miércoles, 3 de agosto de 2016

LA CABALGATA HISTÓRICA DE 1932



Si ahora se está pensando en la celebración del 700 aniversario de la fundación de la Villa, y en 1957 ya se recordó el 665 (en la foto superior José Luis Gómez y Ramón Armendariz de paje), el 21 de Agosto de 1932 se conmemoró el 600 centenario con una Cabalgata Histórica.
Como la fecha había pasado desapercibida diez años antes, nuestros munícipes se basaron en el documento de ratificación de nuestro privilegio fundacional suscrito el 21 de Agosto de 1432 por el Rey Don Juan II de Castilla-León y Señor de Vizcaya, que es el único que se conserva, confirmando la Carta-Puebla que nos otorgó en 1322 la Señora de Vizcaya Doña María Díaz de Haro, llamada La Buena.
Fue la Comisión de Banda y Festejos del Ayuntamiento quien propuso para el día 20 de agosto, “una romería a celebrar desde las nueve hasta las once y media de la noche en la Campa del Lavadero para festejar la víspera de la fiesta de la conmemoración histórica de la Fundación de la Villa”. La Casa Consistorial se vería también engalanada por una artística iluminación.
Al día siguiente, el 21 de Agosto, habría una Diana de los tamborileros acompañados de la comparsa de cabezudos y a las once de la mañana saldría de la Casa Consistorial una Cabalgata Histórica formada por la Villa y los Siete Concejos, el Prestamero, el Preboste, Justicias y Alguaciles, todos ataviados con trajes de la época recorriendo las calles de Salcedo y Coscojales, marchando después a la de Doña María Díaz de Haro, en homenaje a la Fundadora y regresando por la Plaza al ayuntamiento, desde uno de cuyos balcones el Alcalde daría lectura a la Carta Fundacional. A las doce se celebraría un Gran Concierto amenizado por la Banda Municipal de Música.
Todo el alquiler del vestuario para la cabalgata se encargó a la Sastrería Teatral Peris Hnos. de Madrid, consistiendo en 30 trajes, que según les indicaba el alcalde “dichos atavíos deberían pertenecer al primer tercio del Siglo XIV (1322), y ser desde luego, de esta región”.
Como la Cabalgata se produciría el día 21, los trajes tendrían que estar en Portugalete unos días antes de esa fecha para elegir a las personas a quienes les vinieran bien y la sastrería tenían por costumbre mandar a un encargado para que las cosas que los clientes no pudieran arreglar o componer, fuesen fácilmente solucionadas por una persona entendida en esta clase de trabajos, cobrando los viajes de ida y vuelta en segunda clase en tren y los gastos de fonda.
El vestuario que enviaron fue el siguiente: Prestamero Mayor, con un tonelete de seda brochado, cinturón, escarcela, capotillo, mallas grises, zapatos y sombrero. El de Preboste era igual al anterior pero en distinto color, ocurriendo lo mismo con el de Alcalde de Justicia. El de Alcalde Ordinario era un traje de tonelete de paño, mallas, zapatos, cinturón, escarcela y gorra de pico. Los 6 clarineros presentaban toneletes de paño, mallas grises, cinturones y escarcelas, zapatos de pico y gorras de pico. Los 12 personajes que habrían de interpretar al pueblo, a los lugareños, estaban ataviados con toneletes iguales a los anteriores en distintos colores y con las mismas prendas. La Dama Principal vestía un trabajo de terciopelo granate y un manto de brocatel bordado, y una toca en la cabeza. Por último, los 7 de las damas camareras eran mantos bordados de brocatel y sombreros con velos de la época.
Por su parte el Presidente de la Comisión Gestora de la Diputación Provincial de Vizcaya, concedió la oportuna autorización para que los Clarineros del Cuerpo de Miñones participasen en dichos actos.
No disponemos de fotografías de dicho desfile, aunque se conserva un borrador del discurso del alcalde antes de leer la Carta-Puebla. Empezó dirigiéndose a los vecinos llamándoles “ciudadanos de la Noble Villa de Portugalete; ciudadanos de los pueblos de la zona fabril y minera que pertenecíais a esta Villa” (en este caso hay que hablar aquí de un craso error histórico, ya que dichos concejos jamás pertenecieron a la jurisdicción del villazgo). Luego prosiguió abundando en lo mismo, al manifestar que estas localidades que antes estaban unidas “con nuestra Villa en su fundación y que por divergencias de otros tiempos llegaron a separarse entre sí”, a la vista del desarrollo industrial y comercial conquistado por la totalidad de ellos “hasta estos tiempos modernos que vivimos, y ante esta compenetración de costumbres y sentimientos en que convivimos todos, se ha llegado la hora de borrar tantas fronteras, que no valen más que para mantener una pesada carga económica y administrativa” en perjuicio de sus vecindarios.

Por tanto estimaba que la conmemoración de dicho evento sería una ocasión única y muy oportuna para afianzar su unión, estando englobado todo ello en las ideas presentes en el denominado Estatuto de las Encartaciones, una aspiración republicana-socialista en aquellas fechas, para enfrentarse a la mayoría nacionalista del PNV. 
El trabajo completo sobre este tema obra de Roberto Hernández Gallejones se encuentra en la Biblioteca Digital Portugaluja, dentro de su Aproximación a la Historia de Portugalete. Temas diversos.

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