viernes, 17 de abril de 2026

EL OJILLO: DONDE LA AMISTAD NO ENTIENDE DE TIEMPO


Un año más, la calle jarrillera por excelencia ha vuelto a ser testigo del reencuentro de "Los Amigos del Ojillo". En esta nueva edición de nuestra tradicional comida de confraternidad, nos hemos vuelto a reunir para celebrar la vida y, sobre todo, para honrar la memoria de aquellos tiempos de juventud que forjaron los lazos que hoy nos mantienen unidos.

La jornada de este año ha estado marcada por la nostalgia y el respeto. Hemos sentido profundamente la ausencia de dos amigos entrañables: Miguel Llinares “Mogollo” y Juan Ángel Barquín, quienes nos han dejado en los últimos meses. Su recuerdo estuvo presente en cada conversación y en cada brindis, recordándonos la importancia de valorar estos momentos compartidos.

El encuentro comenzó donde todo empezó: en la calle del Ojillo. Tras los primeros saludos y el aperitivo de rigor, nos desplazamos hacia la plaza para cumplir con nuestra tradición ineludible: la foto en el kiosko. No faltó, por supuesto, la parada técnica en el Txiki, punto de encuentro que forma parte de nuestra geografía sentimental.

Uno de los momentos más emotivos de la comida llegó de la mano de Marta Palacios, quien nos obsequió con un detalle cargado de simbolismo: un pañuelo con la imagen de la recordada morera de Rastrilla. Este icono de nuestros juegos de juventud, que lleva la firma de todos nosotros —aunque algunos nombres ya solo vivan en nuestro recuerdo—, representa perfectamente nuestras raíces comunes.

Al finalizar, la tradicional fotografía junto al cartel conmemorativo, repleto de imágenes de décadas de reuniones, puso el broche de oro a una jornada que demuestra que, a pesar de los años, el espíritu de la Villa y la unión de este grupo permanecen intactos.

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