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miércoles, 15 de abril de 2026

HEMEROTECA: BITACORA JARRILLERA. Evocando el agua de La Canilla en el cancionero, por Javier Ortuzar

 


En su edición de EL CORREO del 25 de agosto d 1982, “con motivo de la inauguración de la nueva fuente luminosa o estanque, que resalta y constituye un elemento decorativo más de la espléndida zona ajardinada del Muelle Viejo, inaugurada al inicio del programa oficial festivo”, Javier Ortuzar dedicaba un apartado: EVOCACION Y CANCIONERO que decía así: 

En el caso que nos ocupa resalta una evocación, homenaje y recuerdo a la vieja fuente de La Canilla -junto al andén de dirección a Santurce, de la estación actual del ferrocarril- donde han bebido durante tantos años muchos portugalujos. Es por ello como ha sido recogida en diversas tonadas del rico cancionero portugalujo, del que ofrecemos algunas muestras, todas ellas con letras de Pedro Heredia. Así, en «El agua de La Canilla» se dice:
 «Forasteros que no marchan, ni en carretilla, porque no han probado las ricas aguas de La Canilla. Ahí tenéis a Mache y a Bolillas, modelos de ilustración, que han bebido agua de La Canilla y no abandonan la posición. El que bebe agua de La Canilla se refresca el garganchón y en Portugalete se apolilla sin razón, sin razón, sin razón».
O bien la canción de «Mache y El Chubai», que comienza así:
«Bebió un inglés agua en La Canilla y al saberle a natilla dijo: «¡Yes!»; dijo: «¡Yes!»; dijo: «¡Yes!»; -«Ol ray», -«Ol ray». Y el rey del Chubai, que lo presenció, muy alegremente le contestó: Quien bebió agua de La Canilla en la villa se quedó.
En tanto que en la de «La Canilla y el Maño» se canta así:
«En el barrio «El Perchel», un mañico entró cantando una jotica de su lugar, y fue lo primerito que allí encontró La Canilla, y su agua quiso probar. La probó y al instante empezó a cantar: Es la agüica más buena que yo bebí, y aunque me lo replique la del Pilar, ni con agüica hirviendo me voy de aquí.
Fuente atractiva es la de La Canilla, siendo su agua de hermoso sabor, y aseguramos que ella, en la villa, es tan atractiva como el transbordador. Quien prueba su agua la villa no deja; no hay ser que la pruebe que quiera marchar y nuestro mañico, verán que se avieja cantando esta copla y sin ver El Pilar:
Que viva el barrio «El Perchel» y el agua de La Canilla; que viva Portugalete, que viva la Noble Villa. Que viva la calle El Medio, y la de Santa Maria, y la calle Coscojales con la Virgen de la Guía.

miércoles, 8 de abril de 2026

HEMEROTECA: BITACORA JARRILLERA. Recordando los inicios del ferrocarril de Bilbao a Portugalete



En su edición del 18 de diciembre 1981, EL CORREO, con la firma de JACINTO GOMEZ TEJEDOR, escribía el siguiente articulo:

Hace ahora cien años, precisamente en el 1881, se constituyó una sociedad, integrada por elementos netamente bilbainos, con la finalidad de construir un ferrocarril que uniese la Villa con las zonas costeras de El Abra. Era un buen momento, ya que la intensa explotación de las minas iba impulsando las iniciativas industriales y por Baracaldo y Sestao se levantaban importantes factorías.

El primer antecedente partía de 1863, cuando el inglés Charles Vignoles (que había dirigido las obras del ferrocarril de Tudela a Bilbao) presentó un estudio en que proponía la prolongación de aquél hasta las inmediaciones del mar, siguiendo la orilla izquierda de la ría. Más tarde, en 1871, Federico Solaegui, solicitó el replanteo de un trazado desde el muelle de Ripa a Portugalete, reproduciendo la idea de Vignoles; pero aún tuvieron que pasar diez años —como he indicado al principio— para que la idea de Solaegui cuajase en la creación de una sociedad decidida a realizar el proyecto.

Presidía el Consejo de Administración de esta Sociedad, llamada «del Ferrocarril de Portugalete», José María de Arteche y la dirección de las obras se encomendaron al ilustre ingeniero de caminos Pablo de Alzola.

Se dio fin al primer trozo, entre Bilbao y El Desierto, en 1888; y al año siguiente quedó terminado el segundo tramo entre El Desierto y Portugalete. Los primeros viajeros utilizaron en Bilbao una estación provisional situada en el muelle de Uribitarte, que bien pronto fue sustituida por la definitiva, junto al puente del Arenal. Bien recordamos los viejos usuarios, aquel edificio de madera, rematado por un reloj y era éste de tan regular funcionamiento, que sirvió como definidor de la hora a muchas generaciones de viajeros y transeúntes.

En 1926, por la Junta de Obras del Puerto, se construyó el ramal de Portugalete a Santurce, siendo cedido en explotación a la Compañía del ferrocarril. En 1935 se terminó la electrificación completa de todo el recorrido. Y, en 1936, aquella estación de madera de la esquina de Bailén cayó víctima de los destrozos de nuestra guerra. En 1938 se empezó a construir la nueva, la actual, junto con el «rascacielos» (el primero de Bilbao) que causó admiración a aquella generación de postguerra.


jueves, 26 de marzo de 2026

HEMEROTECA: BITACORA JARRILLERA. Al cabo de 65 años se cerró «El Metro», por Javier Ortuzar

 

Recientemente habíamos empezado a recoger recortes de prensa antiguos, cuando nuestro colaborador Mikel Otxoa Eizagirre, nos envía una serie de ellos que por su interés nos animan a abrir esta sección de HEMEROTECA: BITACORA JARRILLERA, en la que esperamos seguir contando con su valiosa colaboración.

 Publicado en EL CORREO, 15 de junio de 1982 y firmado por nuestro recordado amigo Javier Ortuzar dice así: 

El pasado 14 de junio cerró sus puertas definitivamente «El Metro», de Portugalete. Finalizaba así una larga historia del establecimiento más afamado y querido de Portugalete y su entorno.

Iniciado en el año 1917, cuando fue tomado el arriendo por Fidela Castro, una valiente riojana que quedó viuda aún joven de Nicolás Martínez, padre de Justo, quien se vería pronto al frente del negocio familiar. Este almacén de vinos fue anteriormente de la Banda Municipal de Música de Portugalete y abuelo de nuestros queridos compañeros en las tareas informativas José Luis y Guillermo Fernández.

Así, Justo Fernández un año más tarde, en 1918, recién cumplido el servicio militar en la guerra de África, llegó a «El Metro», que ya no abandonaría salvo en esporádicas visitas a su Baños de Ebro natal, en la Rioja alavesa, hasta su fallecimiento, ocurrido el 17 de diciembre de 1978. Al principio, como su antecesor, el establecimiento funcionaba como almacén de vinos, después también como bar, para finalmente ser este su último destino.

EL NOMBRE

En principio, el establecimiento no tuvo este apelativo de «El Metro», que todavía figura semiborrado por el tiempo en grandes letras a la cabecera del mismo, hasta que unos conocidos portugalujos, distinguidos por su buen humor, siendo Andrés Miguel quien lanzó la idea, lo bautizaron con este nombre, al asemejar su antigua entrada a la del metro madrileño.

Justo se casó con Purificación Torre —la popular y cariñosa Puri, criada en Atxuri— en la bilbainísima parroquia de San Antón, en 1927; sería ésta, su mujer con su hermana Conchi Torre, —trasladada a Portugalete en 1935, al fallecimiento de su madre— las dos personas más ligadas a Justo en el almacén y bar de la entrañable plaza de La Ranchería, que ha atravesado múltiples vicisitudes urbanísticas desde que desapareciera la fuente y «bebedero» en que eran lavados aquellos grandes toneles que llegaban a las escaleras de la bodega en los que entonces parecían grandes camiones y por ferrocarril, que Justo y sus ayudantes hacían rodar con gran esfuerzo, donde con amplios caracteres blancos se leía —J. M. El Metro. Portugalete». Los nombres de Justo, Puri y Conchi son inseparables de «El Metro» y cuanto a él se refiere.

El matrimonio Martínez-Torre tuvo cuatro hijos: Justi, Pili, María Jesús (Chuchi) y Conchi, de los que únicamente Pili —casada con un conocido marino portugalujo, Juanito Duñabeitia— ha tomado parte activa en la atención de la numerosa clientela del establecimiento, en ayuda de sus padres y su tía.

AÑORANZA

En estas fiestas de San Roque y ¡durante tiempo! cuantos portugalujos vecinos o ausentes de la villa y cuantos que de uno u otra forma frecuentaban «El Metro» van a añorar su pérdida. Puri y Conchi con evidente pena, nos realizan una breve recopilación de lo que ha sido durante tantos años su vida y que les cuesta creer que se hayan despedido definitivamente de ese agradable quehacer cotidiano con los parroquianos, por el paso implacable del tiempo.

«Para nosotras era la prolongación de nuestra casa, porque más que a clientes a lo que atendíamos era a amigos, gente de casa, tanto mayores como jóvenes. Y en tanto tiempo no hemos tenido que aguantar malos modos y ni una sola bronca. Para nosotras ha sido un gran disgusto, pero los hijos presionaron para que lo dejáramos. Es un gran orgullo y satisfacción el que nos hayan dado tantas muestras de aprecio nuestros clientes y amigos, a un lugar en el que han alternado en la misma mesa personas populares, famosas, importantes, incluso con títulos con el más humilde trabajador. Por nuestro bar han pasado varías generaciones de portugalujos y ha sido lugar de reunión de amigos, abuelos, padres e hijos y familias enteras».

Justo, Puri y Conchi, residentes siempre en la clásica calle del «Ojillo» —hasta el fallecimiento del primero— se han considerado unos portugalujos más que hicieron de «El Metro» una institución singular en la historia de la villa. No en vano sus cuatro hijos se bautizaron y casaron en Portugalete; además Conchi, la menor de los hijos, se casó igualmente con un portugalujo, Víctor Aranguren, hermano mayor de Chuchi, el exjugador athlético —hoy entrenador del Huelva—. Por eso en esta casa se celebraban aún más los triunfos del Athletic, pues también sus jugadores Panizo, Venancio y otros, así como el Barcelona, en los tiempos de Kubala, los jugadores del Oviedo y muchos más fueron clientes en sus visitas a San Mamés.

SIN CONTINUACION

Los habituales de «El Metro» sienten que no haya continuación en el negocio el local da paso a un centro de diversión a tono con la época que atravesamos. Ello hace más triste la despedida de «El Metro».

Cuantas anécdotas podrían contar aquellas largas mesas de madera siempre bien arenadas donde se posaban las brillantes copas de buen vino blanco y tinto, acompañadas de un «gazpacho» —especialidad de la casa— de los platos de lomo o queso o de banderillas «de todo», de jamón o bonito, siempre con un pequeño «regalo» de la buenaza de Puri. A pesar de las humedades de las paredes cubiertas de descoloridos carteles taurinos, la gente acudía a este lugar entrañable, donde se les trataba con tranquilidad y mimo.

Cuantas bromas no se han coreado ante la habitual parsimonia en el servir como aquella que cuenta que unos «chirenes» clientes llamaron por teléfono desde Las Arenas: «¡Oye, Puri!, sirve unos blancos que ahora pasamos la ría».

Lugar lleno de recuerdos, desde los jamones colgados —retirados reverentemente en la festividad de Viernes Santo por aquello de la abstinencia— hasta las grandes latas de atún apiladas, pasando por la vetusta máquina manual de cortar jamón con más eficacia que la más moderna del mercado; lugar que va a estar presente mañana. Festividad de San Roque, el gran día "jarrillero", en la memoria de muchos portugalujos.