De la sección TIEMPO DE HISTORIAS de EL CORREO del pasado día 9 de agosto, firmado por Carlos Benito, recogemos este articulo:
La tragedia se cebó con la familia
Muñoz Llanos. Dos de los sucesos más dramáticos ocurridos en Portugalete en los
años 20, hace ahora un siglo, golpearon de lleno este hogar de pescadores,
sacudido primero por un descabellado accidente ferroviario y, seis años más
tarde, por uno de esos naufragios que las galernas provocaban con cierta
frecuencia en el litoral vasco.
El 23 de julio de 1920, alrededor
de las nueve y cuarto de la mañana, la locomotora Bilbao nº 5 entró en el
depósito de máquinas de Portugalete. Lo hizo a demasiada velocidad, y todos lo
achacaron en principio a un error humano, aunque el maquinista y el fogonero
aseguraron después que los frenos solían fallar y que la leve pendiente que
existía en aquel tramo hizo el resto. Se produjo una carambola que agravó el
accidente y lo acabó trasladando al exterior de las instalaciones ferroviarias:
la máquina empujó dos viejos coches de pasajeros, ya inservibles, que estaban
arrumbados en aquella vía muerta, y estos a su vez derribaron varias pilas de
briquetas de carbón que se encontraban almacenadas al fondo. La fuerza del
golpe lanzó el mineral contra el muro, que cedió: cuatro metros de pared y una
buena cantidad de carbón cayeron al exterior, al Muelle Viejo. Y allí, justo
allí, estaba la familia Muñoz Llanos afanada en remendar sus redes.
«Un grito de horror salió de
algunas personas que presenciaron el hecho e inmediatamente acudieron en
auxilio de las cinco personas que se hallaban envueltas y aprisionadas por una
montaña de ladrillo y briquetas», relató 'El Liberal'. Sacaron con vida al
padre, José Muñoz González, de 44 años, con varias costillas fracturadas.
Sacaron con vida a la hija, Margarita, de 17 años, que se había roto el fémur y
presentaba contusiones generalizadas y un fuerte shock. Y el tercer herido fue
un sobrino, Anastasio Santo Tomás, de 18 años, que también resultó con una
pierna muy dañada. Pero los dos hijos varones, Juan y José Muñoz Llanos, de 14
y 17, habían fallecido en el acto, ya que el derrumbe les había golpeado
directamente en la cabeza.
En torno a los cascotes se reunió
una multitud. «Fue este un momento de dolor. Todas las personas alli
congregadas no pudieron reprimir el llanto», escribió el reportero de 'El
Liberal'. La gran afluencia de personas tuvo una consecuencia penosa e inesperada,
como si la fatalidad se estuviese esforzando aquel día: un niño de 3 años se
quedó solo en casa, en un quinto piso de la calle General Castaños, y se cayó
desde el balcón. El pequeño Jorge Irazola se convirtió en la tercera víctima
mortal de aquella oscura mañana.
(Continuará)

No hay comentarios:
Publicar un comentario