El antiguo barrio de Rivas, hoy
desaparecido, pertenecía a Santurtzi hasta que, en 1933, pasó a Portugalete,
junto con Repélega, La Sierra y Galindo (una parte). Se dividía en dos zonas (Rivas
Viejo y Rivas Nuevo), y contaba con una escuela, mandada construir por Ramón de
Durañona hacia 1886-90.
De todo aquello apenas queda
nada, salvo el camino que baja hacia el Ballonti y unas magníficas encinas
centenarias, que habría conservar y proteger adecuadamente.
La encina es un árbol perennifolio
típicamente mediterráneo, aunque aparece en las rías cantábricas. Es considerado
árbol sagrado en diversas tradiciones, en las que aparece como un símbolo de
solidez y longevidad. De hecho, puede llegar a vivir más de mil años.
A lo largo de la historia han
sido frecuentes los árboles junteros, bajo los que la gente se reunía para
tomar decisiones. El de Portugalete era una encina, situada en el Campo de la Iglesia,
bajo la que se celebraba el Concejo abierto. Una fórmula que se utilizaba para
acabar las actas era: “En concejo abierto so la encina del campo de la
iglesia”.
Estas encinas de Rivas son
testigo del paso del tiempo y de los cambios que se van produciendo en el
lugar. Un ejemplo palpable de que el tiempo de los árboles es distinto al
nuestro, más pausado, más largo. Merecen formar parte de un Catálogo Municipal
de Árboles Singulares que repetidamente hemos solicitado, pero que sigue
haciéndose esperar.
JOSEBA MARTÍNEZ HUERTA

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