lunes, 31 de agosto de 2026

DOS SUCESOS OCURRIDOS HACE UN SIGLO: UN APARATOSO ACCIDENTE DE TREN Y UN NAUFRAGIO AZOTAN A UNA FAMILIA PORTUGALUJA (1)

  




De la sección TIEMPO DE HISTORIAS de EL CORREO del pasado día 9 de agosto, firmado por Carlos Benito, recogemos este articulo: 

La tragedia se cebó con la familia Muñoz Llanos. Dos de los sucesos más dramáticos ocurridos en Portugalete en los años 20, hace ahora un siglo, golpearon de lleno este hogar de pescadores, sacudido primero por un descabellado accidente ferroviario y, seis años más tarde, por uno de esos naufragios que las galernas provocaban con cierta frecuencia en el litoral vasco.

El 23 de julio de 1920, alrededor de las nueve y cuarto de la mañana, la locomotora Bilbao nº 5 entró en el depósito de máquinas de Portugalete. Lo hizo a demasiada velocidad, y todos lo achacaron en principio a un error humano, aunque el maquinista y el fogonero aseguraron después que los frenos solían fallar y que la leve pendiente que existía en aquel tramo hizo el resto. Se produjo una carambola que agravó el accidente y lo acabó trasladando al exterior de las instalaciones ferroviarias: la máquina empujó dos viejos coches de pasajeros, ya inservibles, que estaban arrumbados en aquella vía muerta, y estos a su vez derribaron varias pilas de briquetas de carbón que se encontraban almacenadas al fondo. La fuerza del golpe lanzó el mineral contra el muro, que cedió: cuatro metros de pared y una buena cantidad de carbón cayeron al exterior, al Muelle Viejo. Y allí, justo allí, estaba la familia Muñoz Llanos afanada en remendar sus redes.

«Un grito de horror salió de algunas personas que presenciaron el hecho e inmediatamente acudieron en auxilio de las cinco personas que se hallaban envueltas y aprisionadas por una montaña de ladrillo y briquetas», relató 'El Liberal'. Sacaron con vida al padre, José Muñoz González, de 44 años, con varias costillas fracturadas. Sacaron con vida a la hija, Margarita, de 17 años, que se había roto el fémur y presentaba contusiones generalizadas y un fuerte shock. Y el tercer herido fue un sobrino, Anastasio Santo Tomás, de 18 años, que también resultó con una pierna muy dañada. Pero los dos hijos varones, Juan y José Muñoz Llanos, de 14 y 17, habían fallecido en el acto, ya que el derrumbe les había golpeado directamente en la cabeza.

En torno a los cascotes se reunió una multitud. «Fue este un momento de dolor. Todas las personas alli congregadas no pudieron reprimir el llanto», escribió el reportero de 'El Liberal'. La gran afluencia de personas tuvo una consecuencia penosa e inesperada, como si la fatalidad se estuviese esforzando aquel día: un niño de 3 años se quedó solo en casa, en un quinto piso de la calle General Castaños, y se cayó desde el balcón. El pequeño Jorge Irazola se convirtió en la tercera víctima mortal de aquella oscura mañana.

(Continuará)

 

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