer a filósofos como Schopenhauer, Nietzsche y Unamuno. Dominaba el francés a la perfección.

3. Matrimonio con el Doctor Enrique de Areilza.

El origen del romance: La madre de Emilia, Eloísa, padecía una afección pulmonar y solicitó los servicios del reputado doctor. Aunque él tenía fama de ser un "impenitente solterón" de 45 años, la convivencia e intimidad surgidas durante la enfermedad de la madre propiciaron el acercamiento. La voz popular murmuraba que fue la propia Emilia quien le propuso matrimonio.

La boda (1905): Contrajeron matrimonio el 1 de mayo de 1905. Debido a la gravedad de la enfermedad de la madre, la ceremonia se celebró en la más estricta intimidad en el oratorio del palacete de El Salto. El enlace causó un enorme estupor e incredulidad en las tertulias bilbaínas de la época, despertando bromas de sus amigos íntimos de Areilza (incluido Miguel de Unamuno) debido a la conocida soltería y carácter independiente del médico.

Impacto en el hogar: Emilia trajo orden, equilibrio y estabilidad a la vida del doctor, un hombre acostumbrado al desorden y la soledad. Supo encauzar su vida privada respetando su profesión.

Residencia familiar: En 1909, tras fallecer su madre, se instalaron definitivamente en el citado palacete de "El Salto", edificado sobre los acantilados por Martínez Rodas en 1890, inspirado en las playas de Ostende, y que lucía en el tejado un blasón con una "R coronada" en honor a su título.

4. Su etapa de viudedad y apoyo a su hijo José María.

Viajes por el mundo: Al quedarse viuda, Emilia instó a su hijo José María (quien entonces tenía unos 15 años) a salir de las fronteras locales: "No seas localista ni hagas caso de los que viven pensando en que lo nuestro es siempre, lo mejor'". Juntos emprendieron ambiciosos viajes culturales por Europa y Oriente, recorriendo Escandinavia, Alemania, Leningrado, Moscú, Constantinopla, Tierra Santa, Egipto, Malta, Argel, Orán, Londres, París y Roma, siempre impulsándolo a visitar teatros y museos.

Impulsora de la carrera política de su hijo: Fue ella quien alentó decisivamente a su hijo a trasladarse a Madrid para forjar su trayectoria pública: "Si quieres hacer carrera política tendrás que vivir en Madrid", le dijo.

Inversión inmobiliaria: Mostrando su gran visión e intuición para las inversiones urbanísticas, adquirió una finca en liquidación testamentaria en la Castellana (Madrid) que había pertenecido a los Martínez Rivas y Cristino Martos. Allí reformó la propiedad y le ofreció dos pisos a su hijo y a su nuera, Mercedes de Churruca y Zubiría, con quienes mantuvo siempre una relación discreta, afectuosa y de apoyo generoso.

5. Fallecimiento y traslados de sus restos.

Muerte y sepelio original: Falleció en Madrid en 1965 conservando su lucidez hasta el último momento. Inicialmente, fue enterrada en el panteón familiar del cementerio de Portugalete levantado en 1880 por el célebre arquitecto Severino de Achúcarro para la familia Arana, donde también yacían sus padres y su esposo, el Dr. Areilza.

Traslado definitivo a Motrico: Años más tarde, debido a una reforma y plan urbanístico del municipio de Portugalete su hijo José María tuvo que exhumar los restos de sus padres. En un melancólico y frío día de invierno bajo un temporal de nieve, las cenizas reducidas de Emilia Rodas y del Doctor Areilza fueron trasladadas en minúsculos ataúdes metálicos al camposanto de Motrico (Gipuzkoa), donde reposan definitivamente.

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