lunes, 20 de julio de 2026

REGISTROS DEL LIBRO DE DIFUNTOS DE PORTUGALETE 1826/1855

 


Seguimos con los libros de registros de difuntos, ahora siguiendo a Aurelio Gutiérrez que en su blog LA VIDA PASA nos recuerda que hace dos siglos se empezó a rellenar un LIBRO DE DIFUNTOS que abarcando las tres décadas siguientes llega hasta 1855. En una entrada del blog recopila los registros de aquellos vecinos, con sus nombres y apellidos, que fallecieron lejos de su villa natal y a los que debido a la distancia, la Parroquia de Santa María les organizó vigilias y funerales de cuerpo ausente por sus almas. 

Este listado refleja la estrecha y peligrosa relación de la Villa con el comercio marítimo internacional durante la primera mitad del siglo XIX, una época en la que la navegación atlántica hacia las costas africanas conllevaba enormes riesgos debido a los naufragios y, muy especialmente, las enfermedades tropicales endémicas (como la malaria o la fiebre amarilla) para las que no existía cura eficaz.

Durante esta época, nuestra gente solía enrolarse en rutas mercantiles que conectaban puertos peninsulares con Cuba y el resto del Caribe o el Golfo de Guinea.

El fallecimiento de estos marinos portugalujos quedó asentado rigurosamente en los registros parroquiales de la época, a menudo mediante partidas de defunción que llegaban meses o años después del deceso a través de testimonios de los capitanes o de los consulados.

El primer grupo que no salta a la vista son los nueve fallecidos en La Habana, todos jóvenes marinos veinteañeros, con apellidos de tradición marinera como Sierra o Urioste y que la mayoría falleció en hospitales de La Habana debido a las epidemias tropicales de fiebre amarilla ("vómito negro"). Otros cinco portugalujos fallecieron en diversas partes del continente americano pudiendo destacar a José Zuazo (1843), alférez de fragata, subdelegado de Marina del puerto de Sisal el puerto comercial más importante del estado de Yucatán en Mexico. Y finalmente nos cita a otros 8 portugalujos fallecidos en la costa africana.

La relación incluye también otras ocho las víctimas de naufragios o accidentes en la barra, la ría, en la costa cantábrica o a cadáveres anónimos arrastrados por el mar o a diversos comerciantes que hallaron la muerte en diversos puntos de la península.

Finalmente encontramos a un grupo de militares que perdieron la vida, especialmente a raíz de la Primera Guerra Carlista. Entre los que tienen cierta relevancia histórica encontramos a José de Negrete y Cepeda, Conde de Campo Alange, un aristócrata sumamente culto, amigo íntimo de Mariano José de Larra, que fundó en Madrid la emblemática revista literaria El Artista (1835-36) donde colaboraron grandes figuras de la época y que sirvió para introducir las corrientes estéticas del romanticismo europeo en España y a Antonio Llorens, comandante del Regimiento de Gerona, enviado por mar desde la península para reforzar las defensas liberales ante el avance de Zumalacárregui y que en 1834, al intentar cruzar la barra su embarcación naufragó. Pereció en el accidente junto a parte de su tropa, siendo enterrado de urgencia por la parroquia.

 

 

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